¿Qué hacer ante las críticas? Yo creo que hemos
de tenerlas en cuenta, analizar sus fundamentos,
valorarlas en sus justos términos, saber de dónde vienen y
qué intereses las mueven. <br>A su vez, caben varias
actitudes ante la utopía. Una muy extendida hoy consiste en
declararla muerta y bien muerta, y no hacer nada por su
recuperación, ya que se mueve en el horizonte de los grandes
mitos a los que debe renunciarse. Yo creo, sin embargo,
que, a pesar de las críticas -algunas de ellas bien
fundadas- la utopía no está tan muerta como se nos quiere
hacer ver. Ésa es precisamente la estrategia del
pensamiento autiutópico: alegar que ya no es necesaria la
utopía porque se ha hecho realidad y ya no cabe esperar
más. Pero la utopía está suficientemenmte enraizada en
la realidad y en el ser humano como para que pueda
morir, y menos aún por un decreto del neoliberalismo, su
principal adversario hoy. <br>Otra actitud sería la de
apostar por un pensamiento de intención utópica, pero en
clave negativa, sin hacer propuestas, sin ofrecer
alternativas. La oscuridad del presente no deja otro camino que
el de la crítica de lo existente. Dicha actitud debe
ser tenido en cuenta para no caer en los fáciles
discursos afirmativos, pero puede ser paralizante y
desemboar en pesimismo. <br>Una tercera postura, con la que
sintonizo, es la de la rehabilitación crítica de la utopía.
Ahora bien, se trata de una utopía no-mitificada,
guiada por un interés emancipatorio y animada por una
intención ética, en la línea expuesta por J.-A. Pérez
Tapia, para quien la utopía es necesaria como: imagen
movilizadora, horizonte orientador de la praxis, instancia
crítica de la realidad y "perspectiva para la
prospectiva" (P. Ricoeur) . Dicha utopía ha de ser
rehabilitada, no apologéticamente, sino de forma crítica, es
decir, cuestionando la "ingenuidad utópica", tan
presente en las diferentes teorías y prácticas sociales,
insisto, como atinadamente observa Himkelammert. <br>La
utopía debe responder a una visión de dialéctica y
abierta, no determinista, de la realidad, como ya indiqué
más arriba al hablar de la filosofía de la esperanza.
Ha de responder -y mantenerse fiel- a la intención
ética que la anima, consciente de la distancia entre
cómo es el mundo y cómo debe ser, pero con el
propósito de aproximar el deber ser al ser. Debe compaginar
adecuadamente la doble dimensión que la define desde su
nacimiento: la crítica y la propuesta. Ha de configurarse
como utopía cosmo-socio-antropológica. En otras
palabras: atender a la interrelación
individuo-sociedad-cosmos, sujeto-comunidad-naturaleza, en fin, y proponerse
como meta el logro de la autorrealización personal
dentro de la realización de la humanidad y de la
liberación de la naturaleza. Debe responder a un interés
emancipatorio integral no excluyente. <br>Con mi amiga Adela me
hago dos preguntas: por una parte, "si no es
irresponsable vivir exclusivamente de principios ideales", que
es uno de los defectos en que incurren los utopismos
de toda laya y las éticas de la intención; por otra,
"si no es inmoral el regenar de ellos (de los
principios ideales) y conformarse con lo que hay", que es la
táctica de los realistas y pragmáticos, a los que me
refería al principio de este artículo. Termino esta
reflexión con una afirmación de la misma autora, que sirve
de guía en mi pensar en mi actuar utópicos: "Sin
futuro utópico en el que quepa esperar y por el que
quepa comprometerse, carece de sentido nuestro actual
presente". <br>Por Juan-José Tamayo, teólogo y Secretario
<br>de la "Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII"