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> San Josemaría: el santo de lo ordinario
> Juan Pablo II concedió una audiencia en la Plaza de San Pedro a los
> asistentes a la canonización de Josemaría Escrivá. "Se podría
decir -señaló
> el Papa- que fue el santo de lo ordinario".
> Roma, Plaza de San Pedro, 7 de octubre
>
> ¡Queridísimos hermanos y hermanas!:
>
> Con alegría os dirijo mi cordial saludo, en este día que sigue al de la
> canonización del beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Agradezco a S.E.
> Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, las palabras con las que se
> ha hecho intérprete de todos los presentes. Saludo con afecto a los
> numerosos Cardenales, Obispos y sacerdotes que han querido participar en
> esta celebración.
>
> Este encuentro festivo une a una gran variedad de fieles, procedentes de
> muchos países y pertenecientes a los más diversos ambientes sociales y
> culturales: sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos,
> intelectuales y trabajadores manuales. Es éste un signo del celo
apostólico
> que ardía en el alma de San Josemaría.
>
> En el Fundador del Opus Dei destaca el amor a la voluntad de Dios. Existe
> un criterio seguro de santidad: la fidelidad en el cumplimiento de la
> voluntad divina hasta las últimas consecuencias. El Señor tiene un
proyecto
> para cada uno de nosotros, a cada uno confía una misión en la tierra. El
> santo no consigue ni siquiera imaginarse a sí mismo al margen del designio
> de Dios: vive sólo para realizarlo.
>
> San Josemaría fue escogido por el Señor para anunciar la llamada universal
> a la santidad y para indicar que las actividades comunes que componen la
> vida de todos los días son camino de santificación. Se podría decir que
fue
> el santo de lo ordinario. En efecto, estaba convencido de que, para quien
> vive en una perspectiva de fe, todo es ocasión de encuentro con Dios, todo
> es estímulo para la oración. Vista de este modo, la vida cotidiana revela
> una grandeza insospechada. La santidad aparece verdaderamente al alcance
de
> todos.
>
> Escrivá de Balaguer fue un santo de gran humanidad. Todos los que lo
> trataron, de cualquier cultura o condición social, lo sintieron como un
> padre, entregado totalmente al servicio de los demás, porque estaba
> convencido de que cada alma es un tesoro maravilloso; en efecto, cada
> hombre vale toda la Sangre de Cristo. Esta actitud de servicio es patente
> en su entrega al ministerio sacerdotal y en la magnanimidad con la cual
> impulsó tantas obras de evangelización y de promoción humana en favor de
> los más pobres.
>
> El Señor le hizo entender profundamente el don de nuestra filiación
divina.
> Él enseñó a contemplar el rostro tierno de un Padre en el Dios que nos
> habla a través de las más diversas visicitudes de la vida. Un Padre que
nos
> ama, que nos sigue paso a paso y nos protege, nos comprende y espera de
> cada uno de nosotros la respuesta del amor. La consideración de esta
> presencia paterna, que lo acompaña a todas partes, le da al cristiano una
> confianza inquebrantable; en todo momento debe confiar en el Padre
> celestial. Nunca se siente solo ni tiene miedo. En la Cruz -cuando se
> presenta - no ve un castigo sino una misión confiada por el mismo Señor.
El
> cristiano es necesariamente optimista, porque sabe que es hijo de Dios en
> Cristo.
>
> San Josemaría estaba profundamente convencido de que la vida cristiana
> implica una misión y un apostolado, de que estamos en el mundo para
> salvarlo con Cristo. Amaba el mundo apasionadamente, con "amor redentor"
> (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 604). Por eso sus enseñanzas han
> ayudado a tantos cristianos corrientes a descubrir el poder redentor de la
> fe, su capacidad de transformar la tierra.
> Éste es un mensaje que tiene abundantes y fructuosas implicaciones para la
> misión evangelizadora de la Iglesia.
>
> Promueve la cristianización del mundo "desde dentro", mostrando que no
> puede haber conflicto entre la ley divina y las exigencias del genuino
> progreso humano. Este santo sacerdote enseñó que Cristo ha de ser el ápice
> de toda actividad humana (cf Jn 12,32). Su mensaje mueve al cristiano a
> actuar en los lugares en los que se modela el futuro de la sociedad. De la
> presencia activa del laico en todas las profesiones y en las fronteras más
> avanzadas del desarrollo ha de derivar forzosamente una contribución
> positiva al fortalecimiento de esa armonía entre fe y cultura de que tan
> necesitado está nuestro tiempo.
>
> San Josemaría Escrivá ha gastado su vida en servicio de la Iglesia. Los
> sacerdotes, los laicos que siguen los más diversos caminos, los religiosos
> y las religiosas encuentran en sus escritos una fuente estimulante de
> inspiración. Queridos hermanos y hermanas, al imitarle con apertura de
> espíritu y de corazón, dispuestos a servir a las Iglesias locales, estáis
> contribuyendo a dar fuerza a la "espiritualidad de comunión", indicada en
> la Carta apostólica Novo millennio ineunte como uno de los objetivos más
> importantes para nuestro tiempo.
>
> Me es grato terminar con una referencia a la fiesta litúrgica de hoy,
> Nuestra Señora del Rosario. San Josemaría escribió un hermoso libro
> titulado Santo Rosario que se inspira en la infancia espiritual,
> disposición de espíritu propia de quienes quieren llegar a un total
> abandono en la voluntad divina. De todo corazón confío a la protección
> maternal de María a todos vosotros, con vuestras familias y vuestros
> apostolados, y os agradezco vuestra presencia.
>
> Doy las gracias de nuevo a todos los presentes, especialmente a los que
han
> venido de lejos. Os invito, queridísimos hermanos y hermanas, a llevar a
> todas partes un claro testimonio de fe, según el ejemplo y las enseñanzas
> de vuestro santo Fundador. Os acompaño con mi oración y de todo corazón os
> bendigo, así como a vuestras familias y vuestras actividades.
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Mié, 9 de Oct, 2002 5:26 pm
"Trinidad Arboleda" <trini.arbocaj@...>
trini.arbocaj@...
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