En ambos sexos, entre 15 y 40 años, la superficie aumenta significativamente (r: 0.33 y 0.60) y, después de los 60 años, disminuye (r:-0.72 y-0.78) pero no se modifica significativamente entre 41 y 60 años. Entre 15 y 82 años el perímetro aumenta leve y significativamente (r: 0.22 y 0.35). La superficie es mayor en la mujer solamente en relación al tamaño del cerebro.
El trabajo aporta valores de perímetro y superficie del cc, los que varían significativamente con la edad pero no con el sexo. La relación entre ambos indica variaciones de la forma del cc con la edad. Se evidencia que si sólo se analizan amplios rangos de edades pueden obtenerse falsas conclusiones.
Los cuidadosos experimentos de psicofisiología del Doctor Roger Sperry, han podido demostrar que los hemisferios cerebrales están estrictamente especializados en las zonas cognitivas y que sólo los sucesos del hemisferio izquierdo suministran experiencias lógico-lingüísticas conscientes al sujeto con el cerebro dividido (sección del cuerpo calloso). La hipótesis es que todo flujo de información entre hemisferio debe realizarse a través de las comisuras, y que dicho flujo queda bloqueado si estas comisuras han sido seccionadas(6). Mike Gazzaniga, había causado sensación con su tesis sobre las consecuencias psicológicas de la cirugía de escisión cerebral en seres humanos, trabajo que había realizado con Sperry, procedimiento en el cual se cortan las conexiones nerviosas entre los dos hemisferios del cerebro en un intento de controlar la epilepsia grave. Los estudios demostraban que, cuando se divide el cerebro, deja de existir comunicación entre los dos hemisferios de cerebro. La cirugía de escisión cerebral parece revelarnos una dicotomía psicológica fundamental entre pensar y sentir, entre cognición y emoción, puesto que el hemisferio derecho era incapaz de compartir con el hemisferio izquierdo sus pensamientos sobre la naturaleza del estímulo, pero podría transmitirle el significado emocional del estímulo. Concebimos entonces la complementariedad de ambos hemisferios más que una inhibición de uno de ellos, y que gracias a la acción del cuerpo calloso se da una interacción recíproca. Lo que el silencio del hemisferio derecho aislado pone de manifiesto dramáticamente es que el habla no es solamente una función cortical. Los conductos fibrosos subcorticales, así como las áreas de sustancia gris profundamente ancladas dentro del cerebro y en particular del tálamo participan también el habla y en el lenguaje. Puede concebirse el tálamo como una gran estación de relés, que recibe proyecciones de fibras nerviosas desde el córtex y desde las estructuras del sistema nervioso inferior y que irradia fibras a todos los puntos del córtex. De especial importancia para la función del habla y del lenguaje es el tálamo izquierdo. El habla es el resultado de la integración de un sistema cortical y subcortical(3). Hay que evitar la concepción errónea de que el hemisferio izquierdo es superior, en conjunto, al derecho. La asimetría funcional de los hemisferios cerebrales es económica, permitiendo que el tejido cerebral realice una más amplia variedad de funciones de lo que sería posible si cada hemisferio fuera una réplica de otro. Los conductistas ignoraron en gran medida los procesos cerebrales constructivos que subyacen a la percepción, la acción, la planificación, el pensamiento, la atención y las formas complejas de la memoria. La psicología de la Gestalt, el psicoanálisis y la neurología señalaron que la percepción modela la conducta y que la percepción en si misma es un proceso constructivo. El conductismo no precisa de la conciencia; eso puede explicar por qué el habla inteligente o, aún mejor, la escritura resulta ser un ejemplo tan bueno de logro conciente aunque, por supuesto, tenga raíces inconcientes. El cerebro y la psiquis es el prisma a través del cual miramos el mundo. Así el espacio y el tiempo no representan propiedades auténticas de ese mundo, sino exclusivamente propiedades de nuestro conocimiento neural del mundo, adquirida por nuestro organismo sensible. El asiento de las operaciones lógicas y del lenguaje es el hemisferio izquierdo; pero dentro de éste, en la región parietal inferior, se encuentra localizada el área de Wernicke que, según la ubicación citoarquitectónica de Brodmann, correspondiente a las áreas 39 y 40. Usando este método citoarquitectónico, Brodmann distinguió 52 áreas funcionalmente distintas en la corteza cerebral humana. Allí se generan integraciones finas de módulos o patrones temporo–espaciales, que interactúan con sutiles conexiones sinápticas en las láminas más superficiales y, por ende, más complejas de la corteza del neocórtex. Dado que aquí se ubica la comprensión lingüística, se torna también sede de la lógica y del razonamiento matemático. El proceso lógico y lenguaje no constituye una estructura neurológica especial dada por instrucción genética. Conocido es el caso paradójico de Einstein que, inclusive hasta el tercer año de edad, no articulaba palabra y, al parecer, por dificultades psicolinguísticas reprobaba los exámenes de matemáticas(7). A nivel cortical puede existir pensamiento sin lenguaje, a pesar que se ha definido al lenguaje como un conjunto de asociaciones no-límbicas que se independizan de referentes sensoriales (objetos) inmediatos (memoria de símbolos). Esto no puede darse fuera de otra zona que no sea al área de Wernicke y ésta aparece conectada con el sistema límbico, fundamentalmente, a través de los millones de conexiones sinápticas en cascadas que ella integra y coordina desde las áreas somestésicas, visual o auditivas(4). El sistema límbico es un conjunto de estructuras relacionados con la emoción y la memoria fundamentalmente y tiene dos funciones; una cognitiva y otra emocional. James Papez, anatomista de la universidad de Cornell, fue motivado por las investigaciones de Judson Herrick, anatomista que se especializó en la función cerebral señalando la distinción de dos partes de la corteza: la lateral y la media. La corteza media de Herrick había sido llamada anteriormente “le Gran lobe Límbique” por el anatomista francés Paúl Pierre Broca, quien observó que las zonas corticales medias tienen forma ovalada. De hecho, límbique es el equivalente francés del latín limbus que significa borde. Posteriormente, el lóbulo límbico se volvió a etiquetar con el nombre de rinencéfalo, que significa cerebro olfativo. Papez describió un conjunto de estructuras basándose en un comentario de Broca sobre la posibilidad de que una estructura cerebral como la circunvolución del cuerpo calloso estuviera relacionada con la función emocional. Lo descrito por Papez es una red que comienza en el hipocampo (la zona cognitiva del sistema límbico) y que va posteriormente por el fórnix o trígono hasta los cuerpos mamilares, desde éstos hacia el tálamo anterior y desde aquí a la circunvolución del cuerpo calloso. Su hipótesis comienza con la idea de que los datos de información sensorial transmitidos al cerebro, cuando llegan a las estaciones de paso del tálamo se dividen en el canal de pensamiento y en el canal de sentimiento. El canal del sentimiento también lleva consigo la transmisión sensorial hacia el tálamo, pero en ese punto, la información pasa directamente hacia el hipotálamo donde se generan las emociones. Paul Mac Lean, amplía la teoría de Papez sosteniendo que le sistema límbico podría definirse a partir de su conexión con el hipotálamo. Si así fuera el sistema límbico, ocuparía todo el cerebro, por lo que esta hipótesis es descartable. Asimismo, propuso que las zonas del sistema límbico se identificarían según su intervención en las funciones viscerales. Según Mac Lean, los analizadores cerebrales subyacentes en las emociones estaban situados en el cerebro visceral y en especial en el hipocampo, en la mitología griega Hippo Kampos era un monstruo marino (Kampos) con forma de caballo (Hippo) Mac Lean describió poéticamente las grandes células nerviosas del hipocampo como el “teclado emocional”. Otra estructura que forma parte sistema límbico como un gran regulador es el conjunto nuclear amigdalino, estructura interna del lóbulo temporal cercana al hipocampo que sería lo que el cerebelo al sistema motor, es decir, el coordinador del sistema límbico encontrándose relacionado con la memoria emocional que es una gran reguladora tanto de la cognición como de la emoción. El núcleo amigdalino es una pequeña región del prosencéfalo, llamada de este modo por los primeros anatomistas por su parecido con la forma de la almendra. En latín, amígdala significa “almendra”: durante mucho tiempo se creyó que era importante en varias formas de la conducta emocional(3). En el hipocampo la memoria depende del glutamato que es un aminoácido muy simple pero es el neurotransmisor oscilatorio más importante del sistema nervioso central y la amígdala que es el gran regulador de la emoción a través de las señales moduladoras que envía el hipocampo por medio de neurotransmisores. El hipocampo es una ruta de ida entre la memoria inmediata y la memoria retrógrada. Este concepto es clave; falla en la enfermedad de Alzheimer, pues se altera el camino mnésico al atrofiarse el hipocampo. A través de los años, el hipocampo va relegando poco a poco el control de los recuerdos al neocortex, donde parece que estos permanecen mientras haya memoria, que puede ser durante toda una vida. Como resultado de las experiencias de Sperry con individuos con cuerpo calloso completamente seccionado -la conciencia- o la autopercepción del yo termina por confinarse en el hemisferio cortical dominante, que es el izquierdo. Sin embargo, con gran honestidad reconoce, en uno de los famosos diálogos con Popper, que su estimación permanece aún en el plano hipotético muy precariamente verificado. La misma superioridad admite para la evaluación detallada de patrones de imágenes, de perspectivas y de significados de formas pictóricas. De ahí que, tras varias reconsideraciones de las primeras opiniones, crea justo señalar la moderada y conciliadora postura de Teuber; “La idea del dominio unilateral del hemisferio izquierdo sobre el derecho en el hombre se ha abandonado, sustituyéndose por la idea de especialización complementaria”. De estas palabras se deriva la idea de que una zona especializada de los hemisferios cerebrales está en relación con la mente autoconciente, sin embargo, es posible postular a la feliz expresión de “cerebro relación”. El encéfalo es una máquina compleja pero que, en definitiva, está sujeta a las leyes de la física y de la química. A poco andar en el terreno de la fisiología de la conciencia, se descubre la gran precariedad del solo marco explicativo de tipo neurofisiológico para dichos fenómenos. Así se hecha a mano otro principio que auxilie tal dificultad y que hoy es acreditado por la neurología: la Mente(6). Problema decisivo y clave, será entonces, el modo en que debemos concebir la interacción entre la mente y el cortex activo, entre el Yo y su cerebro, que en el decir de Popper la acción de la mente sobre el cerebro puede consistir en permitir que ciertas fluctuaciones lleven a la descarga de neuronas, mientras que otras llevan meramente a un ligera elevación de la temperatura del cerebro: resalta el carácter desprogramador que posee en relación a los esquemas neuronales del cerebro. Penfield afirma que la mente parece actuar independientemente de su hemisferio derecho. Una gran teoría resultaría de un acople efectuado por la mente, entre el hemisferio menor -con toda su profunda percepción- y el hemisferio dominante, que aportaría el instrumental del ordenamiento y comunicación humana. Piensa que lo dominado bajo el hombre de Mente es una forma de energía que tiene una especial percepción de lo que sucede diciendo que la mente razona y hace decisiones nuevas, comprende y actúa como si estuviera dotada de una energía propia. Cuando Aristóteles intenta definir el “nous” -la capacidad intelectual del hombre- afirma que la mente es, como la mano de todas las cosas, por tanto la mente, la inteligencia, se compara a algo que es el vínculo de unión del hombre con el mundo, el instrumento que modula la naturaleza, que la humaniza y que le da forma. Debemos atribuir en propiedad a la mente la facultad creativa por excelencia; el aporte que hace la mente a la estructuración lógica efectuada por el cerebro es relativizar y superar los fundamentos propios de la lógica aristotélica: los principios de identidad y no contradicción(6). La comunicación humana tiene dos aspectos importantes: hablar y escuchar. Generalmente se piensa que el lado activo de la comunicación es el hablar y que el pasivo es el escuchar. El hablar efectivo sólo se logra cuando es seguido de un acto de escuchar efectivo. El escuchar valida el hablar. Cuando nos abocamos a la comunicación humana el asunto del sentido se torna primordial. No podemos abocarnos a ella sin considerar la forma en que las personas comprenden lo que se les dice. Así, la forma de cómo hacemos lo que se dice es constitutiva de la comunicación humana. El escuchar difiere del hablar, pues oír es un fenómeno biológico; lo que diferencia al escuchar del oír es el hecho de que cuando escuchamos, generamos un mundo interpretativo. Así, el acto de escuchar siempre implica la comprensión(8). Evidentemente, se pude deducir que la dinámica de la conducta humana se halla en el centro vital de toda la comunicación. Toda forma de energía se ha convertido en generadora de comunicación, y toda comunicación es un estímulo colectivo de conocimiento. Habría que preguntarse, si los fenómenos en el caso de los conductistas, la relación estímulo-respuesta, común a todo sistema nervioso, puede considerarse comunicación, o si sólo se refiere a procesos de reacción instintiva, arbitrariamente denominada comunicación. La tesis de que el funcionamiento físico del individuo y de algunas modernas máquinas electrónicas son paralelos en su tentativa de regular la entropía mediante la retroalimentación; y que ambos poseen receptores sensoriales en una etapa de su periodo de funcionamiento, no demuestra por ese sólo hecho que la comunicación consista en la regulación entrópica mediante el “feedback”, ni que la capacidad de producción lingüística del sujeto se explique únicamente en sus receptores sensoriales. Salta a la vista que a una comunicación efectiva y controlada antecede una fase capital: la de la delimitación del propósito a la cual habrá que suceder una estrategia; el ámbito del cómo(9). Shannon y Weaver, por otra parte, postularon que la comunicación corresponde a procedimientos por los cuales una mente o una máquina puede afectar a otra. Estamos habituados a definir la comunicación como una transmisión de datos, un intercambio de informaciones, pero se trata de una definición muy peligrosa. Para Shannon y Weaver, fundadores de la teoría matemática de la comunicación, el término información en la teoría de las comunicaciones no se refiere tanto a aquello que se dice efectivamente como a aquello que se podría decir. La información es una medida de libertad de elección que se tiene cuando se elige un mensaje. La información por consiguiente, no es un mensaje, sino un proceso. Es importante considerar que el cerebro debe abstraer formas invariantes de los datos sensoriales brutos y la percepción, el reconocimiento de una forma, es decir, la recepción de un mensaje, resultarían de la aplicación de un grupo de transformaciones a las señales neuronales provenientes de los receptores sensoriales(10). Particularmente se ha tratado de fijar el carácter paradigmático del modelo de comunicación y su teoría, con el fin de englobar en una sola proposición todas las formas y medios posibles de comunicación. La idea fundamental la entendemos marcada por la voluntad el deseo o la necesidad de un emisor de acceder a un receptor; para ello elabora un mensaje en términos tales que pueda ser entendido (decodificado) por el destinatario y se adecue al medio (canal) más idóneo según las condiciones técnicas, la intencionalidad del mensaje las características y circunstanciales de uno(s) y otro(s), de tal cosa que logre evitarse que cualquier agente, sea técnico o producto de una codificación inadecuada, interfiera (ruido) durante el transcurso del proceso. Si el mensaje fue recibido o decodificado adecuadamente, es decir, con el propósito del emisor, lo cual puede verificarse a partir del comportamiento del receptor y su consiguiente confirmación, elemento primario de retroalimentación, puede decirse que el proceso concluyó exitosamente, es decir, hubo comunicación(10). La máquina biológica relevante para la cognición es, efectivamente, el cerebro, y la idea de que es un ordenador cognitivo esta extendida en la actualidad; sin embargo, a diferencia de los procesos cognitivos, el cerebro no suele funcionar independientemente del cuerpo al producirse por ejemplo, las emociones. La secuencia estímulo-sentimiento, sencillamente, no ha sido objeto de estudio. De hecho, el concepto de la emoción como estado subjetivo a menudo era descartado por los conductistas por ser el mejor ejemplo del tipo de idea confusa que la psicología debía rechazar: fue una de las principales mentiras sobre la mente creadas por los psicólogos ante su incapacidad de explicar la conducta dando un verdadero paso que logró situar al animal y al hombre en un mismo plano.