PIES Y PAZ
Expresiva la decisión de Jesús, lavando los
pies de los discípulos.
Recordemos que el Señor no opera la ablución de
la cabeza que piensa, ve y oye, traduciendo el sentimiento con los dones
divinos de la reflexión y con las facultades superiores de la palabra, ni les
limpia las manos que traen consigo a excelencia de los recursos táctiles para
glorificación del trabajo y el mudo lenguaje de los gestos, que exprimen
afectividad y consolación.
Les lava
simplemente los pies, base de sustentación del cuerpo e implementos de la
criatura física que entran en contacto con la lama y polvo de la Tierra,
padeciendo espinos y charcos. Y les purifica semejantes apéndices, necesarios
para la vida humana, sin reproche y sin queja.
Recordémonos, pues, de la enseñanza sublime y
lavemos los pies los unos a los otros, con la bendición de la humildad, en el
silencio del amor puro que todo comprende, todo soporta, todo santifica y todo
cree, por lo que apenas tolerando y entendiendo el polvo y el lodo que todavía
apunten los caminos ajenos es que redimiremos los nuestros, alcanzando la
verdadera paz.
Espirito: EMMANUEL
Médium: Francisco
Cândido Xavier