El Octuple Sendero del Aprendiz de Mago Blanco
por VBA
Una vez apercibidos del hecho de que toda situación creada en la vida de la Naturaleza y de la humanidad, es un resultado de la Magia Organizada aplicada por el Creador a cada cosa creada, la pregunta que nos asaltará de inmediato será, sin duda, la que con toda lógica se formularía el verdadero investigador esotérico: ¿Cuáles son las condiciones operativas de la Magia? o, mejor dicho, ¿cuáles son las condiciones mediante las cuales podríamos convertirnos en verdaderos Magos blancos?
Partiendo de la idea de que “somos hechos a imagen y semejanza de nuestro divino Padre Creador” y que, por tanto, estamos capacitados para crear, éstas serían las requeridas condiciones:
a. Poseer una personalidad perfectamente coordinada.
b. Haberse liberado en una gran medida del sentimiento de separatividad.
c. Sentirse completamente libres de conceptos doctrinales, confesionales o religiosos.
d. Haber vencido el sentimiento de orgullo y ambición.
Analizando estas condiciones, vemos que son las mismas que le son impuestas al discípulo que recibe entrenamiento espiritual en cualquier Ashram de la Jerarquía. Y si añadimos a estas cuatro imprescindibles condiciones los cuatro requisitos básicos...
a. Tener una idea muy clara y definida del objeto mágico a realizar.
b. Poder situarse conscientemente en el nivel requerido de actividad mágica.
c. Saber con exactitud con que agrupaciones dévicas y vidas atómicas en aquel nivel, le será posible trabajar.
d. Conocer los mántrams de invocación mediante los cuales se hará obedecer por aquellas vidas dévicas y atómicas.
... tendremos entonces una idea muy clara del equipo psicológico con el cual deberemos trabajar como discípulos espirituales y como magos conscientes. Desde cierto ángulo de vista las cuatro condiciones exigidas y los cuatro requisitos básicos impuestos por la ley mágica, vienen a ser para el aprendiz de Mago blanco lo que el óctuple Sendero medio representa en el budismo esotérico.
http://ngsm.org/vicenteba/libros/DK/tsfc-mb.htm
Cuatro reglas para el plano físico
(extraído del Tratado Sobre Fuego Cósmico, por AAB-DK)
Al realizar el trabajo mágico de crear formas, se ha hecho descender la forma mental desde el plano mental -donde el Angel solar inició el trabajo- a través del astral -donde se estableció el equilibrio- hasta el plano físico o niveles etéricos. Aquí se lleva a cabo la tarea de producir la objetividad, y quien trabaja en magia está en peligro de fracasar si no conoce las fórmulas y los mántram para hacer contacto con el nuevo grupo de constructores y salvar el espacio que existe entre el plano astral y el subplano gaseoso del plano físico.
REGLA DOCE. La trama palpita. Se contrae y dilata. Que el mago se apodere del punto medio a fin de capturar a “esos prisioneros del planeta” cuya nota está correcta y exactamente afinada con aquello que debe ser hecho. Es preciso que el mago recuerde que todo lo que sucede en la tierra acontece dentro de la trama etérica planetaria. El trabajador en magia blanca, por ser ocultista, se ocupa de universalidad y comienza su trabajo mágico dentro de los confines de la esfera física etérica. Su problema consiste en localizar esas vidas menores, dentro de la trama, que son apropiadas para construir el vehículo mental propuesto. Dicho trabajo sólo puede efectuarlo el hombre que, mediante la destrucción de la trama que confina a su propia trama etérica, puede alcanzar aquello que reconoce conscientemente como el cuerpo vital planetario. Sólo aquel que es libre puede controlar y utilizar a esos prisioneros. Éste es axioma oculto [i1024] de real importancia, de la mayoría de los [e805] fracasos sufridos por los seudos trabajadores en magia, se deben al hecho de que ellos mismos no son libres. Los “prisioneros del planeta” son esas miríadas de vidas dévicas que forman el cuerpo pránico planetario, siendo arrastradas por el torrente de fuerza vital que emana del sol físico.
REGLA TRECE. El mago debe reconocer a los cuatro; observar en su trabajo el tono violeta que evidencian y así construir la sombra. Cuando esto ocurre, la sombra se reviste a sí misma y los cuatro se convierten en siete. Esto significa literalmente que el mago debe saber discriminar entre los diferentes éteres y observar el matiz especial de los distintos niveles, asegurando así una construcción equilibrada de la “sombra”. Los “reconoce” en sentido oculto, es decir, conoce su nota y clave, y es consciente del tipo particular de energía que personifican. No se ha puesto demasiado énfasis en el hecho de que los tres niveles superiores de los planos etéricos están en comunicación vibratoria con los tres planos superiores del plano físico cósmico, y éstos (conjuntamente con su cuarto nivel envolvente) han sido denominados en los libros ocultistas “la Tétrada invertida”. Este conocimiento pone al mago en posesión de los tres tipos de fuerza planetaria y su combinación o el cuarto tipo, liberando para sí esa energía vital que impulsará dicha idea a la objetividad. A medida que los diferentes tipos de fuerza se reúnen y una tenue y umbría forma se reviste con la envoltura vibrante astral y mental, y la idea del Angel solar logra una definida concreción.
REGLA CATORCE. El sonido aumenta. Se acerca la hora del peligro para el alma valerosa. Las aguas no han dañado al creador blanco y nada puede ahogarlo ni mojarlo. Ahora lo amenaza el peligro del fuego y de Las Llamas [i1025] y se observa tenuemente el humo que se eleva. Que él, después del ciclo de paz, nuevamente invoque al Angel solar. El trabajo creador asume ahora serias proporciones; por última vez el cuerpo del mago es amenazado por la destrucción. Habiéndose formado la “sombra”, ya está preparada para tomar un cuerpo gaseoso o “ígneo”, y son estos constructores del fuego que amenazan la vida del mago, por las siguientes razones:
Primero, porque estando los fuegos del cuerpo humano [e806] estrechamente vinculados a los fuegos con que el mago trata de trabajar, si los fuegos latentes del cuerpo y los del planeta se colocan en muy estrecha yuxtaposición, el creador está en peligro de quemarse y destruirse.
Segundo, estando los Agnichaitas vinculados a los “devas del fuego” del plano mental, son muy poderosos y sólo pueden su controlados debidamente por el Angel solar mismo.
Tercero, en este planeta los fuegos planetarios todavía no han sido dominados por el fuego solar, y son impulsados fácilmente a efectuar el trabajo de destrucción.
Por lo tanto, se ha de invocar nuevamente al Angel solar. Ello significa que el mago (cuando su “sombra” se ha completado, previamente a las etapas finales de concreción) debe cuidar que su alineamiento con el Ego sea exacto y directo y que las corriente de comunicación estén en plena actividad. Literalmente tiene que “renovar su meditación”, y hacer un nuevo y directo contacto antes de proseguir la tarea. De otra manera los fuegos de su propio cuerpo pueden quedar incontrolados y sufrir, en consecuencia, su cuerpo etérico. Por lo tanto lucha contra el fuego utilizando fuego y hace descender fuego solar para protegerse. Esto no fue necesario hacerlo en el plano astral. Los momentos de mayor peligro en el trabajo creador del mago se producen en ciertas ocasiones en el plano astral, donde está en peligro de ahogarse, esotéricamente y durante la transición de los niveles etéricos [i1026] a los planos de concreción tangible cuando corre el peligro de “quemarse esotéricamente”. En el primer caso no acude al Ego, sino que detiene la oleada por el amor y los poderes equilibradores de su propia naturaleza. En el segundo debe acudir a aquello que representa el aspecto voluntad en los tres mundos, el impulsivo y dinámico pensador o Angel solar. Esto lo logra por medio de un mántram. Ningún indicio puede darse debido a los poderes que confiere.
REGLA QUINCE. Los fuegos se acercan a la sombra, sin embargo no la queman. La envoltura del fuego se ha terminado de construir. Que el mago entone las palabras que mezclan el fuego y el agua. Poco puede decirse para interpretar estas palabras, excepto hacer una referencia general. Se ha creado la envoltura gaseosa y se acerca el momento de construir la envoltura para el sexto subplano, el líquido. Ambos deben fusionarse. Es el momento de mayor peligro, en lo que respecta a la forma mental misma. Anteriores peligros han amenazado al mago. Ahora debe ser protegida la forma que está creando. La naturaleza del peligro se insinúa en las [e807] palabras: “Cuando el fuego y el agua se unen, sin haber entonado el sonido, todo se disipa en vapor. El fuego deja de ser.” El peligro reside en la enemistad kármica existente entre los dos grandes grupos de devas. Dichos grupos sólo pueden ser unidos por el mediador, el hombre.
Quizás se preguntarán para qué sirven las quince reglas impartidas respecto a la magia. Todavía para nada respecto al trabajo práctico, pero serán muy útiles cuando se desarrolle la intelectualidad interna. Quien medite y reflexione sobre estas reglas a la luz de lo que ha sido previamente comunicado referente a los devas y a las fuerzas constructoras, llegará a comprender las Leyes de Construcción del macrocosmos, que le serán muy útiles y le ahorrarán mucho tiempo cuando se le confíe el trabajo y las fórmulas mágicas.
