Sin más preámbulo, ni tregua, vamos con ello…
He recibido correos en los que se me censura no dejar pasar siquiera los cien días de cortesía tradicional hacia el nuevo gobernante de un país. En este caso, se pone como víctima de mis invectivas a obama. Creo más bien que es al contrario. Que el nuevo presidente de los Estados Unidos está adoptando una batería de medidas que no dan margen a la menor esperanza acerca de las sospechas que ya provocaba. No teniendo suficiente con rematar a una economía que dará nuevos sustos, ha reseñado a organizaciones Pro-Vida como “potencialmente terroristas”, lo que, además de ser una provocación, es una falsedad y una incongruencia muy interesada, que se debe tomar como aviso de lo que estará dispuesto a hacer si se le lleva la contraria. Será “demócrata” el buen señor, pero esto es totalitarismo puro. Y no lleva ni cien días en la Casa Blanca. El polvorín en que se puede convertir la primera potencia de Occidente da pavor.
No contento con eso, y como segundo botón de muestra para justificar mi crítica (no mencionaré los trapicheos a cuenta de su escaño, ni las sucesivas búsquedas de personas para su equipo de gobierno porque todas se “caían” de las quinielas por algún asuntillo), resulta que el carismático líder con complejo de telepredicador, a quien tanto une con el que sufrimos por aquí, (hasta el punto de atribuirse la victoria del amigo americano), es vasallo de un califa. O dicho de manera más directa: que el comandante en jefe del primer ejército del mundo libre (cada vez menos) tiene algún vínculo de sumisión (según se deduce de sus acusadas reverencias) que no es conocido por el público. Que Dios nos asista…
Otro correo me describe las bondades de un gran pacto de estado. Lamento discrepar. Con el actual y pésimo presidente, con los siniestros en general, cualquier pacto tendría el mismo resultado que acostarse en una cama llena de alacranes. Mejor permanecer insomne, muy despierto, porque la situación empeorará. Más que pactos de estado para sacar las castañas del fuego y avalar las políticas de un grupo sectario y malintencionado, son urgentes unas medidas ciudadanas de presión que excluyan la violencia, (un escenario con este “ingrediente” es lo que más desea la jauría mediática). Por ejemplo, dejar de pagar las hipotecas. Los bancos, tan favorecidos por el malgobierno, recibirían una seria advertencia para que no siguiesen esquilmando a sus pequeños clientes, los mismos a los que cobra por todo. Otro ejemplo, dirigido al estado, que empresarios y autónomos dejasen de abonar las cotizaciones sociales. Quizás así sabrían lo que sienten muchas empresas acreedoras de las administraciones públicas, las mismas que pagan en tres plazos: tarde, mal y nunca. Pero soy pesimista: una respuesta cívica de este calado requiere unidad, y el español prefiere ir por su cuenta a formar parte de cualquier movimiento que pueda devolverle su Patria.
En la misma línea me escribe un director de sucursal bancaria, que se siente aludido por mis ataques a la banca. No debería, porque cuando hablo de banqueros, me refiero a los que mandan de verdad, no a simples engranajes (con todos mis respetos) en esa maquinaria. Señalo a los que se han llevado tan bien con el malgobierno para recibir nuestro dinero, y ahora comienzan a desmarcarse porque consideran cercano un nuevo turno político. Sigo esperando a que alguien me explique donde están las provisiones a cargo de los beneficios multimillonarios de ejercicios pasados, muy recientes. ¿Dónde están para que hayan tenido que mendigar nuestro dinero y sigan necesitándolo para tapar una gestión tan nefasta como dolosa?
Por último, una chica se pregunta si nunca recibo correos de ánimo. Sí, muchos. Pero estas “Aclaraciones” mensuales son para polemizar, puntualizar y convencer, no para practicar la autocomplacencia. Esa es la razón por la que no se citan. Salvo contadas excepciones, como la que me ocupa, sin que sirva de precedente. A todos aquellos que me agradecen que los “Comentarios” se publiquen: soy yo el que les está agradecido. Los doscientos largos que han sido no tendrían sentido si todos ustedes no hubieran tenido la gentileza de dedicarles un poquito de su tiempo. Si no hubieran estado al otro lado de la pantalla de un ordenador, o del papel, para reflexionar sobre la realidad que describo con la mayor objetividad que me es posible.
Gracias a todos.
Por la Refundación de España.