http://www.abc.es/20070805/internacional-africa/ocho-policias-
saharaui_200708050258.html
ABC
Ocho policías por saharaui
POR ERENA CALVO. ENVIADA ESPECIAL.
SMARA. Nos acercamos a Smara, la Ciudad Santa del Sahara Occidental.
Levantada piedra a piedra por los saharauis, Ma el Ainin la quiso
convertir hace más de dos siglos en el centro cultural, político y
económico de Saguia el Hamra. Smara se alza como un espejismo en
medio del desierto. Alejada del mar y sin riquezas naturales, las
inversiones no llegan a esta ciudad en ruinas devastada primero por
los franceses y «profanada» más tarde por los marroquíes.
De sus 45.000 habitantes, una tercera parte -15.000 saharauis- lucha
sin tregua por la independencia. Para encontrarnos con ellos hemos
tenido que superar cuatro controles. Miles de agentes de los cuerpos
de seguridad marroquí cercan la ciudad. Tocan a ocho policías por
saharaui.
Ghlana tuvo que lidiar con diez. Tiene 16 años y la noche anterior a
nuestra llegada fue detenida y torturada. Con su frágil voz nos
cuenta que la llevaron al desierto y que tras despojarle de sus
ropas, tocaron su cuerpo. Sólo había escrito en un correo
electrónico la palabra Intifada (en árabe, levantamiento). En la
Ciudad Santa, testigo de la fundación del Frente Polisario en 1973,
la represión es «brutal». De los 550 saharauis desaparecidos desde
la ocupación marroquí 220 son de Smara. Nos lo cuenta el activista
Otmani El-Lud Emman, con quien hemos podido reunirnos. Su
casa, «destrozada hace un año tras una redada», ha podido ser
reconstruida gracias a la solidaridad de sus vecinos.
Bastan unas horas para darse cuenta de que estamos en una base muy
importante de la oposición a los marroquíes y sus planes
anexionistas. Las detenciones son diarias. Durante nuestra visita,
en 24 horas, fueron apresados seis saharauis por reclamar la
independencia que, dicen, se les negó hace tres décadas.«Las olas
negras de represión son constantes». Zahbid Mahkluf, de 21 años, da
fe de ello. Es uno de los chicos detenidos y apaleados durante
nuestra estancia. Le apresaron mientras paseaba. Poco después, dos
niños fueron detenidos, relata su madre. Llevaban ropas del
Polisario y entonaban sus cánticos.
En Smara los más pequeños inundan las calles y pasan horas
manifestándose. Son las nuevas generaciones, que nunca han conocido
la libertad. No tienen miedo. «Sus profesores les piden que dibujen
la bandera de Marruecos, pero se niegan y esbozan la de la República
Árabe Saharaui Democrática», explica el activista. Todo, incluso las
palizas, menos doblegarse ante la «censura marroquí».
Vacunas para el olvido
La represión cultural es total, relatan; los marroquíes quieren
borrar las raíces del pueblo saharaui. «No podemos aprender español,
ni nuestra historia, nos imponen sus costumbres y no soportan que
reaccionemos contra sus imposiciones». Como si quisieran eliminar de
un plumazo toda memoria «recurren a sustancias químicas para anular
nuestra conciencia». Nos lo cuenta una joven que ha sufrido en sus
carnes esta práctica «impropia de un Estado que se autoproclama
democrático».
Aquí es raro el que no ha dado con sus huesos en la cárcel, cuenta
Feku Selma, presidente del Comité Saharaui de Defensa de los
Derechos Humanos en Smara. Es cierto. Nos acabamos de reunir con
familiares de los presos que están en la Cárcel Negra de Al Aaiún.
Padres, madres, hermanas y esposas se quejan de la situación de los
internos. «Muchas veces no les permiten comer si no pagamos» explica
una mujer mientras se lamenta de que no tiene dinero ni para
alimentar a sus pequeños. Sale a flote gracias a sus vecinos, los
mismos que ayudaron a reconstruir la casa de El-Lud. La solidaridad
es su garantía de supervivencia. Pero a veces no es suficiente.