CUANDO SE REENCARNA PARA REDIMIR FALTAS, PEDIMOS, A VECES,
PRUEBAS SUPERIORES A NUESTRAS FUERZAS
A todos os guarde Dios,
hermanos:
Vamos esta noche, con breves
palabras, a recordar algo fundamental para el desarrollo de vuestra vida en la
presente encarnación.
Es muy frecuente entre
vosotros que cuando tenéis un dolor infortunio digáis: DIOS NOS HA CASTIGADO.
Nada más erróneo e impropio de su amor y caridad. Dios no castiga a nadie. Dios
siempre favorece,
saca
del fuego al malvado, le da la mano al caído, fortalece al débil da luz al que está en las tinieblas. Todo lo
imperfecto, todo lo que no dentro de la ley, es obra del hombre.
Sabéis muy bien, y aunque lo
sepáis os lo vamos a recordar, cuando el espíritu desea una reencarnación,
cuando está predispuesto cuando le ha señalado la ley bendita de Dios que
reencarne, se halla sujeto a muchos inconvenientes, ha de hacer muchos
razonamientos y ha de tener en cuenta
muchas circunstancias que habrá de afrontar y tener previstas. Elige, por su
cuenta, los dolores, los sinsabores, las lágrimas las oportunidades de gloria y todo lo que
constituya lucha, esfuerzo y trabajo , con el fin de redimirse cuanto antes y
subir más pronto para gozar, de más luz, de más ciencia y acercarse más a Dios,
que es la meta ansiada por todos. En aquellos momentos se heroíza, se cree más
fuerte de lo que en realidad es y, en
muchas ocasiones, se pide demasiado y por ello luego se fracasa.
Sabéis también que la
reencarnación es el único medio para redimir, el pecado y seguir las sendas de
la fe, la sabiduría y el amor. Luego esta en nosotros, hermanos,
realizar debidamente ese cumplimiento. Si tenemos un infortunio, resolvámoslo
con serenidad, pidiendo primero fuerzas para no fracasar, para no vacilar en
esos momentos tan graves y difíciles, hemos pedido misiones tristes, duras y
dolorosas en la vida, hay que tener la Fe y sobre todo resignarse con la mayor
fortaleza.
Cuando venimos a la
reencarnación traemos un libro en blanco, el tenemos que ir rellenando día a
día con todos los datos interesante nuestra vida, la formación espiritual que
hemos seguido, cómo hemos combatido el infortunio, cómo nos hemos comportado
con nuestros semejantes, cuáles han sido nuestros sentimientos, cómo hemos
elevado nuestras súplicas, etc., etc.
Venimos a la tierra, en fin, y perdonar los símiles, como jardineros de un
hermoso jardín que se halla bastante lozano y un verde inmaculado, pero sin
ninguna floración. Al venir a la vida he regado ese jardín para que no se nos
seque, y allí está esperando nuestro proceder, nuestro cariño, nuestra voluntad
y nuestros hecho hagan florecer. Cuando hacemos un
acto firme de fe, de dignidad y de buenos sentimientos, uno de los rosales se
llena de fragantes rosas blancas, excelsas y delicadas,
inundándole de majestad, de luz y de olores embriagadores, porque hemos
realizado una buena acción. Cuando he enjugado lágrimas al hermano que sufre,
otro rosal florece y se cubre de bellísimas
rosas color rosado puro, como son los albores de las auroras boreales. Cuando
hemos santificado nuestra vida con una heroicidad y desprendimiento
ejemplares, se florece el rosal amarillo, que representa la pureza y el elixir
de los colores benditos. Cuando hemos amado con verdadero desinterés y entrega
florece el rosal encarnado, dando el punto de colorido, plenitud de vida y
encanto que alegra y embellece todo a su alrededor. Cuando el dolor ha hecho
mella en nosotros y hemos salido firmes, airosos y triunfantes, florecen los
rosales de varios tonos, cuyas rosas, con sus variados colores, dicen.
«Adelante, no desmayéis; la fe y la grandeza de tu alma te van salvando. Y, en
fin, cuando llevamos a cabo una caridad magnífica con la mayor sencillez Y cuyo
delicado perfume llega a los cielos, se abren los lirios benditos que dan
gracias a Dios porque hemos sido justos y hemos sabido cumplir nuestro deber en
la vida.
Por eso,
hermanos, no dejéis de tener una fe sólida, una constancia sin límites y una
gran resignación para que resolváis y superéis con facilidad todos los
inconvenientes, dolores, adversidades y pruebas que solicitasteis para vuestro
bien exclusivamente.
Que la
FE y la ESPERANZA no os abandonen. Buenas noches.
Jaén, 26
de diciembre de 1973
Extraído del Libro , Desde La Otra Vida.