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: Historia de un Médium   Lista de mensajes  
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Mensaje extraído del libro “Nuevos Mensajes”, psicografia del médium Francisco Cándido Xavier, por el Espíritu Hermano X.

 

 

Historia de un Médium

 

 

Las interesantes observaciones sobre la Doctrina de los Espíritus se daban unas a otras, cuando un amigo nuestro, antiguo trabajador espirita en Río de Janeiro, acentuó gravemente:

 

-En el Espiritismo, una de las cuestiones más serias es el problema del médium...

 

- ¿Bajo qué prisma? - indagó uno de los presentes. - Sobre la necesidad de su propia edificación para vencer al medio.

 

Para aclarar mi observación- continuó nuestro amigo -les contaré la historia de un compañero dedicado, que hace pocos años desencarnó bajo los efectos de una terrible y dolorosa obsesión.

 

Todo el grupo, recordando los hábitos antiguos, como si aún estacionásemos en un ambiente  terrestre, afinaron los oídos preparándose para escuchar:

 

 « Azarias Pacheco - comenzó el narrador - era un operario despreocupado y humilde de mi barrio, cuando las fuerzas de lo Alto llamaron a su corazón para el sacerdocio mediúmnico. joven e inteligente, trabajaba en la administración de los servicios de un taller de reparaciones, ganando honradamente la remuneración mensual de cuatrocientos mil reís.

 

En vista de su espíritu de comprensión general de la vida, el Espiritismo y la mediumnidad le abrieron un nuevo campo de estudios, a cuyas actividades se entregó bajo una fascinación creciente y singular.

 

Azarias se dedicó amorosamente a su tarea y en las horas de asueto, atendía a sus deberes mediúmnicos con irreprensible dedicación. Elevados mentores de lo Alto le proporcionaban lecciones provechosas, a través de sus manos. Médicos desencarnados atendían, por su intermedio, a un voluminoso recetario. No tardó para que su nombre fuese objeto de una general admiración. Algunas notas de prensa evidenciaron aún más sus valores medianímicos y en poco tiempo, su humilde residencia se poblaba de cazadores de anotaciones y de mensajes. Muchos de ellos se decían espiritas confesos, otros eran creyentes de mediana convicción o curiosos del campo doctrinario.

 

 

 

                                                                                        

 

El joven, que guardaba bajo su responsabilidad personal numerosas obligaciones de familia, comenzó a sacrificar primeramente sus deberes de orden sentimental, substrayendo a la esposa e hijos las horas que habitualmente les consagraba en la intimidad doméstica.

 

Casi siempre cercado de compañeros, le restaban apenas las horas dedicadas a la conquista de su pan de cada día, para los que lo seguían cariñosamente por los caminos de la vida. Durante mucho tiempo perduró semejante situación, por su preciosa resistencia espiritual, en el cumplimiento de sus deberes.

 

Dentro de su relativa educación medianímica, Azarias encontraba facilidad para identificar la palabra de su guía sabio e incansable, siempre presto a advertirle de la necesidad de oración y de vigilancia.

 

Sin embargo, sucede que cada triunfo multiplicaba sus preocupaciones y sus trabajos. Sus admiradores no querían saber de las circunstancias especiales de su vida. Una gran parte exigía sus vigilias entrada la noche, en largas narrativas dispensables. Otros alegaban sus derechos a las exclusivas atenciones del médium. Algunos 1o acusaban de preferencias injustas, manifestando el gracioso egoísmo de su amistad expresado en el celo que llevaban en el alma, en palabras cariñosas y alegres. Los grupos doctrinarios lo disputaban.

 

Azarias verificó que su existencia tomaba un rumbo diferente, pero los testimonios de tantos afectos le eran sumamente agradables al corazón. Su fama corría siempre. Cada día era portador de nuevas relaciones y nuevos conocimientos. Los centros importantes comenzaron a reclamar su presencia y, de vez en cuando, le sorprendían las oportunidades de viajes por los caminos de hierro, por la generosidad de los amigos, con grandes reuniones de homenajes en el punto de destino.

 

A cada instante, un admirador lo irrumpía:

- Azarias, ¿dónde trabaja?

- En un taller de reparaciones.

 -Oh... y ¿cuánto gana por mes?

 - Cuatrocientos mil reís.

- Oh. Pero eso es un absurdo. Usted no es para un salario como ése. Es una miseria.

En seguida otros agregaban:

 

-Azarias no puede permanecer en esta situación. Necesitamos conseguirle algo mejor en el centro de la ciudad, con una remuneración a la altura de sus méritos o talvez, podremos intentar un puesto en el servicio público donde encontrará más posibilidades de tiempo para dedicarse a la misión.

 

El pobre médium, todavía dentro de su capacidad de resistencia, respondía:

 

-Mis amigos, todo está bien. Cada cual tiene en la vida lo que merece de la Providencia Divina y además de todo, necesitamos considerar que el Espiritismo se ha propagado ante todo, por los Espíritus y no por los hombres.

 

Si bien Azarias era médium, no dejaba de ser humano.

 

 Requerido por las exigencias de los compañeros, ya no pensaba en el hogar y comenzaba a registrar numerosas faltas en su tarjeta de trabajo. Al principio, algunas raras dedicaciones comenzaron a defenderlo en el taller, considerando que a los ojos de los jefes, sus fallas eran siempre más graves que a los ojos de sus colegas, en virtud del renombre que lo cercaba; pero un día fue llamado al despacho de su director que lo despidió en estos términos: «Azarias, infelizmente no me es posible conservarlo aquí por más tiempo. Sus faltas en el trabajo alcanzaron el máximo y la administración central resolvió eliminarlo del cuadro de nuestros compañeros». El interpelado salió con cierto desagrado, pero recordó las numerosas promesas de los amigos.

 

 

"Serios disturbios psíquicos lo asaltaron. Penosos desequilibrios íntimos le inquietaban el corazón, sin embargo el médium se sentía obligado a aceptar las exigencias de cuantos lo preocupaban livianamente."

 

 

 

 

 

 

                                                                           

 

En aquel mismo día, buscó perfilarse para una nueva colocación, pero en cada tentativa, encontraba siempre a uno de sus admiradores y conocidos que le respondían con humildad y modestia: -Azarias, usted necesita tener más calma. Recuerde que su mediumnidad es un patrimonio de nuestra doctrina. ¡Calma hombre! Regrese a casa y nosotros sabremos ayudarlo en este momento aflictivo.

 

En esa misma fecha, quedó establecido que los amigos del médium contribuirían, de manera que viniese a percibir una aportación mensual de seiscientos mil reís, quedando habilitado a vivir solamente para la doctrina.

 

Azarias, bajo la inspiración de sus mentores espirituales, vacilaba ante la medida, pero frente a su aprensión estaban los cuadros del desempleo y de las imperiosas necesidades de la familia. Aunque reacio, aceptó la propuesta.

 

Desde entonces, su casa fue el punto de una romería interminable y sin precedentes. Día y noche, sus consultantes se situaban a la puerta. El médium buscaba  atender a todos como le era posible. Sus dificultades, todavía eran las más apremiantes.

 

 

                        (Entregado a ese género de especulaciones, nunca más pudo recibir el pensamiento de sus protectores)

 

Al cabo de seis meses, todos sus amigos habían olvidado el sistema de cuotas mensuales. Desorientado y desvalido, Azarias recibió los primeros diez mil reís que una señora le ofreció después del recetario. En su corazón, hubo un toque de alarma, pero su organismo estaba debilitado. La esposa y los hijos estaban repletos de necesidades. Era tarde para procurar nuevamente, una fuente de trabajo. Su residencia era objeto de una tenaz e implacable persecución. Pero continuó recibiendo.

 

Serios disturbios psíquicos lo asaltaron. Penosos desequilibrios íntimos le inquietaban el corazón, sin embargo el médium se sentía obligado a aceptar las exigencias de cuantos lo procuraban livianamente.

 

Espíritus engañadores se aprovechan de sus vacilaciones y llenaron el campo mediúmnico de aberraciones y descontroles. Si sus acciones eran ahora remuneradas y si de ellas dependía el pan de los suyos, Azarias se sentía en la obligación de prometer alguna cosa, cuando los Espíritus no lo hiciesen. Buscado para la felicidad en el dinero, o éxito en los negocios o en las atracciones del amor del mundo, el médium prometía siempre las mejores realizaciones, a cambio de los míseros mil reís de la consulta.

 

Entregado a ese género de especulaciones, nunca más pudo recibir el pensamiento de sus protectores espirituales más dedicados.

 

Al experimentar toda clase de sufrimientos y de humillaciones, llegaba a quejarse levemente, pero siempre había un cliente que lo observaba:

 

-¿Qué le pasa don Azarias? ¿Usted no es médium? Un médium no sufre esas cosas.

 

Si alegaba cansancio, otro objetaba de pronto ansioso por la satisfacción de sus caprichos:

 

- ¡Es su misión, don Azarias! No se olvide de la caridad.

 

Y el médium, en su profunda fatiga espiritual, se concentraba en vano, experimentando una sensación de angustioso abandono por parte de sus mentores de los planos superiores.

 

Entonces, los mismos amigos de la víspera, murmuraban después de despedirse:

 

- Notaron que Azarias perdió toda la mediumnidad - decía uno de ellos.

 

-Bueno, eso era de esperarse-recriminaba-desde que abandonó el trabajo para vivir a costas del Espiritismo, no podíamos aguardar otra cosa.

 

- Además de todo - exclamaba otro del grupo - todos los vecinos comentan su indiferencia para con su familia, pero por mi parte siempre vi a Azarias como un gran obsidiado.

 

- El pobre Azarias se pervirtió - decía un compañero exaltado -y un médium en esas condiciones es un fracaso para la propia doctrina.

 

-Es por esa razón que el Espiritismo es tan incomprendido - sentenciaba otro - debemos todo eso a los malos médiums que avergüenzan nuestros principios.

 

Cada uno fue olvidando al médium, con su definición y falta de caridad. La propia familia lo abandonó a su suerte, tan pronto cesaron las remuneraciones.

 

Escarnecido en sus afectos más preciados, Azarias se volvió sedicioso. Esa circunstancia fue la última puerta para el libre ingreso de las entidades perversas que se señoreaban de su vida. El pobre náufrago de la mediumnidad ambuló en la crónica de los noticieros, rodeado de observaciones ingratas y de escandalosos señalamientos, hasta que un lecho de hospital le concedió la bendición de la muerte.»

 

El narrador estaba visiblemente emocionado, recordando sus antiguos recuerdos.

 

- Entonces, quiere decir mi amigo - observó uno de nosotros - que la persecución de la policía o la persecución del padre no son los mayores enemigos de la mediumnidad.

 

- De ningún modo. - Replicó convicto. - El Padre y la policía hasta pueden ser los portadores de grandes bienes. Y, fijando en todos nosotros su mirada penetrante y calma, remató su historia sentenciando gravemente:

 

- El mayor enemigo de los médiums está dentro de nuestros propios muros.

 

 

 

                                                                                                             

 

Hermano X, seudónimo adoptado por Humberto de  Campos (  1886-1934), periodista y periodista- brasileño, autor espiritual de diversos libros espiritas.

 

 

 

                                                                                                       LA REVISTA RSPIRITA



Lun, 2 de Oct, 2006 7:10 am

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MariCarmen
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