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Homilia del prelado del Opus Dei en Misa de acción de Gracias a la   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #438 de 1744 |



> Un desafío para el siglo XXI
> Homilía de mons. Javier Echevarría en la misa de acción de gracias por la
> canonización de Josemaría Escrivá. "Si el siglo XX -dijo- ha sido testigo
> del redescubrimiento de la llamada universal a la santidad, el siglo que
> estamos recorriendo ha de caracterizarse por una más efectiva y extensa
> puesta en práctica de esa enseñanza".
> Roma, Plaza de San Pedro, 7 de octubre de 2002
>
> Laudate Dominum omnes gentes (Sal 116 [117] 1), alabad al Señor todas las
> gentes. La invitación del Salmo responsorial, que ha resonado hace unos
> momentos, constituye un buen resumen de los sentimientos que se desbordan
> hoy de nuestro corazón: Deo omnis gloria!, para Dios toda la gloria.
> Queremos adorar al Dios tres veces Santo y darle gracias por el don con
que
> ha enriquecido a la Iglesia y al mundo: la canonización de Josemaría
> Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador del Opus Dei, realizada ayer por
> nuestro amadísimo Papa Juan Pablo II.
>
> Nuestra gratitud se dirige también al Santo Padre, que ha dado
cumplimiento
> a este designio de la Trinidad: mientras nos disponemos a elevar nuestra
> plegaria al Cielo, confiamos al Señor su Augusta Persona y sus
intenciones.
> Sabemos que esta súplica agradará mucho a san Josemaría, que amó con toda
> su alma al Vicario de Cristo en la tierra, hasta el punto de no separar
> nunca ese amor al Papa del que profesaba a Jesucristo y a su Madre
bendita.
> En efecto, desde el mismo instante en que el Señor irrumpió en su alma con
> los primeros barruntos del Opus Dei, que entonces aún no conocía, comenzó
a
> rezar y a trabajar para hacer realidad el clamor que brotaba de su
corazón:
> Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, todos, con Pedro, a Jesús por María.
>
>
> Todos los participantes en esta Santa Misa, y las innumerables personas
> unidas espiritualmente a nosotros en el mundo entero, nos reconocemos
> gustosamente deudores del nuevo santo que Dios ha concedido a la Iglesia.
> Muchos de nosotros hemos obtenido por su intercesión gracias y favores de
> todo tipo. No pocos nos esforzamos por seguir sus pasos de fidelidad al
> Señor en la tierra, tratando de reproducir en nuestras almas el espíritu
> que él encarnó. A todos, san Josemaría nos ha mostrado -con su ejemplo y
> con sus enseñanzas- un modo bien concreto de recorrer la senda de la
> vocación cristiana, que tiene como meta la santidad. Por esto, la
> canonización del fundador del Opus Dei asume los rasgos característicos de
> una fiesta: la fiesta de esta gran familia de Dios, que es la Iglesia. Por
> todo esto queremos dar gracias al Señor en esta celebración eucarística.
>
> No han transcurrido cuarenta años desde que el Concilio Vaticano II
> proclamó la llamada universal a la santidad y al apostolado pero queda aún
> mucho camino por recorrer, hasta que esa verdad llegue efectivamente a
> iluminar y a guiar los pasos de los hombres y las mujeres de la tierra. Lo
> ha recordado explícitamente el Romano Pontífice, en su Carta apostólica
> Novo Millennio ineunte, al proponer esa doctrina como «fundamento de la
> programación pastoral que nos atañe al inicio del nuevo milenio» (NMI 31).
>
>
> Todos en la Iglesia, cada Pastor y cada fiel, estamos llamados a
> comprometernos personalmente en la búsqueda diaria de la santidad personal
> y a participar -también personalmente- en el cumplimiento de la misión que
> Cristo nos ha confiado. Si el siglo XX ha sido testigo del
> "redescubrimiento" de esa llamada universal -que estaba contenida en el
> Evangelio desde el principio, y de la que san Josemaría Escrivá fue
> constituido heraldo por la personal vocación divina recibida-, el siglo
que
> estamos recorriendo ha de caracterizarse por una más efectiva y extensa
> puesta en práctica de esa enseñanza. He aquí uno de los grandes desafíos
> que el Espíritu lanza a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
>
> San Josemaría Escrivá procuró despertar esta urgencia de santidad en todos
> los hombres. El hecho de que su canonización haya tenido lugar en los
> albores del nuevo siglo, resulta particularmente significativo. Su mensaje
> resuena con especial fuerza en los momentos actuales: «Hemos venido a
> decir, con la humildad de quien se sabe pecador y poca cosa -homo peccator
> su (Lc 5, 8), decimos con Pedro-, pero con la fe de quien se deja guiar
por
> la mano de Dios, que la santidad no es cosa para privilegiados: que a
todos
> nos llama el Señor, que de todos espera Amor: de todos, estén donde estén;
> de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio. Porque
> esa vida corriente, ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de
santidad:
> no es necesario abandonar el propio estado en el mundo, para buscar a
Dios,
> si el Señor no da a un alma la vocación religiosa, ya que todos los
caminos
> de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo» (Carta
> 24-III-1930, n. 2).
>
> En todo instante -como aconsejaba el nuevo Santo ya desde los años 30- hay
> que buscar al Señor, encontrarle y amarle. Sólo si nos esforzamos día tras
> día en recorrer estas tres etapas, llegaremos a la plena identificación
con
> Cristo: a ser alter Christus, ipse Christus. «Quizá comprendéis -os repito
> con sus palabras- que estáis como en la primera etapa. Buscadlo con hambre
> (...). Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis
> encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener
vuestra
> conversación en los cielos (cfr. Flp 3, 20)» (Amigos de Dios, n. 300).
>
> A Jesús le encontramos en la oración, en la Eucaristía y en los demás
> sacramentos de la Iglesia; pero también en el cumplimiento fiel y amoroso
> de los deberes familiares, profesionales y sociales propios de cada uno.
Se
> trata en verdad de un objetivo arduo, que sólo al final del peregrinar
> terreno podremos alcanzar plenamente. «Pero no me perdáis de vista que el
> santo no nace: se forja en el continuo juego de la gracia divina y de la
> correspondencia humana». Así exhortaba San Josemaría en una de sus
> homilías; y añadía: «Por eso te digo que, si deseas portarte como un
> cristiano consecuente (...), has de poner un cuidado extremo en los
> detalles más nimios, porque la santidad que Nuestro Señor te exige se
> alcanza cumpliendo con amor de Dios el trabajo, las obligaciones de cada
> día, que casi siempre se componen de realidades menudas» (Ibid., n. 7).
>
> Santificar el trabajo. Santificarse con el trabajo. Santificar a los demás
> con el trabajo. En esta frase gráfica resumía el Fundador del Opus Dei el
> núcleo del mensaje que Dios le había confiado, para recordarlo a los
> cristianos. El empeño por alcanzar la santidad se halla inseparablemente
> unido a la santificación de la propia tarea profesional -realizada con
> perfección humana y rectitud de intención, con espíritu de servicio- y a
la
> santificación de los demás. No es posible desentenderse de los hermanos,
de
> sus necesidades materiales y espirituales, si se quiere caminar en pos del
> Señor. «Nuestra vocación de hijos de Dios, en medio del mundo, nos exige
> que no busquemos solamente nuestra santidad personal, sino que vayamos por
> los senderos de la tierra, para convertirlos en trochas que, a través de
> los obstáculos, lleven las almas al Señor; que tomemos parte como
> ciudadanos corrientes en todas las actividades temporales, para ser
> levadura (cfr. Mt 13, 33) que ha de informar la masa entera» (Es Cristo
que
> pasa, n. 120).
>
> La Providencia divina ha dispuesto que la trayectoria terrena de san
> Josemaría Escrivá tuviese lugar en el siglo XX, tiempo que ha presenciado
> enormes desarrollos de la ciencia y de la técnica, que no siempre, por
> desgracia, han estado al servicio del hombre. En efecto, es preciso
> reconocer que, junto a logros admirables del espíritu humano, en este
> tiempo nuestro abundan los torrentes de aguas amargas, que tratan
> inútilmente de apagar la sed de felicidad de los corazones. Pero también
es
> cierto -como escribió mons. Álvaro del Portillo- que, con el mensaje
> espiritual del nuevo Santo, «todas las profesiones, todos los ambientes,
> todas las situaciones sociales honradas (...) han quedado removidas por
los
> Ángeles de Dios, como las aguas de aquella piscina probática recordada en
> el Evangelio (cfr. Jn 5, 2 y ss), y han adquirido fuerza medicinal» (Carta
> pastoral, 30-IX-1975, n. 20).
>
> Al recordar al primer sucesor de nuestro Padre, a don Álvaro del Portillo,
> sentimos muy cerca su presencia espiritual en estos momentos. Con él
> podemos afirmar, llenos de agradecimiento a Dios, que gracias a la
doctrina
> y al espíritu del fundador del Opus Dei, «hasta de las piedras más áridas
e
> insospechadas han brotado torrentes medicinales. El trabajo humano bien
> terminado se ha hecho colirio, para descubrir a Dios en todas las
> circunstancias de la vida, en todas las cosas. Y ha ocurrido precisamente
> en nuestro tiempo, cuando el materialismo se empeña en convertir el
trabajo
> en un barro que ciega a los hombres, y les impide mirar a Dios» (Ibid.).
>
> Saludo a quienes habéis acudido a Roma desde países de lengua inglesa,
para
> asistir a la canonización de San Josemaría Escrivá. Al regresar a vuestros
> hogares, llevad con vosotros y tratad de poner en práctica las enseñanzas
> del nuevo Santo. Pedid a San Josemaría que os enseñe a convertir la prosa
> diaria -las situaciones más comunes- en versos de poema heroico: en afanes
> y realidades de santidad y de apostolado.
>
> A los que procedéis de países de lengua francesa, os recuerdo la
> importancia de colaborar en la misión apostólica de la Iglesia, que es
> deber de todo cristiano, procurando fecundar con el espíritu del Evangelio
> las artes y las letras, las ciencias y la técnica. Pedid la intercesión de
> San Josemaría, para llevar a la práctica aquella aspiración que Dios mismo
> grabó en su alma: poner a Cristo -con nuestro trabajo, sea el que sea- en
> la cumbre de todas las actividades humanas.
>
> Hoy la Iglesia venera a la Virgen Santísima con la advocación de Nuestra
> Señora del Rosario. Me da alegría pensar que la canonización de nuestro
> Fundador ha tenido lugar en la víspera de una fiesta de Santa María; esta
> coincidencia es como un signo más de su cariñosa asistencia de Madre. A su
> mediación materna acudimos, llenos de confianza, al tiempo que renovamos
> nuestro agradecimiento al Señor por esta canonización. Deo omnis gloria!,
> repito una vez más, mientras pedimos que se difunda entre los cristianos,
> cada día con más fuerza, el deseo de santidad personal y de apostolado en
> las circunstancias de la vida ordinaria. Así sea.





Mié, 9 de Oct, 2002 5:28 pm

trini.arbocaj@...
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... que ... cumplimiento ... intenciones. ... bendita. ... a ... que ... por ... todos ... Dios, ... caminos ... con ... vuestra ... Se ... la ... de ... que ...
Trinidad Arboleda
trini.arbocaj@...
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9 de Oct, 2002
5:33 pm
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