UTOPÍA Y ANTI-UTOPÍA AL FIN DEL
MILENIO<br>Esteban Krotz <br>(II parte)<br>Esto significa que épocas
de crisis no son épocas para nostalgias o para
sueños. En épocas de crisis uno tiene que ser realista.
Aunque no deja de ser interesante notar que a veces,
cuando alguien dice que “hay que ser realista”, lo dice
con cierto aire de melancolía, como si esto
significara tener que alejarse de ciertas ideas bellas,
anhelos, ideales que se tuvo alguna vez. Pero: ni modo, la
situación es así y hay que fijarse en la realidad, hay que
atrapar las escasas oportunidades cuando se puede, hay
que estar bien despierto. Incluso, de vez en cuando,
como todos sabemos, “ser realista” significa vencer
cierta vergüenza y acomodarse para no hundirse. <br>En
todo caso, en tiempos de crisis no conviene soñar. Lo
opuesto a lo real, es la quimera. Lo opuesto a la visión
clara de las cosas, es la imaginación, la fantasía. Por
esto, soñadores están fuera de lugar. Soñadores,
soñadores diurnos, cuentistas, gente que se imagina como
sería esto y aquello si todo fuera distinto, son
personas que están en peligro de no reconocer las
oportunidades que la vida les ofrece; andan distraídas,
alejadas de lo que realmente importa y hace falta. Es más:
su presencia puede llegar a molestar, porque cuando
uno las ve, uno recuerda que también uno tuvo sueños
alguna vez. Pero no solamente molestan, sino pueden
alarmar porque la situación general es difícil. No hay
que hacer olas; por ejemplo, no hay que sacar a
debate cuestiones que no vienen al caso, hablar de
ideales irrealizables. Las soñadoras y los soñadores, al
hacer precisamente esto, pueden ser gente peligrosa,
pues amenazan con hacer olas que a todos nos pueden
hundir: ¡cuidado! ¡el delicado equilibrio mantenido en
esta crisis puede dar paso a la desestabilización
total! <br>U-topía: ¿fuera de lugar?<br>“Fuera de
lugar”: precisamente este término nos lleva a la raíz
etimológica de la palabra utopía. Como se recordará, la
palabra griega “topos” significa “lugar”, “sitio”; el
prefijo “u” significa negación. Utopía es, por
consiguiente, el “no-lugar”, el “no-sitio”. Utopía, lo utópico:
lo que está en ningún lugar. “No hay tal lugar”,
traduce Quevedo. <br>Pero, como veremos, hay varios modos
de estar “fuera de lugar”. Lo que sucede es que una
sola interpretación de la palabra “utopía” ha ocupado
casi todo el espacio del habla común. Por ello,
normalmente, cuando escuchamos o pensamos “utopía” o “lo
utópico”, lo identificamos con lo fantástico, lo meramente
imaginario, lo inexistente, lo irreal, lo inalcanzable. De
acuerdo con esto, “utopía” no describe el mundo como es,
sino un mundo que no tiene que ver con la experiencia
vivida; a veces parece un auténtico “mundo al revés”. Una
utopía no constituye una representación de la vida en la
que uno tiene que vivir día con día, sino un conjunto
de imágenes e ideas que a veces suenan bonitas,
aunque a veces también parecen algo extrañas e incluso
grotescas. Definitivamente, el mundo que dibujan los cuentos
y los cuadros utópicos, los poemas y las canciones
utópicas no existe, por más que las situaciones o
sociedades descritas en textos y estampas utópicas se
antojan simpáticas o agradables: el país de Jauja, el
Reino de la Armonía y de la Paz, la República Justa y
Fraterna, la Tierra de la Belleza y la Felicidad, el
paraíso recobrado, el mundo sin escasez ni durezas, donde
bastan unas cuantas horas de trabajo para que todos
tengan en abundancia todo no existen. Las utopías hablan
de situaciones que parecen bien, pero no existen en
la realidad: lamentablemente la vida —y más todavía,
la vida en tiempos de crisis— no es así. <br>A esto
se agrega que no todo es bonito en los textos
utópicos. ¿O no es cierto que siempre hay gente que cuando
escucha la palabra “utopía”, recuerda libros y películas
que provocan escalofrío? La verdad es que novelas
como El mundo feliz o películas como Cuando el destino
nos alcance hacen que uno empiece a sentir miedo al
pensar en el futuro.