En defensa del arte rupestre
Opinión
El 2 de diciembre de 1998 el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido
en Kyoto (Japón), incluía en la «Lista de Patrimonio Mundial» el Arte Rupestre
del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica. Estas manifestaciones artísticas
de indudable valor pasaban a considerarse como Patrimonio de la Humanidad,
suponiendo un paso adelante en la conservación, estudio y difusión de este arte
prehistórico. G. H. Bandi consideró el arte rupestre como «el legado más vivo de
cuanto nos legaron las poblaciones prehistóricas de Europa». Desde aquel hito
que supuso la declaración de Patrimonio de la Humanidad en 1998, es poco lo que
se ha avanzado en su catalogación, conservación, difusión y puesta en valor. Y
las perspectivas futuras son descorazonadoras.
Estas pinturas rupestres prehistóricas están sometidas a un alto grado de
deterioro, tanto por acciones naturales como humanas. El catedrático en
Prehistoria de la Universidad de Alicante Mauro S. Hernández definía en 1995
cuáles eran los principales problemas de deterioro. En cuanto a acciones
naturales negativas para la conservación de este arte consideraba las propias de
los terrenos calizos, la acción de algas, líquenes y hongos, y las altas
temperaturas producidas en incendios, que craquean las paredes. Pero
consideraba, de manera muy acertada, la acción humana como la más intensa y
peligrosa. El mojado de las pinturas; la frotación de las imágenes; el uso de
los abrigos como rediles; los fuegos hechos en los abrigos, al refugiarse
excursionistas y pastores, que ahúman las paredes; o al ser utilizadas las
figuras como diana del tiro de piedras o escopeta. El arranque de figuras, como
el arquero de la Cova dels Cavalls (Tirig, Castellón) con fines museísticos es
contraproducente para su puesta en valor; el robo de plaquetas con figuras en
Benirrama I (La Vall de Gallinera, Alicante) o en el Abrigo de Poveda (Jalance,
Valencia), de forma premeditada, no son sólo dañinas para la conservación de
este patrimonio, sino un expolio del mismo intolerable, máxime cuando se trata
de una manifestación artística reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO.
El patrimonio es cosa de todos, ciudadanos e instituciones. Es necesario
emprender una política de actuación global, con la implicación de Ayuntamientos,
Diputaciones, Comunidades, Estado y los organismos mundiales pertinentes, para
la correcta catalogación, conservación, puesta en valor y difusión del Arte
Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica. Como ponía de relieve en
2004 el Catedrático Mauro S. Hernández, aún seguimos sin disponer de los
correspondientes Corpora de yacimientos, y «en la mayoría de yacimientos sólo se
recogen los motivos más significativos». Destaca que no podemos sentirnos
satisfechos por lo hecho hasta el momento «ni a nivel de catalogación e
investigación ni en la gestión y difusión». Consideramos, por ello, que debería
escucharse lo dicho por una de las voces más autorizadas en el tema; y
tendríamos que andar el camino que no hemos caminado desde que este arte fuera
declarado Patrimonio de la Humanidad.
Es por ello que los autores de este artículo proponen una profunda reflexión a
todos los niveles sobre este tema. Estamos próximos ya a los 10 años de la
inclusión de este Arte Rupestre en la «Lista de Patrimonio Mundial», y
deberíamos observar lo hecho, y plantear las líneas de actuación futuras que
aporten una solución efectiva al problema de conservación y puesta en valor de
esta riqueza. Patrimonio que es de todos y nos implica a todos. Creemos
firmemente que, «sólo se defiende aquello que se conoce», es por ello que
necesitamos un completo inventariado y catalogación de este bien patrimonial. Es
necesaria una correcta puesta en valor de este patrimonio sensibilizando a la
sociedad; en este punto consideramos idóneo enseñar en las escuelas esta riqueza
patrimonial que cree las bases de la concienciación para su protección, además
de servir como un estímulo al desarrollo de nuestros jóvenes. No creemos que sea
necesario el vallado de estos abrigos, siempre y cuando se conciencie a los
ciudadanos sobre dicho patrimonio. La comprensión, el disfrute, la motivación,
la contemplación y el respeto deben ser valores fundamentales que transmitir
para sensibilizar correctamente a los ciudadanos. Proponemos, como ya otros
autores han planteado (Laura Ballester, 2004), el estudio del estado de
conservación de todos los abrigos con este arte para plantear la necesidad de
acciones de preservación. Entendemos también como necesario, al estar insertados
estos bienes en un medio natural sin el cual no se entendería este arte, que
sería de vital importancia la protección de su entorno medio ambiental. Debería
aunarse el esfuerzo de todas las instituciones públicas, desde los ayuntamientos
(a quienes habría que avisar sobre los bienes de este patrimonio existentes en
su término), hasta organizaciones supranacionales, para trabajar en su
conservación, protección, puesta en valor y difusión. Consideramos finalmente
oportuna la creación de publicaciones específicas, tanto científicas, como más
importante, divulgativas, sobre el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la
Península Ibérica.
Todo este esfuerzo de puesta en valor de una de las riquezas de mayor valor con
que contamos en nuestro territorio es, además, un importante atractivo que puede
beneficiar el turismo de interior. Es de vital importancia, por tanto, que las
instituciones pertinentes sean conscientes de las necesidades existentes, que
tomen medidas efectivas, y posibiliten que uno de los mayores capitales
patrimoniales de nuestro territorio siga siendo un importante elemento de
enriquecimiento social de nuestra comunidad. Sin la labor de las instituciones
públicas y su implicación efectiva con el objetivo de alcanzar dicho fin, la
puesta en valor del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica
sería material y socialmente imposible.
Valentín Martínez García es arqueólogo del área de Prehistoria de la Universidad
de Alicante y concejal del PP en Novelda. Firma también este artículo Ximo
Martorell Briz , alumno de 5º de Historia de la Universidad de Alicante.