Todos somos Platón, y todos estamos en parte dentro de la caverna, y en parte fuera. Estimo sin embargo que la sociedad española y la sociedad de las ciudades asturianas, como subconjuntos de la primera, en lo relativo al tema del transporte urbano (así como en lo relativo a otros temas relacionados con la sostenibilidad socio-económico-ambiental) está todavía, en su conjunto, muy dentro en el fondo oscuro de la caverna y, a muchos de sus componentes, les encantaría encerrarse ahí con llave y darle todas las vueltas posibles, a la llave, para sentirse bien seguros ahí al calor de sus convicciones y de sus cobardías.
Creo que el carril bici es un elemento que, inteligentemente planteado e integrado en un conjunto más amplio, no puede sino ser un complemento positivo para fomentar la sostenibilidad del transporte urbano. Ni siquiera puedo decir "creo", porque en realidad estoy completamente seguro de ello. Como dije en mi anterior correo, el carril bici debería estar acompañado de otras medidas, tanto educativas como restrictivas, y dichas medidas también deberían implementarse con lógica y con medida. Lo que se necesita es un plan integral de transporte urbano tanto a escala local como nacional y, si me apuráis, internacional, que bien planteado y explicado sería, estoy seguro de ello, perfectamente asumible por la sociedad, incluso la española en su estadío actual.
Lo que no es deseable es pretender avanzar en el camino de la sostenibilidad conservando, al mismo tiempo, comportamientos que nos desvinculan totalmente de la misma. Como el ejemplo que dí en mi anterior correo relativo a los carriles bici del plan de avenidas de Gijón. ¿Que los políticos están sólo para cuatro años? ¿Es que de verdad creéis que la democracia es la suma de realizaciones de estos políticos supuestamente elegidos por el pueblo? Como no somos tan tontos, verdad, para pensarlo, lo que hay que reclamar son políticas y acciones de medio y largo plazo. Para eso está la presión que nosotros, a nuestra medida, mediante el movimiento asociativo, la prensa, etc., podamos hacer sobre los políticos. No debemos aceptar soluciones de corto plazo y, encima aplaudírselas.
No está bien ser radicales, pero hay que ser consecuentes. No es radical, sino consecuente, exigir un plan integral del transporte urbano basado en unas cuantas premisas: más bicis y transporte público, menos coches. Esto lo sabemos desde los años sesenta, y fijaros dónde estamos todavía.
A falta de plan integral, lo que nos queda es exigir medidas coherentes con lo que este podría ser. No a la artificialización desmedida de las ciudades (grandes aparcamientos subterráneos), no a la política de liberalismo automovilístico, sí a la integración de transportes públicos, ciclistas y peatonales, sí a la creación de intercambiadores urbanos y periurbanos para limitar el uso del vehículo privado en un perímetro razonable de las ciudades.
La polémica "carril bici si" o "carril bici no", es una estupidez. Como pretender salir de la caverna por otro sitio que no sea la entrada.
Jose.