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Si estás harto de foros de filosofía en los que sólo se habla de
teología, de mística, de sectas o de espiritualidad, prueba el foro
"Filosofía y Pensamiento", un foro de intercambio de ideas dirigido a
profesores y profesionales del pensamiento, abierto a estudiantes y
autodidactas.
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Atendiendo a las quejas realizadas sobre el complicado trámite de
suscripción para participar en este foro, que exige tener dos cuentas
de correo operativas, se ha optado por crear un nuevo foro
Abstracciones que no requiere asociación ni crear una cuenta de
correo y en el que se participa directamente.
Cada participante puede elegir, según su conveniencia, ser
colaborador de uno u otro foro, también de ambos.
Un saludo.
La razón y la inteligencia nos dicen que la mayoría no siempre tiene
razón, pero alguna inercia irracional interna nos mueve a darle más
validez a lo que creen muchos que a lo que cree uno, porque,
absurdamente, pensamos que mucha gente no puede equivocarse y si
asumen una idea es porque la han analizado y están de acuerdo con
ella. Algo que la razón contradice, pues somos sabedores de que no
todo el que asume una idea y se identifica con ella la ha analizado.
La ciencia lo es todo para algunos, y lo que no figura en los
manuales científicos no es digno de saberse, pero esta doctrina
teórica está distorsionada, porque la ciencia no es sólo un sector
del saber cognitivo, sino una imagen del mundo que lo abarca todo.
Esta postura no es científica, es cientifista, porque deforma la
ciencia.
La ciencia no puede explicarlo todo, hay fenómenos naturales y
psicológicos que escapan de su alcance. La ciencia puede estudiar la
función neuronal del cerebro, pero el individuo es asaltado por
preguntas existenciales para las que las fórmulas matemáticas y las
teorías científicas no tienen respuestas.
La conducta animal es siempre una respuesta a los datos captados del
mundo circundante. Para cada especie, un conjunto bien determinado de
sensaciones actúan como estímulos que desencadenan una conducta
similar en todos los individuos. Es decir, la conducta agresiva,
sexual o alimenticia se pone en marcha ante la presencia de
situaciones biológicamente desencadenantes. Tales desencadenadores
son fijos y están determinados genéticamente. La adecuación estímulo-
respuesta es lo que constituye la especialización animal. A esa
conducta innata, estable y automática se la denomina instinto.
Alimentarse y reproducirse son los fines de todo animal. Pero esos
fines no se los da el animal a sí mismo, sino que le vienen dados o
programados de antemano por el instinto. Y la función del
conocimiento animal es no alterar estos fines, es alcanzarlos del
mejor modo posible. En el hombre, en cambio, el conocimiento se
autoprograma y establece sus propias finalidades. Gracias a esa
capacidad de autoprogramarse, el hombre es el único animal capaz de
hacer promesas (Nietzsche), fín para sí mismo (Kant), que elige sus
propis fines (Tomás de Aquino) y medida de todas las cosas
(Protágoras).
Si el comportamiento animal está esculpido por el estímulo, sujeto a
la tiranía del "Si A... entonces B", en el hombre las cosas cambian.
La libertad inteligente supone una liberación del estímulo, el
alejamiento de su poderoso magnetismo. En la conducta humana reina la
subjetividad, hasta el punto de poder obrar sin ganas y en contra de
las ganas. A diferencia del animal, el interés del hombre por su
entorno puede trascender por completo los intereses biológicos y no
estar desencadenado por ellos. Todo en la conducta está orientado
hacia la supervivencia. El animal vive incrustado en su ambiente y
determinado por sus estados orgánicos, mientras que el hombre es
autónomo frente al ambiente y a la presión de lo orgánico.
Hay reglas sin las cuales no podría existir una vida humana
reconocible como tal, y hay otras reglas sin las cuales no podría
desenvolverse siquiera en una forma mínimamente civilizada. Tenemos
códigos legislativos, deontológico, éticos... Se crean valores
transculturales de validez universal en los que culturas y tiempos
diferentes coinciden. Buscamos siempre justicia para nuestras
sociedades, pero siempre falla algo: la equidad elemental sin la que
no habrá un territorio donde poder pisar como hombres.
El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no
convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos
errores no convierte éstos en verdades; y el hecho de que millones de
personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de
estas personas gente equilibrada.
La técnica responde siempre a la vocación activa del hombre, a sus
intereses vitales, a su afán de producir, conseguir acumular,
conservar, controlar, resguardar... ¡o agredir! Resumiendo: al afán
constructivo o destructivo de dominio.
Por encima de las personas no reina la tiranía abstracta de un
destino, de un cielo de ideas o de un pensamiento impersonal... sino
un Dios personal, aunque de manera eminente.
La teoría de Darwin ha suscitado mucha controversia desde que fue
planteada, sus principales detractores fueron los creacionistas, los
que atribuyen a un Dios hacedor el origen de todo.
La teoría de Darwin no plantea ningún problema teológico. La
evolución transcurre en el tiempo; la creación, por el contrario, es
su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se proporciona
también la evolución.
No nos basta con vivir y formar parte de la realidad: necesitamos
saber cómo es el mundo. No mi mundo, el ámbito reducido de mi
familia, mi provincia o mi país, sino la totalidad del cosmos. Porque
el universo, a poco que se piense, es más complejo y atractivo que mi
pequeño reducto personal.
Todo son preguntas: ¿Por qué parece que exista un orden establecido y
el mundo no es un caos total? ¿Qué permanece y me hace seguir siendo
yo mismo a través de los cambios: bebé, niño, adulto...? ¿Por qué no
se caen las estrellas? ¿Cómo saben las raíces que han de buscar la
luz y convertirse en árboles y flores? ¿Cómo saben las estaciones
que han de cambiar cuatro veces al año?
¿Es la naturaleza un caos al azar o un caos ordenado por leyes
ineludibles?