El estilo de Aznar
Francisco Umbral http://www.elmundo.es/2004/11/30/ultima/1726226.html
Ahora que ya no necesita hablar es cuando mejor habla. En
el debate de ayer hemos visto que, tras un largo silencio oficial,
Aznar saca la panoplia límpida, grave, afilada y luciente de sus mejores
intenciones y se erige en el mejor orador de una Cámara, el más seguro de
palabra, el más castellano de verbo, el más duro de ironía, el más
relampagueante de silencios.
Pues bien, con este estilo, que supone la depuración de
todo estilismo, Aznar juega limpio con los nacionalistas desorientados,
con los extremistas de más arduo filo, con los patriotas de provincias
y con los confusos intelectuales del terrorismo. Cuando la derecha
encuentra por fin un orador que no es de derechas, o que renuncia al
florilegio político, ocurre que lo pierde o se pierde en apuestas históricas
audaces pero malparadas.
En la sesión extra de ayer se vio claro que España, una
vez más, tiene su hombre, pero las antiespañas ateas o beatas están a la
caza de ese hombre. Los periféricos, los extremistas, la izquierda
improvisada y la derecha pedánea persiguen a este hombre que hizo la
Segunda Transición, que acabó con ETA, que intentó con éxito el socialismo de
derechas, que trajo las libertades, las conquistas antes que su promesa
y una seriedad adusta para gobernar desde el mal humor, que en realidad
era un humor muy fino.
Aznar ha vuelto a equivocarse entrando en esa ratonera de
navegantes sin gobernalle que sólo tienen tres objetivos: gobernar sin
Aznar, pero contra Aznar, instalarse en las olimpíadas internacionales,
pero sin nación, y cobrar del terrorismo, que se hace ya con descuento
y en todas direcciones.
La interminable sesión de ayer tenía por objeto pillar al
político vallisoletano en algún error o desacierto. Pero Aznar, que
está ahora más allá del bien y del mal, y de ambos juntos, tenía
respuesta, ironía y frase para todos. Y si no sacaba un dossier como recién
hecho, todavía calentito, y le contaba al osado su vida secreta y la otra.
Aznar, en una sesión así, va dejando siempre un reguero de víctimas que
dormitan sobre el pupitre, pero en realidad están muertos de asco de sí
mismos.
Con todo y con eso, el señor Aznar, tan joven, no debe
echar mano con exceso de su panoplia familiar o personal, un estilo que
desde luego no viene de Fraga sino de sí mismo y unos metales nocturnos,
espadas y estiletes que dejan la Cámara tatuada de rasgos cuando el
pequeño príncipe se va. Trampas como la de ayer le esperan muchas en la
vida. Por asco de las trampas dejó la política, pero ahora está recayendo
en ella por tentación intelectual y por el reclamo envenenado de los
tafileteros que esperan recibir la pieza ya despellejada.
Fue un gozo y una melancolía aquel Aznar recuperado que
duendeaba con la verdad como sus mediocres enemigos lo hacían con la
mentira.Qué buen caballo si hubiera buen señor. Qué buen jinete si hubiera
buena patria. A José María Aznar le vimos formarse entre Fraga y Felipe
González. Nos burlábamos de él porque no le veíamos venir. Luego le
hemos visto venir, llegar, triunfar y marcharse.Para envenenar su triunfo
algunos le montaron una confusa despedida.Ayer, al empezar, dijo su
primera cosa: «La verdad es que no sé por qué ni para qué estamos aquí».
PÁSALO
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