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Jaén1977   Lista de mensajes  
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Jaén, 4 de junio de 1977

 

HE CANTADO CON MI VIOLIN PLEGARIAS BENDITAS...

 

La caridad es la panacea que Dios ha dado a las almas para que estén siempre alerta y al cuidado de los que sufren y carecen de medió de los que piden ayuda y de los que, abatidos, precisan de consuelo. Esa caridad está latente en el centro de todas las almas para practicarla en todas las circunstancias y en todas las modalidades de la vida. Por eso quisiéramos hoy ejercerla con un hermano espiritual que tanto lo necesita.

 

Sabéis que los que están en este plano deseosos de progresar cuanto antes están cumpliendo la Ley: la Ley de causa y efecto que les hace repasar sus actos para que rectifiquen sus yerros, que son la causa e su estacionamiento y del cual anhelan salir seguidamente para proseguir su evolución. Por eso, si a vosotros os parece dar paso a un hermano que quiere exponeros su situación y sus deseos de progresar más prontamente, así lo haremos.

 

-Nosotros estamos siempre dispuestos a atender vuestras indicaciones  y siempre nos ha parecido muy caritativo ayudar a estos hermanos.

 

 -Entonces hagamos una llamada mental al hermano que desea  hablaros.

 

------------------------------------

-Buenas tardes en el nombre de Dios: He acudido con frecuencia vuestras reuniones como un simple observador y hemos visto, mis compañeros y yo, que la hipocresía no existe entre vosotros; que tenéis bien forjada y bien incrustada en vuestras almas las ideas que predicáis y prac­ticáis. También hemos observado a los espíritus de luz que os guían y que os comunican la irradiación de sus pensamientos.

 

Nosotros, los que estuvimos en la Tierra, tenemos muchas cosas cum­plidas, pero otras quedaron sin realizar. Nuestra trayectoria en la tierra, como vosotros conocéis, es muy triste, muy dura y tiene muchos inconvenientes que debemos superar. Y ante el incumplimiento de lo prometido antes de tomar cuerpo material, al volver al mundo espiritual, la Ley nos sujeta y nos envuelve en una nebulosa que nos destroza, que hace impre­cisos nuestros pensamientos y nos rodea de formas oscurecidas y sin la luz suficiente. Consultamos a los promotores y éstos nos repiten: «¡Ade­lante, querido hermano! Cumple la Ley, no falles, no vuelvas atrás porque ello supondría tu retraso. Mira siempre adelante. Ten fe, resignación y esperanza y alcanzarás lo que deseas.»

 

Yo, hermanos de mi alma, he sido muy aficionado a reír y sobre todo a cantar. He cantado con todo el sentimiento que tiene un alma, con toda la intensidad de mis ilusiones, con alegría y entusiasmo. He cantado con mi violín plegarias benditas que han hecho de mí, algunas veces, ser casi digno de ser oído por los espíritus de luz. Aquí he tomado consejos básicos para acelerar mi trayectoria y he comprobado que cantar es una cosa y sentir otra. Que llorar es una cosa y el identificarse con los que sufren es otra. Que para pedir al Padre hay que saberlo hacer, porque siempre que lo hacemos nos excedemos. Entonces nuestra plegaria es cortada por improcedente y se nos dice: «Aprende, estudia, concrétate a pedir lo que verdaderamente necesitas, suplicando; nunca exigiendo.»

 

He luchado mucho en la vida. He estado horas enteras en mi ventana oyendo a los cantores maravillosos de los jardines. Esos jilgueros y ruise­ñores que lanzan esas notas tan prodigiosas; esas formas tan perfectas de emitir los trinos y arpegios, cantando y alabando al Padre, con esa música sin igual.

 

Me he extasiado admirando la belleza de la creación, su armonía, su perfección, su verdad, y he hecho esfuerzos por no delinquir, ser fuerte, dócil y justo. He procurado hacer el bien con la amplitud que me ha sido posible. He sido correcto con mis hermanos, amable con mis ene­migos y transigente con los que me han vituperado u ofendido. He ense­ñado cuanto he podido y he aprendido cuanto me ha sido posible; pero, en cambio, he dejado de aprender y saber que el orgullo y la vanidad me han matado, que han producido en mi alma huellas profundas; que no he cumplido, por ello, con todo mi deber, que no he pagado deudas que tenía pendientes. Todo lo cual pone un dique a la trayectoria de mi progreso, pone una cortina de fuego que corta el paso de mi libertad, el anhelo de mi superación, la alegría de mejorar mi situación y la tranquilidad bendita de un corazón sencillo. Tampoco supe desarrollar toda su extensión ese oído perfecto que se debe tener cuando los demás  lloran, porque los dolores, las necesidades o las injusticias le afectan  profundamente. Todo ese dolor he dejado muchas veces de oírlo. No quiero molestaros más. ¿Qué os parece que haga para subir más aprisa, para  alcanzar la luz? Voy a cogerla y no consigo alcanzarla. Los espíritus luz me llaman, me dan la mano, me quieren, me aconsejan, me corrigen me envuelven con su luz... Pero aún tengo que eliminar imperfecciones, tengo que pagar deudas... ¡Por favor, dadme vuestro consejo! Mis lamentaciones son de que no marcho más aprisa. Mi queja es que creo que me abandonan los que me tienen que guiar y luego no es así. Mi deseo estar con vosotros en las reuniones que hacéis porque me confortan y dan ánimos para proseguir. Mi alma está sedienta, como os he dicho, de mas  luz, de más amor; está sedienta de protección merecida, porque la protección la tengo de sobra, pero no la conozco.

 

Vosotros, hermanos, amaos francamente. No os miréis nunca de medio lado; miraos frente a frente como miramos el resplandor del sol que nos ciega, porque allí está la luz, el poder y la sabiduría de Dios.

 

Cuando sepáis que alguien llora, por muy lejano que esté, acudir para que de las lágrimas que enjuguéis florezcan los lirios y las violetas benditas de la caridad. Ya sabéis lo que nos dijo el Maestro: «Amaos unos  a otros como yo os he amado.»

 

Decirme, ¿qué debo hacer para alcanzar más luz y progreso?

 

 -Después de los buenos consejos que nos has dado y de toda moral que has vertido en tu conversación, poco podemos nosotros añadir Tú conoces perfectamente que tienes que eliminar el orgullo y la vanidad que desarrollaste en tu última existencia. Entonces debes trabajar mecidamente para eliminarlos. En tus actividades en ese mundo espiritual debéis comportarte con sencillez, humildad y entrega para con todos tus hermanos nos, inculcándoles fe, amor y esperanza. Así podrás ayudarte en tu progreso hasta que la luz, que tanto anhelas, puedas alcanzarla. Después tu guía espiritual te aconsejará si  precisas volver a la tierra a fin de que una nueva encarnación el orgullo no haga presa en tu alma.

 

Gracias, queridos hermanos. Unas palabras vuestras hacen muchas veces más impacto en nuestras almas que las que nos transmiten los  espíritus. Una aceptación por nuestra parte de vuestros consejos quiere decir un deseo firme de redención, cueste lo que cueste. Un deseo bien sentido por vosotros dice que vuestros corazones están a nuestra dispo­sición; que vuestras plegarias han de elevarse a las altas entidades para que nos libren de las nebulosas que nos envuelven. Una palabra de vosotros, en fin, es la promesa halagadora de la liberación de nuestras dificultades. ¡Muchas gracias!

 

-Gracias a ti, que nos han honrado con tu franqueza. ¿Nos puedes decir tu nombre, querido hermano?

 

-Fui músico. Fui un enamorado de la música. También fui célebre. La Providencia me protegió siempre y al ser célebre fui protegido de Dios. Yo, siempre que podía, cumplía con mi deber, pero he visto ahora que dejé muchas cosas por hacer y no solamente era mi deber hacerlas, sino también haber dado, en todo momento, gracias al Padre por el don que me había concedido. Me llamé Sarasate.

 

-¿Sarasate no fue un músico muy célebre español?

Exactamente. También intenté el canto. Me llamaban el rey de las octavas. En mis manos y en mi pulso ponían fluidos maravillosos. Los violines de Sarasate hablaban en vez de tocar. ¡Bendito sea ese Padre tan poderoso y sublime! ¡Bendita esa luz que se nos entra por las rendijas de las ventanas en las horas matutinas, dándonos Su bendición, Su vida, Su anhelo y Su animación! ¡Benditas esas plegarias que las almas elevan a nuestro Padre para que nos libre de todos los pecados! ¡Benditos cuando hacemos el bien...! ¡Y qué poco lo hacemos!

 

Seguir adelante, no dejéis el camino emprendido. Seguir «el camino de la verdad y la vida».

 

-Gracias, hermano, que Dios te proteja y te conceda la luz y el progreso que tanto anhelas. Elevaremos una plegaria para que El te ayude y te saque de tu abatimiento.

 

-Gracias a todos, queridos hermanos. Quedar con Dios.

 

Extraído del libro Desde La Otra Vida

 



Jue, 2 de Oct, 2003 4:25 pm

ramatis73@...
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MariCarmen
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