La investigación también analiza las diferencias de tamaño del oído
interno
Concretar lo más posible las hipótesis sobre la naturaleza y la
evolución neandertal es uno de los objetivos que se marcan en el
proyecto, pero los científicos también esperan aportar otras
respuestas una vez concluido el estudio de las tomografías
computerizadas de los fósiles. A los hallazgos que pueda suponer la
aplicación de las técnicas de virtualidad médica habrá que añadir las
que se deriven de la investigación iniciada a partir de un hueso
temporal localizado entre los muchos restos óseos.
Según Antonio Rosas, este hueso puede facilitar el conocimiento de
las características del oído interno de los neandertales. El temporal
hallado conserva la parte llamada caracol o cóclea y los canales
semicirculares, conocidos en medicina como el órgano del equilibrio.
Se ha podido comprobar que los neandertales tienen estos canales de
un tamaño bastante mayor que los hombres modernos. Ahora se trata de
averiguar por qué estos conductos son mayores y cuáles son las
implicaciones en el sentido del equilibrio y la ubicación espacial de
esta especie.
Diversidad
Con todos estos campos abiertos, la cueva de Sidrón se presenta como
el principal vivero para conocer la diversidad física y cultural de
las poblaciones neandertales. Gracias a la suerte y a la pericia
técnica, como los propios investigadores confesaron tras conseguir
extraer ADN de un diente de Sidrón, el yacimiento piloñés aportó la
primera muestra de material genético proveniente de uno de los
extremos de distribución de los neandertales y es el situado a mayor
latitud sur de todos los estudiados con éxito.
Los responsables del equipo sostienen que la península Ibérica
representa el extremo oeste del mundo neandertal y el extremo sur de
la distribución europea (esta especie también está presente en
Israel, Irak o Siria). Por esa razón consideran fundamental tener un
dato genético de la península Ibérica que corroborase que los
neandertales eran efectivamente tan homogéneos como sugerían análisis
anteriores. Afirman que ahora se puede asegurar que los individuos
del suroeste no eran genéticamente diferentes a los del resto de
Europa ni eran más semejantes a los humanos modernos.
Gracias a las respuestas del material genético parecen quedar
descartadas también las tesis que hablan de un posible cruce entre
neandertales y hombres modernos. Ambas especies convivieron en Europa
durante diez mil años pero, como evidencia el ADN, si hubo relación
entre ellos, en la actualidad no hay rastro de su descendencia, lo
que permite descartar la hibridación.
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