4 de Noviembre. San Carlos Borromeo. Arzobispo. Año 1584.
| Carlos significa: "hombre prudente". Entre los hombres extraordinariamente activos a favor de la Iglesia y del pueblo sobresale admirablemente San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio aquella frase de Jesús: "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará". Murió relativamente joven porque desgastó totalmente su vida y sus energías por hacer progresar la religión y por ayudar a los más necesitados. Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder. Nació en Arjona (Italia) en 1538. Desde joven dio señales de ser muy consagrado a los estudios y exacto cumplidor de sus deberes de cada día. A los 21 años obtuvo el doctorado en derecho en la Universidad de Milán. Un hermano de su madre, el Cardenal Médicis, fue nombrado Papa con el nombre de Pío IV, y éste admirado de sus cualidades nombró a Carlos como secretario de Estado, altísimo cargo para un hombre tan joven. Era de familia muy rica (los Borromeos), y el día menos pensado su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo. Muchos pensaron que ahora Carlos al quedar heredero de tantas riquezas dejaría la vida religiosa y se dedicaría a administrar sus inmensas posesiones. Pero fue todo lo contrario. En 1520 habían aparecido los protestantes como una señal de descontento por ciertas faltas que había en la conducta de muchos en la Iglesia Católica. Entonces el Sumo Pontífice invitó a todos los obispos de todo el mundo a una reunión que se llamó Concilio de Trento. Muerto el Papa Pío IV, obtuvo San Carlos que lo dejaran irse al cargo para el cual lo habían nombrado hacía años, pero que no había podido ejercer por estar trabajando en Roma, el de Arzobispo de Milán (que es la ciudad que más habitantes tiene de Italia). Aquella ciudad hacía muchos años que no tenía arzobispo y la relajación moral era muy grande. Pagaba muy bien a sus empleados y les insistía en que trataran con mucho respeto a toda clase de personas, de manera que todo el que llegara al palacio del arzobispo se sintiera muy bien recibido. Muchísimos sacerdotes y numerosos obispos iban a hospedarse al palacio de nuestro santo cuando estaban de viaje, porque sabían que allí eran muy bien recibidos y tratados con gran respeto y amabilidad. Las gentes de Milán eran muy ignorantes en religión porque casi no había quien les enseñara el catecismo. San Carlos fundó 740 escuelas de catecismo con 3,000 catequistas y 40,000 alumnos. Fundó 6 seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios. Se dedicó a visitar todas y cada una de las muchísimas parroquias que tenía su arzobispado, aun las más lejanas y abandonadas y por caminos peligrosos. En cada parroquia daba clase de catecismo y corregía los errores y abusos que existían. Si algún sacerdote no se estaba comportando de la manera debida, lo destituía y nombraba a uno que tuviera muy buena conducta. Por sus sacerdotes estaba resuelto a hacer todos los sacrificios posibles. En cierta ocasión en que cuidaba mucho a un sacerdote enfermo, algunos comentaban que él era exagerado en atender a su clero, y respondió: "Los que critican, lo hacen porque no saben lo mucho que vale un sacerdote". Quiso acabar con una asociación que se llamaba "Los humillados", que con el pretexto de dedicarse a vida espiritual se aprovechaban de las limosnas y se dedicaban a una vida escandalosa. Estos en venganza mandaron a un sicario para que asesinara al santo. Estando San Carlos rezando una noche junto al altar, el asesino disparó contra él. Tuvo el gusto de darle la primera comunión a San Luis Gonzaga. Cuando el Duque de Saboya estaba muy grave fue a visitarlo, y tan pronto como el santo llegó a la habitación del enfermo, el duque exclamó: "estoy curado", y recuperó la salud. En agradecimiento, cuando San Carlos murió, el duque mandó poner una lámpara de plata junto a su sepulcro. Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más. Cuando tenía apenas 46 años, sintió que sus fuerzas diminuían notablemente y que una intensa fiebre lo invadía. El Sumo Pontífice Pío V le había recomendado que no ayunara tanto y que no se desmidiera en el trabajo, pero ya era demasiado tarde. De él se podía repetir la frase de aquel sabio: "Un santo es un hombre devorado: todos tienen derecho a devorar su tiempo, a devorar sus bienes, a devorar hasta su salud, con tal de que él logre salvar las almas y conseguir que Dios sea más amado y mejor obedecido". Así le sucedió a San Carlos, y por eso murió en plena juventud. La noche del 3 al 4 de noviembre de 1584 murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy". En Arona, su pueblo natal, le fue levantada una inmensa estatua que todavía existe. Tenga Dios piedad de nuestras ciudades y pueblos y nos mande obispos y arzobispos como San Carlos Borromeo. Y que este gran santo ruegue cada día por los que tanto estamos necesitando de sus valiosas oraciones. |
