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Multiculturalismo y liberalismo   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #213 de 1744 |
Constatamos como muchos países modernos parecen estar compuestos de
una pluralidad de grupos (étnicos, religiosos, etc.) que, en
ocasiones, poseen un lenguaje, costumbres, o formas de pensar muy
diferentes entre sí lo cual tiende a generar graves tensiones y
antagonismos sociales. Según Will Kymlicka, por ejemplo,
contemporáneamente existen alrededor de 180 estados independientes, y
en ese número relativamente pequeño de países conviven más de 600
grupos lingüísticos diversos, y más de 5.000 grupos étnicos.

Situaciones de diversidad cultural como la referida nos ayudan
a entender el resurgimiento que se ha producido, en nuestra época, de
movimientos nacionalistas (y de estudios sobre dicha cuestión) que
parecían característicos de épocas ya pasadas. Resulta claro: cuando
las autoridades de un determinado país quieren determinar cuál es la
lengua con la que van a comunicarse, qué es lo que se va a enseñar en
las escuelas públicas, qué tradiciones van a celebrarse públicamente,
cuál va a ser el calendario estatal, entonces se encuentran
enfrentadas, en muchos casos, a la necesidad de realizar opciones
básicas que difícilmente pueden satisfacer a todos los grupos
distintos que conviven en dicha comunidad.

Los estudios vinculados con el «multiculturalismo» procuran
llamar la atención sobre situaciones de diversidad cultural como la
mencionada, y tienden a destacar, habitualmente, las dificultades del
pensamiento liberal para dar cuenta y, sobre todo, dar respuesta
adecuada, a los desafíos a los que se enfrentan estas modernas
sociedades «multiculturales».

Dado el tipo de críticas presentadas por los estudiosos
del «multiculturalismo» frente al liberalismo, muchos tendieron a
establecer una «asociación natural» entre esta línea de
estudios «multiculturales» y el comunitarismo. De hecho, esta
asociación no resulta enteramente arbitrarias dado que muchos autores
habitualmente reconocidos como comunitaristas han aparecido
interesados, personalmente, en la promoción de este tipo de
discusiones. Con independencia de esta cuestión anecdótica, cabe
acotar que comunitaristas y estudiosos del «multiculturalismo»
parecen coincidir en su incomodidad frente a políticas aparentemente
toleradas por el liberalismo, en relación con ciertas minorías
culturales.

El liberalismo resulta criticado por defender, en principio,
una política de inacción estatal frente a la diversidad cultural
distintiva de muchas sociedades modernas: el Estado liberal —según
parece— no debe comprometerse o «tomar partido» por ninguna «minoría =

culturalmente desaventajada». Esta inactividad estatal resulta
criticada por varias razones. Fundamentalmente, dicha neutralidad no
parece genuina cuando tomamos en cuenta el modo en que muchas de
estas minorías culturales han sido (mal)tratadas históricamente:
muchas de las minorías en cuestión han padecido, históricamente,
discriminaciones explícitas o implícitas por parte de la «sociedad
madre» en la que se agrupan. Algunas de ellas, incluso, han sido
víctimas de medidas de asimilación coercitiva a la misma. Frente a la
situación postergada en que han quedado muchos de estos grupos, la
inacción estatal podría verse como un modo de proteger el statu quo
creado por ese mismo Estado que hoy proclama su neutralidad.

Más allá de la polémica anterior (acerca de cómo actuar frente
a las injusticias originadas en el pasado), se encuentra el tema de
qué es lo que debe hacer el Estado para mostrarse respetuoso frente a
este hecho de la «diversidad cultural». En tal sentido, los liberales
se han distinguido por proponer que el Estado restrinja su actividad
a la de garantizar a todos los individuos (cualquiera que sea la
cultura a la que pertenezcan) ciertos derechos humanos básicos. Esta
respuesta, sin embargo, resulta aún poco atractiva para los críticos
del liberalismo: a partir de propuestas como la citada, el
liberalismo muestra su persistente compromiso con una postura
metodológicamente individualista, un compromiso que es visto con
sospecha por quienes defienden un rol activo del Estado en la
fijación de políticas «multiculturales». El citado «individualismo»
es el que lleva a que los liberales den absoluta primacía a los
derechos individuales (frente a eventuales reclamos en nombre de los
derechos de algún grupo); el que los mueve a defender de modo casi
excluyente el ideal de la autonomía personal (por encima de objetivos
tales como el de la protección del «contexto social»); y el que los
lleva a presuponer que los individuos anteceden a cualquier sociedad
o cultura.

Ideas y presupuestos como los anteriores explican por qué los
liberales no reconocen como un problema mayor la decadencia de una
cierta cultura, o el paulatino desvanecimiento de ciertas prácticas o
tradiciones habitualmente consideradas fundamentales respecto de la
identidad de un determinado grupo. Si estas prácticas compartidas
decaen por la propia displicencia de quienes (supuestamente) se
beneficiaban con ellas, luego nos diría un liberal— no se nos puede
exigir la adopción de políticas públicas orientadas a evitar
dicha «caída»: ¿cómo defender el uso de la coerción estatal para
mantener prácticas que los supuestamente interesados en ellas no se
interesan en mantener? Para ilustrar lo dicho con un caso concreto
piénsese, por ejemplo, en la situación de un grupo cuya misma
identidad se muestra asociada con el destino de una determinada
lengua (tómese el caso de Quebec, en Canadá; o el de Cataluña, en
España): ¿podrían tales grupos reclamar medidas especiales para la
protección de dicha lengua, como forma —en última instancia de
preservar la identidad del grupo? Para el liberalismo, en principio,
si la lengua en cuestión es hoy minoritaria, porque los propios
miembros del grupo tienden a comunicarse en otra lengua, entonces no
hay ninguna razón especial para «proteger» dicha lengua minoritaria,
aun ante la hipotética amenaza de su desaparición. En suma, a través
de actitudes como las citadas —su individualismo; su desnuda
suscripción del principio de no discriminación—, el liberalismo
muestra su resistencia a reconocer como válidos aquellos reclamos
hechos en nombre de ciertas minorías desaventajadas.





Jue, 18 de Abr, 2002 11:28 pm

rplacalatayud
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rplacalatayud
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19 de Abr, 2002
12:28 am
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