FENÓMENOS PSÍQUICOS
EN LA
HORA DE LA MUERTE
ERNESTO BOZZANO
Casos II y III. –El profesor A. Alexander, miembro de la Sociedad Inglesa de Investigaciones Psíquicas y residente en Río de Janeiro, envió al Congreso Espiritualista Internacional, que tuvo lugar en Londres, en junio de 1898, un extenso informe conteniendo numerosos incidentes supranormales examinados por él mismo; entre ellos se encuentran cuatro pertenecientes a la clase de que nos ocupamos. Comienzo por los dos más sencillos. Escribe el señor Alexander:
En la casa del señor Carlos Cansen, un pequeño retrato de su madre fue arrojado a tierra el mismo día en que esta señora moría en Alemania. Cuando ella se encontraba en el Brasil, había prometido al más queridote sus nietos que en caso de muerte, lo anunciaría haciendo caer su retrato, cosa que, en efecto, realizó. En esta circunstancia, el retrato no estaba colgado de la pared, sino colocado sobre un mueble e inclinado hacia el muro contra el cual estaba apoyado.
El segundo caso tuvo por testigo al teniente Costa, a quien ya he citado a propósito de otro incidente supranormal. Tenía un hermano, llamado Andrónico, que murió en el curso de la guerra con el Paraguay. Un día, antes de que su fallecimiento fuese conocido en Río de Janeiro, su madre se disponía a contar algunos episodios de la infancia de su hijo, y queriendo decir: “Cuando nació Andrónico…”, sufrió un “lapsus linguae” y dijo: “Cuando murió Andrónico…” Verosímilmente, ya poseía un conocimiento subliminal del fallecimiento de su hijo, y esto fue lo
que causó su equivocación. La madre quedó siniestramente impresionada; mientras que las personas presentes se esforzaban en convencerla de la futilidad del incidente, se oyó un ruido en la habitación contigua, como el que produce un objeto al caer al suelo. Corrieron a ella los asistentes, y hallaron que el retrato de Andrónico había caído a tierra. Obsérvese que estaba sujeto a la pared por dos sólidos clavos y que el cordón de que pendía estaba en perfecto estado de conservación. Poco después, llegó el despacho anunciando la muerte del joven oficial.
En el primero de los casos citados, haré observar la promesa que la anciana señora había hecho a su nieto de anunciarle a su muerte haciendo caer al suelo su retrato, circunstancia impresionante que hace improbable la tesis de las “coincidencias fortuitas” y aboga a favor de la espírita. En efecto, si en este episodio el objeto designado cae conforme a la voluntad manifestada por la señora durante su vida, esto constituye una razón para creer que la voluntad de la muerta no era extraña al accidente, o, en otros términos, que ella estaba espiritualmente presente. Por lo demás, la hipótesis telepática no podría explicar un anuncio que se ha manifestado bajo una forma física, lo mismo que una fuerza física, propagándose a distancia en ondas concéntricas, no podría explicar cómo hubiera podido ejercerse sobre un objeto determinado. El hecho no puede, pues, explicarse más que por la intervención de una voluntad que haya dirigido la fuerza física en acción.
En el segundo caso, observo el curioso incidente del lapsus linguae sufrido por la madre del difunto, incidente debido, probablemente, al conocimiento subliminal que acababa de adquirir, tal vez, de la muerte de su hijo, como dice muy bien el profesor Alexander. En este caso, el incidente sería realmente de naturaleza telepática y se habría realizado simultáneamente con otro de naturaleza física, simultaneidad de realización que tendería a probar la identidad de origen de las dos formas supranormales de anuncios de muerte. Como el anuncio telekinésico ha sido verdaderamente debido a la presencia en el lugar de la entidad espiritual del finado, resulta que la génesis del anuncio telepático no puede ser diferente. Por otra parte, pronto tendremos ocasión de analizar análogos casos, aún más significativos.