
"TEKOSÂ'^Y KUATIAHAIPYRE"
Reñandúramo tekotevêha: ERE NE REMIANDU, EHESA'"YIJO,
emombe'u ambue ñande Joyke'ýpe
Eheka añetegua nemba'éva. "SEEK
YOUR TRUTH".
"Mba'e'apo rupi ñamoañete ñane ñe'ê" José Martí
"Ava peteîteî apytépe ha tetânguéra apytépe, ñande
rapichakuéra rembipuru jehechakuaa, ome'ê py'aguapy opavavépe" Benito Juárez
BeSoMi - 2008
Ven, ven, quien quiera
que seas:
Trotamundos, fiel, amante del amor:
¿Qué importa?
Nuestro camino no es de desesperanza.
Ven, aun si has roto tus promesas
cientos de veces:
Vuelve, ven de nuevo, ven.
Jelaluddin Rumi
*
*
*
"L O S SU F I S"
De IDRIES SHAH
No deja de ser curioso,
por no emplear palabras más ásperas, el desconocimiento que existe sobre
capítulos enteros de nuestra Historia, tan fundamentales para comprenderla en
su dimensión exacta. Me estoy refiriendo, en concreto, a la obra y legado
árabes en Europa. El interés que subyace detrás de estas ocultaciones es
bastante obvio: por un lado,
Todo esto ha condicionado
hasta hoy un ambiente cultural donde ese legado, esa presencia y
sedimento, simplemente no existe. Pero sí que existe. En algún
momento, cualquier inquieto se ha preguntado probablemente por las auténti
El autor del libro apunta
las numerosas coincidencias existentes entre los rituales y formas de pe
Pero ahora, tras conocer
la Historia y a sus protagonistas, tampoco se ve la necesidad de tener que
viajar hasta Jerusalem cuando la élite de pe
Templarios fueron a
buscar a Jerusalem, no fue nada de lo que ya tenían aquí. Con
Muza y con Tarik desembarcaron sabios sufis en el siglo VIII, que nacieron,
vivieron y trabajaron en la Península durante 800 años, que llegaron hasta Poitiers
y se asentaron y convivieron en el Languedoc francés, cuna del catarismo y
tierra natal del Temple. Eso supone demasiado tiempo, demasiado territorio y
demasiado talento como para haberse evaporado sin más, sin pena ni gloria, como
pretenden algunos. Durante la noche de
modo la erudición y la
profunda tradición de conocimiento que sí demostraban los sheikhs sufis en
aquellos tiempos. En definitiva, es lógico suponer que estos intelectualmente
inquietos nobles europeos tomasen por maestros a los depositarios de esa
cultura mística tanto más desarrollada, del mismo modo que los romanos
adoptaron la griega, los bárbaros la latina o los mongoles la china.
Una de las historias
tradicionales que manejan los sufis para darse a entender cuenta que cuatro
viajeros, cada uno procedente de un país distinto, se habían acabado juntando
para aliviar la pesadumbre del camino. También habían decidido unir sus
recursos y, a estas alturas, próximos a su destino final, ya solo les quedaba
una moneda con que comprar algo de comer. En esto llegaron a una posada y, a la
puerta, el mulá sufi Nasrudín -el sempiterno protagonista, sabio e ingenuo, de
este tipo de historias- les oyó discutir acaloradamente. Uno quería gastar la
moneda en comprar "parabadás". El segundo quería "tomanoides", el tercero "fliscus"
y, el cuarto, "muntas". Nasrudín se acercó y les pidió la moneda, con su
promesa de comprar algo con lo que todos quedarían satisfechos. Los viajeros
accedieron
con cierto recelo. Al
rato, Nasrudín regresó con una hermosa cesta de uvas que tendió hacia los
viajeros. "¡Excelente! -dijo el primero- un cesto de parabadás, tal y como yo
propuse!". El segundo dijo "hombre, qué bien, tomanoides, tanto que me
apetecían". Y así lo mismo el tercero y el cuarto. Porque cada cual, en su
propio idioma, estaba refiriéndose a lo mismo: uvas.
Así definen los sufis su
misión: encontrar
lo bueno que tiene en
común el fondo de todas las
religiones, hacérselo
entender a todos y conciliar
a las personas en torno a
esos valores clave.
Según la simbología sufi,
las uvas son la fuente del vino (el conocimiento), y la embriaguez que causa
éste, el estado de felicidad que produce el conocimiento de Dios. Pero no es
esta simbología recurrente del sufismo a lo que me quiero referir, sino a la
similitud entre el fondo de este episodio de Nasrudín y aquel texto de las Constituciones de Anderson donde se lee
que ningún masón está obligado a
practicar
otra religión que aquella en la que están de acuerdo todos los hombres.
Su lectura es doble: por un lado, deja al masón a su libertad de conciencia,
pero por otro, le obliga a la
búsqueda y a la práctica de esa religión o valores en que todos los hombres
convienen . Ambas citas dejan patente la absoluta coincidencia del pe
religiosas. Pero hay
cientos de coincidencias más, hasta el punto de convencerse uno no solo de que
no pueden ser fruto de la
Puede que a muchos se les
caigan los palos del sombrajo con esta posibilidad, pero las evidencias no
dejan lugar a dudas. Desde toques y contraseñas, hasta orígenes gremiales,
simbología y herramientas de construcción y cantería, relación y actitudes
recípro
Ningún masón encontrará
en el sufismo nada que le sea extraño, aunque sí mucho de nuevo y de
esclarecedor.
En la introducción del
libro, el solventísimo Robert Graves dice: En
realidad, la masonería tuvo como origen una sociedad sufi (probablemente
los malamati, añadiría yo). Se la conoció por primera vez en Inglaterra bajo el
reinado de Aethelstan (924-939) y fue introducida en Escocia bajo el disfraz de
un 2 gremio de artesanos a principios del siglo XIV, gracias sin duda alguna a
los Caballeros Templarios. (...) Los
tres instrumentos de trabajo que actualmente se exhiben en las logias masóni
Curiosamente, existe otro
Hiram Abif sufi, relacionado con
la construcción del templo, condenado a muerte y ejecutado por la inquisición
local por negarse a revelar cierto secreto. Con solo asomar la punta de la
nariz hacia los sufis y al idioma árabe, muchos recónditos misterios se
desmoronan y muestran su significado feliz con toda nitidez. En idioma árabe,
como en hebreo, no se escriben las vocales de las palabras, sino solamente las
consonantes. El uso y el contexto es lo que determina cómo se pronuncia en cada
Los sufis se defendían,
hasta donde podían, mediante este sistema frente a sus propios tribunales de
inquisición, que también los sufrieron y aún hoy padecen muchos otros. Hete
aquí que, en árabe se emplean varias palabras para el color negro. Una de
ellas,
elevados a la Sabiduría
(a
Quien
escuche la voz del pueblo sufi y no diga aamín (amén) quedará señalado como un necio ante Dios,
dijo. Y también es frase suya el preferir sin duda que alguien sea musulmán (creyente), cristiano, judío... a que no
crea ni practique creencia alguna. Las Constituciones
de Anderson, con talante idéntico y menor lirismo, hablan también
del estúpido ateo. En heráldica,
el símbolo de la cabeza
negra es habitual. En el
escudo de Huges de Payns había tres de estas cabezas, como símbolo de
conocimiento y de Trinidad. En el de Cerdeña, una cabeza negra (de moro, dicen
ellos), con los ojos vendados: conocimiento
interior. Y algo que ver con esto tiene, sin duda, la cabeza de
Baphomet, o Sophia, a la que confesaron reverenciar los Caballeros Templarios.
En las ceremonias sufis,
el suelo se adorna con paños blancos y negros para el trabajo, como lo llaman ellos, qué
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Quién no recuerda largas
conjeturas sobre el signo T de los monumentos góticos, que si
conócete
a tí mismo, una señal de tráfico para prevenirnos contra
nuestro peor enemigo, la cara del espejo, nosotros mismos. Incluso la
concepción dual cátara de la deidad, Dios como expresión de Amor y su
contraposición como Creador, o Rex Mundi,
se comprende por fin desde la explicación sufi: para ellos, el objetivo
es la fusión en el Amor de Dios, y lo que nos separa y obstaculiza el camino
hacia Él es precisamente la Creación, esto es, tanto nuestra propia naturaleza
imperfecta como la materia codiciable. En árabe, cada uno de sus 28
caracteres es también un número, de modo que una palabra puede ser leída
simultáneamente como una fecha también, o un número de teléfono o cualquier
cifra significativa. Es un recurso muy frecuente entre los árabes, en sus
bromas, en sus secretos, en sus cartas de amor... Y es también una de las
peculiaridades que hacen posible
de mucho más que de
juegos de palabras intraducibles. Para el árabe, toda la simbología masónica es
mucho más próxima, más comprensible. Una persona sabia, astuta o sagaz, para
nosotros es un zorro. Para ellos,
es una serpiente, como las que
abrazan el cetro de Mercurio, cuya asociación con sabiduría resulta tan
indirecta para un no árabe. El legendario trobador cátaro, el
inventor del amor romántico tal y como lo entendemos hoy, de la música pop y ya
no solo para ricos, es el que tañe la truba,
el antiguo laúd árabe.
Sus canciones amorosas
son canciones sufis de Amor a Dios, a
La figura del arlequín,
místico y desconcertante, vestido a rombos, es sufi. Y la del bufón, el sabio
chistoso consejero de reyes, más influyente que príncipes y cortesanos, también
vestido a rombos, tal como se le muestra en los naipes (naib), importación sufi al igual que el
tarot. Los rombos provienen de los mantos confeccionados a base de remiendos y
que son distintivo sufi. Y muy probablemente lo sean
también el inteligente
humor andalusí y su predisposición a esa perspectiva humorística, tan sana y desapegada,
de analizar
E incitar a asomarse a
todas las puertas que se abren en cada página, desde lapidarias citas del
Corán, sabias, cabales y hermosas como po
"Los sufis", de Idries Shah es uno de esos libros que
deben leerse con los ojos cerrados.
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