Santa BernardetteSoubirous ____________________________________________
Documento impresionante de santidad
El 16 de Abril celebramos la fiesta de Santa Bernardita Soubirous, la joven y humilde pastorcita, a quien la Santísima Virgen se le apareció en Lourdes en 1958; murió el 16 de Abril de 1879 a los 35 años de edad.
Treinta años después, el 22 de Septiembre de 1909, levantaron los restos, en vista al proceso de beatificación diocesano, con la increible e impresionante sorpresa de que se encontraba totalmente incorrupta; su rosario estaba oxidado y el hábito húmedo.
Fué desenterrada otra vez el 18 de Abril de 1925, poco antes de su beatificación: el cuerpo de Santa Bernardita continuaba en perfecto estado de conservación. Hubo otro reconocimiento en vista de su canonización, (el 8 de Diciembre de 1933 por S. S. Pio XI.), su piel dura, pero intacta, mantenía aún su color; y continuaba fresca... ¡COMO SI ESTUVIERA DORMIDA!
La Iglesia decidió ponerla en una urna de cristal en Lourdes para la veneración de todos los fieles que allí acuden. Este año Santa Bernardita habría cumplido 160 años de edad.
UN DOCUMENTO IMPRESIONANTE
A Santa Bernardette se la puede ver incorrupta en su capilla, en Nevers, dentro de un féretro de cristal. Su dulzura y paz aún toca los corazones de los que la visitan.
En agradecimiento a Juan Pablo II.
Llevaba año y medio de sacerdote, cuando fue elegido Papa Juan
Pablo II. Eso significa que la mayor parte de mi vida sacerdotal ha
sido en su papado. Si en un primer momento aún teníamos predilección
por el Papa Pablo VI, ha sido Juan Pablo II, quien ha marcado
nuestro itinerario pastoral.
Por eso en la noche del sábado 2 de abril cuando oí la noticia, la
sensación fue que alguien cercano en la Fe había muerto. Su
enfermedad había coincidido en los últimos días con la Semana Santa
ello supuso signos de penetrante elocuencia, parecía que el Papa
enfermo repetía los últimos momentos de Cristo, su enfermedad como
un Via Crucis, previo a la Pascua, hizo que aquella noche también
fuera como una Pascua, el paso que hizo el Papa al cruzar
el "Umbral de la plena esperanza cristiana a la Vida Eterna.
Juan Pablo II nos ha hablado de muchas maneras. Con encíclicas,
homilías, discursos, cartas y libros. De palabra, por escrito, con
imágenes. Ha empleado también el lenguaje de los símbolos, con
gestos elocuentes, cargados de sentido.
Dos detalles del día de su muerte son altamente simbólicos.
Murió Juan Pablo II en sábado, pero dentro del espacio litúrgico
dedicado a la Divina Misericordia (las fiestas litúrgicas comienzan
el día anterior), y sobre misericordia habló en su último mensaje.
Una Misericordia Divina al alcance de todos, que sólo exige por
parte del hombre: aceptar la salvación de Cristo y vivir en ella y
desde ella.
Y murió en vísperas del Día del Niño por Nacer, ese nuevo día de la
Iglesia ante la Cultura de la Muerte, que se celebra nueve meses
antes de Navidad. Ocurre que este año el 25 de marzo era Viernes
Santo, y se ha dejado pasar la Octava de Pascua, para que el 4 de
abril se convirtiera en la Anunciación, jornada del Niño Por Nacer.
Digo esto por dos razones: porque la Iglesia de Juan Pablo II tiene
especial interés en refrendar la "Humanae Vitae" de Pablo VI: la
persona, la vida humana, comienza con la concepción. Una idea
sencilla y enorme... que muchos llevan lustros negando. Y en esa
línea parece existir un empeño en reescribir la biografía de Juan
Pablo II, cuando aún no le han enterrado. Así, se presenta a Juan
Pablo II como el Papa del diálogo y el pluralismo. Y no es así. Juan
Pablo II era un defensor de la vida del más débil, especialmente de
niños y ancianos, y se hartó de calificar al no nacido como la
persona más indefensa de todas. Juan Pablo II era un defensor del
respeto a todas las personas, pero también a la familia, a la única
familia existente, que es la familia natural. Y era, también, un
hombre muy comprometido con la justicia social, que es mucho más que
diálogo social, dado que, por lo general, el rico sólo afloja el
bolsillo cuando se le obliga a compartir.
Teología del cuerpo y teología social: esa fueron sus dos grandes
realizaciones doctrinales y filosóficas.
Juan Pablo II se ha caracterizado por sus muchas cualidades y
facetas, y no faltarán en estas horas quienes enaltezcan su papel en
la historia de la Iglesia y de la humanidad, sus virtudes humanas y
sobrenaturales, sus talentos. Para mí como para innumerables hombres
y mujeres en todo el mundo, el Papa ha sido, antes que nada, un
pastor. En su persona hemos experimentado que la Iglesia está unida
por los lazos de comunión propios de una familia; que el Papa es un
pastor para los católicos de los más diversos países, que es
principio y fundamento de unidad en la Iglesia, fuente de
fraternidad entre todos los hombres, promotor de la paz.
No es atrevido decir que Juan Pablo II ha representado de modo
excelso el papel principal de su vida, el papel de pastor, la
función de vicario de Cristo.
Vicario de Cristo con una plena entrega. Juan Pablo II ha repetido
con frecuencia, también cuando le pedían que no se gastara tanto
físicamente, estas palabras: "Después de un Papa viene otro". Pienso
que esa expresión manifestaba su conciencia de estar de paso en este
mundo, como todos estamos de paso, pero también su certeza de no
haber sido puesto por el Espíritu Santo en la sede de Pedro para ser
aclamado como hombre, sino para esforzarse en que los hombres den
gloria a Dios (Para que viendo vuestras obras alaben al Padre
celstial, nos dice Jesús).
Los últimos momentos de presencia terrenal del Santo Padre fueron
también de presencia sacramental de Cristo. Sobre las ocho, monseñor
Estanislao Dziwisz celebró la Misa del Domingo de la Misericordia.
¿Hay alguna palabra más consoladora que se pueda pronunciar junto al
lecho de muerte de una persona amada? La misericordia de Dios Padre,
que siempre te ha acompañado, te espera en el cielo, morada
definitiva del Amor.
Y en la Plaza de San Pedro y en el mundo los creyentes orando por el
Papa. Sólo la Providencia de Dios, rico en misericordia, puede
reunir la oración de miles de hijos por su pastor. Y en esta oración
no estaba ausente la Virgen María, a la que el Papa tenia una
predilección especial.
Todas esas circunstancias nos interpelan, no sólo con el lenguaje de
las palabras, también con la expresividad de las emociones, y la
belleza de los símbolos.
La liturgia que se celebró en las exequias de Juan Pablo II trae a
nuestros labios una hermosa oración del prefacio de la misa de
difuntos, que nos confirma en "la esperanza de nuestra feliz
resurrección". ¡Con qué claridad sentimos ahora que, "aunque la
certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la
futura inmortalidad! porque sabemos que "la vida de los que en Ti
creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra
morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo!".
Rafael Pla Calatayud
http://es.geocities.com/betaniajerusalen
Evangelio: Lc 24, 13-35 Ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido. Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle. Y les dijo: —¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino? Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Él les dijo: —¿Qué ha pasado? Y le contestaron: —Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo: cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, como no encontraron su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, que les dijeron que está vivo. Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron. Entonces Jesús les dijo: —¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Pero le retuvieron diciéndole: —Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está ya anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos. Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Y se dijeron uno a otro: —¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, que decían: —El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón. Y ellos se pusieron a contar lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan.
Vida de fe
En distintos momentos advierte Jesús que aceptar su doctrina reclama la virtud de la fe por parte de sus discípulos. Lo recuerda de modo especial a sus Apóstoles; a aquellos que escogió para que, siguiéndole más de cerca todos los días, vivieran para difundir su doctrina. Serían responsables de esa tarea, de modo especial, a partir de su Ascensión a los cielos, a partir del momento en que ya no le vería la gente, ni ellos contarían con su presencia física, ni con sus palabras, ni con la fuerza persuasiva de sus milagros.
Metidos de lleno en la Pascua, tiempo de alegría porque consideramos la vida gloriosa a la que Dios nos ha destinado, meditamos en la virtud de la fe. Le decimos al Señor como los Apóstoles: auméntanos la fe, concédenos un convencimiento firme, inmutable de tu presencia entre nosotros y, por ello, de tu victoria, por el auxilio que nos has prometido. Que nos apoyemos en tu palabra, Señor, ya que son las tuyas palabras de vida eterna, como declaró Pedro, la cabeza de los Apóstoles, cuando bastantes dudaron y se alejaron: ¿A quién iremos? –afirmó, en cambio, el Príncipe de los Apóstoles– Tú tienes palabras de vida eterna.
A poco de haber convivido con Jesús, todos comprendían que merecía un asentimiento de fe. Si tuvierais fe... Creed..., les animaba el Señor. Era necesario, sin embargo, afirmar su enseñanza expresamente, recordarla y establecerla como criterio básico de comportamiento. Era fundamental tener muy claro que si podían estar seguros, al declarar una doctrina infalible e inefable, era por ser doctrina de Jesucristo: el Hijo de Dios encarnado.
Todos fueron testigos de los mismos milagros y escucharon las mismas palabras, con idéntica autoridad, con el mismo afán de entrega por todos; y, sin embargo, solamente Pedro es capaz de confesar expresamente la fe que Jesús merece: ¿A quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Lo que es de Dios, es para siempre: el Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, nos confirmó.
Queremos tener un convencimiento como el que espera Jesús, como ese que echa de menos en los dos Apóstoles que hoy nos presenta san Lucas, desencantados –con motivo, podríamos pensar– porque habían sido testigos de lo que consideraban el fracaso de Cristo: en quien confiaban había sido finalmente derrotado, a pesar de sus muchos milagros anteriores, a pesar de que tantas veces había escapado incólume de unos y de otros, a pesar de aquella majestad que le era connatural y que había admirado a todos. Con su muerte, sin embargo, todo lo anterior quedaba en entredicho y el desencanto bloqueaba a los suyos y hacía felices a sus adversarios.
Pero hoy, por el contrario, se nos presenta Jesús glorioso y vivo como nunca. Con una vida definitivamente inmortal. Esa vida humana y para la eternidad a la que nos llama reclamando nuestra fe: nuestro asentimiento incondicionado interior y exteriormente; es decir, también con nuestra conducta, con obras que manifiesten nuestra confianza en Dios. Son las obras y la conducta de aquellos dos una vez convencidos de la resurrección, que a pesar de la hora y del desánimo de un rato antes, vuelven a Jerusalén porque es preciso hacer justicia al Señor y a su doctrina. No hay tiempo que perder. En un momento han recobrado el ánimo; y la presencia de los otros Apóstoles reunidos, que también sabían ya por la aparición a Pedro de Jesús resucitado, se lo confirma.
Con los Doce está María, la madre de Jesús y Madre nuestra, que persevera en oración junto a los discípulos de su Hijo. Ella, que recibió la alabanza de su prima Isabel: bienaventurada tú que has creído..., nos conducirá, si se lo pedimos, a una fe inconmovible para vivir de las verdades que nos ha manifestado Cristo y conducen a la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: la vida a la que nos llama Nuestro Padre Dios en Cristo.
Evangelio: Lc 24, 13-35 Ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido. Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle. Y les dijo: —¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino? Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Él les dijo: —¿Qué ha pasado? Y le contestaron: —Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo: cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, como no encontraron su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, que les dijeron que está vivo. Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron. Entonces Jesús les dijo: —¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Pero le retuvieron diciéndole: —Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está ya anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos. Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Y se dijeron uno a otro: —¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, que decían: —El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón. Y ellos se pusieron a contar lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan.
Vida de fe
En distintos momentos advierte Jesús que aceptar su doctrina reclama la virtud de la fe por parte de sus discípulos. Lo recuerda de modo especial a sus Apóstoles; a aquellos que escogió para que, siguiéndole más de cerca todos los días, vivieran para difundir su doctrina. Serían responsables de esa tarea, de modo especial, a partir de su Ascensión a los cielos, a partir del momento en que ya no le vería la gente, ni ellos contarían con su presencia física, ni con sus palabras, ni con la fuerza persuasiva de sus milagros.
Metidos de lleno en la Pascua, tiempo de alegría porque consideramos la vida gloriosa a la que Dios nos ha destinado, meditamos en la virtud de la fe. Le decimos al Señor como los Apóstoles: auméntanos la fe, concédenos un convencimiento firme, inmutable de tu presencia entre nosotros y, por ello, de tu victoria, por el auxilio que nos has prometido. Que nos apoyemos en tu palabra, Señor, ya que son las tuyas palabras de vida eterna, como declaró Pedro, la cabeza de los Apóstoles, cuando bastantes dudaron y se alejaron: ¿A quién iremos? –afirmó, en cambio, el Príncipe de los Apóstoles– Tú tienes palabras de vida eterna.
A poco de haber convivido con Jesús, todos comprendían que merecía un asentimiento de fe. Si tuvierais fe... Creed..., les animaba el Señor. Era necesario, sin embargo, afirmar su enseñanza expresamente, recordarla y establecerla como criterio básico de comportamiento. Era fundamental tener muy claro que si podían estar seguros, al declarar una doctrina infalible e inefable, era por ser doctrina de Jesucristo: el Hijo de Dios encarnado.
Todos fueron testigos de los mismos milagros y escucharon las mismas palabras, con idéntica autoridad, con el mismo afán de entrega por todos; y, sin embargo, solamente Pedro es capaz de confesar expresamente la fe que Jesús merece: ¿A quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Lo que es de Dios, es para siempre: el Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, nos confirmó.
Queremos tener un convencimiento como el que espera Jesús, como ese que echa de menos en los dos Apóstoles que hoy nos presenta san Lucas, desencantados –con motivo, podríamos pensar– porque habían sido testigos de lo que consideraban el fracaso de Cristo: en quien confiaban había sido finalmente derrotado, a pesar de sus muchos milagros anteriores, a pesar de que tantas veces había escapado incólume de unos y de otros, a pesar de aquella majestad que le era connatural y que había admirado a todos. Con su muerte, sin embargo, todo lo anterior quedaba en entredicho y el desencanto bloqueaba a los suyos y hacía felices a sus adversarios.
Pero hoy, por el contrario, se nos presenta Jesús glorioso y vivo como nunca. Con una vida definitivamente inmortal. Esa vida humana y para la eternidad a la que nos llama reclamando nuestra fe: nuestro asentimiento incondicionado interior y exteriormente; es decir, también con nuestra conducta, con obras que manifiesten nuestra confianza en Dios. Son las obras y la conducta de aquellos dos una vez convencidos de la resurrección, que a pesar de la hora y del desánimo de un rato antes, vuelven a Jerusalén porque es preciso hacer justicia al Señor y a su doctrina. No hay tiempo que perder. En un momento han recobrado el ánimo; y la presencia de los otros Apóstoles reunidos, que también sabían ya por la aparición a Pedro de Jesús resucitado, se lo confirma.
Con los Doce está María, la madre de Jesús y Madre nuestra, que persevera en oración junto a los discípulos de su Hijo. Ella, que recibió la alabanza de su prima Isabel: bienaventurada tú que has creído..., nos conducirá, si se lo pedimos, a una fe inconmovible para vivir de las verdades que nos ha manifestado Cristo y conducen a la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: la vida a la que nos llama Nuestro Padre Dios en Cristo.
Una cadena de oración es una manera de compartir pedidos y
compromisos de oración con otras personas.
Nuestro amado Papa Juan Pablo II ha traspasado el Umbral de la
Esperanza , nos unimos en la oración .
Para ofrecer tus plegarias y todos nos unamos en esta oración,
envíala y ponla en este grupo.
Todo desde la Asociación Pública de Fieles "Ad virginitatem sacram
promovendam".
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Evangelio: Jn 20, 19-31 Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: —La paz esté con vosotros. Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. Les repitió: —La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: —Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos. Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: —¡Hemos visto al Señor! Pero él les respondió: —Si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré. A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: —La paz esté con vosotros. Después le dijo a Tomás: —Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: —¡Señor mío y Dios mío! Jesús contestó: —Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído. Muchos otros signos hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Sin embargo, éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
Vivir en la paz de Dios
San Juan nos ofrece en estos versículos una escena verdaderamente pascual. La vida espléndida de Jesús glorioso aparece ante sus discípulos como algo normal. Es la vida propia del Hijo de Dios que nos ha sido prometida en su nombre. De esta vida, lo que hoy meditamos a partir del texto precedente, viene a ser sólo un botón de muestra.
Consideremos nada más lo que san Juan nos cuenta de aquella tarde del domingo en que resucitó el Señor. Jesús se presenta ante sus discípulos, Señor de las leyes físicas. Su cuerpo es glorioso –no podemos imaginar esa corporalidad gloriosa– y, a pesar de que le habían abandonado en su momento más duro, los tranquiliza. No sólo les desea la paz, les entrega la paz: la paz sea con vosotros, les dice. Ellos se alegran al verlo y nuevamente les dice: la paz sea con vosotros. Consideremos una vez más llenos de agradecimiento que el Señor querrá siempre nuestro bien, nuestra felicidad y alegría, a pesar, incluso, de nuestras infidelidades.
Y dicho esto les mostró las manos y el costado. ¡Qué importante es no cerrar los ojos a la realidad! A la realidad del amor de Dios por los hombres y a la realidad de nuestro pecado. A la vista de esas manos y ese costado no hay nada que decir. Unicamente reconocer con humildad y agradecimiento nuestra condición y la suya. Pero, ni se nos ocurra pensar que, con ese gesto, Jesús pretende echar algo en cara a los Apóstoles. El Señor no sabe sino amar. Por eso, mientras ellos lo contemplan con las huellas frescas de la Pasión, con las pruebas del abandono de ellos y de su amor, Él se reafirma en su entrega incondicionada a los hombres y los llena de paz.
A continuación el amor de Dios por los hombres llega a su cénit: Jesús despliega para sus discípulos y para toda la humanidad los frutos de su Pasión. Entrega el Espíritu Santo y configura a unos hombres, simples criaturas, con Él mismo: Como el Padre me envió así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos. Que no queramos salir en nuestra oración de las acciones de gracias. Nos entrega al Paráclito, nos encomienda su misma misión, nos perdona y garantiza que jamás nos faltará su perdón.
—¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración. —¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. —¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino. Piénsalo bien. —Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo.
Así se expresaba el san Josemaría. Y nosotros vamos a decirle a Jesús que no nos deje ser injustos, que nos abra bien los ojos y nos llene de su luz, para darnos cuenta de lo que somos y valemos; de lo que podemos porque así lo ha querido Dios. Que nos llenemos de afán de corresponder y que muchos, que están a nuestro lado pero tal vez no se enteran, vibren también felices –¡entusiasmados!– con Él.
Pero, estemos en guardia, que en cada uno hay un Tomás desconfiado que "necesita pruebas", que quiere que las cosas le "entren por los ojos". Queramos acostumbrarnos en cambio a lo sorprendente, poniendo los medios humanamente desproporcionados de la oración y la expiación, y el empeño por extender en el mundo el Reino de Dios. Estaremos de esta forma viviendo el "permanente tiempo Pascual" que comenzó a partir de la Resurrección de Cristo. Un tiempo apostólico para el que contamos con los mismos medios que los discípulos –sintiéndonos uno de ellos–, siguiendo el consejo del Señor: rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
A la Virgen la llamamos cada día "Reina de la paz" en el rezo del Santo Rosario. Le pedimos la paz que Ella siente, siempre confiada en el amor que Dios le tiene.
«Quiero que recordéis a aquéllos apóstoles, que durante mucho tiempo vivieron al compás de mis palabras. La muerte no me separó de ellos, ni de vosotros. Pero Yo tuve que marchar junto al Padre y Ellos enseñar mis Palabras.»
«Y ... vuelvo a repetir lo que en tiempo ya repetí: Están sobre la tierra, y ahora son los llamados Apóstoles de los Últimos Tiempos.¡Sí!, también está entre ellos, también.»
Mensaje de Resurrección ____________________________
Mensajede la Santísima Virgen María, recibido a través de José-Luis Manzano García -el 30 de Marzo, de 1997; mañana. (ver Mensajes de Talavera)
El Maestro: ¡SHALOM! La Paz del Señor es con todos vosotros. PUBLICO: Y con tu Espíritu Maestro.
El Maestro: Ave María Purísima. PUBLICO: Sin pecado Concebida.
El Maestro: Después de las grandes tormentas llega la calma, pero una calma que vuelve a recrear una nueva tormenta. Ante Tí, Divina Madre, llego con todo mi amor, ya que Tú, en tu tristeza, me has acompañado en mi agonía.
A Tí, todo mi amor..., porque has llorado conmigo las penas de los hombres. A Tí, todo mi amor..., porque tu corazón se ha herido como el mío, por tanta injusticia sobre nuestros hijos. A tí Madre, mis palabras de Gloria.
Pues sobre aquél camino dejaste plasmado tu amor sobre Mí..., y en esta mañana de Gloria yo lo dejo sobre tí. Te he entregado como Madre del mundo, de todos los hombres. Y Tú me has entregado todo tu amor.
Solamente Tú, desde lo lejos, respondiste a mi soledad, pues ellos se acobardaron y sintieron el miedo de la carne y me abandonaron, aunque su amor les hacía seguirme..., a lo lejos. Pero el miedo de la carne les mantenía así, muy lejos de mí.
¡Qué tristeza...!, aquélla que ya pasó. ¡Qué dolor...!, aquél que ya pasó.
También acudo a tí: En este día de Gloria puedes verme, ya no como me viste, sino con Gloria. ¡Aquí me tienes...! Ya no tienes porqué sufrir. Tu Gran Amigo ha vuelto para darte toda mi comprensión..., todo mi amor, y para que tú no te sientas solo, porque Yo también he vivido la soledad de la que tantas veces me hablas.
Aquí estoy también para tí. Tú, que cada noche has acompañado a mi Madre que tanto ha necesitado el amor de sus hijos. Tú, que la tristeza ha cubierto tu rostro por mí... ¡Aquí me tienes...! No has de sentir tristeza, aunque sé que difícilmente podrá ser. ¡Aquí me tienes hijo mío!
Sabes tú que no te voy a abandonar, porque tú no me has abandonado. Sabes bien de que tú has estado cuando Yo te he necesitado, y que Yo estaré contigo cuando tú me necesites, y cuando no me necesites sabrás que también estoy junto a tí.
Aquel dolor de aquella agonía ya queda atrás. Hoy es un día de alegría para todos, en especial para aquéllos que amáis a mi Padre, pues bien en ello les aceptó en la voluntad. También vengo hasta vosotros, porque como cada año habéis acudido a este lugar a encontraros conmigo. ¡Aquí estoy!, no tengáis miedo.
Refugiaos en Mí. No tengáis temor, vivid en Mí. Sentid este amor que Yo siento por vosotros. Sé mucho de vosotros hijos míos, pues sé que me habéis acompañado muchos en mi AGONÍA, en mi PASIÓN, en mi DOLOR.
También sé de muchos, que como en aquélla noche mis amados Apóstoles, durmieron. También vosotros durmísteis en el mundo, y pude sentir la soledad de la que él tantas veces me habla y de la que vosotros también habéis sentido. No creáis que os veréis solos, pues por mi parte no dejaré jamás a mis hijos, pues soy fiel a mi palabra y fiel permanezco: No abandonaré a mis hijos. Pero fíjate hijo mío:
¡Mira mis manos!
En ellas puedes ver las consecuencias de los pecados de los hombres.
¡Mira mis pies...! En ellos puedes ver las consecuencias de los pecados de los hombres.
Aún puedes ver mi costado. Sé que tú no necesitas adentrar tus dedos en mis llagas, pero mira: ¡También sus pecados han taladrado mi pecho...! Pero nada ha detenido la Gloria de DIOS, por eso hoy estoy con vosotros, pues como bien dicho está: "Al tercer día llegará con Gloria."
¡Aquí estoy! No me escondo de mis hijos, como vosotros muchas veces os escondéis de Mí. Yo no persigo a mis hijos, solamente llamo a cada puerta de cada corazón; y aquél que me ama me abre, para que Yo entre a vivir en su morada. Aquél que no me conoce, no me abre.
Pero hay quien siente miedo y pregunta que quién es el que llama. También hay los que duermen y no abren a la llamada.
Sé de tus penas hijo mío, sé de tus penas. Sé cuanto te angustia el recuerdo del pasado..., sé cuanto te angustia el recuerdo del presente. Sé de todas tus penas y sé de todo cuanto haces por Mí. Desde lo más profundo de mi sepulcro pude escuchar anoche tus palabras. ¡Qué palabras hijo mío! ¡Qué palabras...!
En sí, a cuantos te aman, demostraste bien quién eres, pues tú no te sirves de hacer prodigios sino de dar palabras. También sé de vuestras penas hijos míos.
Si os abandonárais en Mí, vuestras penas no os angustiarían. Si os abandonárais en Mí..., vuestras penas no os derrumbarían. Por eso os pido que os abandonéis en Mí, y que confiéis plenamente en Mí, pues Yo no os voy a abandonar. ¡No os abandonaré!
Cuando Yo sufría en el Huerto de los Olivos...,¿dónde estábais hijos míos? Os puedo preguntar porque sólo me sentí, y solo vi a unos pocos de mis hijos que me acompañaban. Cuando llegó mi hora..., ¿dónde estábais?
Puedo preguntar, pues solo vi a unos pocos de mis hijos... Cuando mi Madre más os ha necesitado... ¿¡dónde estábais...!? También puedo preguntar, pues solo vi a unos pocos de mis hijos.
Y vosotros podréis preguntar en cada acto de vuestra vida que dónde estaba Yo. Ni siquiera podréis preguntar, porque siempre he estado presente, y no os he dado el abandono. Pero tanto os he necesitado..., que he vivido la soledad de la que él tantas veces me habla. ¡Cuántos..., cuántos solo habéis acudido a escuchar...!
¡No hijos míos...! No penséis en una riña de mi parte, simplemente es una corrección. Yo he visto a cuantos no han podido estar sobre este lugar, que han estado donde han estado y me han acompañado en oración; pero cuántos, ¡cuántos habéis usado los días de mi Pasión como diversión sobre el mundo!
¡Recordad bien este día! Os repito de nuevo que recordéis bien este día: TREINTA de Marzo. ¡Recordadlo!Y recordad también de que será el último Domingo de Resurrección que escucharéis mi voz sobre este lugar. No creáis que os voy a abandonar, siempre estaré con vosotros.
Y Yo sé de muchos de mis hijos, que aunque bien he dicho que será el último Domingo de Resurrección que escucharéis mi voz..., sé de muchos que se acercarán sobre este lugar en recuerdo de los años pasados.
Mi GLORIA está sobre vosotros y mi amor está sobre vosotros. Debéis de saber valorar todo cuanto DIOS os ofrece, pues DIOS todo os lo da. Y os vuelvo a decir que conozco vuestras penas, conozco vuestras debilidades, y conozco vuestras angustias... ¡Abandonaos en Mí...! Vuestras penas, debilidades y angustias serán más llevaderas.
Hijos míos, llega este día de Gloria y os pido alegría... ¡ Alegraos...! Yo también estoy alegre, tú también hijo mío, y mi amada Madre...
Padre Eterno:...Y el Cielo entero.
El Maestro: Pero no paséis por alto el día que se aproxima:
"Ese día CUATRO de Abril, no lo paséisporalto. Quiero que cuanto oigáis lo guardéis como un gran tesoro para vosotros. Quiero que lo guardéis para vosotros, porque os servirá de mucho en las batallas que os sucedan, que serán muchas."
No quiero tristezas en este día, hágase la alegría sobre todos aquéllos que amáis en verdad a mi Padre. Hijo mío: ¿Dónde están...?, ¿dónde están hijo mío, aquéllos que tantas veces dijeron amarme y no abandonarme? ¡No les veo!
¡No!, no te culpes hijo mío, pues bien sabes que cada cual elije el camino. Tú solamente limítate a enseñar. Cada cual elije el camino, pero sé que esto también te apena y no debes de apenarte.
Sé que tu corazón es muy dulce hijo mío, pero a veces tienes que hacerlo adverso. Esto no significa contrario, solamente duro, muy duro. Conozco de tí, hijo mío, todo: conozco la dulzura con que premias a aquéllos que confían en tí.
Conozco de tí todo porque Yo te he hecho así, pero aún deberás de ser muy fuerte. Ya sé que lo eres hijo mío, pero aún queda mucho más. Y como bien tú dijiste: «Cada prueba que Dios te da, te hace ser más fuerte.»
Es cierto hijo mío, pero aún quedan muchas pruebas más.
En esta Mañana de Gloria estoy entre vosotros. He llegado hasta este lugar y juntos, en esta mañana, compartimos la luz de un nuevo día. No quiero tristeza sobre mis hijos. Quiero que este día sea un día grande..., muy especial, no quiero sentir en vosotros la tristeza.
Pensad que ya he vuelto entre vosotros, y que no os reprocho nada. No hijos míos, no os reprocho nada, simplemente os entrego todo mi Amor.
Simplemente quiero que veáis de que no os he abandonado, pero también quiero que recordéis que se acerca un día especial y muy triste, pero también en ese día quiero que exista la alegría. Sé que para muchos va a ser muy difícil..., pero quiero que exista la alegría.
«Quiero que recordéis a aquéllos APÓSTOLES que durante mucho tiempo vivieron al compás de mis palabras. La muerte no me separó de ellos, ni de vosotros. Pero Yo tuve que marchar junto al Padre y Ellos enseñar mis Palabras.»
Así será a partir de ese día: Nuestra voz se apagará; permaneceremos con aquéllos que confían en Nosotros. Tú no nos verás, pero sabrás que estamos contigo. Tú ya sabes cómo..., tú lo sabrás. Hijos míos, ¡tan poco es ya lo que os puedo decir...!
Como tú bien dijiste, hoy Yo repito, y tantas veces he dicho: Quiero de que todos seáis una GRAN FAMILIA. Mirad que vienen tiempos de adversidad, tiempos muy difíciles, que las torres más altas van a caer desplomándose.
Mirad, pero no temáis. Si confiáis en Mí, no deberéis de temer..., ni habrá lugar hacia la duda, ni habrá lugar a la tentación. Hay algo que aún hoy me apena. Es lo que tantas veces, hijo mío, daño me ha hecho:
Vuestra cabeza dice entender todo cuanto Yo hablo. Pero, ¿y vuestro corazón, lo entiende...? ¿Y porqué tantas veces no habéis puesto en práctica lo que habéis oido? ¿Y porqué tantas veces la tentación os ha vencido, teniendo así recursos para vencer esa tentación?” Os podría hacer infinidad de preguntas que no tendrían respuesta.
¡No os culpo hijos míos!, simplemente quiero que aprendáis, nunca es tarde. En este Día de Gloria quiero que guardéis el recuerdo de tantos Días de Gloria que habéis compartido Conmigo. Os vuelvo a decir que no quiero tristezas hijos míos. Quiero alegrías en vosotros.
«Y hablando así, hijo mío, de aquéllos APÓSTOLES del pasado, vuelvo a repetir lo que en tiempo ya repetí: Están sobre la tierra, y ahora son los llamados Apóstoles de los Últimos Tiempos.¡Sí!, también está entre ellos, también.»
Su labor es la de preparar el Camino para mi SegundaVenida, que próxima está. Ellos preparan el Camino, preparan a todos aquéllos que confían de verdad en esta Segunda Venida y en Mí. ¡No hijo mío!, no todos están sobre España.
Sobre España sólo hay uno y los demás en otros lugares. Llegará el día en el que todos ellos se reunirán, formarán un NUEVO PUEBLO, e irán donde Dios les indique, para aguardar esa Segunda Venida.
Cuidado hijos míos, vendrán otros queriendo ponerse en sus puestos, y con sus palabras avivadas intentarán daros el engaño. ¡Cuidado!, ya os aviso.
Estos Apóstoles de los ULTIMOS TIEMPOS, tienen de muy lleno y cerca a cuantos les sirven. También ellos son llamados Apóstoles de los Últimos Tiempos..., también ellos. Por eso no quiero que en vosotros entre la confusión.
Por eso todo esto os lo digo: Porque lo veréis. Y sobre este día os pido muchas fuerzas hijos míos... ¡Fuerzas..., muchas fuerzas! Esto significa que debéis de ser fuertes, y no dejaros llevar por las palabras avivadas de los hombres..., de no dejaros derropar por la crítica humana, de no dejaros llevar por el viento del rumor.
Dejaos llevar por mis palabras. Ellas os darán la LUZ y la conformidad...
¡Mirad!, si tantas veces se os repite es porque tantas veces caéis en el mismo error: Sois muy débiles hijos míos, y tened en cuenta que el enemigo atacará vuestra debilidad. ¡Sed fuertes! Como bien tu dijiste anoche: «Poned un muro al enemigo, y si confiáis en Dios ese muro no será derrumbado.»
Y para conocer a Dios, hijos míos, hay aprender a negarse a uno mismo. Entendedlo: ¡A negarse a uno mismo! Sed fuertes, os repito.
Si confiáis en Dios le ofreceréis todo, todo. Y Dios os dará todo a vosotros hijos míos. También pido muy poco: Que en esta FAMILIA que nacerá, en ella no exista la discordia, ni el rencor, ni los odios, ni las envidias, ni los egoismos, ni el orgullo.
Sois humanos, como bien se os dijo, puede pareceros así difícil, pero no lo es hijos míos: Si ponéis de vuestra parte...
Padre Eterno: Yo pondré de la mía...
El Maestro: ...Y todo se conseguirá. Confiad mucho en Dios, y no os dejéis vencer por las adversidades. Yo os repito que vienen tiempos muy difíciles, pero confiad en Mí, abandonaos en Mí. Hijo mío: Veo tu corazón inmerso en tristeza.
Sé de cuanto tú sufres y sé de tus penas. ¡Ven...!, ten mi mano hijo mío, y sé que siempre sabrás de que Yo soy tu amigo. Sé que ahora tienes un momento de pena enorme hijo mío. ¡Apóyate en Mí...!
YO SOY tu Gran Amigo, tu pena es mi pena, como amigo tuyo que soy. ¡Apóyate en Mí! Como amigo tuyo que soy, te ayudaré a vencer esta tristeza.
Sé que esta tristeza te viene por el recuerdo del pasado y el recuerdo del presente. No sufras hijo mío; sabes que en Mí lo tienes todo: Presente pasado y futuro.
Sabes que en mí lo tienes todo: Amor, cariño y comprensión. Sabes que en Mí lo tienes todo: Amistad... una gran amistad.
¡Ven!, apóyate en Mí, no sientas pena. La pena se hace más grande cuando se piensa en ella. ¡Ven apóyate en Mí...!, guárdate de tus angustias y compártelas conmigo.
¡Sí, hijo mío!, ya sé que daño no quieres hacerme. No me haces ningún daño. Sé de tus penas, sé de tus angustias, pero Yo sobre la tierra te daré el consuelo:
Un alma habrá en la tierra que te comprenda, ya la hay. Que te dará comprensión, ya la hay. ¡El pasado queda atrás hijo mío!Vive conmigo hoy esta alegría, ¡y alégrate hijo mío! Yo, tu Señor, he vuelto hasta tí, ¡sonríe y refugiate en Mí!
Toma de Mí todo mi amor y comparte conmigo la pena que tanto te angustia, así será para tí más amena. y no sufras en este día. Los grandes amigos, hijos míos, no se abandonan en los momentos difíciles.
Los grandes amigos permanecen fieles a su amistad y no abandonan. ¿Dónde están los grandes amigos? ¿Dónde hijos míos? ¡Escuchad las aves...!, proclaman su alegría porque su Señor ha vuelto. Alabado sea el Señor, Dios Todopoderoso, porque hace que sus criaturas sientan la alegría de este día de Gloria.
Escuchad cómo sienten la alegría. También sienten la tristeza de su DIOS. Y vosotros, ¿sentís la tristeza de vuestro DIOS?; qué pregunta hijos míos para una respuesta que a veces hallo y otras veces no encuentro.
"También quiero que sepáis vosotros de que Yo soy vuestro GRAN AMIGO, de que hay una gran amistad entre vosotros y Yo; y de que nunca os veréis abandonados por la parte que a Mí me corresponde."
Quisiera saber lo mismo de vosotros, pero a veces no lo sé. Veo muchos corazones también sumergidos en un mundo de tristeza. No tiene porqué haberla, ¡no en este día! Compartid también con vosotros, entre vosotros, como hermanos, vuestra tristeza. También compartidla conmigo y vuestra pena se hará más pequeña y será más llevadera. Esto os ofrezco:
”Que os apoyéis en Mí y que no sintáis tristeza”. Yo sé que muchos sentís tristeza porque que éste será el último Domingo de Resurrección que escuharéis mi voz. ¡No os apene! La Voluntad de DIOS así lo quiere y así será.
Sé que muchos se entristecen por el día que se aproxima. No sintáis pena hijos míos. Se ha de cumplir la Voluntad de DIOS; todo se cumple según su Palabra. ¿Recuerdas hijo mío? "¡Te verás muy solo!"¡Creiste que no sería así...!
Ya..., ya sé hijo mío. Sé que esperabas que eso ocurriese, pero no esperabas la otra parte. ¡Ten cuidado hijo mío!, porque aún quedan partes que tú no conoces, y que están por llegar: Hay muchos que parecen estar cerca, y están muy lejos ya.
Hijos míos, en este día Yo os entrego toda mi alegría, os entrego todo mi amor. Quiero que como Yo, en este día seáis felices, pues la muerte no detiene al Hijo de DIOS; por eso hoy estoy entre vosotros.
Entre vosotros, hijos míos, dándoos todo mi amor porque no guardo repudio sobre vosotros, aunque vuestras penas también se clavan una y otra vez sobre Mí. Os amo hijos míos y esto los hombres no podrán cambiarlo. ¡Os amo y nadie lo cambiará!
Pedidme hijos míos.
PUBLICO:
Gracias Divino Maestro, por tanto amor. ¡Ayúdanos a no abandonarte nunca!
El Maestro: El abandono solamente depende de vosotros. Si vosotros sois débiles, el enemigo atacará vuestra debilidad y las torres más altas se desplomarán, pero si sois fuertes y os refugiáis en Mí, no llegaréis al abandono. ¡Cuidado...!
Recordad a Pedro: ”¡Aunque todos te negaren, yo nunca te negaré...!”
¡Cuidado hijos míos!, no digáis de que nunca abandonaréis. Vivid también con esa pena. Pero vosotros deberéis de poner el remedio. Si se acerca el momento y sois débiles os veréis vencidos, y estaréis lejos de Mí. Yo muy cerca de vosotros, pero vosotros muy lejos de Mí. ¡Seguid pidiendo, hijos míos!
PUBLICO: ¡Maestro! El Maestro: ¡Díme!
PUBLICO: Yo te quiero pedir que se cumpla el Plan Divino y que se haga la Voluntad de Dios,como lo tiene previsto Señor, porque sé que así será y que nosotros podamos ayudarte... (Piden varios a la vez, hay confusión; no se entiende.)
El Maestro:
A todos mis hijos escucho por igual, y a todos mis hijos les doy cuanto tengo: Mi AMOR. ¡Seguid pidiendo hijos míos!
PUBLICO: Divino Maestro, por las almas jóvenes, no las dejes que se aparten de Tí. ¡Ayúdales y acógelas bajo tu manto!
El Maestro: ¿Qué hacen sus padres, por esas almas jóvenes? ¿Qué hacen...? No hallo ninguna respuesta. Si a la semilla, cuando se siembra, se la quita la mala hierba que la rodea, se la quitan las piedras, se la da el agua, y si puede se le refugia del viento o a veces incluso del Sol, esa semilla brotará con gran fuerza y esa semilla crecerá sanamente y dará grandes frutos.
Si esas almas jóvenes desde niños no se les enseña, no se les aparta de los malos caminos, si no se les da el agua, que es la fé viva, no crecerán sanamente y no podrán dar frutos, y tristemente la raiz llegará a secarse, a ser conquistada por otros insectos que comerán su interior y acabará por pudrirse. Entendedlo así hijos míos:
Desde niños hay que dar corrección y aún así sobres sus vidas, desde niños hay que dar enseñanza. Si no se hace desde niños, luego será demasiado tarde, y ellos no serán responsables, sino sus padres. ¡Seguid pidiendo hijos míos!
PUBLICO: ¡Maestro! El Maestro: ¡Díme!
PUBLICO: ¡Mándanos un poquito de agua Señor, que nos hace mucha falta...!
El Maestro: A Mí me hace mucha falta el amor de mis hijos, y no lo tengo. A Mí me hace mucha falta que mis hijos comprendan todo cuanto digo, y no lo tengo. Me hace mucha falta que los hombres se amen, y no lo tengo.
Me hace mucha falta de que el mundo ame a Dios, y no lo tengo. ¿Habrá alguna vez, hijos míos, que estéis de acuerdo con lo que Dios os manda?
Cuando Dios os manda el agua os quejáis porque es mucha, cuando no os la manda os quejáis porque no hay. ¿Habrá alguna vez que estéis de acuerdo hijos míos? ¡Débiles sois y solamente escucháis la carne, al músculo que rodea vuestro corazón! Si escuchárais más dentro, comprenderíais de todo cuanto se os dice. Edificad vuestras almas hijos míos..., ¡sed fuertes!
Os repito de nuevo que llegan momentos muy débiles. Os repito de nuevo que habrá muchos que abandonéis. ¡Muchos!
A partir de ese día señalado habrá muchos que ya no os vea sobre este lugar. Hay otros que aunque estéis ya no estáis. Por eso os pido que seáis fuertes.
¡Que no escuchéis al hombre! Que toméis de todo cuanto habéis aprendido, todo. Y que obréis..., para con Dios y para con vuestros hermanos. Y os repito otra vez de que seáis fuertes...,¡sed fuertes hijos míos, y no os hagáis débiles!
Pues si os hacéis débiles, por ahí seréis vencidos, por vuestra debilidad. Sed fuertes y poned esa gran muralla al enemigo que no os pueda vencer. Si os vence perderéis todo cuanto conseguísteis y os alejaréis de Mí.
¡Diréis que no...!, pero muchos ya lo han hecho. Es más, aquéllos que dijeron nunca abandonar, el ÚLTIMO día será recordado.
En vuestras palabras cometísteis el gran error de prometerle a vuestro Dios darle todo y no abandonarle. Esa es vuestra gran pena, y sus almas sentirán la pena eterna. Por eso muchas veces viviréis en indecisiones. Y por eso Yo os pido de que seáis fuertes. Seguid pidiendo hijos míos.
PUBLICO:
Yo te pido Maestro por todos los familiares, por todas las almas que no creen en Tí. Por nosotros mismos que a veces no somos buenos Señor, ten piedad de nosotros.
El Maestro: Sabed también hijos míos, de que también escucho vuestros corazones, y aunque muchos, vuestra voz no se haya alzado..., Yo os he escuchado. ¡Y no os preocupéis! No haya hoy entre vosotros preocupación alguna, no debéis de tenerla.
Hijos míos, ¡sed fuertes!, y cuidaos a vosotros mismos, y cuidad a los más débiles, pues los más débiles también os necesitan. Y dad así la amistad del Gran Amigo.
No un amigo de conveniencia, sino un amigo leal, que por su amigo sería capaz de morir, como Yo he hecho por vosotros. Sed amigos fieles, fieles hijos míos.
Vuelvo a decir de que ayer, desde lo más profundo de mi sepulcro escuché tu voz. Una voz que no temía nada, una voz que confiaba en su Dios. Una voz que se iba abriendo paso en palabras por los muros y obstáculos que a su paso encontraba.
Una voz que encendió algunas luces; y una voz que no fué comprendida en parte, pero la mayor parte sí fué comprendida por aquéllos que escucharon con el corazón y no con los oidos. Esa voz me hizo alegrarme, esa voz me hizo sentir gran alegría:
«Este es mi trabajo, igual que vosotros tenéis ocupación... Esta es mi labor y éste es mi trabajo...»; entregándose así como amigo y dando todo lo que es: El más pequeño de entre todos.
No queriendo ser nada, queriendo ser el último y no queriendo que se confiase en él, sino en Dios. Por eso Yo te doy lo que tú no pides, por eso Yo te lo doy. No pides nada y de Mí todo hallas porque Yo hallo todo de tí:
Cuando ese día mi voz se apague..., ¡no temas! Tus padres, sobre este lugar van a sentir mi gran compañía, y sentirán de que sigo con ellos dándoles esa fuerza que durante doce años han tenido y dándoles también alegrías.
Y también recibirán penas, pero también recibirán fuerza..., ¡mucha fuerza!, para superarlo todo. Por eso quiero que hoy sientas alegría. Y que con el tiempo..., un alma te entenderá hijo mío..., ya lo hace.
Cada cual que entienda mis palabras a su manera, pero para entenderlas correctamente abrid vuestros corazones. Aunque os privo de mucho, hijos míos, os lo doy todo en mis palabras. Os dejo a un joven que es carne como vosotros, que será como vosotros, indistintamente a vosotros.
Pero que se entrega como amigo de todos, aunque una y otra vez ha sido rechazado, ha sido odiado, ha sido repudiado..., pero sigue aún en pié, pues confía en Dios y nada ni nadie podrá derrumbar su gran muralla, la que él junto a mí ha construido. ¡Y es fuerza para vosotros!
Tus descendientes hablarán de tí como ya se dijo en tiempo, y tu nombre no se borrará de sobre la tierra. Así será y así se cumplirá. Oremos hijos míos, dando gracias así al Padre Celestial porque todo se cumple según su Voluntad Santa:
Doy gracias a mis hijos por haber acudido a éste, mi encuentro con vosotros: con la vida, con mi Madre, contigo..., con vosotros de nuevo, dando gracias así al Padre Todopoderoso que por encima está de todo, porque ha sido EL quien ha hecho posible este nuevo día:
”Padre Celestial, Tú que escuchas todos los corazones de tus hijos afligidos en la miseria de este mundo, dales así conformidad, amor y comprensión, para que seas Tú para ellos la LUZ que ilumina el Camino hacia donde han de llegar en un futuro: Hacia Tí. Que sus debilidades sobre la carne y sobre el mundo no les hagan perecer sobre un abismo de indecisión, y sobre sus debilidades seas Tú la gran ayuda que ellos necesitan. Que así sea.”
Hijos míos: Siempre estaré entre vosotros.
(Público: Gracias Divino Maestro, ¡gracias!...)
Digo entre vosotros. ¡No sintáis pena! Yo volveré sobre este día una y otra vez. ¡Volveré! Sentid alegría, mucha alegría. ¡Hoy es un día de fiesta...
Padre Eterno: Alegráos pues!
El Maestro: No sintáis pena hijos míos, no sintáis dolor. Dejad atrás vuestras tristezas, el Hijo de DIOS está entre vosotros. ¡Sed fuertes!, y aunque lleguen días difíciles confiad siempre en Mí. Volveré. ¡Adiós hijos míos!
PUBLICO: Adiós Maestro.
Padre Eterno: Adiós hijos. PUBLICO: Adiós Padre.
La Madre: Ave María Purísima. PUBLICO: Sin pecado Concebida.
La Madre: La Paz del Señor es con todos vosotros. PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
La Madre: Hijo mío, ha llegado la alegría para tí, para Mí y para ellos. Aún así muchos corazones sentirán tristeza, pero confortaos así en Nosotros y no tengáis miedo a nada. Ya ha pasado el dolor hijo mío. Ya ha pasado el dolor.
Tú has sido mi compañía, Yo he sido tu compañía y entre tú y Yo ha estado EL. Ya nuestro dolor ha pasado hijo mío, para sentir alegría, aunque más tarde vuelva el dolor. ¡Siente alegría como Yo...! Ya lo haces. Y sentid alegría hijos míos.
Después de la GRAN TORMENTA ha llegado la calma, después del sufrimiento llegan tiempos alegres. Dios nunca abandona a sus hijos. ¡Adiós hijos míos!
PUBLICO: Adiós Madre.
El Hermano: Que la Paz del Señor Yahvé quede así con todos vosotros. PUBLICO: Y con Tu Espíritu Hermano.
El Hermano: El Señor Cristo Jesús ha vencido a la muerte y ha llegado así para estar con sus hijos. Alegraos, ¡alegraos pues! ¡No le busquéis entre muertos porque vive..., vive y está con vosotros! ¡No!, no le miréis sobre aquel madero... ya no está. Ahora vive con GLORIA y camina en vuestro mundo. ¡No!, no le busquéis en aquella columna... ya no está. ¡No!, no le miréis con aquella corona su corona... ya no está.
¡Miradle con Gloria! Ha vuelto y ahora está con vosotros. Ha vuelto, y ésta es la BUENA NUEVA de este gran día. ¡Alegraos! ¡Ave María Purísima!
PUBLICO: Sin pecado Concebida.
El Hermano: Adiós hermanos. PUBLICO: Adiós Hermano.____
«Santiago Apóstol entró en tu corazón llenándote de sabiduría, de amor. ... aunque hay muchos que te rechazan, en tí hay un amor muy grande y puro, hijo mío, un amor que no engaña, un amor que se mantiene firme hasta el final. Ese eres tú, hijo mío: el Guerrero Blanco del Dios Yahvé.»Mensaje 20.7.1989 c.f. Mt. 17, 10-13; Mt. 11, 13-15; Mc. 9, 10-13.
"Finca de Nazaret" Aptdo. 636 45.600 Talavera de la Reina (Toledo) Spain
ARTE RUPESTRE - ARTE CONTEMPORANEO -
ROCK ART - CONTEMPORARY ART :
Cientos de Pinturas Rupestres de todo el Mundo:Venus, Erotismo,
Chamanes, Danza, Animales, Caza, Guerra...
- Enlaces de arte Prehistorico: Arqueologia, Antropologia,
Etnologia,
Tribus Aborigenes Primitivas
- Arte Contenporaneo: Museos, Galerias, Artistas..
Web del Artista plastico Daniel Verdejo.
Barcelona. España -
Prehistoric Man and his Art: Many reproductions of ancient drawings
and carvings fron all over the world, with descriptions.
By artist Daniel Verdejo; in Barcelona Spanish
http://www.arterupestre-c.com
Apreciados hermanos en Jesús y Maria:
Esperando la buena nueva de la ansiada RESURRECCIÓN del Señor. Este
cuaderno que les ofrezco se deriva de los Evangelios donde nos narra
lo acontencido después de la RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. Son
meditaciones para la PASCUA FLORIDA. SOLICÍTENLO y se los envío en 2
archivos zip: 1ª Parte y 2ª parte en un solo correo. FELICES PASCUAS
DE RESURRECCIÓN. Raúl.
INDULGENCIAS DURANTE LA SEMANA SANTA ________________________________________________________________________________
Durante la Semana Santa podemos ganar indulgencia plenaria para nosotros, o para los difuntos, cumpliendo algunas de las siguientes obras establecidas por el Magisterio de la Iglesia, con las condiciones acostumbradas:
Obras que gozan del don de la Indulgencia Plenaria en Semana Santa:
Jueves Santo:
– 1.- Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados").
– 2.- Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.
Viernes Santo:
– 1.- Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.
Sábado Santo:
– 1.- Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario.
Vigilia Pascual: – 1.- Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.
CONDICIONES:
Para ganar la Indulgencia Plenaria, además de haber realizado la obra requerida, se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones:
– a.- Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial.
– b.- Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción. _________________
«Habla al mundo de mi Misericordia; que toda la humanidad conozca mi insondableMisericordia. Es la señal de los Ultimos Tiempos, después de ella vendrá el día de la Justicia.» Diario Nº 848.
LA MISERICORDIA DIVINA
Nuestro Señor Jesucristo se apareció en diversas ocasiones a Santa Faustina Kowalska (1905-1938), monja de clausura canonizada el 30 de Abril del año 2.000. Sor Faustina nació en la aldea de Glogowiec (Polonia), era la tercera de diez hermanos. A los 16 años comenzó a trabajar de empleada doméstica.
A los 20 años entró en la congregación religiosa "Madre de Dios de la Misericordia", de Cracovia, donde vivió hasta su fallecimiento, el 5 de octubre de 1938, cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.
Escribió un diario donde se reflejan las REVELACIONES sobrenaturales que tuvo sobre la Misericordia (reconocidas y aprobadas por la Iglesia, concediéndose indulgencia plenaria en el día de la fiesta de la Misericordia Divina), y los deseos y avisos del Señor para toda la humanidad:
–«Pinta una imagen según el modelo que ves y la inscripción: "Jesús, en Ti confío". Deseo que esta imagen sea venerada en tu capilla, y en el mundo entero.» "Diario - la Divina Misericordia en mi alma", Nº 47.
SIGNIFICADO Y PROMESAS
–«Los dos rayos significan la sangre y el agua. El rayo pálido simboliza el agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la sangre que es la vida de las almas. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia, cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre.» Nº 299.
–«Aquellos que proclamarán mi gran Misericordia; Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte, como mi Gloria, aunque los pecados de las almas fuesen negros como la noche.» Diario, Nº 378. – «Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá.» Diario Nº 48.
– «Hija Mía, habla al mundo entero mi inconcebible misericordia. Deseo que la fiesta de la misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi misericordia; derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de mi misericordia.» Diario Nº 699.
DEVOCIÓN APROBADA POR LA IGLESIA
Las revelaciones de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska son muy recomendadas por la Iglesia. El Papa Juan Pablo II hizo una peregrinación en 1997 a la tumba de Santa Faustina Kowalska, a la que llamó "Gran apóstol de la Misericordia"; afirmando ante su tumba:
"El mensaje de la Divina Misericordia siempre ha estado cerca de mi como algo muy querido..., en cierto sentido forma una imagen de mi Pontificado."
Por estas revelaciones se instituyó la fiesta de la Misericordia Divina (domingo después de Pascua), como había pedido Jesús, concediéndose indulgencia plenaria ese día, con los requisitos acostumbrados.
– «Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la fiesta de mi misericordia.» Nº 1109.
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Evangelio: Mt 21, 1-11 Al acercarse a Jerusalén y llegar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: —Id a la aldea que tenéis enfrente y encontraréis enseguida un asna atada, con un borrico al lado; desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, le responderéis que el Señor los necesita y que enseguida los devolverá. Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del Profeta: Decid a la hija de Sión: «Mira, tu Rey viene hacia ti con mansedumbre, sentado sobre un asna, sobre un borrico, hijo de animal de carga». Los discípulos marcharon e hicieron como Jesús les había ordenado. Trajeron el asna y el borrico, pusieron sobre ellos los mantos y él se montó encima. Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino. Las multitudes que iban delante de él y las que seguían detrás gritaban diciendo: —¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Al entrar en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad y se preguntaban: —¿Quién es éste? —Éste es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea –decía la multitud.
Exultemos ante Dios
Muy pronto celebraremos también los días en los que Jesús fue brutalmente atormentado y padeció lo indecible hasta morir humillado en una cruz como un criminal. Tendremos ocasión de rememorar que casi todos los suyos le abandonan. Unicamente le guardarán fidelidad en el momento supremo algunas mujeres –su Madre entre ellas– y el menor de sus discípulos. Los demás que rodean al Señor mientras muere, aparte del buen ladrón –que de alguna manera pudo consolar a Cristo–, le injurian de palabra y de obra. Mientras, El exclama: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.
Pero hoy, el domingo anterior a que estas cosas sucedan, casi todos recuerdan sus milagros, que únicamente había hecho el bien, y la multitud, reunida a su alrededor, le aclama. Muchos recuerdan la nobleza de su linaje: Hijo de David; mientras sus discípulos –orgullosos del Maestro– se desvelan por servirle. A todos les parece poco lo que le dan para sus méritos. Es como si, por unas horas, un rayo limpio de luz hubiera iluminado la mente y los corazones de los que le rodean y, como consecuencia, pierden el sentido: arrancan ramas para vitorearle, alfombran con sus vestidos el camino por donde pasará, le aclaman, en fin, con las mayores alabanzas imaginables para un judío de su tiempo.
Es mucho, si consideramos humanamente los honores que rinden a Jesús en aquella hora. Los más cuerdos de entre los que contemplan el espectáculo opinan que es un despropósito fuera de lugar tanta aclamación: Al acercarse, ya en la bajada del monte de los Olivos –cuenta san Lucas–, toda la multitud de los discípulos, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas! Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El les respondió: Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.
Iluminados por la fe, que nos muestra al mismo Dios pasando triunfal por las calles de Jerusalén, hemos de afirmar que es poco, en cualquier caso, lo que los hombres somos capaces de tributar a Jesucristo. Si queremos ser veraces, reconoceremos la incapacidad humana para corresponder en justicia a quien nos ha otorgado todo, hasta la conciencia de nuestro valor y la capacidad misma de corresponder. Pero Dios Nuestro Padre se conforma con lo que podemos ofrecerle sus hijos pequeños: nuestro corazón palpitante de deseos por agradarle en todo. Esos deseos pueden ser objeto de un examen personal diario. Así vamos viendo –por sus frutos los conoceréis, nos dice el Señor– la autenticidad de cada propósito: los motivos de acción de gracias; o, en su caso, de arrepentimiento, para rectificar, para pedir más ayuda a Nuestro Padre del Cielo. En todo caso sin desánimos, convencidos, como afirma el Apóstol, de que todo es para el bien de los que aman a Dios y que, si no es con su ayuda, no podemos agradarle.
Como ciegos, que no saben contemplar las realidades sobrenaturales que ha obrado Dios para nuestra salvación, le pedimos ver: auméntanos la fe, le rogamos con los Apóstoles, que se notaban inseguros de aceptar con la firmeza necesaria lo que Jesús les declaraba. El Señor asegurará en nosotros esta virtud, aunque no nos falte algo, tan propio del creer, como es esa cierta inquietud de pensamiento mientras se acepta con rotundidad lo revelado, que es, por lo demás, sólo manifestación de la inevidencia siempre presente en todo acto de fe.
Con la fe, manifestada en frecuentes afirmaciones de la divinidad del Señor –para quien se vive y a quien se ama– se acrecienta la alegría y seguridad del cristiano. Que reconvertida así su vida la más fascinante tarea que podemos imaginar. Posiblemente enraizado con fuerza en la realidad temporal y ocupado por tanto en cualquiera de los nobles quehaceres de los otros hombres, nada en su existencia le resulta irrelevante, pues, hasta lo más pequeño –como lo hace por agradar a Dios– es en realidad un grito de júbilo; una aclamación como aquellas que se escucharon en Jerusalén el domingo antes de la Pascua. Aquel día, los judíos que vitoreaban a Cristo no eran conscientes de que poco después moriría por ellos. No imaginaban que, por amor a cada hombre, se entregaría a la muerte para ganarnos el Cielo para siempre. Los más positivos veían en El al definitivo liberador de las opresiones políticas –materiales siempre en el fondo– que tenían sometido a Israel. Nosotros, en cambio, movidos por la fe en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, contemplamos agradecidos, en ese Dios que acoge cada detalle –por pequeño que sea– de nuestra vida, al autor de la eterna bienaventuranza, a nuestro Dios y Padre, que nos aguarda en la intimidad de su infinito gozo y perfección.
El Reino de Jesucristo. ¡Esto es lo nuestro!, afirma el beato Josemaría. —Por eso, hijo, ¡con generosidad!, no quieras saber ninguna de las muchas razones que tiene para reinar en ti. Si le miras, te bastará contemplar cómo te ama..., sentirás hambres de corresponder, gritándole a voces que "le amas actualmente", y comprenderás que, si tú no le dejas, El no te dejará.
Imitemos a María –agradecida y gozosa– al reconocerse amada por su Creador.
Día 19 Solemnidad: San José, esposo de la Virgen María
Evangelio: Mt 1, 16.18-21.24a Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: —José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado.
El hombre en quien Dios confió
Queremos celebrar con la mayor solemnidad que podamos a san José, esposo de la Santísima Virgen. Nos alegramos en su fiesta al contemplar que, a un hombre sencillo, se quiso confiar Dios cuando tomó nuestra carne: el Señor confía, valora las capacidades humanas, los deseos sinceros de amar de José, de serle fiel. Por eso, en este día deseamos aprender, primero de Dios que quiso contar con sus criaturas –fiado de ellas– para llevar a cabo su plan de Redención: la empresa más grande jamás pensada. También aprendemos de José que no defraudó a Quien había depositado en él su confianza.
Jesús recibió, de modo especial hasta su madurez, los cuidados de José. El que era su padre ante la ley le transmitió su lengua, su cultura, su oficio... Pensemos en tantos rasgos del carácter de Jesús que serían de José, como sucede de ordinario en las familias. La relación que Dios quiso entre el Santo Patriarca y el Verbo encarnado pone de manifiesto hasta qué punto Dios valora al hombre. Somos ciertamente muy poca cosa, apenas nos cuesta reconocerlo, al contemplar la fragilidad e imperfección humanas, sin embargo, Dios, no sólo ha tomado nuestra carne naciendo de una mujer, sino que se dejó cuidar en todo en su primera infancia por unos padres humanos; y luego, algo mayor, aprendió –como decíamos–, quizá sobre todo de su padre, José, las costumbres y tradiciones propias de su región, de su país, de su cultura... Jesús aprendió de José de modo especial el oficio y así era conocido como el artesano o el hijo del artesano.
Pero para entonces, cuando Jesús comenzó a ser conocido en Israel, muy posiblemente José habría fallecido. Las narraciones evangélicas no lo mencionan durante la vida pública del Señor. En su infancia, sin embargo, y antes incluso de su nacimiento, sí que nos hablan de José y de su fidelidad.
Estando desposado con la Santísima Virgen y comprendiendo que Ella esperaba un hijo sin que hubieran convivido, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Así manifiesta su virtud: decidió retirarse del misterio de la Encarnación sin infamar a Nuestra Madre y fue necesario que un ángel le dijera: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
José es justo, como dice el evangelista, y Dios puede contar con él. No se escandaliza el Santo Patriarca de la concepción milagrosa de María, sino que se dispone, por el contrario, a hacer como el ángel le indica: al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús. Y así comienza su misión de padre del Redentor según el plan divino. Una tarea sobrenatural –como deben ser todas las tareas humanas– que vivió confiando en Dios mientras veía que Dios había confiado en él.
Tras la visita de los Magos, cuando humanamente podría parecer que las circunstancias mejoraban después de los accidentados sucesos en torno al nacimiento del Niño, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes. No sabemos cuánto tiempo permaneció en Egipto con Jesús y María; el suficiente, en todo caso, para que debiera instalarse establemente en un país extraño, emplearse en una ocupación para mantener a la familia, aprender posiblemente un nuevo idioma, otras costumbres..., y sin saber hasta cuándo..., pues el ángel sólo le había dicho: estate allí hasta que yo te diga... Nuevamente resplandecen la fe y la fidelidad de José.
En su fiesta, nos encomendamos al que fue siempre fiel a Dios, al que contó en todo con la confianza de su Creador. Le pedimos nos consiga de la Trinidad la gracia de una fe a la medida de la suya cuando cuidaba de Jesús y de María; una fe que nos lleve a sentirnos más responsables con Dios, que también se hace presente en nuestra vida y confía en el amor de cada uno.
Pasa el tiempo en Egipto..., Herodes muere y se le indica que vuelva a Israel. Sólo lo veremos ya, junto a María, en aquel viaje, también con el Niño de doce años, a Jerusalén; padeciendo lo indecible porque Jesús está perdido, a pesar de que José habría previsto con su Esposa todos los detalles para evitar contratiempos. En todo caso, siendo José el cabeza de familia, sentiría un particular dolor mientras Jesús estuvo perdido. Pero al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles.
Que queramos sentir también un dolor vivo por la ausencia de Dios en nuestra vida cuando no lo vemos en nuestros quehaceres y que queramos también, con la ayuda de la Santísima Virgen, como José, no parar hasta encontrarlo.
Apreciados hermanos y hermanas del Grupo:
Envío este paquete Cuaresmal de 3 archivos a quien los SOLICITE
debido a que ya estamos próximos a celebrar La Pasión, Muerte y
RESURRECCIÓN de Él que todo lo puede: NTRO SEÑOR JESUCRISTO. Él es
el Camino, la Verdad y la Vida. La Novena y La Caminata las
empezamos el VIERNES SANTO. Raúl.
A TODOS MIS HERMANOS DEL GRUPO:
LES OFREZCO ESTE ARCHIVO PARA ACENDAR NUESTA FE CATÓLICA EN NUESTRO
CORAZÓN Y SER MAS FIELES A DIOS POR MEDIO DE SU HIJO JESUCRISTO,
NUESTRO SEÑOR Y DE SU MADRE SAMTÍSIMA; Y VIVIR PLENAMENTE CON LA
ESPERANZA QUE SOLO ÉL NOS PUEDE DAR: "LA VIDA ETERNA" Y VIVIRLA
DESDE AQUÍ EN LA TIERRA. SOLICÍTEN EL ARCHIVO Y CON MUCHO AMOR SE
LOS ENVÍO. FRATERNALMENTE Raúl.
Deseo que me envíen el leccionario para la SEmana Santa. Desde ya, agradecido por el gesto. Desde Santiago de Chile, mis saludos a todos ustedes. Pedro.
>From: Raúl Moreno <raulmormx@...>
>Reply-To: aldeaglobal@yahoogroups.com
>To: aldeaglobal@yahoogroups.com
>Subject: [aldeaglobal] Lecturas de SEMANA SANTA. CUADERNITO.
>Date: Sun, 13 Mar 2005 19:27:04 -0000
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>Apreciados hermanos y hermanas:
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>Ya estamos en el unbral para pasar a la SEMANA MAYOR que todos
>esperamos y estar mas atentos para meditar los acontecimientos que
>cambiaron al mundo de una vez por todas y vivamos esos sucesos cuyo
>principal actor fue Jesús que con su aceptación a la voluntad del
>padre, fue posible nuestra Salvación. El CUADERNITO que les
>ofrezco, nos relata las últimas 24 horas en la vida de Jesús y otras
>pequeñas lecturas. SOLICÍTALO desde aquí y te lo envío para que
>imprimas en casa. El archivo ocupa 936KB. Raúl.
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Apreciados hermanos y hermanas:
Ya estamos en el unbral para pasar a la SEMANA MAYOR que todos
esperamos y estar mas atentos para meditar los acontecimientos que
cambiaron al mundo de una vez por todas y vivamos esos sucesos cuyo
principal actor fue Jesús que con su aceptación a la voluntad del
padre, fue posible nuestra Salvación. El CUADERNITO que les
ofrezco, nos relata las últimas 24 horas en la vida de Jesús y otras
pequeñas lecturas. SOLICÍTALO desde aquí y te lo envío para que
imprimas en casa. El archivo ocupa 936KB. Raúl.
Evangelio: Jn 11, 1-45 Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había caído enfermo. Entonces las hermanas le enviaron este recado: —Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo. Al oírlo, dijo Jesús: —Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Aun cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el mismo lugar. Luego, después de esto, les dijo a sus discípulos: —Vamos otra vez a Judea. Le dijeron los discípulos: —Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí? —¿Acaso no son doce las horas del día? –respondió Jesús–. Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz. Dijo esto, y a continuación añadió: —Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle. Le dijeron entonces sus discípulos: —Señor, si está dormido se salvará. Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente: —Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos adonde está él. Tomás, el llamado Dídimo, les dijo a los otros discípulos: —Vayamos también nosotros y muramos con él. Al llegar Jesús, encontró que ya llevaba sepultado cuatro días. Betania distaba de Jerusalén como quince ºestadios. Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por lo de su hermano. En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. Le dijo Marta a Jesús: —Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá. —Tu hermano resucitará –le dijo Jesús. Marta le respondió: —Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día. —Yo soy la Resurrección y la Vida –le dijo Jesús–; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? —Sí, Señor –le contestó–. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo. En cuanto dijo esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en un aparte: —El Maestro está aquí y te llama. Ella, en cuanto lo oyó, se levantó enseguida y fue hacia él. Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que se encontraba aún donde Marta le había salido al encuentro. Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantaba de repente y se marchaba, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Entonces María llegó donde se encontraba Jesús y, al verle, se postró a sus pies y le dijo: —Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció por dentro, se conmovió y dijo: —¿Dónde le habéis puesto? Le contestaron: —Señor, ven a verlo. Jesús rompió a llorar. Decían entonces los judíos: —Mirad cuánto le amaba. Pero algunos de ellos dijeron: —Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que no muriera? Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo: —Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: —Señor, ya huele muy mal, pues lleva cuatro días. Le dijo Jesús: —¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Retiraron entonces la piedra. Jesús, alzando los ojos hacia lo alto, dijo: —Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la muchedumbre que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste. Y después de decir esto, gritó con voz fuerte: —¡Lázaro, sal afuera! Y el que estaba muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y con el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: —Desatadle y dejadle andar. Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él.
Nuestra vida en Cristo
Es un milagro especialmente notorio de Jesús que, como todos, muestra su poder sobrenatural. En este caso, Cristo manifiesta su relación con Dios Padre y, a continuación, lleva a cabo el prodigio como prueba de esta relación.
Ya en otras ocasiones había resucitado muertos; como el hijo de la viuda de Naín y la hija de Jairo, el jefe de la sinagoga. Mostraba el Señor entonces también su compasión ante el dolor humano. En este caso se conmueve asimismo por la evidente desolación de las dos hermanas. Y Él mismo se siente tan afectado que hasta se le saltan las lágrimas por el amigo muerto. En todo caso, en este milagro y en algún otro, el Señor explica que esos hechos, aparte de remediar la situación concreta –la enfermedad casi siempre–, sirven sobre todo para mostrarnos su divinidad: que ha venido a ofrecernos su divinidad y a redimirnos por ella del pecado. Jesucristo, por otra parte, emplea su poder en favor de los hombres –no a favor de sí mismo– para ofrecernos mucho más que una vida humanamente mejor. De hecho, Él mismo gasta esta vida por nosotros, fatigándose en muchas ocasiones, y llega incluso a aceptar la muerte, dando así testimonio de lealtad a su misión: nos ofrecer su Vida inmortal. Porque una plenitud meramente terrena y, por tanto mortal, no sería suficiente para el hombre. Hemos sido pensados para admitir la Eternidad y nadie como el propio Dios hecho hombre lo tiene claro.
Ya al comienzo de su Evangelio expone san Juan escuetamente, aunque con toda claridad, el sentido de la presencia y encarnación del Hijo de Dios entre nosotros: hacernos partícipes de la filiación divina. Vino a los suyos, dice el Evangelista, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios. Ahora, ante la muerte de su hermano, Jesús explica a Marta una de las consecuencias de la fe en Él: Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. Jesucristo tomará ocasión del milagro de la resurrección de Lázaro para recordar una vez más, en su Evangelio, la gran noticia que ha venido a proclamar ante los hombres: que está en el mundo para que cada uno podamos estar realmente en Dios. Y, a modo de conclusión, como reafirmándose en lo dicho, insiste a Marta: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Con razón, pues, son Juan, finalizando este texto del que hoy comentamos sólo un pasaje, concluye: Muchos otros milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Estos, sin embargo, han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
Nuestra Madre del Cielo hará que nos sintamos contemplados amorosamente por el Creador y dichosos con la esperanza de su Vida: esa gloria que nos tiene prometida.
"Ya se os ha dado aviso hijo mío, de la gran pugna que se levantará proximamente; no dejéis un lugar en la tierra sin su correspondiente aviso; tanto para creyentes como para incrédulos; y sed vosotros quienes entreguéis los avisos; no dejéis que nadie, que no sepa concienciar, destroce un trabajo que no le corresponde."
No dejéis un lugar en la tierra, sin su correspondiente aviso _______________________________________________________________________________________________________
Mensajerecibido a través de José-Luis Manzano García - el día 12 de Marzo, de2004 - (Mensaje privado con orden a hacerse público.)
La Madre: Que la Paz del Señor sea contigo hijo mío, Ave María purísima.
Nosotros también lloramos, y sentimos el dolor que tu patria hijo mío, nos hace llegar hasta lo más alto. Pero hay algo que no llegamos ha comprender:
Saldrán a protestar todos juntos y sin miedo por lo que ha hecho el lobo; pero ninguno se dirige a la guarida del lobo para buscarlo; de nada les servirá protestar, pues los objetivos de Satán son numerosos, y llenos de odio y de dolor.
En un país donde Dios está muy lejos de la sociedad, donde se le tiene aislado por la tendencia moral a la materia; es a Él al que culpan de tanto dolor y de tanta barbarie; pero nadie es digno de señalar a Aquél que hizo que el horror no fuese más extendido. (1)
Nadie puede decir: "¿porque DIOS dejó que pasara?"; si DIOS está desplazado de tu sociedad no deben buscarlo para culparlo. Sabemos que muchos perderán la fe en DIOS, por la tendencia que Satán infunde a buscar un culpable; que muchos de ellos renegarán el nombre de DIOS, porque no hallarán consuelo espontáneo.
Todo esto no tiene explicación ninguna; ningún mortal sobre la tierra puede ejecutar la muerte a otro, pues solo DIOS que es el que da la vida, solo Él la puede quitar; y el que la ejerza tendrá que sobrellevar su error en la tierra, y después de vivir en ella. Esto se dice de la muerte ejercida en violencia.
"Ya se os ha dado aviso hijo mío, de la gran pugna que se levantará proximamente; no dejéis un lugar en la tierra sin su correspondiente aviso; tanto para creyentes como para incrédulos; y sed vosotros quienes entreguéis los avisos, no dejéis que nadie que no sepa concienciar destroce un trabajo que no le corresponde."
Sabemos que lo haréis de la mejor forma posible; y que no os tendremos que dictar las normas que ya están escritas en vuestras almas y en vuestra sangre; pero me preocupan los que dicen estar y no están a tu lado, y al lado de ellos. Ves sus cuerpos rezando contigo y sus almas están lejos de ti.
Están sus cuerpos por si algún día todo lo que dices tiene sentido, y decir que nunca te abandonaron. Pero sus almas están lejos, por si algún día se demuestra que te equivocaste, (para) decir que nunca estuvieron a tu lado. Pueden engañar al hombre, pero no a DIOS.
Encárgate de avisar a los 11 (1), esperad la señal del tercer ciclo, entonces forjad de mayor manera la misión encomendada. DIOS SIEMPRE ESTARÁ CON VOSOTROS, ya sabéis de las consecuencias que pueden desplazarse a vuestras personas, pero sabemos que aún así este es el camino señalado, y el elegido por vosotros.
Diles a mis Hijos que no tengan miedo y que confíen en DIOS como único Señor y dador de vida; que no se dejen seducir de las grandes palabrerías que el hombre siembra, porque para eso están los elegidos, para sembrar y recoger hasta en la tierra que no es fértil. Que la Paz del Señor quede contigo.
Ave María purísima. Adiós hijo mío. ________________________
(1) Pocos dias antes (sin mucha palanificación), se convocó una huelga en la universidad; esto evitó que cientos y cientos de personas subieran los trenes de la muerte. Había "muy poca gente" en el tren proveniente de Guadalajara, en comparación con otros días.
(2) Los DOCE apóstoles de Jesús están otra vez en la Tierra, cada uno en el lugar donde predicó; ellos preparan la Segunda Venida en Gloria de Nuestro Señor Jesucristo. (Así se dijo, y se explicó en varios mensajes.) c.f. Mt. 17, 10-13; Mt. 11, 13-15; Mc. 9, 10-13.
«Y hablando de aquéllos Apóstoles del pasado, vuelvo a repetir lo que en tiempo ya repetí: Están sobre la tierra, y ahora son los llamados Apóstoles de los Últimos Tiempos. ... Su labor es la de preparar el Camino, para mi Segunda Venida que próxima está. Ellos preparan el Camino, preparan a todos aquéllos que confían de verdad en esta Segunda Venida y en Mí.» Mensaje 30.3.1997.
"Finca de Nazaret" Aptdo. 636 45.600 Talavera de la Reina (Toledo) Spain
«Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y con mentira digan contra vosotros todo género de mal, por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque grande será vuestra recompensa en los Cielos.»s. Mt. 5, 11-12.
«Alguien desvió esta bala»: Juan Pablo II recuerda el atentado: el quinto libro de Juan Pablo II –«Memoria e Identidad. Conversaciones al filo de dos milenios»– permitirá a muchas personas conocer los sentimientos del Papa cuando sufrió el atentado en 1981.
La elección del próximo Papa: pocos conocen el detalle de las normas dictadas por Juan Pablo II para la elección de su sucesor.
El espectáculo del mundo: para la inteligencia humana contemplar la creación es trampolín hacia la trascendencia.
La Via Crucis: que vale la pena contemplar para entender la clave de nuestra existencia.
«Estos días han sido para mí una gracia de Dios»: el prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, se reunió con más de 7.000 personas en Valladolid, y cerró así su visita de cuatro días a Castilla y León.
Aprender a orar con Cristo: en el libro 'Getsemaní', el prelado del Opus Dei invita a mirar a Cristo para aprender de Él a tratar al Padre. Se reproduce un extracto del libro.
¿Por qué comulgar frecuentemente?: segunda predicación de Cuaresma a la Casa Pontificia a cargo del Predicador del Papa, el padre Raniero Cantalamessa.
Pensamientos: de Juan Pablo II, muy breves, muy apropiados para una oración meditada.
Apreciados(as) hermanos(as) del Grupo:
En estos tiempos cuaresmales donde la oración y meditación fuerte en
las cosas de Dios nos debe de acompañar, Les ofrezco este zip del
cuadernito donde Nuestra Madre nos habla y pide nuestra compañía.
Solicítamelo y te lo envío para que imprimas y te sirva de
recogimiento espiritual. DIOS NO LLAMA EN ESTA CUARESMA para nuesra
conversión o bien, mejorar nuestra conversión, acercándonos al Dios
que dió la vida por todos nosotros. Sinceramente Raúl.
Cuando regresé por causas de salud de Africa , donde trabajaba como
misionero laico en una leproséria (Kayon Ghozi-Burundi), escribi
estos fortunados Flashes sobre el SANTO SUDARIO de Turin que han
tenido un exito extraordinario .
El Prof. Harry Gove que en 1988,utilizando el metodo 14C , datò el
Santo Sudario en epoca medieval , ya en 1995, a la luz de mas
recientes descubrimientos cientificos , admitiò que la dataciòn era
equivocada.
El Misterio de la Huella en el Sudario, la cual no puede ser obra
del hombre, debe tener conexiòn con el Misterio de la Resurrecciòn
de Cristo,que en el Sudario fue colocado después del entierro y que
en El resuscitò.
La Fe que sentimos en nuestro corazon no necessita alguna
confirmacion, pero ademas de nuestra volundad , el Santo Sudario de
Turin es una confirmaciòn inequivocable.
Al final de mis Flashes puede leer resumida en 12/13 rayas una
breve sintesis de mi vida.
Sito web
www.lorenzocrescini.it/holyshroud
E mail
ricercapap@...
Evangelio: Jn 9, 1-41 Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: —Rabbí, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Respondió Jesús: —Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él. Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, porque llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo. Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, lo aplicó en sus ojos y le dijo: —Anda, lávate en la piscina de Siloé –que significa: «Enviado». Entonces fue, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que le habían visto antes, cuando era mendigo, decían: —¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna? Unos decían: —Sí, es él. Otros en cambio: —De ningún modo, sino que se le parece. Él decía: —Soy yo. Y le preguntaban: —¿Cómo se te abrieron los ojos? Él respondió: —Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: «Vete a Siloé y lávate». Así que fui, me lavé y comencé a ver. Le dijeron: —¿Dónde está ése? Él respondió: —No lo sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. El día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos era sábado. Y los fariseos empezaron otra vez a preguntarle cómo había comenzado a ver. Él les respondió: —Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: —Ese hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Pero otros decían: —¿Cómo es que un hombre pecador puede hacer semejantes prodigios? Y había división entre ellos. Le dijeron, pues, otra vez al ciego: —¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos? —Que es un profeta –respondió. No creyeron los judíos que aquel hombre habiendo sido ciego hubiera llegado a ver, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron: —¿Es éste vuestro hijo que decís que nació ciego? ¿Entonces cómo es que ahora ve? Respondieron sus padres: —Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Lo que no sabemos es cómo es que ahora ve. Tampoco sabemos quién le abrió los ojos. Preguntádselo a él, que edad tiene. Él podrá decir de sí mismo. Sus padres dijeron esto porque tenían miedo de los judíos, pues ya habían acordado que si alguien confesaba que él era el Cristo fuese expulsado de la sinagoga. Por eso sus padres dijeron: «Edad tiene, preguntádselo a él». Y llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: —Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. Él les contestó: —Yo no sé si es un pecador. Sólo sé una cosa: que yo era ciego y que ahora veo. Entonces le dijeron: —¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? —Ya os lo dije y no lo escuchasteis –les respondió–. ¿Por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Ellos le insultaron y dijeron: —Discípulo suyo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que Dios habló a Moisés, pero ése no sabemos de dónde es. Aquel hombre les respondió: —Esto es precisamente lo asombroso: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores. En cambio, si uno honra a Dios y hace su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no fuera de Dios no hubiese podido hacer nada. Ellos le replicaron: —Has nacido en pecado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y le echaron fuera. Oyó Jesús que le habían echado fuera, y cuando se encontró con él le dijo: —¿Crees tú en el Hijo del Hombre? —¿Y quién es, Señor, para que crea en él? –respondió. Le dijo Jesús: —Si lo has visto: el que está hablando contigo, ése es. Y él exclamó: —Creo, Señor –y se postró ante él. Dijo Jesús: —Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos. Algunos de los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: —¿Es que nosotros también somos ciegos? Les dijo Jesús: —Si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero ahora decís: «Nosotros vemos»; por eso vuestro pecado permanece.
Es ciego el que no quiere ver
Nos presenta la Iglesia, por la pluma –original siempre– de san Juan, este momento de la vida de Nuestro Señor, que debemos agradecer por las enseñanzas tan oportunas que nos ofrece para nuestros días.
Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él, responde Jesús. Tremenda lección la que condensa el Maestro en esta frase, respondiendo a los Apóstoles, que reducen la lógica de Dios a la nuestra. Nos conviene ser humildes y reconocer nuestra condición limitada, dispuestos a aceptar y acoger, aunque no lo entendamos en ocasiones, lo que sucede porque Dios así lo quiere o lo consiente. Parece necesario, para reconocer expresamente la grandeza, bondad y majestad divina: Dios, Señor nuestro y Señor de la Historia, gobierna el mundo con poder y amor providentes.
El hombre, por su parte, así como tiene capacidad para emitir juicios acerca del valor de las situaciones que le toca vivir, también tiene capacidad para descubrir a su Señor como dueño absoluto de cuanto sucede, sin límite de poder y perfección, absolutamente sabio frente a la limitación que el hombre descubre y reconoce de sí mismo. Tal vez por esto los apóstoles del Señor, acostumbrados a los propios defectos y errores y a los de los demás, tratan de descubrir una causa que justifique razonablemente, desde su punto de vista, lo que piensan que es una absoluta desgracia en aquel hombre. Sólo son capaces de entender como bueno y malo lo que así aparece a su limitada inteligencia. La ceguera de nacimiento sería claramente mala y, por lo tanto, reclama un culpable.
Afianzados en la humildad, pidamos a Dios que nos conceda eliminar de nosotros el deseo de "necesitar" comprender cada acontecimiento. Que nos libre de ese "juez" que, convencido de su inapelable equidad, se "escandaliza" considerando que no hay derecho a que sucedan ciertas cosas. Como si nuestra inteligencia fuera la última y definitiva instancia del bien y del mal.
Así pensaban loa apóstoles en el acontecimiento de la vida de Jesús que hoy meditamos. Y se nota otro tanto en la actitud de los fariseos, que tienen un concepto ya formado e inamovible de Jesús y la Ley de Dios, y hasta reclaman como imprescindible su beneplácito para que Jesús realice el milagro. Parecen molestarse incluso de que el ciego de nacimiento haya recuperado la vista en esas circunstancias. Algo semejante ha sucedido, no pocas veces, cuando se niega a Dios porque consiente lo que, para algunos, serían males intolerables, impropios de un mundo providentemente gobernado por Dios.
La Madre de Dios, modelo de fe en la Providencia, confía en su Señor. En cada circunstancia de su vida, contempla lo que Dios le propone a la luz de la fe, descansando en quien la ha escogido con predilección: en quien hizo en Ella cosas grandes y por quien es Reina de todo lo creado. A Ella nos acogemos, como Madre que es de cada uno.
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Asociación Publica de fieles «Ad virginitatem Sacram promovendam »
Los estatutos de esta Asociación Publica de Fieles aprobados en la
Diócesis de Valencia, pueden ser ratificados en todas las diócesis
donde hayan asociados por el Obispo respectivo, en las condiciones
que indica el Código de Derecho Canónico. Ello es importante porque
nuestro deseo es actuar dentro de la iglesia y que cosa más concreta
y eclesial que el propio Obispo sepa, conozca y apruebe en su propia
Diócesis la existencia de esta Asociación, en la que los asociados
somos hombres y mujeres -ante todo- miembros de la Iglesia en la
Unidad orgánica y sinfónica del Pueblo de Dios. Todos los Fieles
poseen la misma dignidad, la misma gracia de filiación divina, la
misma llamada a la perfección y participación en la única misión
eclesial. La responsabilidad eclesial es, pues, tarea de todos los
fieles sin excepción. Y cada uno participa según el propio don
particular ( L.G.33)-
Pretendemos que nuestra Asociación esté impregnada de la
Eclesiología de la Comunión. Tan espléndidamente expresada en el
Concilio Vaticano II , sobre todo en sus cuatro constituciones
dogmaticas (DV=sobre la Divina Revelacion, SC=sobre la sagrada
Liturgia, LG=sobre la Iglesia y GS=sobre la Iglesia en el mundo
actual). Pretendemos y esa es una invitación a todos los asociados
que la espiirtualidad de nuestras asociaciones esté impregnada de
esta la Eclesiología de la Comunión, para conseguirlo todos podemos
y debemos aportar nuestro propio granito de arena.
Cualquier duda o aclaración dirigiros a Rafael Pla Calatayud
betaniajerusalen@...
Saludos Rafael Pla.