Utopía y Praxis Latinoamericana
Año: 11. nº. 33. Abril-Junio, 2006
PRESENTACIÓN
Álvaro B. Márquez-Fernández
Pensamos y razonamos a partir de nuestra experiencia con el mundo de
los afectos y sentimientos. Sin esa relación no es posible
desarrollar la racionalidad, pues ésta es un correlato del mundo
sintiente. Esa es la tesis central que sostiene Germán Gutiérrez en
su trabajo: "Neurobiología y contenido material universal de la
ética: reflexiones a partir del modelo neurobiológico de Antonio
Damasio". Para este científico, las funciones neurológicas del cuerpo
no están disociadas de las funciones sentimentales del pensamiento.
Se suponía que eran dos tipos de funciones orgánicas excluyentes
entre sí, de un lado el cuerpo (res extensa) y del otro, el
pensamiento (res cogitans). De esa tradición cartesiana se asumió en
la Modernidad que la separación en dos territorios de la vida humana,
cuerpo y alma, permitía comprender la existencia humana únicamente
como dos partes disímiles e incongruentes. Se demuestra, cada vez
más, que la "realidad" no es así. Es mucho más compleja y
complementaria. Los descubrimientos de Damasio, son reconocidos en su
valor tanto por la filosofía como por la ética. Es decir, debemos
situar la acción del pensamiento en el cuerpo presente de unos y
otros seres biológicos, y responder a la responsabilidad que se
desprende del compromiso de la acción, entre y para los seres
humanos. Pues, a fin de cuenta, estamos frente a frente de actos que
conllevan a la reproducción de la vida. Y en este proceso del pensar
y actuar racional (neocortical) y sentimental (subcortical), está
puesta la finalidad del desarrollo de la especie humana. En ese punto
de la "evolución" queda justificada la insurgencia social del homo
sapiens. Será, entonces, la aculturación la que nos permitirá el re-
conocimiento –no más dominio-, de lo natural a través de la historia.
Sin embargo, lo que encierra la sutiliza del argumento de Damasio es
que ningún intento de renuncia o negación del mundo biológico, será
suficiente para continuar aceptando cualquier fundamentalismo
racionalista. Por otra parte, la propia "conservación de la especie
humana", responde a un entorno social que se norma ética y moralmente
cuyo origen y fin, si bien están implícitos en estrategias
suprainstintuales de los procesos biológicos innatos del cuerpo que
contribuyen a la supervivencia, son y responden a la
intersubjetividad de cada persona o colectivo social.
La proyección del capitalismo neoliberal es, en todos los sentidos,
hacia la uniformidad de las relaciones sociales de producción y
reproducción de la vida. Su creciente discurso sobre la diversidad
cultural y la diferencia de géneros o roles, mantiene el supuesto
ideológico que la determinación (multi)cultural tiende a unificar,
con algunas inocuas excepciones, la mayoría de las relaciones de
integración política. En el marco de esta realidad, considera
Alejadra Ciriza, en su artículo: "Ciudadanas en el siglo XXI: sobre
los ideales de la ciudadanía global y la privatización de derechos",
que todavía les toca a las mujeres radicalizar mucho más sus luchas
por el reconocimiento a la diferencia y a una participación cuya
equidad no les imponga renunciar a las causas que le dan su origen.
Es decir, la diferencia de lo femenino no puede ser considerada
meramente como una "diferencia menor", que pueda entenderse y
tolerarse como algo incompatible pero necesario para un mundo que
continua bajo la hegemonía de la razón patriarcal. Ciriza es de la
opinión que el principio de ciudadanía universal, global, genérica,
tiende a borrar la presencia de la mujer como otro, en vez de lograr
el rescate de su autonomía y representación genuina. La condición de
la mujer, principalmente la política y la de género, es absorbida en
las redes de una sociedad de mercancías que le concede ciertos
derechos de adscripción, pero en términos de adecuación,
subordinación y obligaciones. Muy poco de una auténtica libertad. Si
los roles de la nueva ciudadanía es condición para el nuevo orden de
lo público y para la praxis de la condición femenina; entonces, las
mujeres entendidas como ciudadanas están en el deber de repensar las
normas, los códigos, las leyes, el derecho en general, pues les
corresponde participar de las bases materiales para el ejercicio de
ese derecho, en "igualdad" con el otro género. Sin embargo, el
análisis realizado sobre el desarrollo del capitalismo de fines de
siglo, la realidad de las mujeres en Argentina, y las conclusiones a
las que llega, le demuestran a esta investigadora que la situación de
la mujer no ha mejorado significativamente, por el contrario, ha
empeorado. Considerar la privatización de derechos humanos para las
mujeres, con la finalidad de aliviar o mitigar la pobreza, ha traído
como consecuencia fatal acentuar la exclusión y segregación de las
mujeres como colectivo humano y social. La contradicción es evidente:
las mujeres pueden ser absorbidas productivamente por el sistema de
la globalización; pero eso no garantiza de ninguna manera el estatus
de una ciudadanía real.
Los estudios sobre el análisis del discurso, se han convertido en
referencia teórica y metodológica, indispensable para la
interpretación de lo social y lo político. En esta oportunidad, Luis
J. González Oquendo, toma partido por este tipo de investigación, y
nos presenta en su artículo: "La mujer en las publicaciones
institucionales de las empresas petroleras extranjeras en Venezuela",
una visión del rol social que debía cumplir la mujer que hacía
convivencia personal y familiar en los campos petroleros venezolanos
de las décadas de los años 30 y 50. La imagen ideológica y la figura
de lo femenino, que las compañías petroleras norteamericanas
construyeron de la condición de ser mujer –madre, esposa-amante, el
eterno femenino, para la época: dócil, pasiva, sumisa, fiel,
abnegada, solidaria, sagrada, formaban parte de una relación de poder
y dominio donde ésta se asumía inconscientemente valorizada, estimada
y reconocida. Pero en verdad, fue objeto de una comercialización de
su cuerpo a través de los ritos de la belleza, el erotismo y el sexo.
Las revistas "Tópicos Schell" y "El Farol", son la muestra de estudio
para el análisis de los componentes semánticos y pragmáticos del
discurso femenino que estas revistas presentaban a las mujeres. La
representación del hombre se ofrece, según los códigos del
patriarcado, precisamente, a través de esa imagen de macho protector,
que resguarda el gineceo y al que se le debe toda obediencia. El
control emocional y cognoscitivo del hombre, está manifiestamente
justificado en estas revistas; más, cuando la mujer está destinado al
servicio de la masculinidad, porque su recompensa está en su
realización de madre y en su servicio al hogar.
El desarrollo de la sociedad responde, básicamente,
al desarrollo humano de sus "fuerzas" sociales. Éstas se miden
tradicionalmente, en forma de poder (para dirigir) y de dominio (para
reprimir o consentir). El individuo, grupo, o colectivo que se vale
de una forma específica para organizar el "poder de su fuerza
social", apela en un primer momento a la estructura de tradición y
cultura que políticamente le favorece, y a la que pertenece desde su
origen de clase y de género. La clase define el rol de poder de
acuerdo a las necesidades económicas; el género, lo define de acuerdo
a los intereses que se dan entre hombres y mujeres. La primacía del
poder para ejercer fuerza (cohesión) social, que caracteriza a la
Modernidad, depende cada vez más de los roles jerárquicos que se
construyeron en el patriarcado: en un principio fue de un modo
visible sobre las mujeres; pero también de un modo invisible sobre
aquellos hombres o varones sin capacidad de respuesta o adaptación al
modelo de la masculinidad dominante. En el artículo: "Propuestas
críticas para un análisis más comprensivo de la problemática
masculina", el profesor Antonio Boscán Leal, nos presenta un
importante análisis sobre los roles de dominación que cumple la
masculinidad en ese doble sentido que hemos señalado. El poder de
dominio, agresión, violencia, que realiza este género de la especie
humana, sobre lo sexual y social, político y económico, en la vida
de las mujeres y de los varones. Puede decirse que ese dominio
alcanzó una mayor representación social en la mujer, pero la
interpretación de Boscán demuestra que también está presente en el
espacio de interacción social de los varones, quienes sufren las
mismas consecuencias del dominio y represión de la sociedad
patriarcal. La filosofía feminista ha permitido el desenmascaramiento
de ese dominio en todos sus planos. La liberación que propone no solo
incluye a las mujeres, sino que es un proyecto abierto para la
humanidad; es decir, le toca al varón superar la falsa imagen que por
la "fuerza" el patriarcado erigió al considerarlo como el "sexo
fuerte", sin los estereotipos de la feminización, el sexismo, la
homofobia, los dualismos y esencialismos entre lo que es "masculino"
y "femenino".
Para Robinson Salazar, la necesidad de convertir una vez más a la
política en el escenario de participación directa, en algunos casos
violenta, no ha desaparecido: es lo que analiza en su
artículo: "Visibilizando al enemigo: EE.UU vs América Latina". El
desarrollo tecno-científico del capitalismo ha eliminado y/o
transgredido cualquier tipo de frontera geopolítica. Se disolvió el
territorio nacional, gracias a la cultura de la transnacionalidad que
propone el cierre de lo nacional por la abertura de la uniformidad
internacional. Es decir, se promueve la aceptación de un modelo de
interacciones donde la fuerza telemática de las comunicaciones tiene
la potestad de unir o desunir, aproximar o alejar al enemigo o al
amigo. Los nuevos escenarios de confrontación entre culturas y
sociedades, están signados por este dominio del espacio que desconoce
la presencia y vivencia humana, por su representación cibernética.
Sin embargo, a veces la realidad de los pueblos, que continúa siendo
de "carne y hueso", termina de algún modo reivindicando el plano de
la existencia donde viven y mueren. Las insurgencias sociales vivida
en los años recientes en América Latina, pero también en USA y
Francia, confirman la urgencia de satisfacer esa necesidad de lograr
el reconocimiento de una identidad, que en este momento por sus
propias condiciones se desarrolla muchas veces de manera inorgánica y
asistémica, pues responde a una voluntad de desobediencia o rebelión
acuñada al fuego de las represiones de la sociedad de clases. A
diferencia de otras épocas no tan lejanas, el actual modelo societal
capitalista se vale de la ideología del antiterrorismo para fraguar
un proceso de intervención armada en países latinoamericanos y del
Medio Oriente. Se socializa publicitariamente la imagen del
terrorista, guerrillero, narcotraficante, etc., para crear una idea
de "mal" que es necesario destruir, frente a un orden de "bien" y
prosperidad que puede ser emulado por todos. Situar la intervención
social de los excluidos en esta perspectiva, supone considerarlos
enemigos del Bien y las políticas neoliberales del Estado. El
Populismo radical es otra de las posibilidades que permiten
desdibujar el panorama de dominio en los que se sitúa el capitalismo
del presente. Muy por el contrario a las tradicionales opiniones, el
servicio que todavía le puede prestar el activismo político de
corte "populista" a los grupos o sectores emergentes que cuestionan
al status quo es significativo, pues trata de reconstruir lo político
desde la participación interior de la ciudadanía subordinada. Pero la
lucha por la transformación social requiere de identidades políticas,
institucionales y gubernamentales. Se necesita "visibilizar al
enemigo", "construirlo socialmente", que ya hoy día no reside en
el "Estado-gobierno", sino en esa amplía red de las grandes empresas
y centros financieros transnacionales y todo aquel que
consecutivamente le niega los derechos fundamentales a la población,
y que están al servicio de las fuerzas regeneradoras del capitalismo.
El nuevo campo de ataque de estas fuerzas para revalidar su
presencia, es el de los recursos naturales estratégicos, que
curiosamente se encuentran en las geográficas de los países del
llamado "tercer mundo".
La relación entre la historia social y las ideas políticas,
adquiere en América Latina singular interés. Más todavía, cuando esa
relación está asociada a las relaciones Estado y Universidad. Entre
nosotros estas investigaciones aún son escasas, por lo que es
importante alentar las que se inician. En el artículo, "Liberalismo
y democracia en Argentina. El estudio de un caso: Ernesto Nelson: ¿Un
educador del Estado en contra del Estado?", se traza ese doble camino
por el que ha pasado desde su fundación la Universidad Argentina. Es
lo que piensa su autor, Alejandro Herrero, al querer resolver el
dilema de una Universidad al servicio del Estado o un Estado al
servicio de la Universidad. En un sentido, ésta debería cumplir su
tarea ductora del poder del Estado a favor del colectivo social; en
el otro, aquél quizás intenta determinar el desarrollo de la
universidad previendo los fines de la misma según los fines
particulares de quienes la integran. La salida propuesta por Nelson,
es simple. No es posible la universidad profesional y burocrática, se
requiere de una universidad liberal que contribuya a la riqueza y el
bienestar social, pero fuera de la vigilancia y el control del
Estado. El modelo académico norteamericano, es el que promueve Nelson
dentro de un acontecer social que considera está tergiversado por la
presencia del Estado. Sin embargo, en su doble condición de académico
y funcionario del Estado, no pudo resolver en la práctica las
contradicciones teóricas de su pensamiento liberal.
Una prosa de vivo ardor contestatario, es la que no cesa de resonar
en el ensayo que Hugo Biagini, nos presenta en esta
oportunidad: "Cambiar el mundo: Entre la reforma universitaria y el
altermundismo". El más genuino espíritu del juvenilismo es el que
convoca en todo momento como alternativa a la ideología globalizante
del capitalismo, que supone el ocaso del pensamiento revolucionario
que inspiró en América Latina, con la reforma de Córdoba del 18, los
movimientos de rebeldía juvenil que han permanecido hasta el
presente. El rol emancipador de la Universidad latinoamericana, que
va de la utopía a la crítica social, del proyecto bohemio y romántico
a proclamar la insubordinación como premisa para la participación en
la construcción de la historia, define la actualidad de la
Universidad de frente al incierto futuro que le depara la era de la
globalización telemática y ciberespacial. Hoy más que en otros
momentos, ese espíritu del juvenilismo se debe hacer cuerpo entre
quienes militan con las armas del saber, la ciencia, la ética y la
política. El derecho a ser joven pasa por el derecho a la educación
como la única manera de poner en práctica la "universitas"a la que
tiende la humanidad, más cuando se compromete con el diálogo de las
culturas, la diversidad, pluralidad, diferencia, en la que todos
participamos. El deber ser de la universidad está en su estudiantado,
y en los destinos que abren todos los días.
A través de una entrevista que guardó silencio por un tiempo (desde
abril de 2002), Orlando Villalobos Finol, nos permite leer un texto
que solicita nuestra atención: "Martín Hopenhayn: La concentración de
la propiedad sobre los medios atenta contra la democracia
comunicacional". Aquí se pasa revista a una realidad social que en
América Latina está de más en más, tejida por las redes
comunicacionales donde se desarrollan los nuevos escenarios de
participación política de la región, entendiendo por esto los
intercambios simbólicos, el consumo cultural y el manejo de la
información. Otra característica que se presenta es el alto grado de
desintegración social, que tiene para Hopenhayn un carácter
estructural. Es decir, estamos insertos en un proceso de producción y
consumo que está determinado por capitales internacionales, que no
dejan espacio para generar alternativas de otro orden. Sería
necesaria una integración de la región, para hacer un bloque
antihegemónico. En una sociedad como la actual, definida en términos
comunicacionales el control social pasa por el control mediático de
la opinión pública. Es el auténtico problema de la democracia
comunicacional cuando se estudia este fenómeno desde la sociedad de
la información. El control se sigue midiendo e interpretando en
términos de propiedad privada porque son los dueños de los medios los
que inducen los modelos y patrones de la conducción social. Eso da
como resultado, señala Hopenhayn, mayores brechas y contradicciones.
En este escenario se presenta el desafío de construir la nueva
ciudadanía y la democracia discursiva, comunicativa.