¿Ha muerto la teología de la liberación?<br>(II
parte).<br>La TL se encuentra en uno de sus mejores momentos.
No se limita a <br>repetir miméticamente lo dicho y
escrito por sus fundadores hace 30 años. <br>Intenta,más
bien, responder a los nuevos desafíos de manera
crítica, utópica y creativa, sin renunciar al impulso
ético-profético originario, pero sin quedarse en las
formulaciones fundacionales que, como las actuales,
son<br>relativas. En América Latina hoy se hace teología de la
liberación a partir de los nuevos sujetos que están
emergiendo con fuerza y protagonizan <br>los<br>cambios
estructurales, guiándolos en dirección a la transformación de
<br>las estructuras y al despertar de las plurales
subjetividades en interacción.<br>Coincido a este respecto con
la pensadora mexicana Marcela Lagarde en que<br>"los
nuevos sujetos, con sus antiguas y nuevas historias y
sus rostros cambiantes, desvelan las varias formas de
la enajenación y luchan por<br>eliminar las
prácticas, las relaciones y la cultura que generan opresión
y miseria. <br>Enfrentan de manera dramática la
adversidad y destinan nuevos esfuerzos sociales para
convencer, ser escuchados y dialogar. Es <br>notable que a
pesar de las normas y de los pactos de poder que los
excluyen, esos <br>nuevos sujetos han alcanzado logros
enormes, aunque todavía sean insuficientes".<br>Estos
sujetos son conscientes de que el actual modelo de
desarrollo<br>neoliberal, globalizador, radicalmente injusto y uniforme, no
sólo no les proporciona posibilidades de mejora, sino
que los somete a un proceso de marginación y
exclusión crecientes.