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Sáhara y Guinea. Chequera abierta y dejación criminal   Lista de mensajes  
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Sáhara y Guinea. Chequera abierta y dejación criminal
Por GEES | 30 de Enero de 2009
El nuevo do de pecho con el que Zapatero ha anunciado que España dará
ejemplo a las demás potencias mundiales en la lucha contra el hambre,
con una aportación de 1.000 millones de euros durante los próximos
cinco años, se ajusta al guión con el que a comienzos de su nuevo
mandato el líder socialista anunció una revolución diplomática
garantizada por la impronta personal y muy especial que iba a tener a
partir de entonces la acción exterior. Su objetivo: convertir "el
nombre de España en sinónimo de justicia, de humanidad y de
solidaridad en todos los rincones del mundo", poniendo especial
atención al escenario que más necesita de estas aportaciones: el
continente africano.

Hasta ahí, la unanimidad está asegurada incluso por parte de quienes
no votaron al PSOE, porque si en algo lleva razón Zapatero es en que
a estas alturas de la historia no es tolerable que el hambre amenace
las vidas de mil millones de personas. Pero como en otros asuntos,
sus propósitos tropiezan con su criminal dejación de
responsabilidades con los dos únicos focos de hispanidad que quedan
en el continente africano: Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental.
Una dejación que, en ambos casos, tiene como efecto el apoyo activo a
dos situaciones de flagrante atropello de los derechos humanos, que
deja al buenismo diplomático de Zapatero y Moratinos reducido a una
política de chequera abierta a costa del contribuyente.

El Gobierno afirma que la lucha contra el hambre y la pobreza nada
tienen que ver con los problemas "políticos" de Guinea Ecuatorial y
el Sáhara Occidental y que hay tanto por hacer en la carrera para
salvar vidas que se puede ir avanzando sin tener que pasar
forzosamente por lo que no son más que dos pequeños puntos dentro de
la inmensidad africana. Lo que no es más que un pretexto con el que
sucesivos gobiernos han intentado hacernos creer que España podía
hacer política en África sin pasar por Guinea y el Sáhara, para
disimular la auténtica razón de este malintencionado y alevoso
olvido: la debilidad de España en el escenario internacional.

En los últimos años se ha borrado esa línea divisoria que durante los
años sesenta y setenta convirtió derechos humanos, libertades, buen
gobierno, o lucha contra la exclusión de la mujer en asuntos
secundarios frente a la mucho más urgente causa de la lucha contra el
hambre y la pobreza. Ahí está el ejemplo de Tony Blair y Gordon Brown
con su acoso a la dictadura senil de Robert Mugabe en el marco de una
verdadera política contra el hambre: hoy en día se actúa partiendo de
la certeza de que buen gobierno, derechos humanos y justicia son
cuestiones clave para acabar con las causas del hambre y la pobreza
extrema en países que, dicho sea de paso, no son tan pobres como
corresponde a sus deplorables índices de desarrollo. Esto es válido
para el Sáhara, donde el hambre de los refugiados saharauis está
provocado por la agresión de una monarquía feudal atacada por la
fiebre del expansionismo y las ansias por expoliar las riquezas del
territorio. Y también para Guinea Ecuatorial, donde una cleptocracia
impresentable ha logrado que su población esté a la cola de los
países más pobres del mundo a pesar de haberse convertido en una gran
potencia petrolera.

En las coordenadas de la acción exterior en las que se mueve
Zapatero, todavía tiene vigencia un principio: para ganarse el
respeto de los demás y poder actuar con solvencia en casa ajena, lo
primero es dar ejemplo poniendo orden en la propia, es decir, en las
zonas que por historia y vínculos culturales y económicos –guste o no
a los gobiernos españoles– son áreas tradicionales de influencia
española. Es lo que tradicionalmente se denomina como responsabilidad
histórica de las antiguas potencias coloniales, y su vigencia es una
de las razones por las que la diplomacia británica haya tomado la
iniciativa en su antigua colonia de Zimbabue, en lugar de denunciar
los desmanes que, por ejemplo, comete con igual carga homicida que
Mugabe el dictador de la República de Congo, el francófono Denis
Sassou Nguesso. De la misma forma en que tampoco es una casualidad
que Portugal diese voz en las tribunas internacionales a la voluntad
con que el pueblo de Timor Este siguió reclamando su derecho a la
autodeterminación durante los años de la ocupación indonesia.

¿Qué impide a Zapatero hacer lo mismo con los nuestros? Pues ese no
pintar nada en el exterior que le obliga a mendigar un taburete a
terceros para, al menos, poderse hacer una foto con fines
electoralistas en los eventos donde se cuecen las grandes decisiones
del momento. En el caso del Sáhara no tiene más remedio que secundar
a Marruecos porque, como dijo recientemente Rosa Díez, "es más fácil
llevarse bien con los poderosos, y el poderoso, en este caso, es
Marruecos". En el de Guinea Ecuatorial, por otro motivo muy parecido;
hasta para realizar una política solidaria consistente, hay que
querer tener peso en el escenario internacional. Gordon Brown ha
logrado neutralizar y aislar a Mugabe arrastrando tras su línea de
denuncia a las grandes potencias occidentales, incluida Francia,
tradicional protectora de cleptócratas africanos. ¿Podría hacer lo
mismo Zapatero con Guinea? Tanto el lector como nosotros conoce de
sobra la respuesta...




Sáb, 31 de Ene, 2009 3:28 am

rifsaharaifni
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rifsaharaifni
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