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SOBRE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO   Lista de mensajes  
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 "¡He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra! ... A estas palabras el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, entró en el vientre de María, igual que cuando un rayo de luz traspasa un cristal". 

 
        

          
 El nacimiento de Jesús

MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA RECIBIDO A TRAVÉS DE JOSE-LUIS MANZANO GARCIA, EN TALAVERA DE LA REINA, EL 24 DE DICIEMBRE DE 1988. 
 
El Hermano:  La Paz del Señor Yahvé, vuestro Padre, esté con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu.

El Hermano: Ave María Purísima.                        
PUBLICO: Sin pecado concebida.

El Hermano:
  "¡He aquí la esclava del Señor..., hágase en mí según tu palabra."

  Hemanos: A estas palabras el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, entró en el vientre de María, igual que cuando un rayo de luz traspasa un cristal. Así traspasó su vientre el Verbo de Dios. Y fué encarnado para nacer entre vosotros, y así vivir y enseñar todo aquéllo que el mundo no sabía. 

    Dios Padre entregó a su divino Hijo al mundo, y Jesús, vuestro Maestro, fué niño como vosotros.  Pero él ya sabía que venía a este mundo a sufrir, que venía a este mundo a pedecer por los pecadores.  Y su nombre, su divino nombre, de Jesús de Nazaret, fué grabado en muchos corazones, y así en muchas mentes.

Él nació, y nuestra Madre, Reina del Cielo, con alegría sonreía al ver a su hijo, el Hijo de Dios, que Dios había entregado a María, para cuidar. Y María, nuestra Madre, alegre, con alegría en aquella cueva de Belén, allí nació vuestro redentor, el Señor Jesús.  Pero todo cambió.

La alegría de nuestra Madre, al final se convirtió en tristeza. Ella lloró y se desgarró ante la Cruz viendo como la sangre de su hijo caía gota a gota, sobre aquel monte Gólgota.  Y el mundo al final se dió cuenta que en verdad él era el hijo de Dios. 

La Madre: Hijos míos, que la Paz del Señor esté ante vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.

La Madre: Ave María Purísima.                        
PUBLICO: Sin pecado concebida.

La Madre:
   Ya estoy aquí, hijo mío, hoy es un día muy grande pero muy triste.  Un día en el que muchas almas recuerdan el día que es por mi amado hijo Jesús.

   Y otras almas, hijo mío, solo lo recuerdan para divertirse y seguir así sus vicios humanos. Hijo mío, ya se acaba el año, de éste poco queda.  Mi hijo vino al mundo a salvaros a vosotros, hijos míos, y como veis así se cumplió la palabra del Padre. Vuestras almas se salvaron. 

   Pero hijo mío, hoy es un día para recordar que alguien vino al mundo, alguien muy especial, como el Rey del mundo.  ¿Porqué olvidarse de Él en este día?  Porque ya muchas almas dicen que no existe. 

   Está allí con el Padre, con su amado Padre y el vuestro.  Él está ahí viendo como se olvidan de Él.  Para ellos mi hijo ya no existe, pero mi hijo está allí. Mira hijo mío, míralo tú. ¡Míralo hijo mío!

JOSE-LUIS:  ¿Es Él?
La Madre: ¡Sí hijo mío!

JOSE-LUIS:  ¡Qué pequeño!
La Madre: ¡Míralo hijo mío!

JOSE-LUIS: ¡Qué bonito!

La Madre: 
   Este es tu Maestro hijo mío, al que las almas crucificaron. Y aún crucifican con sus pecados.
JOSE-LUIS: ¡Qué bonito! ¡Qué pequeño! Pero tú estás triste, ¿por qué?

La Madre:
   Hijo mío, porque el mundo ya no me quiere, me rechaza. Unos hijos rechazan a una Madre.  Esa Madre se entristece y llora mucho porque sabe que así su Padre les castigará, por haber rechazado a su Madre.

JOSE-LUIS: Pero tú les quieres.
 
La Madre: ¡Sí hijo mío!, pero Él es quien manda en el mundo. Su mano es la que hace y deshace.  Yo estoy para pedir perdón por vosotros.  Yo ya os avisé.

JOSE-LUIS: ¿Porqué somos así?
La Madre: Hijo mío, porque vuestra mente solo sabe caminar por el mundo, sin saber así acercarse más hacia el Señor, hijo mío.

Padre Eterno: Escucha mi palabra.

La Madre:
    Las almas se pierden, solo intentan y así consiguen hacer mucho daño al prójimo. ¿Qué estáis haciendo almas del mundo?Yo, que ante mis brazos tengo aquél que dió la vida por vosotros, ¿porqué intentáis dañar mi corazón? 

   Si Yo solo trato que vosotros lleguéis hasta el Padre. El año se acaba, almas del mundo, hagáis lo que hagáis, Yo siempre os querré porque sois mis hijos.

   No me rechacéis. No me rechacéis... ¡No!

JOSE-LUIS: No llores.

La Madre:
    Hijo mío, es motivo para llorar.  Así que mis hijos me rechacen y solo piensen en su cuerpo, tú míralo: este es tu Maestro. Así como fué en aquél tiempo, de pequeño.

JOSE-LUIS: 
   ¡Maestro!, perdónanos por lo que estamos haciendo.
   Maestro, perdónanos porque nosotros no sabemos lo que hacemos. Maestro, ayúdanos tú que todo eres, porque ellos a mí no me quieren escuchar.

La Madre: ¡Hijo mío!, tampoco escucharán a su Maestro.

JOSE-LUIS: A mí tampoco me quieren.

La Madre: Hijo mío, ¡sí!, aquí está tu familia.
JOSE-LUIS: Pero yo, a los que yo intento ayudar...

La Madre: El Dios Yahvé tmbién los quiere igual que a tí, hijo mío.

JOSE-LUIS: 
    ¡Perdónanos tú también, Madre!, porque en un día tan grande como es hoy, y como será mañana para tí, perdónanos porque aún así te seguiremos haciendo daño. Porque a mí no me quieren escuchar. Y ellos te seguirán haciendo daño. 

    Dame fuerzas para seguir lo que tú me has mandado. ¡Madre!, un día tan feliz para tí, y mira cómo te tenemos. Nunca te olvidaré, lo que tú has hecho por nosotros, Maestro.

Padre Eterno:  Y mi Hijo nunca olvidará lo que de tu corazón ha salido en este día.
 
JOSE-LUIS: Gracias Padre.

La Madre: Llegó la hora de marcharme.

JOSE-LUIS:
Me gustaría irme con vosotros, pero este es mi lugar. He nacido para servirte Señor. Y moriré así, sirviéndote.

Padre Eterno: Así será, como tú has dicho.

La Madre: Hijo mío, nunca olvidéis lo que siempre os he dicho:  "Amaos, porque vuestro Dios os ama".  Amadle vosotros también a él. Adiós hijos.

Padre Eterno:  Adiós hijos.       
PUBLICO: Adiós Padre. 
  
El Hermano: Adiós hermanos.    
PUBLICO: Adiós Hermano.      

El Hermano: Que la Paz del Señor-Yahvé, y la fuerza del corazón del gran Guerrero, quede con todos vosotros.  
PUBLICO: Que así sea.   

El Hermano: Ave María purísima.    
PUBLICO: Sin pecado concebida.

El Hermano: Adiós hermanos.    
PUBLICO: Adiós Hermano.__ 



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Mié, 20 de Dic, 2006 11:11 am

cielos_y_tie...
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"
En el momento que el Angel
marchó, la Luz del Espíritu Santo
atravesó sus entrañas sin dañarla... 
Igual que cuando un rayo de luz  
traspasa un cristal sin dañarlo
."

          
                                La Natividad del Señor

 
Mensaje de la Stma. Virgen María, recibido en Talavera de la Reina,
   
a través de José-Luis Manzano García - el 24 de Diciembre, de 1990. 
 

La Madre:  La Paz del Señor está con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
 

La Madre: Ave María Purísima.                        
PUBLICO: Sin pecado concebida.

El Hermano:
   "Alégrate María llena de gracia, el Señor está contigo, bendita Tú entre
las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Dios ha mirado entre todas
las mujeres, y tú María has sido elegida para recibir en tus entrañas al Hijo
del Altísimo."

  -  «¿Quién soy yo para merecerme esto?» 

    ¿Quién eres tú, sino María toda pura?

  - «Yo no conozco varón.» 

    
El Espíritu Santo junto con el poder de Dios entrará en tus entrañas, formando en tí al que tú llamarás Jesús. José te ayudará para esta labor que tú has de desempeñar.  No te preocupes, porque Dios siempre estará sobre tí y sobre Su Hijo. ¡Alégrate!
     
El Hermano:
   Y dicho esto el Angel marchó y dentro de María quedaron aquellas palabras que nunca han marchado de ella.  Dios vino al mundo de este día.  Así es. 

   Fué así que le negaron posada, y nació en una pequeña cueva, así utilizada para el ganado. «Y en un pesebre brilla la Luz.»  El niño que ha nacido sin dañar a María, salió de ella igual que entró.  

   
En el momento que el Angel marchó, la Luz del Espíritu Santo atravesó sus entrañas sin dañarla, como siempre habéis oido.  Igual que cuando un rayo de luz traspasa un cristal sin dañarlo, así entró y así salió, sin dolor alguno.  Dios todo lo tenía preparado, todo estaba escrito.

     Pero dentro de María, igual que estaba la alegría, en aquel momento existía la tristeza en su interior.

La Madre: 
   Yo sabía hijo mío, que aquél que tenía a mis brazos abrazado y besaba, moriría por todos los pecadores hijo mío.  Yo sabía que de aquél que había recibido tanta alegría, que era mi Hijo, iba a padecer en mano de los hombres, iba a sufrir.

   Yo también sabía hijo mío, que muchos niños inocentes morirían, Yo también lo sabía hijo mío. Pero todo tenía que ser así. Todos esos niños que murieron inocentemente hijo mío, murieron por honor a Dios.

    Murieron porque creían que entre ellos estaría Jesús de Nazaret.   Ellos están junto al Padre, porque fueron inocentes en su muerte hijo mío. Y murieron por el Nombre de Su amado Hijo Jesús. 

    En aquella pequeña cueva hijo mío, mi hijo sonríe.  Solo tiene el calor de unas pequeñas prendas, un poco de paja sobre él, y el calor del aliento de un buey y una mula. También mi calor, y también el calor de su padre en la tierra, José.

   -  «Pastores acercos a Belén, porque ha nacido el hijo de Dios. Id, no esperéis. Marchad, porque allí ha nacido el redentor, el salvador,  el que tanto esperábais.»  

    Y los pastores con amor y alegría, cogieron su mejor ganado, sus mejores alimentos que guardaban para ellos, para ofrecérselo al Hijo de Dios. 

  -  «Hemos llegado aquí porque cuando estábamos con el ganado pastando, un Angel del Señor nos dijo que había nacido el Salvador. Y aquí estamos. Aquí os traemos todo lo mejor para vuestro hijo.» 

    Sus mejores pieles, todo lo mejor. Lo mejor de todo aquello hijo mío,  no fué lo que llevaban en materia, lo mejor que ofrecieron ante su Redentor fué su corazón.  Fueron por amor.  Fueron con tanto amor, que lo mejor que entregaron en ese momento hijo mío, fué su corazón. 

    Y aquél niño sonreía al ver a tantos, y tantos que iban a visitarlo.  Así nació el Hijo de Dios, el que padeció y murió por vosotros.  Así nació vuestro Maestro hijos míos, el que nunca os ha olvidado. Fué niño, creció y murió su cuerpo, pero su alma permanece siempre al lado de sus hijos. 

    ¡Qué pena que en aquél lugar, donde todo esto ocurrió hijo mío, muchas almas no puedan recordarlo, porque muchos otros se lo impiden. Se lo impide el hombre hijo mío.  Pero allí, en aquélla pequeña cueva están nuestras almas presentes como en aquél día. 

   Quisiera que tú, y todos, formárais parte de aquel nacimiento, porque Él vuelve a nacer y Él llegará en este día a las doce de la noche.  Abrid vuestros corazones, porque Él entrará en vosotros, y nacerá en vosotros. Él y una llama de Amor inmensa.

    Quisiera que vosotros le recordárais en este día, aunque solo fuera poco tiempo, porque en este día muchos recordarán el día que es como fiesta, no como alegría.

   Yo sigo estando triste, y alegre a la vez hijo mío, porque mi Hijo volverá a nacer entre los hombres creando en ellos el Amor, la Paz y la Felicidad que entre ellos se quitan. 

   Como tú, y muchos, me acompañáis en mi sufrimiento, quiero que tú, y muchos, y todos, me acompañen en ésta, mi alegría, porque hoy nació el Hijo de Dios.   Nació entre los hombres y mientras Él crecía muchos se iban muriendo ya, por Su Nombre. ¡Cuánto se sufrió hijo mío, cuando Él nació!  

   Pero todo eso ya estaba dicho por el Padre. Él junto a Mí y junto a su padre en la tierra, José, se llenó de alegría hijo mío. Y tengo que decir como madre, que muchas veces siendo niño, nos hizo ver muchas cosas que muchos niños no pueden hacer ver. 

   Siendo niño nos hizo aprender muchas cosas, porque para eso Él había venido.  ¡Alegraos vosotros también en este día!, porque Yo, vuestra Madre, también estoy contenta.  Adiós hijos míos.                             

PUBLICO: Adiós Madre.

El Hermano: Adiós hermanos.              

PUBLICO: Adiós Hermano.

Padre Eterno:  Adiós hijos.                  

PUBLICO: Adiós Padre.    

El Hermano: Que la Paz del Señor-Yahvé, y la fuerza del príncipe de las almas quede con todos vosotros.   

PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano

El Hermano:
Ave María Purísima                

PUBLICO: Sin pecado concebida.

El Hermano:
   Nació en lo más pobre, en lo más sencillo y en lo más humilde.  Es un Rey, pero su Reino estaba en la sencillez y en la humildad.  En todo lo pobre, en lo más simple.  Él no nació en lo más poderoso, ni en palcios.

   Nació en un pequeño pesebre porque Su Tesoro  y Su Riqueza, y Su Reinado estaba en vostros,  vuestros antepasados de entonces..., en sus corazones. ¡Marán matán!  ¡Alabado sea el Señor que ha nacido otra vez!. 

Adiós hermanos. 

PUBLICO: Adiós Hermano.__

  -  La Natividad del Señor - mensaje 24.12.1990 
  - 
El nacimiento de Jesús - mensaje 24.12.1988
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Lun, 18 de Dic, 2006 9:54 pm

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88-12-24 "¡He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra! ... A estas palabras el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, entró en el vientre de...
gabriel
cielos_y_tie...
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3 de Ene, 2007
8:24 am
Avanzado

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