Vitoria presenta por primera vez al público importantes piezas de
arte paleolítico
El museo alavés de Arqueología centra la muestra en una placa de
piedra con raras figuras animales
LA EXPOSICIÓN
Título: 'Una piedra, un mundo'.
Contenido: Herramienta-percutor del período magdaleniense,
decorada con motivos animales. Puntas de arpón y flecha, un
colgante, industria lítica diversa.
Yacimiento: Excavación de Santa Catalina (Lekeitio). Sendas
piezas de Santimamiñe y Bolinkoba, en Vizcaya.
Producción: Colaboración del Museo de Arqueología de Álava y
el Museo Vasco de Bilbao.
Lugar: Museo de Arqueología de Álava. Hasta septiembre de
2005.
Los caballos son un motivo que se repite con frecuencia en el arte
palelolítico franco-cantábrico. Por eso, no es extraño hallar la
figura de un équido en una placa de piedra del período
magdaleniense, que los habitantes de la cueva de Santa Catalina, en
Lekeitio, empleaban tanto de martillo como de raspador para eliminar
restos de carne y grasa de pieles de animales. Tampoco es extraño
que aparezca un uro -un toro- pero, según los expertos, si en la
misma pieza hay un rinoceronte lanudo, es que ya se trata de un
hallazgo excepcional. «Sólo hay otras dos representaciones en la
península, y en arte rupestre, no mueble», explicó el arqueólogo
Eduardo Berganza, que ha estudiado el yacimiento vizcaíno, así como
las características de este percutor y los usos a que fue destinado.
Berganza destacó el carácter excepcional de esta pieza, que también
tiene parte de una figura antropomorfa. «No es única pero posee muy
buena factura, en cuanto a las representaciones». La especialista
Rosa Ruiz señaló la complejidad de este hallazgo, en el que se han
analizado las diferentes huellas y marcas, incluso con técnicas
experimentales para comprobar «el orden en que se grabaron las
figuras».
Este elemento forma parte del conjunto que el Museo de Arqueología
de Álava expone por primera vez al público, bajo el título 'Una
piedra, un mundo'. Se trata de «la colección de arte mueblee
paleolítico más significativa del País Vasco», describió la
directora, Amelia Baldeón, al presentar ayer junto al diputado
Federico Verástegui, la nueva muestra.
Realizada en colaboración con el Museo Vasco de Bilbao, la
exposición «no consta de piezas típicas, por lo que es más difícil
de ver y entender», valoró la directora del centro vizcaíno, Amaia
Basterretxea, que también destacó su gran valor científico. Por este
motivo, paneles y un audiovisual ayudan a comprender la muestra, que
incorpora también piezas líticas, puntas de arpones, azagayas o
colgantes.
Además, se incluyen otros dos ejemplos de arte mueble de Santimamiñe
y Bolinkoba, que permanecerán en la capital alavesa durante dos
semanas, para ser después sustituidas por fieles reproducciones.
N. A./VITORIA
http://www.elcorreodigital.com/alava/pg041023/prensa/noticias/Cultura_
ALA/200410/23/ALA-CUA-332.html
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El misterio del rinoceronte
La exposición 'Una piedra, un mundo' presenta las
conclusiones sobre una lasca grabada del Magdaleniense
Los arqueólogos han intentado recrear la vida de
la piedra en aquel periodo
A simple vista no es gran cosa: un fragmento de lutita
calcárea o limonita de 14,26 centímetros de largo, 2,22
centímetros de anchura y 1,94 de espesor. En fin, un trozo de
piedra gris oscuro, una plaqueta con dos caras definidas y
unos bordes erosionados por su empleo como herramienta de
trabajo.
Mirada a fondo, se perciben algunas figuras grabadas, entre
ellas un misterioso rinoceronte. Pero una investigación
concienzuda de este objeto ayuda a descubrir un mundo del que
se tiene escasa información, el de los habitantes de la
cornisa cantábrica hace 12.000 años. Por eso, esta piedra bien
merece una exposición y un catálogo, que ayer se presentaron
en el Museo de Arqueología de Vitoria.
El título de la muestra, Una piedra, un mundo, ya invita al
visitante a pasar a la sala; el subtítulo, Un percutor
magdaleniense decorado, añade suspense. El motivo de tanta
expectación es una lasca protegida por una urna de cristal,
con una cámara de vídeo que amplía sus rasgos y una serie de
paneles explicativos y materiales arqueológicos que sirven de
contexto para el profano. Porque la piedra es una de las
escasísimas piezas del Paleolítico, en concreto del periodo
Magdaleniense, que se han descubierto decoradas con dibujos de
animales. Son abundantes las muestras de arte rupestre de esa
época, en cavernas o en paredes protegidas, pero los restos
líticos u óseos que han perdurado no suelen llevar
inscripciones y, menos, de la calidad de la piedra que ahora
se exhibe por primera vez en Vitoria.
El hallazgo tuvo lugar en la cueva de Santa Catalina, bajo el
faro del mismo nombre, en la localidad vizcaína de Lekeitio;
un refugio abierto al mar, poco acogedor en aquellos tiempos
gélidos, pero también un espléndido mirador del Cantábrico. Al
final, la belleza del mar pudo con las incomodidades
logísticas, según confirman las investigaciones arqueológicas
desarrolladas desde que la descubriera como yacimiento en 1964
el antropólogo José Miguel de Barandiaran.
Esta gruta ha vivido quince campañas de excavación
arqueológica desde 1982 hasta hoy. Las conclusiones de los
investigadores prueban que estuvo ocupada intensamente durante
el Magdaleniense (entre el 7.000 y el 11.000 a. C.). Tiempos
de inviernos perpetuos, por los restos de fauna encontrados,
reno y pingüino entre otros.
En esa época, los habitantes de Santa Catalina se dedicaban a
la caza, como muestran las piezas de sílex que se han
descubierto junto a los huesos de ciervo, pero también se sabe
por las cáscaras de moluscos halladas que degustaban el
marisco del Cantábrico. Y el resto del tiempo lo empleaban en
actividades domésticas, como el curtido de las pieles; o en
creaciones entre artísticas o de entretenimiento, adornando
objetos con símbolos y otros dibujos.
La piedra de Santa Catalina, que se encontró en 2001, tuvo
estos dos destinos. ¿Qué fue primero, el dibujo de un uro, un
caballo, un rinoceronte y una figura antropomorfa; o su empleo
como percutor en el tratamiento de pieles y en el pulverizado
de piedras? Además del empleo de potentes microscopios, para
descubrirlo, los arqueólogos del equipo dirigido por Amelia
Baldeón y Eduardo Berganza han intentado recrear la vida de la
piedra en aquel periodo Magdaleniense. Han escogido una lasca
similar a la hallada en Santa Catalina y con ella han llevado
a cabo algunas de sus intuiciones, con el fin de confirmarlas.
Al final, se descubre una sucesión de actuaciones. Primero,
uno de los artistas de Santa Catalina grabó sobre una cara el
caballo y luego el uro, sobrepuesto y en posición invertida,
con cuidado en la ejecución. Luego, en la otra cara, otro
(quizás él mismo) dibujó el rinoceronte y el antropomorfo. Y
fue más tarde cuando la piedra se empleó como percutor. "Esta
multifuncionalidad es muy frecuente en los cantos
arqueológicos", concluyen los investigadores, que también
apuntan que la piedra pudo ser utilizada por distintas
generaciones.
Aunque las conclusiones a las que han llegado estos
investigadores deslumbran, todavía quedan algunas dudas por
resolver: ¿la piedra era fruto de la pura habilidad del
grabador o tenía unas funciones simbólicas?; ¿se grabó
sabiendo que era una herramienta de trabajo? ¿Y, sobre todo,
cómo pudo dibujar un rinoceronte cuando por los datos de que
se dispone sobre la época y las costumbres no es posible que
pudiera conocer esos animales el artista de Santa Catalina?
TXEMA G. CRESPO - Vitoria
EL PAÍS - País Vasco