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EDITORIAL

 

Todos nosotros, en algún momento de nuestra existencia, hemos pasado por ex­periencias poco agradables; unas más que otras pero todas entristeciendo nues­tro caminar en un mundo donde a veces uno se pregunta si la justicia de nuestra sociedad es "algo" factible o solo es una mascara que oculta las atrocidades que, desgraciadamente, a diario se pueden contemplar en los medios informativos (revistas, periódicos televisión...) y que por desgracia, uno no tiene más remedio que "aceptar" tales injusticias.

 

¡Son tantos los desgraciados que por una miga de pan harían de sus vidas un verdadero infierno! ¡Y cuantos los que en nombre de Dios hacen obras mas bien propias del "diablo"!

 

¡Cuantos los que diariamente padecen sin ser atendidos como es debido!

 

¡Y los que en nombre de "los derechos humanos "creen que, diciéndolo y divulga­ndo esta difícil ley de ver, solo consiguen esparcir el fuego de la violencia que, cada día, va devorando a miles de inocentes!

 

¡¡Son tantos los que predican "haced el bien y la justicia", los que hablan de paz y condenando las locuras de cualquier país pero que, al fin y al cabo, es de allí, que salen todos los males que esclavizan a la humanidad haciendo de ésta títeres de la maldad!!

 

¡Cuanta crueldad aceptada e ignorada por los mismos gobernantes! ¡¡cuanta!!

 

El sufrimiento es una prueba poco agradable pero a la vez muy instructiva; de él uno puede agradecer su estado y dirigir con seguridad su porvenir por el buen camino del progreso y de la estabilidad personal.

 

Muchos, ha tal idea, les sonará a ridículo y preferirán ignorar la causa o causas de tales acontecimientos; permaneciendo así, en la ignorancia, en la rutina; pero el sufrimiento está allí y cuando éste se introduce el espacio del ser humano, las lamentaciones y oraciones hacia lo "desconocido" se convierte en su ultima esperanza, y entonces es cuando el ser afectado se pregunta:

 

¿Porqué me sucede esto a mí?

¿Dónde está la falta cometida para merecer tal castigo?

¿Pobre de mí, cual fue mi locura, pues no recuerdo haber hecho ninguna para sufrir de tal manera?

¿A que se debe tanto padecer sin en mí vida diaria no hay el "más mínimo síntoma" de haber hecho el mal?

¡Son tantas las preguntas y tan pocas las respuestas!

Si como dicen muchos: "no hay deuda que nadie deje de pagar" ¿cómo es posible que se pague una de ellas sin motivo aparente actual?

 

¡POR QUE TANTA INJUSTICIA! Se dice uno frente a la desolación.

 

Son preguntas muy frecuentes os diréis; pero el caso es: ¿lo son también sus respuestas?

 

Desgraciadamente no, son pocas las personas e instituciones que puedan dar una respuesta lógica y satisfactoria para aliviar al sufridor y determinar la ver­dadera causa de su "infinito padecer".

 

Hay quienes recurrirán a las religiones tradicionales para satisfacer sus deseos; pero; ¿Éstas que solución nos pueden dar, y sus teorías; ¿son consoladoras?

 

Algunas religiones tradicionales añadirían a tales preguntas que; por la falta cometida de dos personas (Adán y Eva), Díos condenó a los pecadores y con ellos a toda la humanidad". ( según sus creencias desde hace cuatro mil años arrastramos el pecado cometido por una pareja).

 

Que estupidez, pagar justos por pecadores y         con una condena de más de cuatro mil años de duración y ésta: ¡aún sigue!

 

Entonces si todos - y digo todos- estamos condenados por la misma falta come­tida hace cuatro mil años, el resto de nuestros días; ¿cómo se comprende que unos sufran más que otros, y que a veces con una diferencia tan acusada?

 

Unos llevarán una vida totalmente "tranquila" sin   comparación alguna con los desgraciados que cargan con tanto sufrimiento, las pruebas de expiación.

 

Esto sería injusto y contradictorio; el castigo tendría que ser para todos el mismo, sin variedad; si se hizo un pecado, pues a tal pecado tal castigo; ¿o no somos todos iguales delante de Dios?

 

¿Existe lógica a tales contradicciones?

No, evidentemente que no, es obvio que esta tradición no tiene sentido, y menos aún en los tiempos actuales, (y más aún los venideros), que la verdad ilumina a más de uno y la lógica son su primera y única religión.

 

Otros, acerca del sufrimiento, opinarán que la causalidad juega malas pasadas o bien afirmarán lo de siempre; "la vida es la vida, que se le va hacer, unos nacen y otros mueren y el sufrimiento es una ley natural que no tiene explicación- un misterio- unos sufren y otros no, mala suerte para unos y buena para los demás... mas aún:

 

1- "se nace... pues porque se nace,

2- "se ama... pues porque se ama,

3- "se sufre... pues porque se sufre,

4- "se muere... porque se muere y punto. (/pero... porqué.)

 

En definitiva se vive por que se vive y poco Importa el mañana y mucho menos el ayer; y aquí termina los cuatro mandamientos (entre otros) de la doctrina materialista.

 

Se dice también: "hay que aprovecharla vida al máximo". Si, al máximo, es bien cierto ¿Pero de que forma aprovechan el tiempo los que piensan que la exist­encia es una pura casualidad de conminaciones biológicas y que su existencia con la conciencia se esfumarán en la más absoluta nada?

 

No hace falta tener mucha razón para comprender que tales preguntas no pue­den ser respondidas con esa mentalidad, en que la materia es lo primero y lo único. El materialismo hace de la humanidad ser esclava de la ignorancia; no exi­ste en ella futuro, ni pasado para comprender el presente; éste es su único tiem­po y poco importan los acontecimientos venideros ya que su único dios es la "nada."

 

Si hay una creencia que no pueda dar respuesta a tales dudas esa es la doctri­na materialista que sus enseñanzas no consuelan, es más, nos transforman en seres sin sentimientos, sin razón y sin esperanza; que cuadro más triste... sin esperanza... ¡sin esperanza de ser perdonados o de perdonar nuestras deudas pendientes!; ¡sin esperanza de volver a ver, tarde o temprano, a nuestros seres queridos y llorar con ellos ese momento de satisfacción, ese momento que el amor invade nuestro ser, ese momento en que todo ser, bueno ó malo, interesado ó indifere­nte... llega a tener y solo entonces es cuando se dice:

 

¡Quiero salir de esas tinieblas que durante tanto tiempo me han cegado de la verdad!

 

¡Quiero salir de esa oscuridad para llegar hacia la luz de la sabiduría y la cari­dad, esa luz que ilumina y que no deslumbra; esa luz que con sus rayos te indica el camino hacia la felicidad!

 

Hay que entender, pero, y estudiar al materialismo; de todo se aprende, sea malo o bueno en nuestra forma de opinar; no hay nada que no valga nada ya que ésta no existe; son de necesidad tanto el espiritualismo como el materialismo, son conminaciones aún necesarias en nuestro planeta.

 

El sufrimiento no debe entristecer nuestro caminar porque éste es el reflejo de nuestro pasado. Estamos en un mundo de expiación, pero que la regeneración empieza a notarse; son más los pacifistas, y la conciencia pesa en aquellos que obran el mal, se dan más cuenta de ello y hartos están de padecer y de sufrir las consecuencias que uno llega a almacenar, obrando el mal. No existe peor infierno que la expiación y el remordimiento, eso todo el mundo lo sabe, sea por propia experiencia ó no. En este momento la paz parece imposible, dirán algunos, cada día se oyen asesinatos, violaciones, pero también hay mas paz; lo que pasa es que estamos en un tiempo en que muchos espíritus del estado inferior quieren crecer, quieren progresar rápidamente, y eso queridos amigos es imposible; todo es progresivo y necesita su tiempo, su hora de levantarse y crecer. Dichos espíritus quieren progresar y se mezclan en una sociedad de un grado más ade­lantada que ellos y entonces caen, caen porque no resisten la prueba que ellos mismos han elegido en el espacio; y de aquí estas turbulencias entre una socie­dad progresista y evolutiva, que distingue el bien del mal, Esa es una causa, entre muchas, de las desgracias personales que cada día somos testigos de ellas.

 

Hay que aprender de la ciencia para ser sabios, hay que ayudar al prójimo desorientad, para ser caritativos, como lo hace el maestro con el alumno que se dis­tancia, por lo que sea, de los estudios y obligaciones.

 

REDACION

 

Toda persona es un mundo: una caja de sorpresas  que si de ella se extrae lo mejor, la Felicidad mutua  puede ser infinita.

La indo amerikano

 

 

Extraído de la revista, La Voz Espirita.



Lun, 1 de Mar, 2004 5:09 pm

angeli_1362@...
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Angeli
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