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Recorte del DEIA. (Dedicatoria especial a Enrico).
Los reyes magos necesitan un cambio de chip y fechas.
José Luis Iturrieta
No seré yo quien les quite la magia de una noche a los niños. Pero tampoco me
subiré a la carreta de los Reyes Magos con el fervor cuasi místico por no decir
institucional, en su vertiente municipalista con que se celebra en la
actualidad este fenómeno de la grey infantil. Soñar es bonito y conseguir que
aflore la sonrisa en el rostro de los pequeños un empeño que merece todos los
respetos. Pero siempre me ha parecido un contrasentido que se celebre su
festividad la víspera del reinicio de las clases. Ningún argumento avala la
fecha del 6 de enero. Puestos a elegir, teniendo en cuenta que en la historia
las fechas nunca han sido inmutables, podrían nuestros ayuntamientos montar el
sarao real en calendas más acordes con lo práctico, como ocurre con Nöel, Claus
y Olentzero, personajes nacidos de la fábula y el magín popular, pero tan reales
como los presuntos magos llegados de Oriente, sobre cuyo origen no llegaron a
ponerse de acuerdo los Padres de la Iglesia: de Babilonia según San Máximo y
Teodoto de Ancyra; persas en opinión de San Clemente y San Cirilo de Alejandría;
de Arabia para San Justino, Tertuliano y San Epifanio, de oca a oca y tiro
porque me toca, desde el instante mismo en que ni los nombres de Melchor, Gaspar
y Baltasar éste nada irreal en su versión garzoniana, merecen mayor
credibilidad, salidos de la inventiva evangélica de Mateo.
Reyes sin reinas no crean dinastías. Tema éste que sugiero a la nómina
feminista, a ver cuándo levantan su voz en esta parcela reivindicativa. Lo dice
Sabina en su rap monárquico, al describir las debilidades borbónicas y referirse
a su santa: «que hay que ver lo que manda la mujer ésa». Pues eso. Que si
quieren reyes lo de magos se les supone, que no se mezclan con la plebe ni en
la alcoba real, añadan a su comitiva a las reinas. Y dejen en paz a Olentzero,
que por ahí vienen los tiros. Tildarle al honesto carbonero de glotón por comer
huevos, chorizos y beber vino, con su carga de colesterol, es ignorar a tanto
rey gotoso y pantagruélico como hemos padecido a lo largo de la historia. Ni
Olentzero está contra los Magos, ni Nöel se ha cargado a Santa Claus. Que
unifiquen fechas y cada cual elija al mochuelo que le vaya a depositar los
regalos junto a sus zapatos.
Queda el tema de las cartas. Que antes servía de disculpa a la hora de no
recibir regalos. Los más pobres no sabían escribirlas y en el mejor de los casos
no llegaban a su destino por culpa de la entonces proverbial lentitud de
Correos. Hoy, a través del e-milio, podemos depositar en un suspiro nuestra
petición en el saco-alforja de cualquiera de las cuatro opciones elegidas. A
cada uno, y todos ellos, les pediría la paz, pero también la justicia, un
reparto más equitativo de nuestros euros de cada día y un mayor respeto a la
voluntad del pueblo vasco. Que existe, mal que le pese a alguno.
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