¿El Islam detrás de los alborotos?
Ayer sábado, en París, las "organizaciones ciudadanas" (es decir, grupos
vecinales de origen magrebí, procedentes de los barrios que han protagonizado
incidentes en las dos últimas semanas) convocaron una manifestación "por la
paz". Lograron movilizar a 300 personas, tachados de "traidores" por los vecinos
a los que decían representar. Se trata de "magrebíes ilustrados", que,
inevitablemente, buscan una subvención de cualquier partido mayoritario, aunque,
lo más frecuentemente, apoyan al socialismo.
Lo escuálido de la manifestación, indica hasta qué punto los magrebíes han
vuelto la espalda al "progresismo" socialista europeo. Se lo merece, pues, no en
vano, fueron los socialistas quienes estimularon la inmigración a fin de
encontrar un electorado de recambio ante la progresiva "derechización" de la
clase obrera europea.
Se tiene tendencia a pensar que esta revuelta ha sido instigada desde las
mezquitas. En absoluto. El origen es otro. Jóvenes de origen magrebí
desarraigados, ajenos a la cultura francesa y de espaldas a su cultura de
origen. No creen en el islam, ni frecuentan las mezquitas de los arrabales;
prefieren las discotecas. Las predicaciones de los imanes radicales no les dicen
nada, simplemente odian aquello en lo que jamás podrán convertirse: en europeos.
Ellos, más que ningún otro, son conscientes de su falta de competitividad
respecto a los europeos de origen.
Sus padres llegaron a Francia para trabajar y lo hicieron: jornadas agotadoras a
cambio de un salario mínimo. Luego, el "sistema" los convirtió en "productores
integrados": les concedieron créditos hipotecarios y así pudieron sentirse
"propietarios" de algo, a cambio de firmar durante treinta años un crédito a
devolver en incómodos plazos. Algunos de ellos son ya propietarios de pisos que
parecen diseñados por la ministra de la vivienda española, caídos en barrios
marginales y degradados.
Lo que los agitadores saben es que ni quieren ser como sus padres. No quieren
trabajar como animales. No quieren hipotecarse durante años. No quieren estar
sometidos a horarios ni a ritmos de trabajo. Quieren ser libres, han sido
educados en "la libertad" y nadie les ha dicho que las democracias son sistemas
de pesos y contrapesos: a cada derecho corresponde una obligación. Se es libre a
cambio de ser responsable. Ellos solo han entendido la parte que más les
interesaba.
"Falta de impulso laboral"
Un informe del Parlamento Europeo realizado hace seis meses, explicaba que estos
jóvenes de los barrios marginales, inevitablemente de origen subsahariano y
magrebí, aunque la mayoría de ellos de pasaporte ""francés", estos jóvenes,
carecen de "impulso laboral". Este eufemismo es la forma políticamente correcta
de decir que se trata de unos vagos. V-a-g-o-s, acabemos.
En efecto, éste es el fondo de la cuestión. Estos magrebíes de barrios
marginales, educados en la permisividad y en la falta de esfuerzo personal,
quieren tener acceso a los escaparates de consumo, pero no están dispuestos a
trabajar como lo hicieron sus padres. Desde su infancia han sido subvencionados
como ningún otro grupo social. Era la "discriminación positiva" de la que se
jactan todos los progres cretinizados que pastan por Europa Occidental. Las
subvenciones sociales, han hecho de ellos verdaderos parásitos que ni entienden
la necesidad de trabajar, ni entra en sus planes.
Para ellos resulta mucho más sencillo, cobrar los subsidios sociales,
trapichear, esto es, vivir de la delincuencia, el tráfico de drogas, el robo y
el mundo de lo ilegal, que trabajar. No se trata de pobres; les hemos visto
hablando por teléfonos móviles de última generación. Se conectan por Internet
para planificar sus exacciones. No son pobres. De hecho, el mundo de la
delincuencia facilita un razonable nivel de vida. No digamos el tráfico de
drogas.
Tienen sus santuarios, los barrios marginales en donde, desde hace quince años,
la policía no entra para evitar "tensiones". Tampoco entra la inspección de
Hacienda. Pensar que un día los comercios magrebíes, pueden pagar algún tipo de
impuesto, o someterse a alguna legislación laboral, es absurdo. Hacienda no
entraba en esos barrios, así mismo, para evitar "tensiones". Los progres
franceses certificaron que el cumplimiento de las leyes era una forma de generar
"tensiones".
Esos jóvenes robaban en cualquier punto del hexágono francés para disfrutar el
producto de sus exacciones, "en familia". Desde los incidentes de Villeurban en
1987, estaba claro que su máxima diversión consistía en robar coches en
cualquier barrio, llevarlos a su barrio marginal y desde allí, derraparlo hasta
reventar los neumáticos, destrozarlo por pura diversión y, finalmente,
incendiarlo. Lo que está pasando en estas dos últimas semanas en Francia, no es
nada que no haya pasado ya en los últimos 25 años, solo que ahora ha ocurrido
masiva y coordinadamente. En 25 años se han quemado más coches que en los
últimos quince días. Es decir, en torno a 8000 vehículos (que, veremos quien los
paga; no, desde luego, el seguro).
Los africanos residentes en Europa se han formado la idea de que aquí atan los
perros con longaniza. Quieren vivir como los millonarios europeos, tener las
mismas mujeres y los mismos vehículos. El "sueño africano en Europa" es disponer
de mujer rubia (no importa si es de bote), BMW o Porsche de alta cilindrada y
poco más. Eso sí, sin trabajar. Algo que, en principio resulta difícil.
Han fracasado en los estudios. ¿Para qué estudiar? ¿acaso se sabe si Zidane -su
ídolo- tiene algún título? ¿no es millonario Zidane? Pues eso. Quieren ser como
Zidane. No les ha interesado estudiar y, bruscamente, se han dado cuenta de que
no son competitivos. Creen que es porque el francés es "racista" y "xenófobo".
Siempre la culpa la tiene otro y si, los progres europeos, decretan que el
europeo medio es xenófobo y racista, en una increíble forma de etnomasoquismo,
tanto mejor.
El caso es que muy pocos de estos magrebíes y subsaharianos de segunda y tercera
generación, se encuentran en la cola del paro. No buscan trabajo y la República
no está dispuesta a hacerlos trabajar. Eso si que sería "crear tensiones
étnicas". Además, los empresarios están poco dispuestos a contratar magrebíes. Y
no es por casualidad: sus tasas de absentismo laboral son increíblemente
superiores a las de los de origen europeo, suelen encajar mal con sus
compañeros, trabajan a desgana y para ellos el tiempo -esto es, la
productividad- no parece tener ningún valor. Además, el problema de estos
jóvenes es que no tienen ningún tipo de preparación profesional: están ausentes,
tanto de la enseñanza superior (a pesar del sistema de cuotas) como de la
formación profesional. Aunque tuvieran "impulso laboral", es decir, aunque no
fueran unos vagos redomados ¿de qué diablos iban a trabajar? Pero el problema no
es este. el problema es muy simple: no quieren trabajar, quieren vivir como
Zidane, tener una rubia colgada del brazo y un BMW a la puerta. Y esperan que la
República francesa se lo dé.
¿Es la pobreza la causa de los incidentes?
Rematadamente no. En primer lugar, ya hemos dicho que los ambientes de la
delincuencia, no son pobres, sino que disponen de unos ingresos cuantiosos,
desde luego muy superiores a los de cualquier trabajador nacional. No estamos
hablando de pobres, sino de "barrios marginales", esto es, abandonados a sí
mismos. Y han sido abandonados por que desde hace 25 años, la entrada de
cualquier servicio de la República, genera incidentes. Los distintos gobiernos
franceses, de izquierda y derecha, han preferido ocultar el problema a
enfrentarse a él. Ahora tienen que enfrentarse a una revuelta generalizada. Era
mejor que la delincuencia se recluyera en barrios marginales que no que saliera
más allá de sus guetos.
El problema es que también existen europeos pobres, de otro origen étnico y no
por ello, sus barrios sufren el nivel de degradación y marginalidad que los
barrios magrebíes y subsaharianos. Dos grupos étnicos, dos respuestas
diferentes.
La sociología progresista, no logra explicar por qué los magrebíes y
subsaharianos de segunda y tercera generación, responden con la violencia y el
vandalismo de manera generalizada y, por el contrario, los "blanquitos"
("beurs", en la jerga de estas bandas de "sauveajots") no tienen la misma
respuesta. Las bandas marginales atribuyen esta falta de reacción al
"mariconeo". Los "blanquitos" ya no "tienen cojones" para plantarle cara a la
república que, por lo demás, está también gobernada por "maricones" (y en esto
tienen parte de razón por que el alcalde de París pertenece al sector gay).
Para estas bandas marginales, cuya vida a discurrido entre la permisividad más
absoluta y las subvenciones generalizadas, resulta imposible pensar que existen
una leyes, unas normas de convivencia y un respeto. De hecho, si no se muestran
más intolerantes, destructivos y negativos es por miedo a la justicia y a la
"represión". Cualquiera que censure su actividad es tachado de "racista". Saben
-por que se lo han transmitido unos a otros- que cuando roban y son detenidos
por otros viandantes, les basta gritar "¡racistas! ¡asesinos!" para ser
inmediatamente liberados. Acto seguido siguen robando. Cualquier cosa antes de
tener "impulso laboral".
Algunas conclusiones : la revuelta étnica ha comenzado
Así pues, el origen de los incidentes no es ni religioso (la brutalidad de estas
bandas es tal que ni siquiera entienden la religión de sus padres), ni social
(en las mismas condiciones sociales, los "blanquitos" no reaccionan de la misma
manera que los africanos). Existe una incapacidad de las bolsas magrebíes para
integrarse en la sociedad francesa. Acostumbrados a que todo se lo den hecho,
ignoran la cultura del esfuerzo y del trabajo, que han hecho a Europa vanguardia
de la civilización. Les caracteriza la "falta de impulso laboral" más que
ninguna otra característica sociológica: definitivamente, son unos vagos y
ninguna autoridad de la República puede aspirar a que los patronos los
contraten, ni han querido tener preparación técnica y laboral, ni son
competitivos en la sociedad europea.
¿Cuál es el hecho diferencial? ¿si no es el religioso, ni el social, qué hace de
los africanos de Francia algo diferente al resto de la sociedad. Es el FACTOR
ÉTNICO.
Desde 1945 resulta una anatema mencionar la "raza", así es que se pretende
ignorar cualquier factor diferencial basado en la "raza". Raza no es, desde
luego, la forma más precisa de encarar el problema. No es la raza, sino la
etnia, lo que vale la pena tener en cuenta. La raza alude solamente al elemento
biológico. La etnia, en cambio, incorpora otros elementos a tener en cuenta: la
cultura, el modelo de organización social, los valores, las capacidad
inherentes, las aptitudes y actitudes, etc. En este sentido, a nadie con dos
dedos de frente, que no tenga sus neuronas averiadas por el progresismo, se le
escapa el hecho de que las etnias de origen africano son "diferentes",
completamente, a las etnias europeas.
En esta diferencia estriba lo importante de las revueltas que se extienden ya
durante 15 días en Francia. No son ni una revuelta religiosa, ni social. Son una
REVUELTA ÉTNICA.
De la revuelta étnica a la guerra étnica
A finales de los años 80 empezó la actividad de las "bandas étnicas". En
noviembre de 2005, ya han sido capaces de generar una crisis sin precedentes en
Europa Occidental, desde la II Guerra Mundial (el mayo francés, fue una
mariconada en comparación con la agitación de las bandas étnicas). Esta revuelta
será sofocada, fundamentalmente sumergida con nuevas subvenciones y agotada en
su misma brutalidad. Pero el problema no ha terminado aquí. Para Chirac, Sarkozy
y las autoridades republicanas, lo importante, hoy, es restaurar el orden y la
legalidad republicanas. Sarkozy ha reconocido que el "modelo de integración de
la república ha fracasado". Es el segundo fracaso reconocido en 2005, después de
que el "gran modelo de integración holandés" se cayera como un castillo de
naipes en apenas unas horas, tras el asesinato de Theo van Gogh.
La revuelta se sofocará, pero volverá en pocos años a estallar con una violencia
inusitada que ya revestirá los caracteres de guerra civil étnica. Es fácil
anticiparse a lo que sucederá en pocos años, seguramente, antes de que termine
la década. Las revueltas actuales, terminarán con una sensación de frustración
entre los inmigrantes: no han conseguido sus objetivos. Ese momento posterior a
la revuelta va a ser la hora de los predicadores iracundos, los imanes
analfabetos y los ulemas radicales. Es ahora, cuando los islamistas radicales
-gracias a Sarkozy, mayoritarios en la unión de entidades islamistas de Francia-
van a encontrar el mejor caldo de cultivo. De la misma forma que la revolución
rusa de 1917, no pudo existir sin el fracaso de la revolución de 1905, así mismo
el fracaso de la revuelta étnica de 2005, precederá a la revuelta
étnico-religiosa de ¿2007? ¿2010? No desde luego, mucho más tarde.
El hecho de que las revueltas actuales hayan sido protagonizadas por gamberros,
vagos y delincuentes, no quiere decir que el movimiento étnico no será liderado
en el futuro por los fundamentalistas islámicos que ahora encontrarán el caldo
de cultivo más adecuado para su labor. Es islam es incompatible con la cultura
europea, lo recordamos por su alguien lo dudaba. La frase no es nuestra, sino
que fue pronunciada por la hija del jeque Yassin, dirigente de Caridad y
Justicia, la más potente organización islamista radical de Marruecos. Tarik
Ramadan, "intelectual" islámico residente en Francia, ha tenido más diplomacia:
mientras en la oscuridad de la mezquita, predicaba la oposición de las leyes de
la república y de la ley coránica, en la ORTF hablaba de "diálogo", "tolerancia"
y "comprensión". Cuando dos principios resultan opuestos, la incompatibilidad
termina, antes o después, con el conflicto "caliente".
Dentro de apenas unos días, los ulemas, imanes y predicadores, empezarán a
valorar por qué la revuelta étnica de noviembre, no ha podido llegar más lejos.
Concluirán que ha faltado una dirección centralizada y un contenido ideológico a
la revuelta. Y se prepararán para formar lo uno y predicar lo otro.
Si en lugar de haberse originado en la "banlieu" parisina, esta revuelta hubiera
estallado inicialmente en un terreno más favorable, la costa mediterránea, por
ejemplo, y más en concreto, Marsella, ciudad islámica incrustada en el
Mediterráneo Norte, la antigua Massalia, hoy sombra lejana de lo que un día fue,
la revuelta habría tenido bases más firmes y, les hubiera costado poco a los
revoltosos declararla "zona liberada". Por lo demás, la revuelta focalizada
desde la vieja Massalia de los focenses, habría tenido la ventaja de irradiar
por la costa mediterránea contando en Catalunya y en el Reino de Valencia con
bases muy sólidas, así como en el norte de Italia.
No hay que olvidar la vergüenza que supuso para Catalunya, en los años 90, haber
favorecido a la inmigración magrebí frente a la inmigración latinoamericana, por
cuestiones lingüísticas. El gobierno de Jordi Pujol, sostenía en un nuevo alarde
de estupidez que pagará todo el pueblo catalán, que era preferible recibir
inmigrantes magrebíes que aprenderían antes catalán, que inmigrantes
latinoamericanos que hablaban castellano y, por tanto, no se esforzarían en
aprender la lengua d'en Pompeu. Hoy, Catalunya acoge al 40% de inmigrantes
magrebíes de toda España y, por supuesto, tras ellos, han llegado miles de
andinos, en lo que supone el más repugnante error de cálculo de la Generalitat
del 3%.
Europa puede ponerse a temblar cuando la próxima revuelta, no ya sólo étnica,
sino étnico-religiosa, se extienda desde Marsella a toda la costa mediterránea
francesa, a las ciudades con fuerte presencia islámica del mediterráneo español
e italiano y de ahí vayan extendiéndose como una mancha de aceite hacia el
norte.
Por lo demás, hay que prever que, cuando eso ocurra, países como Argelia y
Marruecos, abrirán completamente la espita de la inmigración. En ese momento, se
tratará de inmigrantes yihadistas, ansiosos, tanto de llevar la guerra santa al
territorio de los infieles y cruzados, como de acceder a Europa que, a partir de
entonces, ya no será para ellos un Estado que puede "darles papeles", como un
terreno a conquistar.
Es fácil prever que nuestros gobernantes, timoratos, cobardes y alejados de la
realidad, serán incapaces hoy de prever lo que ocurrirá a la vuelta de entre dos
y cinco años.
Bienvenida sea la guerra étnica
Marinetti decía que la guerra era la "única higiene de la humanidad". Pues bien,
los que hemos visto y vivido conflictos bélicos muy cerca nuestro, quienes hemos
percibido el olor a muerto, a carne quemada y hemos pisado sangre, sabemos que
la guerra es algo trágico y detestable, algo a evitar en la medida de lo
posible. "En la medida de lo posible." no más allá. Por que, en ocasiones, la
guerra es inevitable, justa y necesaria, cuando se trata de defender la
comunidad de un ataque frontal dirigido por un adversario, en este caso por un
adversario étnico. No somos nosotros quienes vamos a abrir las puertas a la
guerra étnica, sino que la guerra étnica de mañana, como las revueltas étnicas
de hoy, nos han sido impuestas por un enemigo que odio a Europa, por que es
incapaz de integrarse en la vida, la democracia y sociedad de Europa.
No queremos la guerra, pero no vamos a dudar en defender a nuestra comunidad,
cuando sea preciso hacerlo. Que no lo olvide el enemigo étnico: desde Salamina e
Himera, desde las Termópilas y los Campos Catalaunicos, desde Lepanto y ante los
muros de Viena, todos los que han intentado invadir Europa, han terminado
emprendiendo el camino de retorno o conquistando su tumba en nuestro continente.
Enemigos más duros, se han estrellado ante Europa y no será diferente con las
bandas étnicas.
La revuelta étnica ha comenzado; seguirá la guerra étnica. Allí donde no lleguen
las fuerzas armadas regulares, será el pueblo europeo quien responda a la
agresión. Que nadie lo dude. Europa, abandonada a su suerte por políticos
irresponsables y sin escrúpulos, progres etnomasoquistas, que han abierto las
puertas al enemigo étnico, lo han subvencionado, lo han regularizado y le han
hecho creer en que tiene más derechos que los europeos y ninguna obligación, va
a tener la ocasión de liberarse. Cuando un miembro esta gangrenado y putrefacto,
ya no puede hacerse otra cosa más que amputarse. La guerra étnica que otros nos
van a imponer, va a suponer un trauma sin precedentes en los últimos 60 años,
pero como cualquier trauma, hace que los mejores elementos de un pueblo asuman
su defensa. Y está claro que después de la tempestad, volverá la calma: solo
anhelamos que esa calma suponga una renovación política en toda Europa, y que en
las pateras de retorno vayan también los políticos "progres" que han facilitado
las revueltas étnicas primero y la guerra étnica que se avecina.
© Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@...
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