
DOCENCIA
Nº 682 Miércoles 16 de
Enero de 2008 (e.:v.:)
"REVISTA DeLa LIBERTAD "
Si les parece remitan:
OPINEN, CRITIQUEN, comente a otros QQ.:HH.:
"SEEK YOUR TRUTH". Busca
TU verdad.
"Hacer es la
mejor manera de decir" José Martí
"Entre
los Individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la
paz" Benito Juárez
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Monumento Masónico en la entrada de LINHARES NO
ESPÍRITO SANTO, BRASIL.
En la foto:
El Serenísimo Gran Maestro SERGIO GIARNORDOLI, la Sobrina GABRIELA
(Arquitecta y autora del Monumento),
su padre VALDIR MASSUCATTI y el 1r. Vigilante
AVELINO MALACARNE.
- Lo pendiente en el Gran Oriente de
Paraguay:
“UN MONUMENTO
MASONICO”.
BeSoMi
– 2008
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L A L U Z
- LAVAGNINI
El juramento u
obligación que acaba de contraer ante todos y fundamentalmente consigo
mismo,, como el propósito que lleva a cabo en el testamento, en su vida
profana, y con el cual las resoluciones iniciales del mismo testamento se
hallan solemnemente confirmadas y selladas, hace al recipiendario digno de ver
la luz, cayéndosele por completo de los ojos la venda de ilusión que le
impedía ver la realidad en sí.
Y la luz se le da simbólicamente por dos veces,
después de haberlo hecho salir momentáneamente del templo
para que recomponga las irregularidades simbólicas
de su vestido.
Habiéndose declarado
dispuesto a confirmar su juramento -a falta de lo cual siempre se le concede la
facultad de retirarse-, cae de sus ojos la venda con la cual hasta ahora había
podido ser admitido en el Templo y ve alrededor de sí, en la semioscuridad
del lugar en que se encuentra, a todos los hermanos de pie con la cabeza
envuelta en un capuchón negro, y en la mano izquierda una espada dirigida
a su pecho. Estas espadas no son, empero, una amenaza: partiendo de
la mano izquierda, o sea del lado del corazón, son el símbolo de los pensamientos de todos los presentes, todavía
desconocidos para él (y por esta razón velados), que convergen con
benevolencia hacia el neófito y de la concordia de sentimientos con los
cuales se lo recibe.
Haciéndole notar que
estos hermanos, testigos silenciosos de sus obligaciones (e imagen de las
fuerzas silenciosas que nos rodean), están dispuestos a ayudarlo y
socorrerlo en el caso de que cumpla
con sus obligaciones, así como a castigarlo
como es debido en caso de
trasgresión, se le ofrece por última vez la oportunidad de retirarse, y
bajo la seguridad de que el juramento pronunciado no le da ninguna
inquietud, se le concede la plena luz: los hermanos presentes se
descubren, bajando sus espadas y quedando en orden, mientras el templo se ilumina
con toda claridad.
Las espadas son el
símbolo de todas las fuerzas desconocidas que en la vida constantemente
favorecen y ayudan a quien permanece constantemente fiel a sus ideales y
obligaciones, a pesar de la situación difícil y de las condiciones en
apariencia contrarias en que se encuentre, mientras se convierten en otros
tantos flagelos, remordimientos y castigos
para quien cede y se asusta, renunciando y faltando el cumplimiento de
ellas. La vida se hace siempre más dura, difícil e insatisfactoria para los que ceden a la
contrariedad aparente de los hombres y de las cosas y se dejan desalentar
por su frialdad y falta de cooperación.
Nunca y por
ninguna razón debe uno renunciar a la expresión de su propio Ser más
elevado y del Divino deseo que constituye el anhelo de su corazón: son
éstos para él, además de un privilegio, una obligación y un deber cuyo
perfecto cumplimiento le asegura la investidura de su Progenitura. Si bien
debe uno saber esperar con firmeza y confianza, sin que su entusiasmo se
entibie o se enfríe, permaneciendo siempre fiel en lo íntimo de su corazón
a lo que en él representa el reflejo del propio Verbo Divino y su más
elevada visión de la Realidad.
Con esta firme
actitud de su conciencia, delante de las pruebas contrarias de la vida, se
hace la luz gradualmente, en su mundo exterior; las adversidades y los
mismos enemigos se descubren, y aparecen ahora como "amigos",
habiendo depuesto la máscara, o apariencia hostil, que escondían sus
semblantes, y toda sombra pavorosa se desvanece de su existencia: es
la plena luz que pasa libremente desde el interior, y se derrama sobre el
mundo externo, una vez que hemos sabido resistir con Fe inalterable,
fidelidad y persistencia todas las contrariedades que se nos han
presentado.
- La luz ha sido siempre considerada como el símbolo más
apropiado de la Divinidad y de la Realidad.
El mismo San Juan, el
apóstol iniciado, nos dice en su primera epístola: "Dios es Luz y en él no hay
tinieblas". Conocer la luz es, pues, conocer la
Verdad y comunicarse con la
misma Divinidad, que es bien Omnipresente, y hacernos
otros tantos Centros o Canales, por medio de los cuales esa Luz se
manifiesta en nuestra vida y alrededor de nosotros. La Luz que el
iniciado recibe, como premio y consecuencia de sus esfuerzos, es un
símbolo de trascendental importancia en todas sus acepciones: la capacidad
de ver la luz e ingresar en su percepción constituye, pues, toda la
esencia y la finalidad de la iniciación.
Restituido a la
visión exterior de las cosas, con quitársele la venda que le cubría los
ojos, después de haber sido iniciado en la visión interior de la
conciencia, el candidato experimenta al principio una profunda decepción,
en cuanto la realidad exterior se aparece en su aspecto más sombrío y
negativo. Pero, aprendiendo a combinar la visión de los sentidos con la
íntima visión de la Realidad, adquiere también la capacidad de manifestar
y ver exteriormente la Luz de la cual ha adquirido la percepción interior,
y la ilusión de lo aparente pierde todo el poder para él.
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“LogAmor”
Enviado
por: "Jairo Hto."