Tras cerrar la puerta con pestillo y las cortinas, me senté en mi sillón y comenzamos a hablar telepáticamente, aquel hombre y yo:
- Hola Ororo, hacía mucho que no te veía.
- Cómo se te ha ocurrido pasarte por aquí, no has cumplido el trato, tu secreto seguía a salvo por el bien de todos, y tu no aparecías hasta que la cosa se calmase, y yo me ocupaba de la escuela mientras tanto.
- Sí, pero he venido para traerte a uno de mis mejores profesores de la escuela de Illinois, Chicago, su nombre es Jean-Paul Baubier, tiene hipervelocidad y creo que arriesgarme va a valer la pena. La razón de traértelo es que tenemos a pocos alumnos en la escuela y una escuela de internos sin alumnos no produce…por eso he decidido trasladarlo a esta, además tengo entendido que aquí os faltan asignaturas y horas por lo que creo que sería conveniente que lo aceptases.- Sí, no te preocupes, pero antes de aparecer así, avísame, no me puedo arriesgar a que puedan reconocerte, a pesar de que ahora estás más joven…ah, y dime… ¿cómo te debemos llamar ahora?
- ¿Jean ha sospechado?
- No lo creo, es muy lista, pero mis escudos psíquicos son mejores y más fuertes
- Jean ha entrenado muy bien su telequinesia pero su telepatía apenas ha empezado con ella, creo que cuando llegue a su mayor potencial podrá contigo…Kevin
- Tendremos que arriesgarnos
- Jean-Paul, estás aceptado, saca las cosas del coche y prepara mi regreso
- De acuerdo señor