ENCUENTRO CON LOS PASTOREROS
Al fin llegaron a mis oídos los primeros informes de algo que me interesaba y que buscaba con gran ilusión. Por unos amigos supe que existía un grupo de personas guiadas por un hombre, al que ellos consideraban un profeta, estas gentes practicaban una forma de vida natural, basadas en una creencia cristiana. Al principio no puse mucho interés, porque me pareció poco importante y no me ayudaría a conocer a fondo lo que yo buscaba, aquello lo deje porque jamás podía creer lo que más adelante fue un descubrimiento, y terminaría dándome una respuesta a todos los presentimientos que me venían interesando desde el día que bajé en aquella estación.
Una de las causas que desanimaron mis proyectos de averiguar lo que significaba aquel hombre y aquellas familias que lo seguían, fue el enterarme que el profeta, a quien la gente consideraba su maestro, era analfabeto. Pero fue una de mis equivocaciones.
Nunca pude imaginar, que una persona como aquella pudiera dar explicaciones históricas sin saber escribir. Aquella lección me sirvió para comprender que los seres humanos tropezamos a veces con la piedra más insignificante de nuestro camino.
Yo ya conocía bastante sobre el más allá y no pude imaginar a tiempo que todo era posible, que nada tenía que ver las ciencias que el hombre ha estudiado con otras ciencias que proceden de otras fuentes naturales, que aún pareciendo extrañas y misteriosas llevan una auténtica realidad, por que están basadas en algo que se desconoce y algo que se ignora sobre ese otro mundo.
Continué preguntado y al fin un día encontré a un hombre que me informó algo sobre aquel profeta, el lo había visitado y había observado que era un hombre extraño misterioso. Decir extraño no significaba que sus palabras no fueran naturales, sino que de el compendio de sus explicaciones emanaba una gran sabiduría, y esto resultaba misterioso por salir tales explicaciones tan difíciles de exponer de una persona analfabeta.
El hombre que me dio los primeros informes no pudo ofrecerme detalles más concretos, aunque él opinaba que aquel hombre estaba encarnado en una persona prodigiosa, algo que pone en duda si una persona puede introducirse en temas profundos vaticinando cosas muy importantes.
Cuando este hombre terminó de contarme lo que había conocido del profeta, parecía que algo me empujaba a introducirme en la investigación de este personaje, sentía unos deseos inmensos de apresurarme a conocer más detalles, pues presentía que debía ser algo importante. En estos momentos, toda mi ilusión era verle y hablar personalmente con él, así tal vez podría obtener una gran revelación de lo que yo había imaginado, y al mismo tiempo ignoraba.
Todo esto ocurría en el año 1932, y fue entonces cuando me puse a buscar una ocasión oportuna para desplazarme donde estuviera. Todas aquellas ilusiones que me había hecho, cambiaron de curso y fue inútil lo que había soñado. Aquel hombre murió unos días antes de que pudiera hablar con él. Sin embargo, no por ello desistí de la idea y continué con los deseos de averiguar la historia de aquel hombre, aunque ya faltaba su figura como fundador de aquella creencia.
Imaginaba qué había bastante material inédito en la vida de este personaje, por lo que estuve mucho tiempo recopilando datos de unas y otras personas que lo habían conocido y lo habían escuchado; pero no quedaba del todo convencido de la información que obtenía pues parecía que se detenían al borde de clarificarme el mensaje del profeta en su totalidad.
Por otro lado, estas personas con los que hablaba, parecían muy convencidas de aquella creencia y seguros de seguir su doctrina; en cambio no podía sacar una aclaración profunda de el por qué este hombre había dado a conocer cosas que según los comentarios tenían para mí mucha importancia.
Este hombre, según mis opiniones, pasó desapercibido de la sociedad hasta la hora de decir cosas, que en cierto modo no fueron escuchadas, porque no parecieron de gran importancia. Es posible que en la vida de este hombre haya ocurrido como en la de otros tantos personajes, que después de alejarse de la sociedad, quisiéramos haber oído sus palabras, añorando su retorno para conocer a fondo su misterio.
Nosotros
Los Pastoreros.
Por Manuel Robles