La advocación de la Virgen del Carmen nos trae a la memoria la costumbre de tener impuesto el escapulario de Nuestra Señora del Carmen y de usarlo habitualmente. Sabéis que se puede cambiar por una medallita con la efigie de la Virgen por un lado y el Sagrado Corazón por el otro. Con tanto "piercing" y tanto tatuaje, ¿por qué tener vergüenza de llevar con nosotros un signo de amor a Nuestra Madre?