MADRID. Mientras los científicos celebran sesudos debates sobre las
«lecciones evolutivas» que se derivan del descubrimiento de Homo
floresiensis, una dura y amarga batalla por la custodia de sus
frágiles restos acaba de terminar. La semana pasada, de hecho, y en
contra de lo que suele ser su costumbre, el paleontólogo indonesio
Teuku Jacob entregó, en un gesto sin precedentes en toda su carrera,
la mayor parte de los restos de los ocho individuos de esta nueva y
pequeña especie humana. Los huesos descansan ahora en el Centro
Arqueológico de Yakarta, el organismo oficialmente encargado de
custodiar los tesoros arqueológicos de la región. Jacob, en
solitario, llevaba estudiandolos desde noviembre, sin permitir el
acceso de ningún otro investigador, hecho que suscitó las más duras
críticas de los descubridores, que llegaron a acusarle de
«secuestrar» sus valiosos restos.
J. M. N./
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