Ya se conocen los datos sobre la circulación de automóviles en las ciudades
españolas durante el pasado lunes, declarado Día Sin Coches.Fue como la de
cualquier otro día laborable del año. En algunas capitales resultó más
problemática, debido a las fuertes lluvias, que hicieron el tránsito aún más
lento y dificultoso. A cambio, hubo carreteras interprovinciales y autovías en
las que el objetivo del Día Sin Coches se logró plenamente, pero no por la
respuesta favorable de los conductores, sino porque quedaron cortadas, debido a
los desprendimientos y las balsas de agua.
Pocos síntomas indican mejor que un problema va a continuar tiempo y tiempo sin
resolverse que el hecho de que las autoridades le dediquen oficialmente un día.
La declaración de tal o cual fecha como el Día de Esto o el Día de lo Otro
suele ser, a la vez, una coartada y una confesión: una coartada para disimular
que no conceden prioridad a ese asunto los demás días del año y la confesión
de que cuentan con que el problema va a seguir sobre la mesa indefinidamente.
El caso del Día Sin Coches es de los más llamativos. Es ridículo que unas
alcaldías que insisten en llenar los centros urbanos de aparcamientos,
invitando a los automovilistas a meterse con sus vehículos hasta el mismísimo
corazón de la ciudad, se declaren arrebatadas por una repentina devoción
ecologista y pretendan que todo sea distinto... un solo día al año. La
utilización diaria del coche para acudir al trabajo, llevar a los críos a la
escuela o hacer recados es fruto de un buen número de factores, que van desde
la pre cariedad de las alternativas públicas hasta el feroz individualismo
potenciado por el modelo social imperante. Eso no se cambia celebrando un Día
Sin Coches.
Como muestra, un botón. Sé de una persona que, si el pasado lunes se hubiera
apuntado al Día Sin Coches, habría tardado tres cuartos de hora, como poco, en
llegar a su trabajo. Y otro tanto en volver a casa. Ni el metro ni la red de
autobuses le proporcionan una comunicación medianamente directa. En coche, hizo
el recorrido en 10 minutos, como todos los días.
Es ecologista, pero no masoca.
http://blogs.publico.es/eldedoenlallaga/?p=361