Entrar
¿Usuario nuevo? Regístrate
aldeaglobal · LA ALDEA GLOBAL: Utopia , globalización.
? ¿Ya estás suscrito? Entrar en Yahoo!

Consejos de Yahoo! Grupos

¿Sabías que...?
Puedes buscar mensajes antiguos en un grupo.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
reflexiones sobre la UTOPIA y la ALDEA GLOBAL   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #209 de 1744 |
"La utopía ha perdido su inocencia"
Entrevista a Peter Sloterdijk
Por FABRICE ZIMMER
(*)-------------------------------------------------------------------

Fabrice Zimmer: ¿Cómo interpreta usted el hecho de que se vuelva otra
vez a
hablar de utopía?

Peter SLOTERDIJK: Debo confesar que me he sentido bastante
sorprendido al
ver, en las librerías de París, la cantidad de nuevas obras sobre el
tema.
Ahora bien, la vida temática de una sociedad es un síntoma importante
de su
estado. En los temas que se propone una sociedad se expresan lo que
Ernst
Bloch denominaba "sueños despiertos", ¿De qué se trata, pues? ¿De un
ritual
de adiós? ¿De una renovación? Para empezar recordaría que la utopía
fue en
principio un género literario, una forma de apropiarse de lo lejano.
Y ese
modo de apropiación de un mundo lejano fue la manera como los
europeos,
alrededor de los siglos XVI y XVII efectuaron lo que Carl Schmitt
denominó
su Weltnahme su "toma del mundo". La utopía fue la forma mental,
literaria y
retórica de un cierto colonialismo occidental imaginario: nos ha
servido a
la vez para proyectar la realidad exterior de nuestra sociedad sobre
nuestro
imaginario y para exteriorizar nuestros sueños interiores sobre
lugares
alejados. En este sentido constituye un elemento esencial de
nuestra "toma
del mundo" - por "nuestra" entiendo la de Occidente; es un "nuestro"
local,
no un "nuestro" afirmativo.
Es, pues, interesante preguntarse como una noción tal pudo salir de la
retórica para entrar en el lenguaje corriente, y, también,
naturalmente, en
que condiciones ha podido asumir un significado positivo; por qué
hemos
acabado adoptando con tal propósito un nuevo juego de lenguaje.
Porque hace
todavía veinte años, la utopía representaba una noción muy
problemática: a
ojos de las clases medias, burguesas o conservadoras, la palabra
contenía
sobretodo el reproche de haber faltado al respecto a la "realidad".
Pero hoy
tiene, más bien, la tonalidad positiva de eso que antes expresaba la
palabra
"sueño".
Personalmente, pienso que el uso contemporáneo del término "utopía"
refleja,
de entrada, el éxito social del psicoanálisis. Hacia el fin de su
vida,
Ernst Bloch, que contribuyó mucho en la carrera "hacia lo alto" del
término
decía, por su parte, que si el concepto de utopía había dejado de
constituir
un reproche o un insulto, era debido al hecho que él había
reconstituido el
trabajo del sueño colectivo del género humano a través de esta
categoría.
Bloch distinguía entre por una parte los sueños nocturnos, los sueños
regresivos, los sueños que no llevan a ningún sitio; y por otra, los
sueños
que tienen razón. En él, la antítesis realidad-irrealidad se ve, pues,
reemplazada por un campo tripolar donde surgía un valor intermedio
que se
inserta entre lo real y lo irreal. Ese valor intermedio es lo que él
llamaba
la "tendencia" y Popper la "propensión": hay irrealidades portadoras
de
realidades; y en el soñar despierto, que es el que nos conduce al
porvenir,
se puede ya esbozar lo que pude acontecer.

Fabrice Zimmer: Acaba usted de hacer en cierta manera la arqueología
de la
noción actual de utopía Pero, hoy, para retomar sus palabras, ¿nos
hallamos
en presencia de un resurgimiento verdadero de dicha noción o de una
constatación disimulada de su muerte, de un ritual de adiós?

Peter SLOTERDIJK: El nuevo discurso sobre la utopía me parece que
refleja
también un cambio importante que se ha producido en el interior de la
comunidad psicoanalítica o de la que se interesa por la psicología
llamada
"de las profundidades": nos comenzamos a dar cuenta de que,
finalmente, no
es el inconsciente quien va a salvarnos. Ésta ha sido, en efecto, una
de las
grandes utopías de nuestro siglo, pensar que el descenso a los
infiernos de
nuestros deseos escondidos podría liberar un flujo de energías
productivas
que nos llevaría hacia un porvenir más claro. Pero, ahora, nos parece
que
más bien es necesario esforzarse por crearse un inconsciente a la
altura de
nuestras preguntas. Porque la banalidad de nuestro inconsciente es tan
evidente y la esterilidad del tipo de sueños que gotean de él se ha
vuelto
tan obvia, que necesitamos recurrir a otro mecanismo psicológico
anterior al
psicoanálisis. A partir de entonces se piensa, remontando la evolución
histórica, y se reencuentra la hipnosis. La utopía es, precisamente,
esa
función autohipnótica, a través de la cual el individuo moderno, y
sobre
todo el grupo moderno, reencuentra una motivación, una fuerza
motivadora
universal.

Fabrice Zimmer: Si le he comprendido bien, la utopía actual debe ser
leída,
ante todo, como una voluntad consciente de utopía.

Peter SLOTERDIJK: Eso es. De la misma manera que el psicólogo
pragmatista
americano William James hablaba, a propósito de la fe, de un will to
belive,
de una "voluntad de creer" que ya no es la buena y vieja fe
religiosa, ni el
cinismo estratégico de los ideólogos o de los diseñadores de
publicidad,
sino una nueva sabiduría consistente en gestionar la propia vida
dándonos
cuenta que la reserva de energía e ilusión sobre la que reposamos no
es
infinita, también hemos entrado, por lo que concierne a la utopía y
de una
manera absolutamente lúcida, en el reino de una autohipnosis
consciente. El
inconsciente clásico había sido representado bajo la forma de una
infinita
subjetividad, como una fuente infinita que nos alimentaba de energías
inagotables. Pero ahora descubrimos que ése no es del todo el caso.
Nuestro
tema principal no es el deseo, es la fatiga. Dicho de otra manera, la
finitud del deseo deviene nuestra evidencia primera. Baudelaire, por
lo
demás, había percibido muy bien ese agotamiento des de fines del
siglo XIX:
frente a la antiutopía de nuestra vida cotidiana en las ciudades,
solamente
el arte nos permite escapar a esa situación de fatiga. Ese es el
credo del
intelectual moderno…

Fabrice Zimmer: La utopía, así concebida, difiere profundamente de lo
que
era antes…

Peter SLOTERDIJK: Efectivamente. Es una utopía que ha perdido su
inocencia,
que ha entrado en la época de la psicología reflexionante. Ya no se
opera un
descenso al inconsciente del siglo XIX; se fabrica un inconsciente
artificial para motivarse uno mismo. Se podría casi decir que hay una
especie de nuevo maquinismo humano, porque hemos comprendido que
nuestros
motores habituales no nos proporcionan suficiente energía y como hoy
todos
estamos obligados a mostrar que nuestra máquina gira más deprisa que
las
otras, descubrimos que la utopía puede ser, al mismo tiempo motor y
gasolina
y que nos permite participar, a nuestra manera, en esa carrera a la
felicidad que está en la base de la vida americana desde Jefferson.

Fabrice Zimmer: Se trata, pues, de una utopía en alguna manera,
"construida" …

Peter SLOTERDIJK: Las utopías no emanan ya, en efecto, del interior
de las
personas, sino de fuera de ellas. Este tipo de utopías -si se quiere
mantener el nombre- conduce, por lo demás, a una nueva situación
social, en
que las utopías colectivas se ven reemplazadas por utopías
individuales. Y
la utopía individual tiene otro nombre menos bello pero también muy
eficaz:
el éxito. Es necesario preguntarse si la cuestión de las utopías no es
simplemente más que el seudónimo actual de esa búsqueda radical,
radicalizada, de nuestro tiempo: la caza del éxito. Eso plantea, por
lo
demás, la cuestión crucial de saber que deviene la utopía de la
sociedad
solidaria en una sociedad que, precisamente, se quiere, ahora mismo,
regida
por esa tendencia a la des-solidarización. Porque todo ocurre como si
la
sociedad estuviese cambiando de estado de agregación. Como el agua
que, bajo
el efecto del calor, pasa de hielo a estado líquido y después a
vapor, algo
comparable se produce actualmente en la sociedad: pasando al estado de
evaporación, sus partículas elementales se liberan. Me parece que se
trata
de una tendencia innegable del tiempo presente: los lazos y los
valores se
redefinen hoy en una tendencia a la inestabilidad creciente…

Fabrice Zimmer: Me parece que lo que dice se ejemplifica bastante
bien, en
Francia, en la nueva ruptura que aparece entre quienes han hecho la
elección
de la mundialización neoliberal y tienen éxito en ello, y los otros,
los que
no llegan a hacerse con la nueva idea central de la modernidad.

Peter SLOTERDIJK: No conozco suficientemente bien la situación
francesa como
para incidir en este punto. Pero lo que me dice parece verosímil. En
ese
caso, casi deberíamos concluir que la utopía es el sueño de los
perdedores.
.. Esto sería la traducción de su discurso del resentimiento contra la
"realidad". Dicho esto, si esto es verdad, no habría que reírse de un
discurso tal, sino más bien preguntarse cómo se pueden disminuir los
estragos causados por esas proposiciones aberrantes sobre la
situación del
mundo. Porque no tenemos ninguna garantía de hacer el bien a las
personas
cuando se colabora en su resentimiento. Normalmente, el intelectual
no está
ahí para hacerse cómplice de las máquinas de ilusiones que dan
vueltas a los
individuos. Tiene que haber, teóricamente, algo mejor a hacer contra
la
"realidad". Pero después hemos aprendido algo más sobre la psicología
humana. Si, por lo demás, hubiésemos comprendido que la desnuda
desilusión
no es siempre un medio legítimo de comunicación con quienes tienen
necesidad
de ilusiones, el papel del intelectual habría cambiado hace tiempo. La
estrategia del desvelamiento se habría substituido por una actitud más
terapéutica, apta para no empujar a los perdedores de quienes usted me
hablaba antes a las relaciones malsanas. ¿Qué es finalmente el
fascismo sino
la política del resentimiento en estado puro? Para evitar que se
desarrollen
las corrientes micro y macro fascistas que existen en la sociedad,
sería
necesario que el intelectual se convirtiese a otra manera de hacer y
de
pensar; que acepte su responsabilidad social que consiste en impedir
que los
decepcionados adopten la política de lo peor. Eso es todo lo
contrario a lo
que se ha visto hasta ahora y todavía recientemente en Austria con el
ascenso de Jörg Haider. Hace doce años que voy con regularidad a
Austria y
hace doce años, Heider era no más que un pequeño político de
provincias,
ciertamente elocuente pero tímido, timorato, sin importancia ni
porvenir. Y
fue la izquierda cristiana quien, conduciendo una especie de campaña
electoral permanente contra él, a través de una estrategia
absolutamente
idiota de diabolización, le entregó su energía, fabricó su nuevo
poder. El
ascenso de Haider es, pues, un ascenso irresistible en las
condiciones de la
ingenuidad, pero absolutamente resistible desde el momento en que se
salga
lúcidamente de una lógica maniquea, de una visión paranoica del mundo.

Fabrice Zimmer: Un cambio tal implicaría también una nueva manera de
construir las utopías sociales, ya no, como antes, partiendo de un
sueño
personal que a continuación uno se esfuerza por hacerlo "descender" a
la
realidad; si no intentando hacerlas surgir de abajo, a partir de las
tensiones sociales concretas.

Peter SLOTERDIJK: Efectivamente, si la utopía social se confunde con
la
necesidad de construcción de lazos sociales, con la energía capaz de
garantizar la coherencia del grupo, no veo otro medio, si se elimina
éste,
reactivo, de la paranoia para construir un proyecto común, que hacerlo
surgir de las tensiones de la sociedad. No sé si conoce el hermoso
librito
del ingeniero, utopista y arquitecto americano Buckminster Fuller que
lleva
por título Manual para gestionar la nave espacial Tierra, pero es
exactamente la solución a que llega. Proponía el concepto de una nueva
arquitectura, de un nuevo modelo o de paradigma de coherencia
constructiva a
través de lo que llamaba "tensintegridades", un híbrido construido
por el
elemento tensión y el elemento integridad. Las "tensintegridades" son
arquitecturas en que el conjunto se aguanta por la sinergia de
elementos que
en el fondo no están juntos. Las fuerzas que quieren crear el
hundimiento
del sistema son los que, de alguna manera, lo mantienen en pie.

Fabrice Zimmer: Es una versión positiva de la observación crítica de
Baudrillard según la cual, en la sociedad actual, todo lo que
está "contra"
acaba por asegurar la permanencia del "por".

Peter SLOTERDIJK: En un cierto sentido, sí. Excepto que en lo que
digo no
hay de ninguna manera una noción deceptiva, que era propia de los años
sesenta, según la cual, se haga lo que se haga, siempre se
encuentra "en" el
sistema. Pertenezco a una generación que ha definido la utopía como
lo que
se extrae forzosamente de lo que existe. Era un concepto casi
ontológico de
la utopía. Pero esa actitud conduce directamente al angelismo o la
esquizofrenia. Porque el esquizofrénico es exactamente el que
encuentra en
la imposibilidad de participar. En el esquizofrénico la reflexión y el
sentimiento de no-pertenencia provienen siempre del rechazo a eso que
Cioran
llamaba "la tentación de existir", porque la tentación de existir se
confunde naturalmente también con la tentación de participar. El
esquizofrénico no participa porque su lucidez no le permite entrar en
el
juego. Pero ya no estamos en el tiempo de esa esquizofrenia iluminada:
estaríamos más bien en la de los jugadores. Por primera vez
permitimos a la
realidad de alguna manera hacernos "un hijo por la espalda". Era una
metáfora que, como sabe, gustaba a Deleuze pero me parece
particularmente
exacta: la nueva situación consiste en que, en vez de encerrarnos en
un
rechazo heroico, en la armadura eterna de nuestros principios, de
nuestras
reglas morales, aceptamos desde ahora, constituirnos por la realidad.
Descubrimos, además, que esa realidad no es siempre la violadora que
denunciábamos antaño. No es tan tonta como para eso. Nos acaricia, nos
halaga. Tiene también su ironía. Por lo demás, mientras continuemos
en una
lógica de dos elementos, solamente la ironía podrá salvarnos, porque
en el
ámbito de la proposición, el hecho es que estamos condenados a
escoger entre
un sí o un no. En resumen, estamos perdidos. A la espera de una lógica
formal rigurosa pero de diversos valores, son las modalidades del
espíritu
de humor las únicas que pueden liberarnos de la tentación paranoica de
nuestras opiniones -a menos, naturalmente, que tomemos la opción de
escoger
sistemáticamente la actitud positiva en una lógica bivalente cerrada
y de
disfrutarlo; que no es otra cosa que la definición de sadismo.

(*) Entrevista con Fabrice Zimmer, publicada en Magazine Littéraire,
mayo de
2000.
Traducción del francés de Ramón Alcoberro




Vie, 12 de Abr, 2002 5:57 pm

rplacalatayud
Sin conexión Sin conexión

Reenviar Mensaje #209 de 1744 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

"La utopía ha perdido su inocencia" Entrevista a Peter Sloterdijk Por FABRICE ZIMMER (*)------------------------------------------------------------------- ...
rplacalatayud
Sin conexión
12 de Abr, 2002
6:17 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Actualizada - Condiciones del servicio - Directrices - Ayuda