Historias de Mujeres

Un día, estando reunidos en la sala, ella, el marido, los hijos y la criada, el hombre apareció, aterrada percibió qué él no estaba solo, a su lado veía tres bultos con facciones
animalizadas. Luego a continuación “el hombre sucio†dijo:
- Ahora yo voy a tenerla, va a pertenecerme y voy a mostrar a todos, quien es usted...
Telma empalideció de pavor; el hombre la abrazó y empezó a hablar por su boca, ella no lograba contenerse, oía sus palabras que estallaban a gritos en su mente y escurrían por su boca:
- Ella no sirve... es una hembra que no vale nada... está loca y no quiere admitir... estoy aquí para hacerla mostrarles, a todos ustedes, sus idiotas, quien es ella...
Y en medio a accesos de tos, vómito y carcajadas Telma cayó en el suelo retorciéndose y diciendo palabras de baja alcurnia.
Nadie sabía que hacer, Ángelo corrió al teléfono, desesperado, y llamó al Dr. Leche.
Telma continuaba diciendo cosas inconexas, ahora gritaba:
- Llévenme de aquí... quiten a ese hombre asqueroso de encima de mí ... no se acerquen, os mato a todos, como también voy a matarla, gusano en forma de mujer... socorro, por favor... tengan piedad... cállese su vagabunda...
Ángelo intentó sujetarla, pero no lograba, ella se debatía y se resbalaba entre sus brazos; los niños lloraban, la criada en un rincón rezaba una serie de “Padre Nuestros†y
“Avemaríasâ€.
Telma a veces se dirigía a la criada:
- No adelanta nada rezar, bestia de carga, soy más que Dios... Socorro... Es inmundo... Veinte años preparando la venganza... esta desgraciada me pagará...
Pasado un interminable cuarto de hora, llegó el Dr. Leche; subió la escalera del balcón sin aire, entró por la puerta de la sala que Ángelo dejó entreabierta; se arrimó a Telma, que aparentemente sin pudor, alzaba el vestido y decía palabras obscenas para el viejo..
Dr. Leche se quedó en silencio, puso la mano sobre la cabeza de la pobre mujer, sucia y desgreñada y empezó a hablar en voz baja y tranquilizante; los presentes apenas percibían algunos trechos en virtud de los gritos de Telma:
- Jesús, Jesús... mi hermano, mi hermano... porque el camino del mal y de la venganza con esa pobre mujer...
Mientras tanto Telma continuaba a los gritos:
- ¿Por qué me está encadenando, viejo charlatán? ¿No sabe qué de aquí a poco reviento con todo eso y voy a matarlo?
- No soy yo quien lo retiene, es que aún existe alguna dignidad y bondad en usted...
Y continuó como quien hace una plegaria:
Piedad Jesús para esa pobre pareja encadenada por los errores de la obsesión...
Suplico, Señor, por la madre de familia que los hijos necesitan ver erguida, por el marido que necesita el apoyo de la esposa y por ese espíritu que aquí se encuentra cegado
por el dolor y por la venganza. Piedad, Señor, para todos nosotros...
Y repetía bajito, varias veces:
Jesús, Jesús...
Telma dijo:
- Yo volveré, volveré...
Aún habló algunas palabras inconexas y quedó inconsciente, quedando caída en la alfombra.
Dr. Leche calmó a todos y, pidiendo el auxilio de Ángelo, la llevaron para al cuarto; Ángelo y la criada cambiaron la ropa de Telma, aún medio adormecida, y la acostaron
en la cama.
Telma se despertó y fue acometida por una crisis de llanto:
- No me abandone Ángelo; yo no quiero ir a un hospicio, yo no aguanto más...
Se abrazaba al marido, indiferente ante la presencia del Dr. Leche; Ángelo no sabía que decir, sólo repetía:
- Cálmate, cálmate
Pero era evidente su incomodidad y el sentimiento de casi repulsa por la esposa, estampado en su rostro, mientras buscaba delicadamente deshacerse del abrazo de Telma.
Sentía una voluntad inmensa de irse de allí y librarse de aquella pesadilla en la cual su tranquila vida familiar se transformó.
A pesar del autocontrol de Ángelo, Telma percibió su repulsa y un lloro convulsivo estalló, lavando con lágrimas su rostro, mientras, con profunda tristeza, retiraba los brazos del cuello del esposo.
El Dr. Leche dispuso un calmante para Telma, y la durmió, llamó a Ángelo para una conversación en particular y fue directo al punto:
- Ángelo yo lo conozco desde que nació, fui médico de sus padres y ahora atiendo a usted y su familia, por tanto procuraré ser práctico y objetivo. Al margen de polémicas
religiosas, en este caso, es que su esposa pasa por un grave proceso obsesivo, o sea, está ligada a un espíritu en sufrimiento y demente que provoca en ella disturbios físicos y mentales; creo que esa ligazón es antigua, relacionada con encarnaciones pasadas; por su expresión, mis palabras son extrañas para usted, Ángelo...
- Esta, bien... en verdad no me meto en esos asuntos; yo esperaba de usted, digamos, una razón algo más científica... todo eso me parece algo irreal, sin embargo, no puedo dejar de reconocer que con sus extrañas palabras la crisis fue interrumpida, ella desfalleció, y cuando recobró los sentidos estaba casi normal... pero usando sus propias palabras, ¿Qué propone usted para curarla?
- Tenemos un problema que tendrá, probablemente, un largo proceso de cura; no serán inyecciones, cirugías o pastillas que traerán la salud su esposa; es necesario un tratamiento espiritual y principalmente el deseo de curarse, que, creo, ella tendrá, motivado por el sufrimiento que es grande. En ese proceso será de inestimable valor el apoyo de un grupo espiritista serio; aquí en Rio tenemos varios, yo personalmente frecuento el Grupo Espiritista Ismael, y puedo presentarlos la dirigente Cacilda. Como esposo deberá instruirse también, ya que ha que convivir con ese problema por largo tiempo; sugiero que pasen mañana, por mi casa, a las diecinueve horas para irnos juntos.
Ángelo no sabía lo que decir y prefirió quedarse lacónico:
- Está bien, mañana 19 estaré en su casa, déjeme hacer el cheque para pagarle...
- Este tipo de asistencia yo no cobro, no me debe nada...
Ángelo aún hizo una tentativa, pero el médico le agarró la mano con delicadeza y dijo apenas:
- No haga eso...
Después que el médico salió.
Ángelo fue a ver a los niños, que estaban muy asustados; Pidió que se tranquilizasen y les explicó:
- Vuestra madre está enferma física y mentalmente, pero hemos de curarla y ella se pondrá buena.
- ¿Estás diciendo qué la mamá está loca?
- No, mi hijo, en verdad no comprendí bien lo que el Dr. Leche dijo, pero para todo hay un remedio, y lo encontraremos. Que Dios os bendiga y ahora duerman.
Besó y abrazó a los hijos con infinita ternura, amaba aquellos dos niños, siempre se emocionaba al darles buenas noches, al entregarlos en la escuela, y tenía gran alegría
cuando iba a recogerlos a la salida. Los tres (él y los dos hijos) formaban un fuerte circulo afectivo de lo cual era comúnmente excluida la madre.
Se acostó al lado de Telma, con cuidado para no despertarla, y sus pensamientos empezaron a divagar: la actitud de Telma, con su comportamiento obsceno junto al Dr. Leche lo avergonzaba mucho, aún que el médico se mostrara discreto; haría una tentativa con el Dr. Leche y el tal grupo espiritista, pero daría un plazo: dos meses, si no hubiese mejora internaría Telma en un sanatorio y reharía su vida; era joven aún, si fuese el caso, se mudaría de Rio y se libraría de todo aquella pesadilla; nuevamente se sintió avergonzado; ¿Y si la situación fuese inversa? Si él hubiese perdido la lucidez y fuese tirado en un hospicio en medio de maltratos, choques eléctricos y la penosa convivencia con otros enfermos. Al final era la madre de sus hijos, y él amaba los hijos. Se recordó de su caso con Adélia; hace dos semanas no la veía, envuelto en los problemas de salud de Telma; pensó que hacía bien, ya estaba con problemas, además, resolvió aprovechar los acontecimientos y poner fin a aquel romance que ya se prolongaba demasiado. Solo faltaba en ese momento tener un hijo fuera del matrimonio para desmoronarse de una vez.
Casa, enfermedad y trabajo deberían ser sus únicas ocupaciones hasta resolver el problema de la esposa. La miró, su sueño era a veces agitado, sintió pena de la mujer, siempre arreglada y celosa de la apariencia y de la higiene personal, verse en aquel estado deplorable; tantos años juntos: el noviazgo, el sueño del casamiento, lloraron de emoción los dos en la iglesia; ¿Dónde habían llegado? Apenas la educada indiferencia y las convenciones les unían; ¿Y qué le reservaba el porvenir para su vida? Se sentía como descendiendo un río en un barco a la deriva, oyendo a lo lejos el sonido cada vez más fuerte de una cascada que se aproximaba, incapaz de tener alguna idea que pudiese salvarlo; en eso vio en el margen al Dr. Leche tirándole una cuerda con un paquete de libros amarrados en la punta...
A esa altura Ángelo no estaba reflexionando y sí soñando, imperceptiblemente pasaba de la vigilia al sueño, lo que era audible en virtud de sus fuertes ronquidos; su expresión era tensa y su cuerpo penosamente estresado. Aunque con un sueño agitado, Telma durmió toda la noche.
Por la mañana Ángelo le comunicó el diagnóstico del Dr. Leche:
- El Dr. Leche me explicó que según su entender tu problema es espiritual; algo con un espíritu que te molesta y que te provoca problemas físicos y esas alteraciones de comportamiento...
- ¿Qué alteraciones de comportamiento? Telma habló con un principio de irritación. Ángelo percibió la irritación de la esposa, respiró hondo y explicó:
- Ayer por la noche estábamos en la sala y usted, junto con sus habituales crisis de vómito empezó a decir cosas inconexas, incluso obscenas, y se echó en el suelo; Llamé
al Dr. Leche que hizo una especie de oración y usted se quedó inconsciente; La llevamos al cuarto, usted me abrazó diciendo tener miedo de volverse loca, a continuación tuvo una crisis de lloro; el Dr. Leche le dio un calmante y usted durmió; ¿No se recuerda de nada de eso? Telma se quedó muy roja y dijo tartamudeando:
- Estoy muy confusa, tuve muchas pesadillas y creí que lo que usted me esta diciendo fue una pesadilla que tuve... no consigo pensar con claridad... pienso que usted está mintiendo... eso no puede haber pasado...
- Pero pasó, atajó Ángelo con voz fuerte, y me comprometí con el Dr. Leche a llevarla a un grupo espiritista, conforme a sus consejos. No entiendo de esas cosas, pero él es una persona sensata, y creo qué debo intentar, la lleve a tantos médicos y ¿Qué tuve hasta ahora? ¡Nada!
- ¡Yo no quiero ir en esos disparates! Ese médico es un idiota senil...
- Lo qué pasó ayer aquí junto con los niños fue horrible, no quiero qué mis hijos presencien una escena cómo ésa otra vez, ¿Qué usted prefiere, ingresar en un hospital psiquiátrico?
Telma palideció, le vino a la mente una clínica que visitó en el Barrio del Cajú, donde estaba ingresada una tía esclerosada, que sólo decía sin sentidos; cabellos desgreñados, camisón blanco, en medio a los otras enfermos atontados, conducidos como ganado por enfermeras groseras... había tenido una experiencia terrible. Telma silenció angustiada.
- Vendré más temprano del trabajo para recogerla...
Conmovido Ángelo le besó la frente, abrazó los hijos y salió.
Se quedó preocupado, pensó “mis hijos en aquella casa con aquella loca...â€, “todo puede pasarâ€, pero después, reflexionando mejor, consideró que había las criadas; cuando llegase a la oficina telefonearía y les pediría que se quedasen vigilantes; de otro lado, después de la comida irían a la escuela y allá estarían en seguridad.
Dirigía el coche por una calle sinuosa con un barranco a su izquierda; imaginó una derrapada y el coche capotando por el barranco; la enfermedad de Telma era la derrapada.
¿Lograría él conducir el automóvil de su propia vida y reubicarlo en la vía pública?
O inhábil rodaría por el desnivel reventándose, él y los hijos... ¿Cuáles serían las oportunidades de resolver aquella situación en un centro espiritista? Telma era prácticamente atea... Irían probablemente a intentar sacarle dinero... Religión y pedidos siempre andan juntos... Pero, el Dr. Leche era persona seria, se recordó del médico rehusándose a recibir el pago de la visita, sintió firmeza en la actitud de él... la solución era esperar...
Se volvió al Cielo, que veía a través del parabrisas, resolvió levantar la capota del automóvil descapotable; accionó el mecanismo y fue rodando bien despacio para que la
fuerza del viento no echase la capota hacía atrás. Estacionó y arregló la capota en el compartimiento propio.
Retomó el camino en dirección a la tejeduría, el viento sacudía y despeinaba sus cabellos, el cielo azul, el mar, se sintió acariciado por la naturaleza, no sería fácil dejar aquella “ciudad maravillosaâ€. Se Recordó de los padres fallecidos, él niño, rezando antes de dormir, arrodillado al lado de la cama y después pidiendo a bendición del padre y de la madre; acarició una medalla de oro de Nuestra Señora que tenía en el cuello y que había ganado aún cuando era niño. Sintió una dulce emoción, rezó un padre nuestro y una ave maría, mentalmente besó las manos fuertes y peludas del padre, y las delicadas y pequeñas de la madre; raramente visitaba el cementerio, la última vez que había ido allí fue hace unos cinco años, tuvo la voluntad de ir al el cementerio, visitar el túmulo de los padres; pero no sería posible, el día estaba congestionado, necesitaba llegar a la oficina para telefonear; mandaría un empleado llevar flores al túmulo de los padres. A su madre le gustaban las rosas y el padre usaba siempre un clavel en la solapa. Les mandaría algunas docenas de rosas y de claveles; se recordó del padre con su traje de cachemira inglesa gris y con “rayas de tizaâ€; le pareció verlo sonreír, alzando la solapa del traje y aspirando el perfume del clavel, gesto común cuando estaba contento.
Se recordó a continuación que el gerente de una de las tiendas era espiritista; creyó válido conversar con él; después del almuerzo, en su corta tarde, iría a inspeccionar la tienda y aprovecharía para recolectar algunas informaciones; la esperanza lo animó, encendió la radio del coche y prosiguió menos amargado, mientras una plácida sonrisa se dibujaba en su expresión...
En casa, Telma tuvo una mañana relativamente tranquila, pasó la mayor parte de la mañana oyendo la radio y leyendo revistas; en el almuerzo comió poco por miedo a los
vómitos.
Por la tarde, su estómago empezó a revolverse y pasó a sentir la presencia del “hombre sucioâ€. Se Sintió atemorizada, pidió a la criada quedarse a su lado, estaba ansiosa porque el marido llegase pronto.
La criada sugirió que rezasen un rosario, Telma accedió. Empezaron a repetir en voz alta los Padre-Nuestros y las Avemarías; todo y la repetición de las plegarias, la presencia del “hombre sucio†iba siendo cada vez más fuerte y Telma estaba cada vez más nerviosa.
A cierta altura la ansia de vómito era insoportable; la criada la auxilió a ir al baño y vomitar el almuerzo; como pasaba con frecuencia, los espasmos del vómito disminuían
la sensación de la presencia del “hombre sucioâ€. Sin embargo diez o quince minutos después la presencia de él era casi palpable. Telma cerraba los dientes para no gritar las
peores palabrotas al intentar expulsarlo de su casa; y en medio a aquel esfuerzo de auto control ella parecía verlo riéndose de ella, mostrando sus dientes podridos y desaseados, pero consiguió contenerse. Finalmente Ángelo llegó con los niños:
- ¿Cómo está usted?
- No estoy bien, Adélia me hace compañía y rezo, pero no estoy adelantando...
- !Anímese¡ Hoy estuve con Geraldo, el gerente de la tienda que se queda en el Flamenco, es espiritista y me dijo que conoce varios casos semejantes al suyo y que fueron curados; él hasta sonrió, cuando narré algunas peripecias; me dejó muy esperanzado...
Telma sintió una rabia casi incontrolable hacia el gerente, que había visto algunas veces, pues era común en las fiestas de cumpleaños de Ángelo convidar los empleados más graduados de sus empresas; no lograba explicar su rabia por aquel hombre que viera tan poco, pensó consigo misma, “creo que todo eso hace parte de la locuraâ€, pero
acabó dejando escapar:
- Él siempre me pareció un majadero, que diría cualquier cosa para dejarle contento; hace parte del arte de la adulación...
Y concluyó la frase con una sonrisa y un mirar extraños, que provocaron una sensación de miedo en Ángelo, que desvió los ojos y perdió el buen humor con que había llegado; por primera vez en todos aquellos años de relación, idilio, noviazgo y casamiento, nunca sintió miedo de Telma; en aquel momento todavía pensó que ella podría ser peligrosa; su mente se dirigió inmediatamente a los hijos, si ella en su locura hiciese un algo con los niños, él jamás la perdonaría; cortó la conversación secamente:
- Voy a comer algo, saldremos enseguida para cuidar de “sus†problemas...
Telma sintió la puntada y la rabia fue sustituida por una tristeza y un desánimo inmensos; repentinamente se sintió sin fuerzas, como un naufrago cansado de nadar en un océano sin tierra a vista...
Ángelo decidió que la criada les acompañase, podría pasar algo en el trayecto y no quería estar solo con Telma; la presencia de ella lo incomodaba, era con grande esfuerzo
que contenía la repulsa cuando en alguna curva más acentuada ella se juntaba a él; pensaba para si: “cuántas vueltas da la vida; deseó aquella mujer casi con locura, como
la ansió en la noche de nupcias; como se sintió feliz cuando terminó el viaje de luna de miel; reflexionó que a partir de aquel día y por el resto de sus días tendría aquella mujer a su lado todas las noches; como si emocionó cuando nacieron sus hijos; con que gratitud inmensa besaba su vientre innumerables veces diciendo:
De esta barriga salió la razón de mi vida; cuanto soy feliz de ser padre...
Y pasados todos aquellos años el toque de aquel cuerpo antes tan deseado era casi asqueroso; respiró hondo, ¡Ah! Como desearía abrazar el padre en aquella hora, sentarse
en su regazo, verlo aspirar el clavel y recibir de él todo aquél encanto por la vida; a continuación imitarlo, como hacía de niño, aspirando igualmente la flor y haciendo la misma expresión de satisfacción del padre, que se divertía a punto de no contener la carcajada, mientras la madre lo miraba con ternura, por encima de las gafas que usaba en el omnipresente ganchillo y sonreía también. Habría de superar todo aquello y dar a los hijos todo el amor que recibiera de sus padres. Aceleró el coche, se concentró en la dirección y buscó no pensar más en Telma.
Recogieron en el camino la Dr. Leche, que estaba esperando en el balcón y se dirigieron al grupo espiritista.
Telma