Abril 28 de 1912. Por el médium Portillo
Amor y paz, será el lema que os unirá.
Yo entre vosotros; déjame, déjame respirar un momento el ambiente
familiar. Quieres intimidades maestro, ¿no es cierto?, pero aun hay que
hablarle al mundo: nuestros recuerdos, son lo último.
Venir, venir todos y escuchar al antiguo, al viejo pastor que vigiló de
cerca, que bebió el amor en la mirada de la que albergó luego en sus entrañas
al Mesías de la libertad; a la que mucho se ha cantado por el egoísmo y la
malicia, sacándola de la ley que hace grandes a los seres.
Pero que en el día de la luz fue justificada, ensalzada y reconocida en
la ley; y si bien no es reina de los cielos, es la reina del amor y su amor la
hizo grande; y su amor, es reconocido por los consejeros del Padre.
El designado por la ley escribe el código y a ella se le concede ser la
primera en dar un principio y su artículo para la redención de la mitad de la
humanidad. Ella dicta en justicia la elevación de la esclavizada mujer y dice:
"Si los pueblos son representados por el pueblo mismo", ¿dónde está
la justicia si se esclaviza y se saca de la ley a la mujer? "Y los hombres
promulgan leyes y dejan a la mujer sólo el derecho de ser madres y no se le
concede que legisle, porque su virtud mataría el libertinaje de la
concupiscencia". "Llevar el médium al palacio de las leyes y veréis
la justicia equitativa". %o pasará mucho tiempo, en que legislemos los
espíritus y será el cómputo completo".
Ya lo habéis oído: eso llegará porque es de justicia; vosotros no
habéis hecho luz y leyes armónicas, porque en verdad, no tenéis la idea de
justicia; y no teniendo idea de justicia, no podéis tener amor.
Pero ha llegado la luz a la tierra; están limpios los caminos y llegan
los maestros de los grandes mundos; depositan la esencia de la ley y el hombre
escribe el código con esa tinta y llega... María... llena de amor y dice una
palabra que a ella le fue reservada; canta el hosanna a la mujer redimida, que
ha sido sujetada al capricho de leyes supremáticas de un ser sin derechos; de
una esclava... Y es que, los hombres no salieron del polvo de la tierra; pero
con el polvo escribieron sus leyes y estas leyes, escritas con tinta negra de
negros pensamientos, de supremacía y autocracia, no podían igualar a la mujer
porque en realidad, tiene más percepción que el hombre, de la sabiduría divina,
por que, por su cualidad de madre, presiente la grandeza. del
que la puso para la eterna creación.
El código que se le da a la humanidad, está escrito, no del polvo de la
materia, sino del éter vivificante, y el cual, es producto del plebiscito
universal, que vive en toda la cosmogonía y... ¿Lo queréis resistir
vosotros?...
La ley de la tierra, dice: El gobierno es la representación del pueblo;
y yo, que soy muy viejo, os digo... que no es así, porque para buscar la ley,
para hacer la ley, no habéis hecho plebiscito, aunque la hagan los que se
llaman representantes del pueblo. Para ser ley; tiene que sancionarla el pueblo
y, la mujer es medio pueblo en número y el pueblo entero en percepción de
verdad y amor Por esto, constantemente protestan los pueblos de las leyes
deprimentes y faltas de razón, por que se le prohíbe a la mujer el derecho de
legislar, por que para esto, la mujer se instruiría y en su moralidad y amor
sobrepujaría al hombre sistemático y le mataría el libertinaje, que es en todo
caso, lo que sostiene irracionalmente la supremacía.
Pero llega el día, en que oiréis, queráis o no, el médium en la tribuna
y se dictará la ley en justicia y equidad, en justicia y amor. Ley que
sancionará el pueblo, en cómputo completo de hombres, mujeres y espíritus.
¡Bendita María, que has sido tu como reina del amor, la designada por
el consejo para anunciar tanta grandeza; bendita la lengua que la ha
pronunciado y bendita la mano que la escribe para trasladarla al código eterno,
obra de toda la cosmogonía!.
¡Hombres de la tierra! No sois dignos sino por el amor del Padre de
tantas grandezas, porque esto es amor, con aureola.
Ahora bien; venir conmigo todos los que representáis, los que legisláis:
¿no veis qué os falta el complemento del consejo?... ¿no veis qué la madre os
aconseja con amor?... ¿porqué no os puede aconsejar para la ley, si la familia
constituye un eterno gobierno?... ¿no veis que la tierra no ha producido mas
que la materia y que la materia sin el espíritu, no sería el hombre?...
Pues si esto que es la A de la sabiduría lo ignoráis, o si lo sabéis,
por malicia lo negáis ¿no veis en ello ignorancia?
Pues el amor del Padre que ve vuestras necesidades, dispone: "Que
ya que los hombres no quieren elevarse hasta sus hermanos, desciendan los
espíritus y les digan a los hombres": "Aunque estáis tiznados de
hollín, sois hijos del Padre" y descendemos por su mandato_ ¿Por qué no
nos habéis de oír si sólo amor y luz os traemos? Yo os lo digo y por viejo sé
que la verdad del espiritismo como lo ha proclamado el hombre del código, es la
fuente donde os lavaréis el tizne de la ignorancia; él es luz, sabiduría y
amor.
El espiritismo enseña, qué es el hombre; qué es la ley; qué es justicia
y, hasta la comuna; fin del ideal en todos los mundos de progreso, en cuya
cadena ha entrado la tierra el día de la justicia; y que entra en la luz,... no
lo dudéis... porque ya la baña ésta; débil sí porque no podéis resistirla aún
las tres generaciones que estáis sentenciadas, tras de las cuales vienen los
que disfrutarán de la comuna en toda su magnitud y vosotros, luego volveréis y
la encontraréis perfeccionada.
Acotaciones:
Aun debo aquí, hijo mío, usar la palabra "Dios" para ser
mejor entendida, me dijo María.
Vuestras leyes, son tinta de la tierra y la tinta es negra y la luz, no
es tinta. Las generaciones que llegan, no necesitan la letra vuestra que mata
el espíritu; pero se os da la letra que vivifica, para que la tinta negra la
convirtáis en tinta luminosa con la luz del espíritu; porque en el día que
habrán pasado las tres generaciones, hasta las tintas se tornan blancas, porque
la luz del espíritu, todo lo ilumina.
Mas ya sabéis, que el lazo que une a la tierra con la cosmogonía, la
obliga a tener hijos sabios en el amor y yo os demuestro el mío para que no
digáis que falto a la verdad; porque hasta esto lo olvidáis en vuestra
ofuscación de la carne y no es extraño, puesto que no recordáis el beso de
vuestra madre, demostrado en que no le dais el derecho de la ley.
Pero si entramos en el nuevo día, ¿Por qué retroceder a lo que nos
atormentaba hasta el día del juicio? Es que el amor, no tiene en cuenta que se
haya decretado la sentencia, sino que está en la brecha el que ama, hasta que
se conozca el acto. Y como vosotros estáis en la última existencia de prueba,
en la que jugáis el todo... no podemos dejar de aconsejaros y enseñaros la luz.
Pero hoy, que el espíritu se sobrepone a la materia y los espíritus
retrasados que inspiraban a la humanidad fueron separados, trabajamos con más
ahínco para atraer al redil del padre todas las ovejas descarriadas y les
enseñamos el camino despejado, para que se eleven a Eloí
¿Quién nos detesta?. Nosotros somos luz y sólo
los hijos de las tinieblas no nos oyen. Pero dejadles; si no nos quieren oír,
dadles sin cesar el aviso necesario, para que no digan que lo ignoraban.
Nosotros cumplimos nuestro deber y cantaremos el hosanna al Padre y en cercano
día nos veremos fatie a fatiem porque será de justicia que se justifiquen ante
el tribunal que justificó a mi hija y a mi nieto.
Pero el espiritualismo, amalgama incolora de tantos colores que sólo
pueden hacer el borrón en el que la luz no tiene cabida ni reflejo,... estos,
han sido juzgados sin misericordia, porque ellos no han usado de misericordia:
porque llegó el espiritismo y en él se confirma el intérprete Kardec, en la
misión que se le encomendara de escribir el prólogo del código; en aquel,
debían los hombres prepararse a recibir el código que sanciona y proclama
axioma al espíritu y al espiritismo... Eterno como el Padre.
Kardec, en el día de la verdad, es justificado por el juez y Kardec se
justifica.
El Espíritu de Verdad, vigila el prólogo y en su día dicta el código,
proclama el axioma eterno y lo confirmo yo.
ESPIRITISMO EN SU ASIENTO
Por Joaquín Trincado