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El misterio Van Walsum   Lista de mensajes  
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El misterio Van Walsum
Por Ana Camacho
A Peter Van Walsum le dolió que el Frente Polisario exigiese su cese
del cargo de enviado personal del secretario general de la ONU para
el Sáhara marcándole con el estigma de promarroquí. No se ha
resignado a que su tesis ("la independencia del Sáhara no es un
objetivo realista") haya sido, dice él, objeto de una injusto
malentendido. Pero cuanto más se esfuerza por deshacer el entuerto,
más relevancia cobra su realismo como referencia obligada para todo
aquel que defiende que la mejor solución para el conflicto del Sáhara
pasa por la renuncia del pueblo saharaui a la independencia y su
integración en Marruecos. Tampoco ha beneficiado a su empresa el
triunfalismo con que en Rabat han ido recibiendo toda muestra de
solidaridad con la actuación del diplomático holandés (la del
ministro Moratinos, incluida), como si con ello se demostrase que se
ha abierto una "nueva vía" en la ONU dispuesta a hacer tabla rasa del
derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Mientras, Van
Walsum ha hecho su propio diagnóstico del por qué del rechazo
saharaui: la culpa, dice, no la tiene ni la diplomacia marroquí ni la
del Polisario sino la sociedad española que da "falsas esperanzas" a
las víctimas de la política expansionista marroquí.[1]

Ningún alto cargo de la ONU había identificado hasta ahora este
peculiar problema entre las causas que, desde 1991, mantienen el plan
de paz para el Sáhara estancado. Lo que viene a decir Van Walsum es
que, como la ONU no es capaz de hacer sus deberes en el Sáhara, para
evitar que los refugiados saharauis sigan sufriendo en su penoso y
precario exilio, las decenas de miles de españoles que desde hace 33
años apoyan su resistencia deberían cambiar de actitud. En lugar de
contribuir a "prolongar la agonía" deberían desplegar su poder de
influencia para que los saharauis acepten el plan de autonomía de los
invasores o, por lo menos, no seguir alentando su fe en que las
Naciones Unidas, algún día, lograrán cumplir su cometido. Para dejar
claro que él no es promarroquí pone muy de relieve que lo que
promueve (una negociación entre Marruecos y Polisario sobre la
autonomía) no es la solución ideal sino la posible, dada la ventaja
que "la realidad política" (la ocupación de la mayor parte de la
colonia española) da al rey Mohamed.[2]

Después de semejante línea argumental, uno esperaría un llamamiento a
la reforma de la ONU. Pues no, Van Walsum reserva las críticas
exclusivamente a los propolisarios y ninguna a esos fallos del
sistema que impiden a la ONU celebrar el referéndum que le prometió
al pueblo saharaui a cambio de que abandonase las armas. Es más, ni
siquiera alude a la necesidad de resolver problemas de inoperancia a
pesar de reconocer sin rodeos que el derecho está de parte de los
saharauis y que "Marruecos debe asumir la total responsabilidad de
que el referéndum sea irrealista e irrealizable" [3]. Lo suyo se
limita a una queja sobre la incapacidad de la sociedad española por
no entender que él sólo pretendía abrirle los ojos a los saharauis
sobre lo que hay (la imposibilidad de que el Consejo de Seguridad
desbloquee la situación contrariando a Marruecos). Si la realidad
política fuese otra, añade, su opción sería muy distinta. Por el bien
de los saharauis, por lo visto, confiaba en que los apoyos del
Polisario en España acabarían echándole una mano para hacerles entrar
en razón. "Por desgracia", se lamenta, "lo que los partidarios del
Frente Polisario le prodigaron generosamente fue precisamente esa
clase de ánimo. Insistían en que tarde o temprano el Consejo
reconocería que había que respetar la legalidad internacional y
obligaría a Marruecos a aceptar un referéndum que diera como opción
la independencia". Curioso. Aparentemente, Van Walsum todavía no ha
perdido la esperanza de que sus recomendaciones triunfen, y, sin
embargo, sus razonamientos no parecen estar hechos para convencer
sino para decepcionar e indignar. Conociendo un poco a los
propolisarios, (y él ha estado sobre el terreno tres años) cualquiera
sabe que, por ese camino, tiene todas las papeletas de la rifa para
dejar atónito, como mínimo, al público al que supuestamente va
dirigido el mensaje.

El movimiento prosaharaui está muy acostumbrado a que los aliados de
Marruecos, entre ellos el Gobierno de Zapatero, hagan llamamientos a
este tipo de realismo y responsabilidad. Faltaba en su muestrario que
la iniciativa viniese desde un alto cargo de la ONU y con argumentos
cuyo fondo conduce a una duda de contenido altamente tóxico: ¿Para
qué sirve entonces la ONU?

Como era de esperar, en Rabat -donde consideran a Van Walsum la musa
de ese realismo proautonomía que caló en el texto de la resolución
1813 del pasado abril-, han vuelto a aplaudir. [4] "Ya advertimos" -
vienen a decir-, "que esos solidarios españoles son unos
irresponsables".[5] Allí, por supuesto, no se plantean ni les importa
que, para aceptar este tipo de responsabilidad esos "ingenuos"
españoles tengan primero que abjurar de su fe en el órgano estrella
del multilateralismo. Como ha denunciado Western Sahara Resource
Watch, sólo con el expolio de los fosfatos que extraen del Sáhara que
ocupan sus fuerzas militares, el régimen alauita se embolsa cada año
1.500 millones de dólares [6]. Luego están los ingresos por la pesca,
por la venta de la arena, el posible petróleo, el negocio turístico
con Canarias como rampa de lanzamiento… así que lo normal es que para
el régimen de Rabat la credibilidad de la ONU ocupe un lugar muy
secundario en sus prioridades. Lo sorprendente es que a Van Walsum
tampoco parece que le preocupen los daños colaterales que implican
sus reflexiones para el prestigio onusiano. Mucho más extraño, es que
en la ONU, donde tanto se cuidan las formas, le dejasen ir tan lejos.

Que un Alto Responsable del proceso de paz para el Sáhara de la ONU
acabe siendo considerado por el lobby promarroquí como uno de los
suyos no es nuevo ni para los saharauis ni sus simpatizantes de todo
el mundo. Es el caso de Erik Jensen, antiguo jefe de la misión
permanente de la ONU en el Sáhara Occidental (MINURSO) que ha sido
una de las voces que se ha apresurado a mostrar su firme apoyo a
la "valentía" con la que Van Walsum ha proclamado que la
independencia del Sáhara no es factible. [7] Pero a Jensen, no se le
ocurrió defender la opción contraria a las aspiraciones saharauis
tras reconocer, como ha hecho Van Walsum que, entre las dos partes en
litigio, hay una que se toma por montera el derecho internacional y
otra que sufre sus consecuencias. Lógico, porque independientemente
de cuáles sean las convicciones personales sobre el asunto, este tipo
de premisas incitan al oyente a preguntar qué es lo que le impide a
la ONU dar un puñetazo sobre la mesa para que los marroquíes (los
infractores), cumplan con la Ley. Es lo mínimo que puede ocurrir con
una audiencia que, efectivamente, comete la imprudencia de seguir
ilusionada con la idea de que los principios y objetivos que fueron
la razón de ser del alumbramiento de la ONU son la mejor de las
recetas para garantizar la paz y la justicia en el mundo.

Como decía el embajador Jaime de Piniés, prestigioso y entusiasta fan
de la ONU, "todo está en la Carta" (de la ONU). Él era uno de esos
ingenuos que dan por hecho que, con este valioso instrumento, todo el
que tenga la Ley de su parte, por muy insignificante que sea, tiene
posibilidades de salir a flote si se arma de paciencia y no se rinde.
La Carta, por ejemplo, recalca entre las tareas que le corresponden
al organismo: "Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con
tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar
amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros
quebrantamientos de la paz" [8]. Justo lo que necesita el pueblo
saharaui porque, como admite el propio Van Walsum, el agresor en el
Sáhara es la monarquía alauita que, en 1975, invadió un territorio
que el Tribunal Internacional de La Haya acababa de confirmar que no
es suyo. Luego, si los saharauis tienen que resignarse y conformarse
con una solución que no es la ideal, será que nos encontramos con un
problema en Naciones Unidas que va más allá del puntual asunto del
Sáhara.

Que en la ONU algo falla tampoco es noticia. La nueva guerra en el
Congo nos lo recuerda cada día y con imágenes tan potentes como las
de las víctimas de la violencia protestando a pedrada limpia contra
la pasividad de los cascos azules de los que esperaban, inútilmente,
protección. El problema es que sembrar la duda sobre la capacidad de
actuar de Naciones Unidas no se estila entre los obreros de la paz
como Dios manda. Es un camino que sólo suele tomar gente a la que no
le importa quedarse sin promoción, ni sufrir el riesgo de la
expulsión. Véase el caso de Frank Ruddy que fue número dos de Jensen
en la MINURSO durante 1994 y que llegó a conclusiones muy diferentes
a las de su entonces jefe: sus críticas al funcionamiento de la ONU
en el Sáhara le valieron convertirse en la primera persona en la
historia de la organización a la que un secretario general (Boutros
Boutros Ghali) prohibió testificar en los debates de la Cuarta
comisión (la de descolonización) dedicados al tema. [9] Otro
estadounidense, el ex embajador ante Naciones Unidas John Bolton,
también fue señalado por el funcionariado onusiano como un enemigo a
abatir por defender que, si no se opera una reforma, la ONU corre el
riesgo de perecer de inutilidad. Con la ayuda de los supuestos
militantes del multilateralismo, que marcaron a Bolton con la
etiqueta de facha e infiltrado del imperialismo de Bush, no cejaron
hasta que le vieron fuera de su templo.

Jensen, en cambio, se evitó estos disgustos con esa teórica
geopolítica que sitúa su piedra filosofal en lo bien que le va a
venir a la estabilidad del Magreb un Gran Marruecos con el Sáhara
integrado en sus fronteras. En lugar de denunciar, como hizo Ruddy,
que Marruecos estaba robándole el referéndum a los saharauis y que la
ONU, con su pasividad, se había vuelto cómplice de las tropelías de
las fuerzas de ocupación, le echó la culpa del continuo aplazamiento
de la consulta al complejo entramado social de las tribus del Sáhara
que, en su opinión, era lo que hacía imposible la actualización del
censo de votantes.

A pesar de estas "dificultades técnicas", la ONU anunció en julio de
1997 oficialmente una lista de votantes definitiva integrada por
84.251 electores que el propio ministro del Interior marroquí, Driss
Basri, recibió como "un gran éxito" para Marruecos: la mayoría de los
seleccionados, dijo entonces, habían sido presentados por su país, y
no por el Frente Polisario, lo que se suponía aseguraba la victoria
de la integración en el referéndum anunciado para el año siguiente
[10]. Como es evidente, la consulta sigue sin celebrarse y Jensen
sigue poniendo mucho énfasis en sus conferencias e intervenciones en
las dificultades técnicas (a las que dedicó un libro) para celebrar
el referéndum y lo necesario que es para el bienestar, la paz y
desarrollo de la región magrebí que el pueblo saharaui sacrifique
sus derechos. Lo ha repetido recientemente, por ejemplo, en su
testimonio ante los debates de la Cuarta comisión de las Naciones
sobre el Sáhara donde a los tipos políticamente correctos como él,
nunca vetan[11].

Para despistar, los defensores de Van Walsum, especialmente los que
proliferan en Rabat, dicen que lo que les ha molestado a polisarios y
simpatizantes es la valentía con la que el diplomático ha puesto
negro sobre blanco unas verdades que, por muy dolorosas e incómodas
que sean, resultan ineludibles. Estas verdades, que irremediablemente
le llevan a apostar por la opción autonomía saharaui son las que
conforman la determinación del Consejo de Seguridad a que la solución
del conflicto sea por consenso entre las dos partes. Como bien dice,
no es realista esperar que el rey Mohamed se avenga de motu propio a
la celebración del referéndum que teme perder si puede seguir sacando
provecho del saqueo del Sáhara sin que la ONU se lo reproche.
Mientras así sea, perseguir una solución que implique el consenso de
la parte marroquí sólo podrá lograrse si el Polisario acepta la única
solución factible para el régimen alauita: la anexión.

Imponer la solución autonómica sin que el pueblo saharaui haya
renunciado (la parte marroquí no es sujeto de derecho) no encaja con
la doctrina de la ONU. Sí lo haría imponer a Marruecos la
organización del referéndum pero, para ello, el Consejo de Seguridad
debería pasar del capítulo VI (solución por la vía pacífica) al
capítulo VII (que prevé un posible uso de la fuerza). Como Marruecos
cuenta con potentes apoyos en el Consejo de Seguridad con derecho a
veto (Francia), estamos con la pescadilla que se come la cola
mientras los refugiados saharauis siguen malviviendo en los campos
del exilio.

Si el discurso de Van Walsum se ha topado con el rechazo de saharauis
y simpatizantes no es por estas amargas realidades sino por esa
segunda parte con la que intenta convencerles de que, no claudicar
ante este contexto, es obrar con la táctica del avestruz. Por lo
visto, lo que espera de la sociedad española es que mire hacia otro
lado como hicieron las democracias del período de entreguerras, en
nombre de la paz europea, con la Checoslovaquia y Austria engullidos
por el expansionismo nazi. Un argumento muy sensato que puede
confundir al iniciado que, muy probablemente, también se acabará
creyendo esa aureola con la que los promarroquíes intentan convertir
a Van Walsum en el primer enviado personal de la ONU que ha expresado
alto y claro estas verdades del barquero. Su conclusión será que sus
vecinos que en verano acogen a niños saharauis son una banda de
exaltados y viscerales sin remedio porque, entre otras cosas, tanto
desde la diplomacia marroquí como la española se están haciendo
esfuerzos ímprobos para que la opinión pública cometa el error de ver
similitudes entre el conflicto del Sáhara y el terrorismo de ETA.

¿Qué pasa en cambio con los solidarios que se conocen al dedillo los
meandros por los que navega a la deriva la misión de paz del Sáhara?
Se supone que es a ellos a los que quiere convencer Van Walsum. Pues
que venderles este análisis como un novedoso descubrimiento tiene el
aroma de una nueva tergiversación. Ni Van Walsum es el primer enviado
personal del secretario general de la ONU que se ha atrevido a
formular en voz alta las dificultades que el Consejo de Seguridad
plantea a los saharauis, ni sus reflexiones aportan nada nuevo a lo
que ha sido el contexto estratégico con el que ha tenido que trabajar
la diplomacia saharaui desde la invasión marroquí.

Que Marruecos es la parte responsable de haber bloqueado los
intentos de la ONU por organizar el referéndum de autodeterminación,
ya lo había reconocido públicamente el anterior secretario general de
la ONU, Kofi Annan. Que el empeño del Consejo de Seguridad de la ONU
por buscar una solución de consenso en la práctica es una trampa que
evita el riesgo de presiones al rey Mohamed VI, ya lo dijo en
términos muy similares a los de Van Walsum uno de sus antecesores en
el cargo de representante personal, el ex secretario de estado
norteamericano James Baker. La diferencia, sin embargo, es que así
como a Van Walsum este realismo le ha costado la desaprobación
saharaui, en el caso de James Baker, el suyo le valió la declaración
de guerra de la diplomacia alauita.

Baker, por ejemplo, tras siete años a vueltas con la cuestión del
Sáhara, llegó a la conclusión de que si el conflicto no se resuelve
es porque "Marruecos está absolutamente decidido a quedarse allí" y
sus gobernantes nunca van a correr el riesgo de celebrar un
referéndum que tienen la certeza de perder, aunque en la consulta
votasen todos los colonos marroquíes que residen en los territorios
ocupados y que triplican a la población autóctona. [12] Baker lo
sabía muy bien porque esa fue la salida que le dio a Hassán II en el
nuevo plan que fue aceptado por Hassán II y el Polisario, y votado
unánimemente por el Consejo de Seguridad de la ONU en la resolución
1495. De nuevo, Marruecos rompió la baraja. Como explicó Baker, para
imponer la Ley al Consejo de Seguridad no le hubiese quedado más
opción que hacer pasar la cuestión al Capítulo VII, donde se puede
forzar a una de las partes a hacer algo que no quiere hacer. Lo que
impidió que el Consejo de Seguridad repitiese con el Sáhara lo que
había hecho con el Kuwait invadido por Saddam Hussein, Baker también
lo explicó sin pelos en la lengua: en el Consejo de Seguridad,
ninguno de sus miembros quiere correr el riesgo de ganarse la
enemistad de Marruecos o de Argelia, adoptando una posición firme".

Sería propio de los que viven en la inopia no saber a estas alturas
que ese apoyo constante e inequívoco que Francia lleva dando a
Marruecos en el Consejo de Seguridad, arrastrando a todas aquellas
diplomacias que buscan su colaboración en otros escenarios, es en
buena medida el responsable del lenguaje y actitud tolerante que
destila este órgano onusiano con los abusos marroquíes en el Sáhara
ocupado.

Tenemos, por ejemplo, el solemne discurso que el sucesor e hijo de
Hassán II (iniciador del conflicto del Sáhara) hizo el pasado julio,
con ocasión de la fiesta del trono: por un lado el rey puso mucho
énfasis en su predisposición al diálogo con Argelia para construir
unas relaciones de buena vecindad entre los dos pueblos hermanos y
hallar una solución al conflicto del Sáhara que (ahora ya lo reconoce
abiertamente), es la causa de que las fronteras entre los dos países
permanezcan cerrada. Todo un talante conciliador que se corta en seco
en cuanto toca el punto sobre las posibles soluciones: ni hablar de
un referéndum que de la posibilidad a los saharauis de elegir entre
independencia y anexión. La independencia del Sáhara es una ilusión
irrealista porque para eso tiene, recordó, a las Fuerzas Armadas
Reales, a la Gendarmería Real, la Seguridad nacional, la
Administración territorial, las Fuerzas auxiliares y la Protección
civil que "están movilizadas permanentemente" y que "rechazarán
cualquier intento" de obligar a Marruecos a abandonar su soberanía
sobre el Sáhara.[13]

Más claro el agua. El rey Mohamed le decía una vez más al mundo, y en
especial a sus vecinos argelinos, que pasa olímpicamente de las
resoluciones de la ONU que defienden el derecho a la
autodeterminación del pueblo saharaui y que el Sáhara es suyo o por
las buenas o por las malas. Pero lo que en boca de un dirigente de
Corea del Norte o Irán sería inmediatamente condenado como un nuevo
desafío a la comunidad internacional, no recibió la más mínima
amonestación.

La comparación le resultará de lo más exótica a un no iniciado en los
entresijos del por qué del bloqueo de este plan de paz. Para los
prosaharauis españoles, auténticos obsesos del rastreo informativo de
un asunto en el que ven la prolongación de las carencias e
incapacidades de la política de la ONU y de los Gobiernos españoles,
brota con la misma naturalidad del dos y dos son cuatro. La reciente
ola de represión en los territorios ocupados, por ejemplo, es una
nueva mina de conclusiones realistas que es imposible no conectar con
ese otro fiasco que la pasividad de los cascos azules acaba de
culminar en el Congo. A estos supuestos utópicos, no se les escapa el
hecho de que una de las causas de la nueva guerra internacional en el
África central tiene que ver con esas amistades en el Consejo de
Seguridad con que los responsables de la matanza de tutsis y hutus
contaron para acabar convirtiendo a los cascos azules sobre el
terreno en encubridores y garantes de la retaguardia de los asesinos.
Imposible no establecer una relación con las dificultades que la
diplomacia saharaui lleva lidiando desde 2006 para que salga de la
clandestinidad el informe del Alto Comisionado de la ONU para los
Derechos Humanos que deja en muy mal lugar la credibilidad
democrática del Gobierno marroquí. De nuevo, el problema de no contar
con tan buenos contactos en el Consejo de Seguridad como sus
contrincantes marroquíes. Efectivamente, habría que ser muy ingenuos
para confiar en que el rey Mohamed acabe voluntariamente con la
brutal represión con la que intenta doblegar a los saharauis si, como
ocurrió durante la votación de la última resolución del Consejo de
Seguridad, en cuanto alguien sugiere incluir un ligero tirón de
orejas sobre el asunto (lo hizo EEUU), Francia frena en seco la
iniciativa amenazando con hacer uso de su derecho al veto.

Volviendo a Van Walsum, no hay grandes diferencias entre cómo Baker
expresó que "el verdadero problema" a la hora de resolver el
conflicto saharaui está en la falta de voluntad del Consejo de
Seguridad por aplicar las resoluciones de la ONU y el realismo con el
que él ha manifestado que, "mientras Marruecos ocupara una gran parte
del territorio y el Consejo de Seguridad no estuviera dispuesto a
presionarle, el resultado no llegaría a ser un Sáhara Occidental
independiente". ¿Por qué entonces Baker acabó siendo tachado de
propolisario por los marroquíes y Van Walsum de promarroquí por el
Polisario? Evidentemente porque Baker no llegó a formular esa
cuadratura del círculo con la que su sucesor sugiere que imponerle a
los saharauis una solución que no sea la ideal no tiene por qué ser
una chapuza de acuerdo a derecho: "la legalidad internacional no es
lo mismo que el derecho internacional. Evidentemente el Consejo de
Seguridad no tiene más remedio que tener en cuenta la realidad
política…".

Lo que nadie se explica en España es por qué no les advirtieron de
estas sutilezas del derecho cuando miles de ciudadanos, entre ellos
los ingenuos propolisarios, se volcaron del lado de la "legalidad
internacional de la ONU" en la segunda guerra de Irak. O por qué Van
Walsum, no ha incluido en su galería de reproches y advertencias
sobre los graves errores de percepción de los prosaharauis el haber
apoyado con entusiasmo en 1988 la decisión del Polisario de aceptar
la mediación de Naciones Unidas que los ha metido en ese callejón sin
salida que tan bien describe. La moraleja de todo ello refleja un
organismo percibido como un ente oscuro en el que hay que resignarse
a que todo, incluso lo malo, es posible. A ver si era eso,
precisamente, lo que se pretendía...




Notas


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[1]
www.elpais.com/articulo/internacional/sociedad/espanola/da/falsas/espe
ranzas/elpepiint/20080808elp
[2]
www.elpais.com/articulo/opinion/largo/complejo/problema/Sahara/elpepio
pi/20080828elpepiopi_10/Tes
[3]
www.elpais.com/articulo/internacional/Sahara/independiente/inalcanzabl
e/elpepiint/20080808elpepiint_1/Tes
[4] www.gees.org/articulo/5469/
[5] www.aujourdhui.ma/couverture-details63338.html
[6]www.wsrw.org/index.php?
cat=109&art=738&searchString=fosfatos&shw=3&sy=&sm=&stm=&page=1&mto=0
[7] www.lematin.ma/Actualite/Express/Article.asp?
origine=exp&idr=103&id=90499
[8] www.un.org/spanish/aboutun/charter.htm#Cap1
[9] www.arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.htm,
www.gees.org/articulo/1646/
[10] www.map.ma/es/sections/politica/la_autonomia_es_la_u/view
www.elpais.com/articulo/internacional/BASRI/_DRISS_/EX_MINISTRO_MARRUE
COS/SAHARA_OCCIDENTAL/MARRUECOS/SAHARA_OCCIDENTAL/MARRUECOS/FRENTE_POL
ISARIO_/RASD/ORGANIZACION_DE_LAS_NACIONES_UNIDAS_/ONU/elpepiint/199907
16elpepiint_10/Tes
[11] www.un.org/News/Press/docs/2008/gaspd398.doc.htm
www.map.ma/es/sections/politica/la_autonomia_es_la_u/view
[12] http://arso.org/BakerPBSes.htm
[13] www.lematin.ma/Actualite/Journal/Article.asp?
origine=jrn&idr=110&id=101451




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