SÉPTIMO DÍA
6 DE DICIEMBRE
María, primera en oír
la palabra de Dios y guardarla
Oración
Oh Dios,
que enviaste a tu Hijo,
palabra de salvación y pan de vida,
desde el cielo al seno de la Santa Virgen,
concédenos recibir a Cristo como ella,
conservando sus palabras en el corazón
y celebrando con fe sus misterios.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Lectura Bíblica Lucas 11:27-28
Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre y
dijo: "Dichoso el seno que te llevó y los pechos que amamantaste". Pero Él dijo:
"Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan".
Consideración49
El evangelio de Lucas recoge el momento en el que "alzó la voz una mujer de
entre la gente, y dijo, dirigiéndose a Jesús: "¡Dichoso el seno que te llevó y
los pechos que te criaron!" (Lucas 11, 27). Estas palabras constituían una
alabanza para María como madre de Jesús, según la carne.
Pero a la bendición proclamada por aquella mujer respecto a su madre según la
carne, Jesús responde de manera significativa: "Dichosos más bien los que oyen
la Palabra de Dios y la guardan" (cf. Lucas 11, 28). Quiere quitar la atención
de la maternidad entendida sólo como un vínculo de la carne, para orientarla
hacia aquel misterioso vínculo del espíritu, que se forma en la escucha y en la
observancia de la palabra de Dios.
Sin lugar a dudas, María es digna de bendición por el hecho de haber sido para
Jesús Madre según la carne ("¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te
criaron!"), pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación
ha acogido la palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios,
porque "guardaba" la palabra y "la conservaba cuidadosamente en su corazón"
(cf. Lucas 1, 38. 45; 2, 19. 51) y la cumplía totalmente en su vida. Podemos
afirmar, por lo tanto, que el elogio pronunciado por Jesús no se contrapone, a
pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida, sino que viene
a coincidir con ella en la persona de esta Madre-Virgen, que se ha llamado
solamente "esclava del Señor" (Lucas 1, 38).
Si por medio de la fe María se ha convertido en la Madre del Hijo que le ha sido
dado por el Padre con el poder del Espíritu Santo, conservando íntegra su
virginidad, en la misma fe ha descubierto y acogido la otra dimensión de la
maternidad, revelada por Jesús durante su misión mesiánica.
Se puede afirmar que esta dimensión de la maternidad pertenece a María desde el
comienzo, o sea desde el momento de la concepción y del nacimiento del Hijo.
Desde entonces era "la que ha creído".
. María madre se convertía así, en cierto sentido, en la primera "discípula" de
su Hijo, la primera a la cual parecía decir: "Sígueme" antes aún de dirigir esa
llamada a los apóstoles o a cualquier otra persona (cf. Juan 1, 43).
Para concluir, se puede rezar el Rosario y la Letanía Lauretana o la siguiente
oración :
Oración
Oh Dios,
que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María
preparaste a tu Hijo una digna morada,
y en previsión de la muerte de tu Hijo
la preservaste de todo pecado,
concédenos por su intercesión
llegar a ti limpios de todas nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo.
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