ELPAIS.es - Sólo Texto - Francisco Jordá Cerdá, catedrático de Arqueología y
prehistoriadorIr
a secciones -
http://www.elpais.es/solotexto/articulo.html?xref=20040913elpepiage_8&type=Tes&e\
d=diario
Viernes, 17 de septiembre de 2004, actualizado a las 07:23
Francisco Jordá Cerdá, catedrático de Arqueología y prehistoriador
J. EMILI AURA TORTOSA (DEPARTAMENTO DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA (UN. DE
VALENCIA))
EL PAÍS - Gente - 13-09-2004
El tiempo es, en demasiadas ocasiones, tan sólo una variable más en nuestro
trabajo, para los que nos dedicamos profesionalmente al estudio de la
Prehistoria. Hoy, seguir investigando sobre el tiempo histórico y cultural
se nos hace, a muchos, más triste, tras conocer que el profesor Francisco
Jordá Cerdá falleció en Madrid a los 90 años. La Arqueología y la
Prehistoria europea y española están despidiendo a uno de sus profesionales
más brillantes en las muy oscuras décadas de los años cincuenta, sesenta y
setenta del siglo XX. En momentos en los que la acreditación de la calidad y
de la excelencia se han convertido en lugares comunes para nuestras
universidades, cabe recordar a aquellos pocos, muy pocos, investigadores
españoles que como el profesor Jordá alcanzaron un reconocimiento y
prestigio internacionales.
Nacido en Alcoi, realizó estudios en Madrid y Valencia, en cuya Universidad
se licenció en Filosofía y Letras, sección Historia, en 1936. Ese mismo año
fue nombrado profesor del instituto de esta ciudad y un año más tarde
miembro correspondiente del Institut d'Estudis Valencians. Apresado por los
rebeldes franquistas, fue confinado en prisiones y campos de concentración
-en Burgos compartió cautiverio y cuadernos de poesía y dibujo con K.
Mitxelena, entre otros-. Tras su excarcelación en 1943, retorna a Valencia y
colabora con el Servei d'Investigació Prehistórica de la Diputación de
Valencia y con su maestro, Lluis Pericot. Años difíciles, sin duda, que
inician su fin en 1950, cuando fue nombrado director del Museo Arqueológico
Municipal de Cartagena, desde donde se traslada a Oviedo en 1952 para ocupar
la dirección del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de Asturias,
incorporándose a su Universidad en 1953, como profesor adjunto de Historia
del Arte.
En el curso 1953-54 obtuvo el premio extraordinario de doctorado por la
Universidad de Madrid por su tesis sobre El Solutrense en España y sus
problemas, construida sobre un profundo y directo conocimiento de la
Arqueología prehistórica de las dos grandes regiones peninsulares: la región
mediterránea y la cantábrica. En 1962 ocupó la cátedra de Arqueología de la
Universidad de Salamanca y en 1982 la de Prehistoria, renovando desde su
dirección la prestigiosa revista Zephyrus.
Su trabajo de campo queda vinculado a los más importantes yacimientos del
Paleolítico y del Arte prehistórico de la península Ibérica: la Cueva de la
Cocina, Les Malladetes, Cova Negra, Cova del Parpalló o la Cueva de Nerja en
la región mediterránea; Cova Rosa, Cueva del Conde, Bricia, Cueva de la
Lloseta y Tito Bustillo en la cantábrica; Escoural o Rio Major en Portugal.
Sin olvidar por ello sus trabajos en los castros asturianos y en la región
central peninsular: Coaña, San Chuis, Atapuerca, La Cueva de los Casares o
las Batuecas... Fue miembro numerario de numerosas academias, sociedades e
institutos de ámbito nacional e internacional -Deutsche Archaeologische
Institut de Berlín, Associaçao dos Arqueólogos Portugueses de Lisboa, Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando, Real Academia de la Historia-,
recibiendo en 1983 la Medalla de Oro de la Universidad de Salamanca.
Estos y otros datos nos son conocidos para los que tuvimos la oportunidad de
formarnos y trabajar con el profesor Jordá. A la mayoría nos será más fácil
recordar su trato natural, cálido y respetuoso, en el que tenía cabida el
enfado más tormentoso y la ironía socarrona junto a la complicidad que sólo
adquieren los auténticos liberales-libertarios que creen que el mejor camino
hacia la libertad transita a través del respeto y la educación.
Hoy, cuando me encamino a recolectar unas ramas de romero de la sierra
Mariola, para mantener un sencillo homenaje que desde hace casi medio siglo
ejercemos los arqueólogos alcoyanos para con nuestros maestros, recuerdo en
la distancia, más próxima que nunca, la respuesta del viejo profesor -ya en
puertas de su retiro académico- que ante la esforzada exposición de su más
joven, inexperto y quizás último alumno, replicaba con un enfado provocador:
"Eso está muy bien, pero ¿no le parece a usted que es un poco conservador?".
Yo acababa de cumplir 23 años, él 70. Adéu siau.-