4. JESÚS ANTE HERODES.
Cuando Herodes Antipas se quedaba en Jerusalén, residía en el viejo
palacio macabeo de Herodes el Grande, y Jesús fue llevado ahora por los
guardias del templo a esta residencia del anterior rey, seguido por sus
acusadores y una multitud en aumento. Herodes había oído hablar de Jesús desde
hacía tiempo, y tenía mucha curiosidad por conocerlo. Cuando el Hijo del Hombre
estuvo ante él este viernes por la mañana, el malvado idumeo no recordó en
ningún momento al muchacho de años atrás que se había presentado ante él en
Séforis para rogarle una decisión justa sobre el dinero que le debían a su
padre, el cual había muerto accidentalmente mientras trabajaba en uno de los
edificios públicos. Que Herodes supiera, nunca había visto a Jesús, aunque se
había inquietado mucho a causa de él cuando la actividad del Maestro estaba
centrada en Galilea. Ahora que Jesús estaba bajo la custodia de Pilatos y de
los judeos, Herodes ansiaba verlo, pues se sentía protegido contra cualquier
problema que Jesús pudiera causar en el futuro. Herodes había oído hablar mucho
de los milagros que Jesús había hecho, y esperaba realmente verle realizar
algún prodigio.
Cuando llevaron a Jesús ante Herodes, el tetrarca se quedó sorprendido
de su apariencia majestuosa y de la serenidad de su semblante. Herodes le hizo
preguntas a Jesús durante unos quince minutos, pero el Maestro no quiso
responder. Herodes lo provocó y lo desafió a que realizara un milagro, pero
Jesús no quiso contestar a sus numerosas preguntas ni responder a sus insultos.
Herodes se volvió entonces hacia los jefes de los sacerdotes y los saduceos, prestó oído a sus acusaciones,
y escuchó todo lo que Pilatos había oído y más aún acerca de las supuestas
maldades del Hijo del Hombre. Finalmente, convencido de que Jesús no hablaría
ni realizaría un prodigio para él, Herodes, después de burlarse de él durante
un rato, le colocó un viejo manto de púrpura real y lo envió de vuelta a
Pilatos. Herodes sabía que no tenía ninguna jurisdicción sobre Jesús en Judea.
Aunque le alegraba creer que por fin se iba a desembarazar de Jesús en Galilea,
estaba agradecido de que fuera Pilatos quien tenía la responsabilidad de
quitarle la vida. Herodes nunca se había recuperado por completo del miedo que
padecía por haber ejecutado a Juan el Bautista. En algunos momentos, Herodes
había temido incluso que Jesús fuera Juan resucitado de entre los muertos.
Ahora se había librado de este temor, puesto que observó que Jesús era un tipo
de persona muy diferente al directo y fogoso profeta que se había atrevido a
sacar a la luz y denunciar su vida privada.
Extraído del libro de
Urantia.