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#863 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Mié, 2 de Jul, 2003 6:15 pm
Asunto: Un permanente acto de fe
ldemgya
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Día 3 Jueves. Fiesta: Santo Tomás, apóstol

        Evangelio: Jn 20, 24-29 Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:
         —¡Hemos visto al Señor!
         Pero él les respondió:
         —Si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré.
         A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:
         —La paz esté con vosotros.
         Después le dijo a Tomás:
         —Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.
         Respondió Tomás y le dijo:
         —¡Señor mío y Dios mío!
         Jesús contestó:
         —Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído.

Un permanente acto de fe

 

        En estos días de la historia que nos han tocado parece imponerse, con una fuerza cada día más imperiosa, la teoría de que debemos vivir únicamente de cara a la realidad palpable. El ámbito estrictamente humano de los fenómenos constatables por el propio hombre sería el único relevante para nosotros. Lo que no se puede medir, aquello de lo que no se puede tener una experiencia sensible, por mucho que se afirme, aunque haya sido aceptado antes por innumerables generaciones, en realidad hoy es para muchos irrelevante. El hombre del siglo XXI, para no ser tachado de iluso, ignorante o retrasado debe olvidar –dicen– la palabra a creer. La falta de fe es una actitud que pretenden imponer hoy algunos en ciertos sectores culturales.

        Los relatos evangélicos quedan, por tanto, al margen de esa moderna concepción de la vida humana y del mundo. Se argumenta que –con independencia de si están cargados de razón y de justicia– como narran sucesos extraordinarios, nada convincentes para la razón humana, no se pueden aceptar. Los Evangelios serían falsos puestos que contienen relatos que el hombre no puede entender. Pero, claro, si se acepta la afirmación anterior el hombre se coloca a sí mismo como árbitro absoluto evaluador de toda realidad y verdad y, en rigor, todo terminaría entonces donde acaban las capacidades humanas. Es la consecuencia necesaria si sólo es real lo cognoscible por el hombre.

        Nada más insólito, por alejado de la experiencia, que la vida actual de quien estuvo muerto y enterrado. Pero Tomás no se pudo negar a la resurrección de Jesús: lo estaba contemplando con sus ojos y palpando con sus propias manos. Y el apóstol convencido se desdice públicamente ante los demás, que habían sido testigos hacía poco de su engreída seguridad: si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré, había declarado.

        Pero esa lección de Cristo, con ocasión de la incredulidad del apóstol, parece haber sido olvidada por algunos que se dicen en nuestros días maduros. Con una pretendida elocuencia y sabiduría, que más bien parece ingenuidad infantil, afirman tozudamente: "si no lo veo, no lo creo". Y Jesús, que tiene "palabras de vida eterna", para la Eternidad y para todos nuestros días, sigue diciéndonos hoy: bienaventurados los que sin haber visto hayan creído y no seas incrédulo sino creyente. ¿Acaso podrían engañar a Tomás de modo unánime el resto de los Apóstoles? Nada más absurdo ¿No podría por sí mismo haber comprobado que el sepulcro estaba vacío? Sin duda y con poco esfuerzo. María, la Madre de Jesús, le hubiera confirmado de inmediato, llena de gozo, la Resurrección de su Hijo, de haberle preguntado, pero no lo hizo.

        También ahora algunos parecen muy convencidos, con la seguridad que les brinda su exclusivo criterio. En realidad, no es precisamente de hoy ese apego desmesurado a lo propio, que impide al sujeto reconocer lo verdadero y valioso de lo demás. Pero la pérdida que supone esa triste actitud es especialmente lamentable cuando el otro, a quien no se atiende, anuncia con verdad a Dios.

        Se hace muy necesaria en nuestros días una vida humana de fe. Necesita el hombre vivir libre del prejuicio de que la fe empequeñece, recorta la libertad intelectual, disminuye el señorío propio, resta capacidad de iniciativa, nos convierte en elementos informes de una masa impersonal, etc. Muy por el contrario, conocer a Dios, creer a Dios, y de modo particular cuanto ha revelado acerca de los hombres, eleva al creyente sobremanera respecto a los que desconocen cuanto a Dios se refiere.

        Los imperativos de la fe, esos compromisos que reconoce el creyente al aceptar a Dios como Padre, condicionan ciertamente –he aquí el problema inconfesable– la vida personal de todos. Por lo mismo que el que tiene fe considera decisivo reconocer a Dios y es bien consiente de la tremenda laguna intelectual que supone para el hombre no advertir su presencia. Sólo el que cree y vive la fe sabe, por otra parte, de la paz de tener a Dios como Padre de los hombres, que ha querido amarnos lo indecible, manifestando ese cariño de modo efectivo y permanente. El hombre de fe es consciente de que Dios lo ha hecho capaz de llevar a cabo acciones relevantes ante Él –de categoría divina– con sólo cumplir su voluntad. Lo que condiciona, pues, la vida del creyente en cuanto tal, más que como requisitos condicionantes negativos, se contempla a los ojos de la fe como ocasiones de auténtico engrandecimiento y acceso a la divinidad, y permanente ocasión de alegría y agradecimiento.

        La Madre de Dios y de los hombres, maestra de fe, de esperanza y de amor, nos colme de su alegría –le pedimos–, para saber contagiar a otros –a muchos– del entusiasmo inigualable de creer en Dios.


#862 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Sáb, 28 de Jun, 2003 6:29 pm
Asunto: A la grandeza y la felicidad por la obediencia
ldemgya
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Día 29. SOLEMNIDAD: SAN PEDRO Y SAN PABLO, apóstoles

        Evangelio: Mt 16, 13-19 Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, comenzó a preguntarles a sus discípulos:
        
—¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
         Ellos respondieron:
         —Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas.
         Él les dijo:
         —Y vosotros, ¿quién decís –que soy– yo?
         Respondió Simón Pedro:
         —Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
         Jesús le respondió:
         —Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielo.

A la grandeza y la felicidad por la obediencia

 

        En la Solemnidad, en que celebramos a los apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia, podemos fijarnos en el ejemplo de fidelidad leal a Jesucristo que brilla sobremanera en estos dos hombres. Ellos quisieron que su vida no fuera sino lo que el Hijo de Dios determinara. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que todo el interés de Pedro y de Pablo, aun siendo de caracteres bien distintos, según se muestra con evidencia en los relatos del Nuevo Testamento, fue identificarse con el querer de Cristo; es decir, obedecerle. El máximo deseo de cumplir en detalle la voluntad de Jesús, identifica, en ese sentido, a ambos Apóstoles; y no sólo a ellos, sino a todos los santos, pues, ninguno puede serlo al margen de la voluntad de Dios.

        Cuando parece que un cierto ideal de la persona consistiría en desenvolverse en la vida guiado únicamente con el propio criterio, sin más punto de referencia que el parecer personal; cuando bastantes consideran definitivas sus opiniones, y suficientes –por ser suyas– para configurar su vida del mejor modo posible; nos ofrece hoy la Iglesia –Nuestra Madre–, para edificación de todos los fieles, el estímulo de la obediencia. Cuantos deseamos conducirnos con la segura esperanza de la Vida Eterna, no lo haremos de acuerdo con nuestro parecer, ya que la Eterna Bienaventuranza no es un proyecto humano. Comprendemos, en efecto, fácilmente que no es una decisión del hombre nuestra existencia en este mundo ni la Vida Eterna, en intimidad con Dios, que conocemos por Revelación.

        Pedro, habiendo conocido el extraordinario e inalcanzable poder y majestad de Jesucristo, se mantiene inamoviblemente fiel al Maestro, cuando bastantes le abandonan porque no comprenden sus palabras. Señor, ¿a quién y iremos? –le responde–, Tú tienes palabras de Vida Eterna. Así se expresa el Príncipe de los Apóstoles en el crítico momento –para muchos– de la deslealtad. Cuando aparecen haber perdido sentido los milagros realizados; cuando su vida admirable y sus palabras, cargadas de autoridad, no significan nada para la mayoría, Pedro confía aún en Jesús. Su persona será para él siempre merecedora de toda confianza: hay que creerle siempre y obedecerle. El criterio de Cristo tendrá en todo momento para este apóstol una autoridad absoluta. Las palabras de Jesús y sus deseos tienen mucha más fuerza para él que sus propios pensamientos.

        De manera semejante se manifiesta Pablo, el Apóstol de las Gentes. A partir de su asombrosa conversión, su vida entera queda vertebrada por la persona de Jesucristo. Para mí, vivir es Cristo, declara. Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús, pide a sus fieles de Filipo. Poco interés tenía para San Pablo autoafirmarse en esta vida. Lo único que vale verdaderamente la pena es ser como su Señor, vivir su vida. Hasta llegar a decir, con un santo orgullo: ya no soy yo quien vive, que es Cristo quien vive en mí. En poco tenía, pues, los planes personales, las propias ilusiones y proyectos –por muy suyos que fueran–, si eran diferentes a los imperativos divinos que movían toda su persona.

        Parece muy claro, por lo demás, que la mayor hazaña o reflexión de cualquier hombre, por decisiva que parezca, no pasa, en la práctica, de ser algo necesariamente vinculado a lo caduco, como el mismo hombre. De hecho, son muy pocos en proporción las mujeres y los hombres que han pasado a la historia. En cambio, identificados con Dios, que en Jesucristo nos hace posible conocer su voluntad, aunque los hombres tengan poca relevancia para el acontecer humano, se hacen eternos e inapreciablemente valiosos: al modo de la divinidad. Muchos han logrado, sin fama ni espectáculo, acrecentar su vida absolutamente –no ya para el mundo–, porque con toda sencillez procuraron vivir según el querer divino.

        Obediencia: que en nosotros se haga Su Voluntad: hágase Tu voluntad en la tierra como en el Cielo, rezamos con la oración que Cristo nos enseñó. Pidámosle que, en efecto, cada día sea para todos más decisivo, no tanto hacer lo que queremos, cuánto lo que Él quiere; firmemente convencidos de que no nos hace mejores ni más grandes en la vida salirnos con "la nuestra", sino que Dios se salda con "la suya" en nosotros. Comprobaremos, a partir de esta docilidad, que nos va mejor además en las relaciones interpersonales. Guiados por intereses personales, que con demasiada frecuencia son egoístas, tenemos sobrada experiencia –por desgracia– de la sociedad tensa que de ordinario hemos de soportar. También por lograr una convivencia en paz, nos conviene dejarnos conducir por los mandamientos de nuestro Creador. Siendo el autor del hombre, tiene la ciencia exacta –la ley moral– para el más correcto desenvolvimiento humano.

        El hombre más feliz y perfecto es aquel en quien mejor se cumple la voluntad de nuestro Creador y Señor. Así es nuestra Madre la más maravillosa de las criaturas: hizo en mí cosas grandes el que es Todopoderoso, puede afirmar. Implorando su asistencia maternal sabremos imitarla.

 

 


#861 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Sáb, 28 de Jun, 2003 4:05 pm
Asunto: María nos quiere con corazón de madre
ldemgya
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Día 28. MEMORIA OBLIGATORIA: Inmaculado Corazón de María


        Evangelio: Lc 2,41-51 Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre. Pasados aquellos días, al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo advirtiesen sus padres. Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, y al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca. Y al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre:
         —Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.
         Y él les dijo:
         —¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?
         Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
         Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.

María nos quiere con corazón de madre
 

        Hoy celebra la Iglesia el amor que nos tiene la Madre de Dios y Madre nuestra representado en su Inmaculado Corazón. Quizá de nada de esta vida estemos tan seguros como del amor que nos tiene nuestra propia madre. ¡Cuánto más seguros estaremos y cómo será de inmenso su amor, tratándose de María Santísima, la Madre que Jesús nos entregó desde la Cruz.

        Decimos en este día que María nos quiere con un corazón inmaculado, sin mancha. Nos ama con un corazón que jamás ha querido algo desordenadamente, porque, en todo momento, dirige sus afectos a través de Dios. Siendo María la llena de Gracia, hay en Ella una sintonía máxima con Dios. Por el singular privilegio de su concepción sin pecado, no padece las consecuencias del apartamiento de Dios y en todo momento goza de una visión clara de la verdad, con la que descubre inmediatamente el atractivo y el bien que suponen amar a Dios.

        María siempre ama. Cada instante de su existencia es para nuestra Madre una clara ocasión de intimidad con su Creador, que va concretando al actualizar en sí misma la conducta que más agrada a su Creador. De un modo o de otro, las suyas son de continuo actitudes maternales, actitudes, por tanto, de servicio, entregada a su Hijo Jesucristo y a todos los demás hombres –sus hijos recibidos en el Calvario–, destinados por la Encarnación y la Redención a la Vida Eterna.

        El Corazón de María no tiene experiencia sino de amar. No hay en Ella relación con el diablo, padre de la mentira, y por eso su corazón no está viciado de egoismo. María no es como nosotros, que con frecuencia, engañados, preferimos un interés particular, no lo que Dios espera, antes que amarle.

        La singular claridad de inteligencia de María le permitía reconocer a Dios junto a sí, que aguardaba a cada paso su amor. Nada aparecía como indiferente para la Llena de Gracia. Hasta lo que podría resultar más insignificante para sus contemporáneos, era para Ella una valiosa ocasión de entregarse generosamente y agradecida a su Creador.

        No veía María con desagrado el esfuerzo de buscar una y otra vez lo más perfecto en el trabajo, lo más generoso en el servicio, lo más perseverante en la oración –todo es oración para María, que no pierde la presencia actual de Dios–; por el contrario, contempla a su Señor más cercano a cada instante, por eso, a cada instante es más feliz aunque le cueste.

        Confiando en este amor que ha puesto totalmente en Dios, y por Él en la humanidad, nos acogemos a su maternal auxilio. No puede defraudarnos, ya que nos ama con el mismo corazón inmaculado con el que quiere a Dios como nadie más le puede querer. Su gran amor al Creador, de quien quiso ser esclava, y a quien se entregó deseosa de que se cumpliera en Ella su palabra, manifiesta –por la calidad de su entrega– la perfección y generosidad de su corazón lleno de Gracia.

        Animada de esas mismas disposiciones acogió la petición de su Hijo al pie de la Cruz, de ser Madre nuestra. Por eso, aunque la Sagrada Escritura narre pocos detalles de la entrega maternal de María a los discípulos de su Hijo, estamos seguros de su desvelo por los Apóstoles y de la eficacia de su intercesión en favor de la Iglesia naciente. Su amor por los hombres brota del mismo amor con que sirvió a Dios como corredentora en los días de su vida mortal. Ahora, como siempre, prodiga su protección sobre la Iglesia Universal. Se hace más patente, en todo caso, para quienes se acogen acogen de modo especial a su protección, y confiados acuden como niños buscando su auxilio, persuadidos de que será por los siglos apoyo infalible de los hombres, en el camino hasta la eterna bienaventuranza.

        Tampoco faltarán en la historia futura de la humanidad esas intervenciones extraordinarias de la Madre de Dios y Madre nuestra, de las que tenemos ya repetida experiencia. ¡Cuántos santuarios de la Virgen conmemoran por el mundo su maternal protección a lo largo de los siglos! El suyo es un corazón permanentemente a nuestro favor; que nos ama, aunque, demasiado pendientes de nuestras cosas, casi no nos acordemos de Ella. También entonces vigilará María. Querrá salir al paso de las penas y dolores de sus hijos, y fácilmente notaremos su cariño a poco que fomentemos su devoción.

        Del mismo como que se adelantó, aliviando el problema que por un descuido iban a tener los jóvenes esposos de Caná de Galilea –según narra san Juan–, también sale al paso de los hombres de hoy. Hasta el final de los tiempos, además del amor que siente por la humanidad, siendo Llena de Gracia, María tiene asumido el encargo de su Hijo, que quiso que no nos faltara nunca en el mundo una protección maternal.

        Acudir, en fin, a Santa María, es señal infalible de gloriosa predestinación. Con su corazón de Madre, no sólo nos quiere bienaventurados en el Cielo sino también –como lo fueron los santos– felices en la tierra.

 

 


#860 De: "Trinidad Arboleda" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Vie, 27 de Jun, 2003 8:53 pm
Asunto: Hoy
trini.arbocaj@...
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HOY
>
> HOY NO HERIRÉ A NADIE:
> Si alguien es descortés, si alguien es impaciente, si alguien es poco
amable...
> Yo no responderé de la misma manera
>
> HOY PEDIRÉ A DIOS QUE BENDIGA A MI ENEMIGO:
> Si me encuentro con alguien que me trata ásperamente o injustamente, yo
> calladamente pediré a Dios que lo bendiga. Entiendo que el "enemigo" puede
ser
> un miembro de la familia, vecino, compañero de trabajo o extraño.
>
> HOY TENDRÉ CUIDADO CON MIS PALABRAS:
> Elegiré cuidadosamente mis palabras, y tendré cuidado en no ser chismoso
ni
> rudo.
>
> HOY CAMINARÉ UNA MILLA EXTRA:
> Buscaré la manera de compartir la carga de otra persona.
>
> HOY PERDONARÉ:
> Perdonaré cualquier ofensa o agravio que venga a mí.
>
> HOY HARÉ ALGO REALMENTE HERMOSO PARA ALGUIEN, PERO LO HARÉ SECRETAMENTE:
> Me acercaré y bendeciré la vida de otros anónimamente.
>
> HOY TRATARÉ A LOS DEMÁS COMO ME GUSTARÍA SER TRATADO:
> Practicaré la regla de oro: "Haz a otros lo que te gustaría que te
hicieran a
> ti".
>
> HOY LEVANTARÉ EL ÁNIMO DE ALGUIEN QUE ESTÉ DESANIMADO:
> Mi sonrisa, mis palabras, mi expresión y mi apoyo pueden hacer la
diferencia en
> alguien que esté en un mal momento.
>
> HOY CUIDARÉ MI CUERPO:
> Comeré comida sana. Comeré menos comida basura. Agradeceré a Dios por su
obra
> en mí.
>
> HOY CRECERÉ ESPIRITUALMENTE:
> Hoy pasaré más tiempo en oración. Comenzaré leyendo algo espiritual e
> inspiracional; buscaré un lugar tranquilo y escucharé la voz de Dios.
>
>
> Envió: Dora Cárdenas

#859 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Mié, 25 de Jun, 2003 6:49 pm
Asunto: Mañana, 26, memoria de San Josemaría
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Mañana, 26 de junio, es San Josemaría Escrivá en el calendario universal de la Iglesia. Por primera vez se celebrará la misa del Santo en numerosas iglesias de todo el mundo. En Madrid, habrá una Misa Solemne en la Catedral de la Almudena a las 8 de la tarde. Por la mañana, a las 11, en la Iglesia del Espíritu Santo (Serrano 125) se bendecirá e inaugurará una estatua del Santo y, a continuación, habrá una Misa Solemne.
Pedidle al Señor muchos favores acudiendo a la intercesión de San Josemaría.
Un cordialsaludo
Jorge Salinas


#858 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Mié, 25 de Jun, 2003 6:47 pm
Asunto: Los derechos de los animales
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Los derechos de los animales

Autor: P. Luis Montes, Ucrania

¿Qué diferencia hay entre una persona y un animal? Según algunos, los animales no se diferencian demasiado del hombre. Es frecuente hoy día encontrar en la prensa noticias sobre la defensa de los animales y referencias a sus «derechos».

Recientemente se dio el caso de Woofie, una perra collie que se salvó de ser ejecutada por orden de una corte escocesa gracias a una campaña internacional encabezada por la ex actriz francesa y ahora defensora de los animales Brigitte Bardot. Bardot, que ha se ha dedicado al bienestar de los animales desde que abandonó abruptamente su carrera artística, hace 25 años, había hecho un dramático llamamiento para que se le perdonara la vida a Woofie.

La perra había sido condenada a morir en septiembre después de que su propietario, Terence Swankie, de Peterhead, en el nordeste de Escocia, reconoció haber violado la ley que prohíbe tener animales peligrosos. En el proceso reconoció además que su mascota suponía un peligro pues estaba «fuera de control en un lugar público». En efecto, la perrita Woofie de tres años tenía aterrorizados a los carteros del barrio durante sus correrías callejeras. La Corte de Edimburgo, sin embargo, imputó el veredicto de un tribunal inferior y decidió mantenerla en vida.


El animal y el hombre

Independientemente del caso de Woofie, numerosas personas se pronuncian a favor de la prohibición de los experimentos médicos con los animales, del uso de las pieles para los vestidos, etc. Algunos van más lejos, hasta construir cementerios u hoteles para los animales. El filósofo Peter Singer desde hace tiempo viene repitiendo la idea de que no hay diferencia intrínseca entre los animales y el hombre. En su famoso libro «Animal Liberation», publicado en 1975 y en años posteriores en varias ediciones, Singer pide que se ponga fin a la «tiranía» de los hombres sobre los animales. Según él, nuestro tratamiento injusto de los animales esequivalente al racismo y al sexismo. Para referirse a él, ha acuñado la palabra «especismo». Más que hablar de derechos, Singer pide una igualdad para los animales. En su moral utilitarista, basada en Bentham y otros, la vida de un feto no tiene más valor que la vida de un animal. De hecho, en una entrevista concedida en 1996, afirmó que si comparamos la vida de un chimpancé con la un bebé con problemas cerebrales, hay que reconocer un mayor «significado moral» al chimpancé.

En respuesta a este tipo de argumentos, el filósofo inglés Roger Scruton ha publicado un libro donde critica a quienes pretenden poner los animales al mismo nivel del hombre. Su publicación «Animal Rights and Wrongs», publicada en segunda edición este año, ofrece una serie de argumentos convincentes. Por lo que se refiere al tema de la diferencia en la capacidad intelectiva entre el hombre y los animales, Scruton hace las siguientes observaciones:

--» Los animales tienen deseos, pero no hacen opciones. Cuando entrenamos un animal cambiamos sus deseos, pero el animal no hace una opción.

--» La inteligencia de los animales está orientada por sus instintos y la experiencia del momento. El hombre, por el contrario, puede proyectarse en el futuro.

--» La vida social de los animales está guiada por los instintos y no hay diálogo o razonamiento moral como existe en una comunidad de personas.

--» Los animales no tienen una imaginación propiamente hablando, o un sentido estético y sus emociones están limitadas a un nivel físico. Tampoco tienen consciencia de sí o un lenguaje abstracto.


La dimensión interior

Hay otro filósofo que ha escrito sobre la diferencia entre el hombre y los animales. Se llama Karol Wojtyla. En un libro «Amor y responsabilidad», escrito antes de ser elegido Papa, examina aquello que diferencia al hombre de los demás seres, incluso los animales. Una persona es un ser racional, con una capacidad intelectiva cualitativamente superior a los animales. Pero no nos encontramos sólo ante una cuestión de funcionalidad intelectiva. La persona goza de una interioridad, en cuanto que es un
sujeto con un carácter espiritual, en el que se incluye una conciencia y una orientación hacia la verdad y el bien. Por tanto, la naturaleza del hombre es sustancialmente diversa a la de los animales e incluye la capacidad de la autodeterminación basada sobre la propia reflexión y la libre voluntad.

La diferencia esencial entre la persona y un animal está claramente expresada en el Catecismo de la Iglesia Católica. El número 2415 afirma que «los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura». Pero el dominio del hombre sobre los animales, y sobre toda la creación, no debe ser entendido como un poder absoluto. Si bien es posible servirse de los animales para responder a las necesidades humanas, es necesario respetarlos como criaturas de Dios. El número 2415 dice que los animales pueden ser utilizados legítimamente para alimentar o vestir al hombre, así como para realizar experimentos médicos. En este último aspecto, exige que se garanticen unos límites razonables y que los experimentos contribuyan realmente con la curación o la salvación de vidas humanas. El siguiente número advierte que se debe evitar hacer sufrir sin necesidad los animales, pero también afirma que no es bueno invertir en ellos sumas de dinero que podrían ser destinados a aliviar la situación de los pobres. Además, explica que «no se debe desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos».

En estos días en los que han sido frecuentes las noticias sobre experimentos con fetos humanos y la manipulación genética del hombre, algunos se preocupan más por los derechos de los animales que por salvaguardar la vida de los seres humanos. Por desgracia, entre los grupos políticos que promueven la defensa de los animales, se da con frecuencia una mentalidad favorable al aborto de los niños. El tiempo es buen consejero, esperemos que también lo sea en este campo.




Envíe sus comentarios al P. Luis Montes.




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#857 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 23 de Jun, 2003 9:54 pm
Asunto: Segunda Visita Apostólica a Bosnia-Herzegovina 1
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20 de Junio de 2003
 
Segundo Viaje Apostólico
a Bosnia- Herzegovina

Noticias:
 TRANSMISION EN VIVO POR INTERNET.
 
- 22 de Junio MISA SOLEMNE DE BEATIFICACION DE IVAN MERZ, EN BANJA LUKA.
EN VIVO:   3:00 hrs   REPETICION:   15:00 Y 21:00 hrs.  (Tiempo del Centro de Mexico) En Español
 
 
Para ver la transmision en vivo el dia y hora del evento señalodo se encontrará el "link" en la pagina principal de nuestro portal.


 


 


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#856 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 23 de Jun, 2003 9:41 pm
Asunto: Segunda Visita Apostólica a Bosnia-Herzegovina
trini.arbocaj@...
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#855 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Lun, 23 de Jun, 2003 9:54 am
Asunto: Gracia divina y correspondencia humana
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Día 24. SOLEMNIDAD: LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

        Evangelio: Lc 1, 57-66.80 Entretanto le llegó a Isabel el tiempo del parto, y dio a luz un hijo. Y sus vecinos y parientes oyeron la gran misericordia que el Señor le había mostrado y se congratulaban con ella. El día octavo fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero su madre dijo:
         —De ninguna manera, sino que se llamará Juan.
         Y le dijeron:
         —No hay nadie en tu familia que tenga este nombre.
         Al mismo tiempo preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Y él, pidiendo una tablilla, escribió: «Juan es su nombre». Lo cual llenó a todos de admiración. En aquel momento recobró el habla, se soltó su lengua y hablaba bendiciendo a Dios. Y se apoderó de todos sus vecinos el temor y se comentaban estos acontecimientos por toda la montaña de Judea; y cuantos los oían los grababan en su corazón, diciendo:
         —¿Qué va a ser, entonces, este niño?
         Porque la mano del Señor estaba con él.
         Mientras tanto el niño iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto hasta el tiempo en que debía darse a conocer a Israel.

Gracia divina y correspondencia humana

 

        Juan el Bautista, cuyo nacimiento hoy celebramos, es un ejemplo, entre tantos, de correspondencia a las gracias de Dios, fiel a su vocación: a lo que, incluso antes de nacer, esperaba de él la Trinidad Beatísima. Recordemos, como afirma san Pablo, que Dios nos ha escogido, antes de la constitución del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia, por el amor.

        El designio divino de la Redención del hombre preveía un precursor que anunciase la llegada del Hijo de Dios encarnado. El evangelista San Marcos recoge la profecía: conforme está escrito en Isaías el profeta: "Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino".
"Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas".

        La aparición de Juan, el "Precursor", era señal inequívoca de la inminente llegada del Mesías. Tenían, en efecto, razón los paisanos de Zacarías e Isabel, padres de Juan cuando decían:
        —¿Qué va a ser, entonces, este niño?
        Porque la mano del Señor estaba con él.

        Y es que nuestro Dios siempre asiste con su Gracia poderosa a sus elegidos, para que puedan cumplir lo que de ellos espera. Su nacimiento había sido anunciado proféticamente desde antiguo y al propio Zacarías, su padre, un ángel le advirtió de su nacimiento. Y esto, a pesar de su incredulidad, pues no era razonable –pensaba Zacarías– que tuvieran un hijo con edad tan avanzada, será para ti gozo –le dijo el ángel–; y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, estará lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios; e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto.

        No le faltarían a Juan la luz ni la energía necesaria para cumplir su misión. Dios mismo se hacía garante de su capacidad: quedaría lleno del Espíritu Santo desde antes de nacer, y así sería poderoso e infalible como Elías, que –bien lo sabían todos los judíos–, unido Dios, había salido siempre victorioso y de modo espectacular, incluso, frente a los mayores poderes de su tiempo que se oponían al único verdadero Dios.

        En su Providencia, Dios había cubierto de gracias muy singulares, a quien habría de cumplir una misión única y decisiva en orden a la Redención humana. El nacimiento de Juan fue acompañado de fenómenos del todo extraordinarios. El Bautista venía, así, al mundo –lleno del Espíritu Santo– con el importante bagaje sobrenatural que lo capacitada para una gran misión. Pero consideremos, en todo caso, que, guardando la debida proporción, así actúa siempre Dios con todos los hombres. Lo que espera de cada uno depende de las circunstancias personales, de la capacidad nuestra, que tenemos como todo lo demás, recibida de Dios. No es injusto, pues, Dios ni arbitrario, y el amor con obras que le debemos no debe ser sino el desarrollo de los talentos que nos ha concedido. Esas parábolas del señor de la casa que se marcha y distribuye sus bienes entre unos criados y reclama a su regreso el fruto correspondiente, deben estar habitualmente presentes en nuestra mente.

        No se trata, sin embargo, de vivir como atemorizados, con el pensamiento de que nos pedirán cuentas y que hay que exigirse, no nos vayan a castigar. Nos pedirán cuentas, por supuesto; pero no es Dios, Nuestro Padre, una autoridad amenazante, como si sólo le importara el resultado fáctico de nuestra conducta. Imaginémonos, más bien, a un padre que, con toda ilusión, concede a su hijo lo necesario para el trabajo que le encomienda, y que sólo espera ponerse contento viendo el progreso del hijo; que logra las metas que se propone y se propone lo que es su verdadero bien, lo que el padre le ha sugerido –porque lo quiere, porque lo conoce–, de acuerdo con su capacidad, pensando sólo en el bien del hijo y sabiendo sus gustos, sus aficiones, su carácter y lo que en definitiva le producirá más alegría.

        Contemplando a Juan el Bautista, resalta de inmediato la idea de vocación: la llamada de Dios a cada persona, que cada uno debemos responder. No ha surgido entre el los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista, declaró Jesús. Son las palabras que, aparte de poder resaltar las cualidades objetivas concedidas al "Precursor", ponen de manifiesto sin duda, su libre y fiel correspondencia al designio divino. No parece que Jesús pudiera alabar, y menos de modo tan solemne, a quien únicamente hubiera recibido muchos talentos, sin mérito alguno de su parte, a menos que hubiera respondido a ellos con libre generosidad, dando el fruto que Dios esperaba, correspondiendo de modo heroico a su vocación.

        Encomendemos nuestros buenos deseos de correspondencia a lo que el Señor nos pide en nuestra vida y cada mañana y cada tarde, a la Madre de Dios, Madre nuestra del Cielo, como quiso Jesucristo. Responder a la vocación es entrega, servicio, docilidad y, como es respuesta a Dios, grandeza, plenitud de vida. Así, María es la esclava del Señor y la Reina del mundo.


#854 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Sáb, 21 de Jun, 2003 5:07 pm
Asunto: Ampliación del curso de formación para padres: televisión y familia
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CURSOS
 Victòria Cardona. Educadora Familiar 19/06/2003

Ampliaremos el tema Jóvenes y medios de comunicación, y lo desarrollaremos en los siguientes artículos:

  1. Televisión y familia
  2. Los contenidos de la televisión
  3. Responsabilidad en el uso de Internet

Siguiendo en la línea de todos estos artículos, que deben ayudar a la familia a tener más puntos de reflexión para mejorar su capacidad educadora, nos parece oportuno dedicar un tiempo a pensar en la televisión dado que, exceptuando algún caso aislado, este medio de comunicación está presente en casi todos los hogares. Se trata de saberla utilizar. De su uso excesivo pueden derivar muchas deficiencias, como por ejemplo la pérdida de tiempo, la teleadicción, la carencia de creatividad, la pasividad, el aburrimiento, la carencia de comunicación entre los miembros de la familia, etc. Por esto, es evidente que tenemos que proponernos dedicar tiempo para enseñar a ver programas (que no es el mismo que "ver televisión") de una forma razonable y acordada. Destacaremos cuatro conceptos prácticos para hacer buen uso de la TV:

  1. Ver los programas con los hijos e hijas: Es bueno acompañar a las criaturas, estar a su lado, para hacerles distinguir realidad de ficción. Cuando son pequeños, les gusta mucho que les expliquen el significado de lo que ven y también es conveniente hacerles preguntas sensatas para saber los efectos que les produce lo que han visto. De más grandes, está demostrado que ayudar a tener espíritu crítico y establecer un diálogo sobre lo que se ha visto juntos los va animando a saber escoger, lo cual es muy importante para su formación humana.

  2. No tener la televisión como una "niñera electrónica": No puede ser de ningún modo que la televisión sea la que cuide a nuestras criaturas. Esto es especialmente importante para aquellos padres y madres que no pueden estar en casa cuando sus hijos llegan de la escuela y no se pueden ocupar de la selección de los programas. Sabemos que muchos programas pueden denigrar la dignidad humana y que las imágenes de la publicidad sirven para tener deseos desmesurados de consumo, etc. Nadie, y menos la televisión, puede quitar el derecho a los progenitores de educar a sus hijos.

  3. No hacer zapping: La costumbre de cambiar continuamente de canal no educa la distinción que se tiene que hacer de los diferentes programas que se han previsto ver. Tampoco podemos fiarnos de que los espacios llamados infantiles sean los adecuados para nuestros hijos. Muchos pueden incitar a la violencia, al lenguaje vulgar, a la superficialidad. La única solución para no hacer zapping, es enterarse bien de la programación y de sus contenidos. Una buena guía podéis encontrarla en esta página web: www.taconline.net.

  4. Ir creando en casa una videoteca con películas y documentales de temas interesantes para todos los miembros de la familia: Esta sería una tarea a hacer y un buen objetivo para vivir los encargos, que ya se ha comentado en los artículos de educación de la responsabilidad. Los hijos de más edad se podrían ocupar de grabar documentales que favorecieran el amor a la naturaleza, programas de manualidades, competiciones deportivas, películas infantiles o juveniles. Se trata de la ilusión por colaborar en una actividad de ocio, pero que nunca seria la única, y que padres y madres sabrán buscarle otras alternativas con imaginación y sentido común.

Próximo capítulo: Los contenidos de la televisión.

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#853 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Sáb, 21 de Jun, 2003 12:13 pm
Asunto: La Vida que nos corresponde
ldemgya
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SOLEMNIDAD: SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

        Evangelio: Mc 14,12-16.22-26 El primer día de los Ácimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos:
        ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
        Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice:
        Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: “¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí.
        Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.
        Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:
        Tomad, esto es mi cuerpo.
Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y les dijo:
        Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.
        Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.

La Vida que nos corresponde

 

        Celebramos hoy a Jesucristo ofrecido en alimento de nuestra vida sobrenatural. Los judíos no podían creer lo que oían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, protestaban a Jesús. Hacía falta tener una fe como la de Pedro para aceptar de Cristo esa capacidad de donación. Sin embargo, su amor completo y hasta el fin, como explicará san Juan, le lleva siendo Dios, no sólo a dar su vida en redención por el mundo, sino también a anticipar sacramentalmente el sacrificio de su cuerpo y su sangre, dejándolo para el cristiano como tesoro de vida eterna hasta el final de los tiempos.

        De diversos modos, había ya revelado Jesús que la vida del hombre debe ser más que una vida humana, que no nos basta con continuar como antes de su venida al mundo, por perfecta que pudiera llegar a ser esa existencia muestra. Según expone san Juan al comienzo de su Evangelio, la vida del hombre logra un profundo incremento con la Encarnación del Hijo. Vino a los suyos –explica–, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio la potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios.

        Es, pues, otra vida –la de hijos de Dios–, distinta de la meramente humana que es fruto de la generación de la carne. Ésta, la natural y más notoria, tiene un origen y unos fines terrenos. Es la que contemplamos en nosotros mismos y en muchos a los que vemos nacer y morir en la historia; y, entretanto, influidos por el ambiente e influyendo en él, sus días se suceden mientras procuran –y procuramos– bienestar, paz, alegría, el goce de los apetitos, etc.; lo que para muchos sería el ideal de una vida feliz: en paz y armonía con los demás y disfrutando de cuanto puede ofrecer este mundo. Se trata, evidentemente, de algo muy distinto –de otro orden– a la vida, que no es según la carne, a la que se refiere san Juan. La vida que no nace de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios, es para los hombres la gran novedad desde Jesucristo. Con su venida, y a partir, concretamente, de su muerte y resurrección gloriosa, se nos muestra en misterio pero con neta firmeza, el sentido de la vida humana según el Creador.

        Ha querido Dios, por Jesucristo, que seamos hijos suyos, que vivamos vida divina y que, a partir de la meramente humana, siendo racional, logremos el desarrollo pleno –espiritual y sobrenatural– que es nuestro destino según su plan creador. Por eso Jesús se refiere frecuentemente a otra vida distinta y más excelente: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Esa vida abundanteque, por querer de Dios nos corresponde, no la lograríamos, por consiguiente, mediante el despliegue exuberante de nuestros talentos, por grandiosos que fueran, sin contar con Jesucristo. De hecho, la más gozosa de las vidas de este mundo es nada ante la vida para la que hemos sido creados.

        Nos corresponde una existencia sobrenatural, trascendente, pero requiere, de modo necesario, una decisiva intervención divina, que debe ser correspondida por parte del hombre. Jesús, en su diálogo con Nicodemo –que recoge asimismo san Juan–, le explica: en verdad te digo que si uno no nace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Pero Nicodemo no entiende; no puede dejar de pensar en la vida meramente humana, y pregunta a Jesús si acaso hay que volver a nacer de nuevo de la propia madre. A lo que Jesús responde: en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas de que te haya dicho que debéis nacer de nuevo.

        El bautismo, ya lo hemos considerado en otras ocasiones, es el nacimiento a la vida de la Gracia, nuestro nacimiento como hijos de Dios, destinados desde ese momento a una Vida Eterna de intimidad con el Padre, con el Hijo, y con el Espíritu Santo. Una vida que alcanza su desarrollo propio únicamente alimentada con el mismo Dios: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.

        Siempre deberíamos tener ante nosotros estas palabras. Le pedimos a Nuestra Madre del Cielo que iluminen e impulsen nuestro caminar para que sea ante todo viaje hasta el Reino de Nuestro Padre.

 


#852 De: Raúl Moreno <raulmormx@...>
Fecha: Vie, 20 de Jun, 2003 6:29 pm
Asunto: MEDITACION de los Misterios Dolorosos: 4º y 5º.
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Meditación de los Misterios Dolorosos
                                  4º y 5º

Si eres devoto(a) de El Santo Rosario, en los Misterios Dolorosos
precisamente en el 4º y 5º Misterios, puedes enriquecer tu oración
diciendo antes de cada Avemaría un enunciado que se apega a las
Estaciones del Vía Crucis y a Las 7 ocasiones que Jesús habló antes
de expirar crucificado. Te invito a leerlas y a que las incluyas cada
vez que rezas los Misterios Dolorosos.

                       Cuarto Misterio Doloroso:
                     "Jesús con la cruz a cuestas"
                            Padre Nuestro

1.-  Jesús ya ha sido condenado a muerte por el sanedrín y por un
cobarde y chantajeado Poncio Pilato.  Avemaría.
2.-   Toma el Señor el madero de la cruz, la besa tres veces, le da
gracias al Padre y la carga con amor.        Avemaría.
3.-   Camino al calvario, Jesús cae a tierra por primera vez bajo el
peso de la cruz debido a sus tropiezos con sus vestiduras
largas.            Avemaría.
4.-  Jesús encuentra a su Madre Dolorosa en su camino.
Avemaría.
5.-  Toman a un hombre venido del campo llamado Simón y lo obligan a
que cargue el madero, porque ellos creen que Jesús no llegará vivo al
lugar del sacrificio.  Avemaría.
6.-  Una mujer valerosa y piadosa, con un paño entre sus manos se
acerca a Jesús y le limpia su rostro manchado de sangre, polvo,
sudor, lágrimas.           Avemaría.
7.-  Siguiendo su camino, cae Jesús por segunda vez.
Avemaría.
8.-  Jesús consuela a un grupo de mujeres diciéndoles: Mujeres de
Jerusalén no lloren por mi, lloren mas bien por vosotras mismas y por
vuestros hijos.         Avemaría.
9.-  Cae Jesús a tierra por tercera vez. Avemaría.
10.-  En el lugar del sacrificio, Jesús es despojado de sus
vestiduras, se las reparten los soldados y su manto hecho de una sola
pieza, se lo sortean. Avemaría.  GLORIA ...

Maria Madre de Gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la
muerte, ampáranos oh gran Señora.
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados,  líbranos del fuego del
infierno,  lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más
necesitadas de tu misericordia.  Amén.

                     Quinto Misterio Doloroso:
                "La Crucifixión y Muerte del Señor"
                           Padre Nuestro

1.-  Crucifican a Jesús clavándole sus manos y sus pies y lo elevan.
El árbol de la vida, ha sido sembrado en la tierra.     Avemaría.
2.-  Jesús crucificado elevando su voz al cielo invoca: Padre,
perdónales porque no saben lo que hacen.           Avemaría.
3.-  El crucificado a su derecha le dice a Jesús: Señor, acuérdate de
mí cuando estés en tu Reino; y Jesús le contesta: En verdad te digo,
hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.               Avemaría.
4.-  Al pie de la cruz se encuentran su Madre y el discípulo amado y
mirándolos, Jesús les dice: Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a
tu Madre.       Avemaría.
5.-  Jesús invocando al cielo exclama: Dios mío, Dios mío, porqué me
has abandonado. Avemaría.
6.-  Tengo sed (dice el Señor). Un soldado le acerca a sus labios un
hisopo empapado de un líquido avinagrado, que Jesús prueba, pero no
lo bebe       Avemaría.
7.-  Jesús exclama: ¡Todo está consumado!. Avemaría
8.-  Sus últimas palabras fueron: ¡Padre mío, en tus manos encomiendo
mi espíritu!. E inclinado la cabeza, Jesús expira. Ave.
9.-  Bajan el cuerpo de Jesús y los brazos de su Madre Dolorosa
reciben el cuerpo inerte de su Hijo.                 Avemaría
10.-  Antes del anochecer por temor a los judíos, conducen el cuerpo
de Jesús a un sepulcro horadado en la roca, allá lo depositan, se
despiden de Él, cierran la entrada con una gran piedra plana y en el
corazón de la Madre, aparece  la Soledad, porque ya no tiene a su
lado a su Hijo Amado.  Avemaría.   GLORIA ...

Maria Madre de Gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la
muerte, ampáranos oh gran Señora.
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados,  líbranos del fuego del
infierno,  lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más
necesitadas de tu misericordia.  Amén

#851 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Vie, 20 de Jun, 2003 6:25 pm
Asunto: Las formas sí son importantes
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Las formas sí son importantes

Autor: Alfonso Aguiló, Revista "Hacer Familia", nº 111


Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué desgracia, mi Señor! –dijo el sabio–, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad". "¡Qué insolencia! –gritó el Sultán enfurecido– ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!". Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

A continuación mandó que le trajesen a otro sabio y volvió a contarle lo que había soñado. Este, después de escuchar con atención al Sultán, le dijo: "Mi Señor, gran felicidad os ha sido reservada, pues el sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes". Se iluminó el semblante del Sultán y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando este segundo sabio salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "¡Es curioso! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que el primer sabio, pero a él le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro". "Recuerda, amigo mío –respondió el segundo sabio–, que casi todo depende de la forma en el decir".

Esta vieja historia muestra cómo uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la amistad o la enemistad, la armonía o el conflicto. Es cierto que debe decirse la verdad, pero la falta de acierto en la forma de expresarla, o la falta de oportunidad en el momento y circunstancias de decirla, provoca muchas veces grandes problemas.

Es cierto que hay verdades que son duras de decir, o duras de escuchar, y que quizá aún así hay que decirlas, pero todos hemos de aprender a hablar de manera que nuestras palabras no despierten la defensividad del interlocutor, es decir, que quien las escucha no las perciba como hostilidad o como provocación. Hay muchas formas de decir lo mismo, y normalmente no hay necesidad de hacer antipática la verdad. La verdad es como una joya, que puede lanzarse contra el rostro de alguien, para herirle, o bien ser presentada y ofrecida de modo afable, con la consideración que merece.

La mayoría de los que presumen de andar por la vida cantando las verdades a todo el mundo, lo que quizá no dicen o no saben es que lo que les mueve a hacerlo no es su amor a la verdad sino su afán de impresionar a los demás, cosa que parece que les encanta. Quizá creen que quedan muy bien, que quedan por encima, cuando la realidad es que suelen hacer el ridículo, y sobre todo, no convencen a nadie. La razón expresada con malos modos no persuade, sino que enfurece y encona. Todos necesitamos de indulgencia, y –como decía Menéndez y Pelayo– el que no la otorga a los demás, difícilmente la encontrará luego para sí mismo.

Sería interesante examinar con qué cuidado tratamos a cada uno, si tenemos la suficiente consideración con todos, si hablamos a todos y de todos con respeto y aprecio, si actuamos con justicia y lealtad. Y quizá con más razón en su ausencia: de manera que si el interesado estuviera presente, quedara agradecido por el modo en que se habla de él.


#850 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Jue, 19 de Jun, 2003 9:32 pm
Asunto: El descubrimiento de Dios «enamorado»: auténtica «nueva era»; según el Papa
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El descubrimiento de Dios «enamorado»: auténtica «nueva era»; según el Papa
Comenta en la audiencia general el Cántico de Isaías 61,10-62,5

CIUDAD DEL VATICANO, 18 junio 2003 (ZENIT.org <http://www.zenit.org/>).- La auténtica «nueva era» es el descubrimiento de Dios, «enamorado» del ser humano, considera Juan Pablo II.

Para el pontífice lo que realmente puede abrir un nuevo futuro a todo hombre y mujer es el nuevo horizonte que abre el amor «cercano» de Dios, que se une en alianza de amor.

Así lo explicó al comentar este miércoles el Cántico de Isaías que aparece entre los capítulos 61 y 62, presentado por la Liturgia de los Laudes.

El canto, explicó el pontífice, «quiere representar el renacimiento de Jerusalén, ante quien está a punto de abrirse una nueva era. La ciudad es presentada como una novia que prepara para celebrar las bodas».

El símbolo del matrimonio, según reconoció el obispo de Roma, se convierte en «una de las imágenes más intensas para exaltar el lazo de intimidad y el pacto de amor que existe entre el Señor y el pueblo elegido».

Por este motivo, la ciudad de Sión --símbolo de todo el pueblo-- tras unirse en alianza con su Dios cambia de nombre, para ser llamada Jerusalén. Algo así como sucede en algunas culturas con una novia, aclaró el Papa, que al casarse adopta el apellido del marido.

Para explicar esta nueva era, surgida de la alianza con Dios, el sucesor de Pedro retomó palabras sumamente gráficas del profeta: «No se dirá de ti jamás "Abandonada", ni de tu tierra se dirá jamás "Desolada", sino que a ti se te llamará "Mi Complacencia", y a tu tierra, "Desposada"».

«Los nombres que indicaban la precedente situación de abandono y desolación», constató Juan Pablo II, «son sustituidos ahora por los nombres del renacimiento y son términos de amor y ternura, de fiesta y felicidad».

«Al Dios lejano y trascendente, justo juez, le sigue ahora el Dios cercano y enamorado», añadió.

El Papa concluyó constatando cómo esta convicción aparece después en el Nuevo Testamento y entre los primeros cristianos, que aplicaron este Cántico a la relación de Cristo con su Iglesia.

En concreto citó al obispo de Milán, san Ambrosio (340-397), quien ponía en labios de Cristo estas palabras dirigidas a su Iglesia: «Ponme como un sello en tu corazón, como un sello en tu brazo", es decir: "¡estás acicalada, alma mía, eres preciosa, no te falta nada!"».

Con su meditación Juan Pablo II continuó la serie de intervenciones en las audiencias de los miércoles dedicadas a comentar los Salmos y Cánticos del Antiguo Testamento que han pasado a ser motivo de oración diaria para los cristianos. Pueden consultarse en la sección «Audiencia del miércoles» en la página web de Zenit (<http://www.zenit.org/spanish/audiencia/>).
ZS03061806








#849 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Mié, 18 de Jun, 2003 8:51 pm
Asunto: Jesucristo ¿realmente presente en la Eucaristía?
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Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía.

El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.

Diferencia entre imágenes y Eucaristía, veneración y adoración

Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo. Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, que es de intercesión ante Dios.

La adoración sólo se tributa a Dios. El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona. La idolatría se dirige a la imagen misma. Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella.

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la imagen visible del Dios invisible, como dice San Pablo, es lógico que lo representemos para darle culto. Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión y la pena de muerte para los adúlteros.

El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo. Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes. Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes. Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno : Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros. Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.

La Eucaristía, una Persona

Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda. Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

Señor:
Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.
Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.
Te amo sobre todas las cosas.
Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.
Te pido por todo por todas mis intenciones.
Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.


No has tardado ni un minuto.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.

La Transubstanciación

En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo. Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor.

La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales. Jesucristo en razón de su única Persona está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero .

Por esto, las normas litúrgicas dicen que durante la consagración los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que lo impida. Y así lo han recordado varios obispos. En la elevación podrías decir en silencio: «Señor mío y Dios mío, que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén».

La palabra griega «soma» en la antropología hebrea significa cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra «aima» (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

Jesucristo instituyó la Eucaristía para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y alimentar nuestras almas para la vida eterna. En su Última Cena, Jesucristo instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre. Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres bajo las apariencias de pan y vino.

Con las palabras «haced esto en memoria mía», Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.

Jesús presente en la Eucaristía

Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas, entero en cada una de ellas. Aunque sea muy pequeña. También un paisaje muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación puede ayudar a entenderlo.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir, todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que sea. Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación, que es de San Agustín, puede ayudar a entenderlo.

Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que, por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: «Esto es mi Cuerpo..., éste es el cáliz de mi Sangre...». En otra ocasión dijo: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida». Y los que oyeron estas palabras las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron contenerse y dijeron «dura es esta doctrina».

Los discípulos que las oyeron las entendieron de modo real, no simbólico. Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable. Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no se hubieran escandalizado. El mismo San Pablo también las entendió así. Por eso después de relatar la institución de la Eucaristía añade rotundamente: «de manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor».

Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles. La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial.

El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro. Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que no es posible admitir un lenguaje simbólico. ¿Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que luego te dejara fuera una fotografía de ella?. Si no queremos decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan realmente lo que expresan.

La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el relato de la Cena: «esto significa mi Cuerpo». Sin embargo, todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen «esto es mi Cuerpo». No es lo mismo el verbo «ser» que el verbo «significar». La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.

La Eucaristía, un misterio

Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; pero tampoco comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo, un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre, y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos. Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural y misterioso.

Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y también, la Sagrada Eucaristía.

La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros.

Puede ser interesante leer la conferencia del P. Loring: «El Santo Grial de Valencia y milagros eucarísticos», donde presenta las razones que nos permiten afirmar con fundamento que el Santo Cáliz de Valencia es el mismo que utilizó Jesucristo en la Última Cena, y relata los milagros eucarísticos de los Corporales de Daroca, La Sagrada Forma de El Escorial, El Milagro de los peces de Alboraya (Valencia) y la carne eucarística de Lanciano (Italia), analizada recientemente por científicos.



Envíe sus consultas al P. Jorge Loring, S.I., autor del libro "Para salvarte", donde encontrará todo lo que le interesa saber sobre la fe y la moral.





Si tienes alguna duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en los foros de Catholic.net donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.


#848 De: Raúl Moreno <raulmormx@...>
Fecha: Mar, 17 de Jun, 2003 11:18 pm
Asunto: CONFIA EN MI. JESUS.
raulmormx
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¡C O N F I A   E N   M I!

¿Porqué te afliges y confundes por los problemas que te trae la vida?
Déjame controlar todas tus cosas e irán tornándose mejores.  Cuando
te entregues totalmente a Mi, todas las cosas serán resueltas con
tranquilidad, de acuerdo a mis planes.  No te frustres, no me ores
como apresurándome, como si quisieras forzarme a realizar tus
planes.  En lugar de eso, cierra los ojos de tu alma y con paz dime:

              &#8220;J E S Ú S,   Y O   C O N F I O   E N   TI&#8221;

Trata de evitar esos pensamientos que te angustian al querer
comprender las cosas que te pasan.  No me arruines mis planes,
tratando de imponer tus ideas, déjame ser tu Dios y actuar libremente
en tu vida.  Entrégate a mi con completa fe y confianza y deja tu
futuro en mis manos.  Dime frecuentemente:

            &#8220;J E S U S,   Y O   C O N F I O   E N   T I&#8221;

Lo que mas me lastima, es cuando tratas de razonarlo todo de acuerdo
a tus pensamientos e intentas resolver tus problemas a tu manera.
Cuando digas: &#8220;JESÚS, YO CONFÍO EN TI&#8221;, no seas como el impacie=
nte,
que le dice al doctor: &#8220;cúrame&#8221;, pero le sugiere la &#8220;mejo=
r&#8221; forma de
hacerlo.
Déjame curarte por mis brazos divinos, no tengas miedo.  Yo te amo.
Si ves que las cosas se vuelven peores o más complicadas, aún cuando
estés orando: mantente confiado en Mi, cierra los ojos de tu alma y
continúa diciendo a cada hora: &#8220;JESÚS, YO CONFÍO EN TI&#8221;.

Necesito mis manos libres para poder manifestarte mis bendiciones.
No ates mis manos con tus absurdas preocupaciones.  Satanás quiere
que te frustres, hacerte sentir triste, quitarte la paz.  Confía en
Mi, descansa en Mi, entrégate a Mi.  Yo hago milagros en la medida en
que tú te abandonas a Mi y de acuerdo a la fe que me tienes.  Dame
todas tus frustraciones y duerme en paz y siempre dime: &#8220;JESÚS, YO
CONFÍO EN TI&#8221; y verás grandes milagros.
                 Te lo prometo con todo mi amor.
                          &#8220;J E S Ú S&#8221;

#847 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Mar, 17 de Jun, 2003 9:32 am
Asunto: NOVEDADES FLUVIUM-47
ldemgya
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NOVEDADES FLUVIUM
  "SELECCIÓN" de la semana.

«Matrix», una lección de antropología: que declara y muestra con toda coherencia un profesor de antropología y ética.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/eti157.htm

Fisiopatología de la muerte de Jesucristo: Jesús una persona plitraumatizada, según un médico intensivista.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura407.htm

Balance de su visita apostólica a Croacia: intervención de Juan Pablo II en la audiencia general que dedicó a recordar los momentos más destacados de su tercera visita apostólica a Croacia, del 5 al 9 de junio.Ciudad del Vaticano, 11 junio 2003.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura408.htm

"Cristo nos ayuda en los miedos, en la enfermedad, en la vejez; Él nos defiende": lo afirma Kiko Argüello, el iniciador del Camino Neocatecumenal en una entrevista.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/igl143.htm

La venida del Espíritu Santo: textos escogidos de san Josemaría Escrivá.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lecturanP46.htm

La familia necesita ayuda para su estabilidad y desarrollo: palabras de Juan Pablo II durante la celebración eucarística del domingo de Pentecostés. Ciudad del Vaticano, 10 de junio de 2003.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura409.htm

Premio a un chimpancé: es un tema periódicamente de moda por absurdo que sea: asemejarnos a los animales
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/vid39.htm

GAUDI: "El arquitecto de Dios": se recuerda su genial figura con ocasión del 150 aniversario de su nacimiento, mientras avanza su proceso de beatificación.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/igl139.htm

Día 15 Domingo. Solemnidad: La Santísima Trinidad: meditación.
http://www.fluvium.org/textos/pedicacion/030615.htm

Día 11 Miércoles. San Bernabé, apóstol: meditación.
http://www.fluvium.org/textos/pedicacion/030611.htm

(para recibir antes estas meditaciones hacer clic en EL DOMINGO y enviar)

Saludos,
Luis de Moya
http://www.luisdemoya.org/
http://www.fluvium.org/
http://www.muertedigna.org/

 


#846 De: Raúl Moreno <raulmormx@...>
Fecha: Mar, 17 de Jun, 2003 2:57 am
Asunto: JUEVES DE CORPUS CHRISTI. Fiesta.
raulmormx
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Diversas maneras de celebrar esta fiesta

Participar en la procesión con el Santísimo


La procesión con el Santísimo consiste en hacer un homenaje
agradecido, público y multitudinario de la presencia real de Cristo
en la Eucaristía. Se acostumbra sacar en procesión al Santísimo
Sacramento por las calles y las plazas o dentro de la parroquia o
Iglesia, para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la
Eucaristía.
Esta costumbre ayuda a que los valores fundamentales de la fe
católica se acentúen con la presencia real y personal de Cristo en la
Eucaristía.

La Hora Santa

Es una manera práctica y muy bella de adorar a Jesús Sacramentado. El
Papa Juan Pablo II la celebra, al igual que la mayoría de las
Parroquias de todo el mundo, los jueves al anochecer, para demostrar
a Cristo Eucaristía amor y agradecimiento y reparar las actitudes de
indiferencia y las faltas de respeto que recibe de uno mismo y de los
demás hombres.

Consiste en realizar una pequeña reflexión evangélica, en presencia
de Jesús Sacramentado y, al final, se rezan unas letanías especiales
para demostrarle a Jesús nuestro amor.

Se puede celebrar de manera formal con el Santísimo Sacramento
solemnemente expuesto en la custodia, con incienso y con cantos, o de
manera informal con la Hostia dentro del Sagrario. Cualquiera de las
dos maneras agrada a Jesús.
Se inicia con la exposición del Santísimo Sacramento o, en su
defecto, con una oración inicial a Jesucristo estando todos
arrodillados frente al Sagrario.

A continuación, se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y
al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.
Luego, se reflexiona adorando a Jesús, Rey del Universo, en la
Eucaristía.

Se termina con las invocaciones y las letanías correspondientes y, en
el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del
Santísimo solemnemente expuesto, el sacerdote da la bendición con el
Santísimo; en caso contrario, se finaliza la Hora Santa con una
plegaria conocida de agradecimiento.


Recordar en familia lo que es la Eucaristía

I. ¿Qué es la Eucaristía?
La Eucaristía es uno de los siete Sacramentos. Nos recuerda el
momento en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y en la
Sangre de Cristo. Éste es el alimento del alma. Así como nuestro
cuerpo necesita comer para vivir, nuestra alma necesita comulgar para
estar sana. Cristo dijo: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre,
tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día."
II. ¿En qué nos ayuda la Eucaristía?

Todos queremos ser buenos, ser santos y nos damos cuenta de que el
camino de la santidad no es fácil, que no bastan nuestras fuerzas
humanas para lograrlo. Necesitamos fuerza divina, de Jesús. Esto sólo
será posible con la Eucaristía. Al comulgar, nos podemos sentir
otros, ya que Cristo va a vivir en nosotros. Podremos decir, con San
Pablo: "Vivo yo, pero ya no soy yo, sino Cristo quien vive en mí."
III. ¿En qué parte de la Misa se realiza          la Eucaristía?

Después de rezar el Credo, se llevan a cabo: el ofertorio, la
consagración y la comunión.
Ofertorio: Es el momento en que el sacerdote ofrece a Dios el pan y
el vino que serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Nosotros podemos ofrecer, con mucho amor, toda nuestra vida a Dios en
esta parte de la Misa.
Consagración: Es el momento de la Misa en que Dios, a través del
sacerdote, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de
Cristo. En este momento nos arrodillamos como señal de amor y
adoración a Jesús, Dios hecho hombre, que se hace presente en la
Eucaristía.
Comunión: Es recibir a Cristo Eucaristía en nuestra alma, lo que
produce ciertos efectos en nosotros:

· nos une a Cristo y a su Iglesia,
· une a los cristianos entre sí,
· alimenta nuestra alma,
· aumenta en nosotros la vida de gracia y la amistad con Dios,
· perdona los pecados veniales,
· nos fortalece para resistir la tentación y no cometer pecado
mortal.

IV. ¿Qué condiciones pone la Iglesia para poder comulgar?

La Iglesia nos pide dos condiciones para recibir la comunión:

· Estar en gracia, con nuestra alma limpia todo pecado mortal.
· Cumplir el ayuno eucarístico: no comer nada una hora antes de
comulgar.

V. ¿Cada cuánto puedo recibir la Comunión Sacramental?

La Iglesia recomienda recibir la Comunión siempre que vayamos a Misa.
Es obligación recibir la Comunión, al menos, una vez al año en el
tiempo de Pascua, que son los 50 días comprendidos entre el Domingo
de Resurrección y el Domingo de Pentecostés.
VI. ¿Qué hacer después de comulgar?

Se recomienda aprovechar la oportunidad para platicarle a Dios,
nuestro Señor, todo lo que queramos: lo que nos alegra, lo que nos
preocupa; darle gracias por todo lo bueno que nos ha dado; decirle lo
mucho que lo amamos y que queremos cumplir con su voluntad; pedirle
que nos ayude a nosotros y a todos los hombres; ofrecerle cada acto
que hagamos en nuestra vida.
VII. ¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar?

Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. Esto es recibir a
Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración:

"Creo, Jesús mío, que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro
de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti.
Amén"
Milagros que nunca llegan

Autor: Álvaro Correa
Nuestra existencia es dolorosa y el deseo de recibir un milagro es
más acuciante que el de realizarlo. Por lo demás la conciencia
propia, que nos interpela sin tapujos, no permite al común de los
mortales creernos capaces de realizar algún milagro. Es difícil
vernos en el papel de un taumaturgo.

Quién más, quién menos ha rezado que el Señor le conceda un milagro
en beneficio propio o de una persona querida. A diario nos topamos
con situaciones que nos hacen elevar los ojos al cielo y pedir que el
poder omnipotente de Dios cambie el curso de los acontecimientos,
cancele una enfermedad, proteja de un peligro o doblegue la voluntad
de un pobre hombre hacia el bien. Quizás en el fondo de nuestras
oraciones corre, de una manera más o menos habitual, el torrente
suplicante de un milagro.

Y parece que los milagros nunca llegan. Hay quien llega a perder el
gusto por la oración porque nunca se realizan sus deseos. Da la
impresión que el tiempo de los milagros se quedó estancado en siglos
pasados. Parece que escasean los santos que en otros tiempos reunían
en torno a sí multitudes de personas encantadas por sus prodigios.

¿Qué ha pasado? ¿Qué epidemia ha diezmado el fruto precioso de los
milagros? Quizás, con la mano sobre el pecho, tendríamos que
reconocer que la falta de fe de nuestra sociedad ha sido un terrible
abismo por donde han caído los milagros que no vemos. En tiempo de
Jesús hubo quien le pidiera una señal del cielo y no se la concedió,
porque le faltaba fe. Pues, ¿para qué sirve un milagro a un hombre
descreído? Se dice que quienes se saciaron de la multiplicación de
los panes eran los mismos que gritaban que Cristo fuera crucificado.

Quien posee la fe, al menos como un grano de mostaza, tiene esa lente
maravillosa que le permite contemplar y gozar lo que otros no
perciben. Esta fe le hace sentir la mano de Dios que nunca abandona.
Y mientras unos piden el milagro de una curación y se lamentan de que
no se produzca, el hombre creyente agradece la misericordia de Dios
que lo sostiene en el sufrimiento y da un sentido de eternidad a su
dolor.

El hombre de fe vive en cada momento el milagro gozoso de un nuevo
día, de una familia por la que luchar, de un mendrugo de pan que
llevar a la boca, de un trabajo, del sentido para sus horas amargas,
del consuelo de saberse amado no obstante las decepciones de la vida.
El hombre de fe sabe que cada minuto de su existencia es un milagro
del amor y que todo sucede según el designio amoroso de Dios. Todo es
un milagro para él: su salud o enfermedad, la amistad o el desprecio,
un día luminoso de primavera o una tarde gris de invierno. Sabe que
los milagros que piden los hombres sin fe son los que no pueden ver
por la ceguera de su alma. Y reza por ellos para que lleguen a
experimentar la amistad de un Dios que sabe solo amar y perdonar.

La verdad es que vivimos de puro milagro. Todo lo que nos rodea es un
regalo del Señor, un prodigio de su bondad. Uno se queda sorprendido
de la capacidad del hombre para sufrir, ¿no es un milagro? Uno no
sabe cómo somos capaces de amar hasta dar la vida, ¿no es un milagro?
Uno, acostumbrado a escuchar que el mundo está patas arriba, ve cada
mañana el despuntar del sol, escucha los gritos felices de los niños,
experimenta el cansancio esperanzador del padre de familia, recibe el
amor de los seres queridos, ¿no es un milagro?

Las lágrimas de una persona arrepentida, los esfuerzos de un niño por
corregirse, el sudor de un obrero, las ilusiones de un adolescente,
el oído atento y el tacto fino de un ciego, la entereza de una viuda,
una madre a la cabecera del esposo moribundo... estos son los
milagros que el Señor concede, pues su amor ha venido a compartir
nuestra existencia tal y como es.

Los milagros que nunca llegan son los que siempre están presentes.
Basta verlos con los ojos de la fe. ¡Son maravillosos!

#845 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 16 de Jun, 2003 7:07 pm
Asunto: Jueves de Corpus Christi
trini.arbocaj@...
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Jueves de Corpus Christi

Autor: Tere Fernandez del Castillo


Explicación de la fiesta

Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

Este día, recordamos la institución de la Eucaristía, que se llevó a cabo el Jueves Santo, durante la Última Cena al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

Origen de la fiesta:

El milagro de Bolsena
En el siglo XIII, el sacerdote alemán, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudaba en ese momento de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando estaba celebrando la Misa junto a la tumba de Santa Cristina, al pronunciar las palabras de la Consagración, comenzó a salir sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal.

El sacerdote estaba confundido. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la Misa y fue a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV.
El Papa escuchó al sacerdote y mandó a unos emisarios a hacer una investigación. Ante la certeza del acontecimiento, el Papa ordenó al obispo de la diócesis llevar a Orvieto la Hostia y el corporal con las gotas de sangre.

Se organizó una procesión con los arzobispos, cardenales y algunas autoridades de la Iglesia. A esta procesión, se unió el Papa y puso la Hostia en la Catedral. Actualmente, el corporal con las manchas de sangre se exhibe con reverencia en la Catedral de Orvieto.

A partir de entonces, miles de peregrinos y turistas visitan la Iglesia de Santa Cristina para conocer donde ocurrió el milagro.

El Papa estaba admirado con el milagro y le pidió a Santo Tomás de Aquino que compusiera algo propio para oficiar la santa Misa y así, llevar a cabo un oficio en el que se honrara la Sagrada Eucaristía como el Cuerpo de Cristo.

Un año después del milagro, en Agosto de 1264, el Papa Urbano IV introdujo la composición del santo y se instituyó la fiesta de Corpus Christi.

En Agosto de 1964, setecientos años después de la institución de la fiesta de Corpus Christi, el Papa Paulo VI celebró Misa en el altar de la Catedral de Orvieto. Doce años después, el mismo Papa visitó Bolsena y habló en televisión para el Congreso Eucarístico Internacional. Dijo que la Eucaristía era “un maravilloso e inacabable misterio”.

Tradiciones mexicanas de Corpus Christi

Esta fiesta tradicional data del año 1526. Se acostumbra rendir culto al Santísimo Sacramento en la Catedral de México. El centro de la festividad era la celebración solemne de la Misa, seguida de una imponente procesión que partía del Zócalo, en la que la Sagrada Eucaristía, portada por el arzobispo bajo palio, era escoltada por autoridades virreinales, cabildo, cofradías, ejército, clero y pueblo. Había también representaciones teatrales alusivas, música y vendimia especial.

Los campesinos traían en sus mulas algunos frutos de sus cosechas para ofrecérselas a Dios como señal de agradecimiento. Esto dio origen a una gran feria que congregaba artesanos y comerciantes de distintos rumbos del país, que traían mercancías a lomo de mula (frutos de la temporada y artesanías que transportaban en guacales).

Cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al Pasar el Santísimo Sacramento frente a Ignacio en la procesión, Ignacio pensó: "Si ahí estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían" y, en ese mismo instante, la mula del hombre se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio y se dedicó para siempre a transmitir a los demás las riquezas de la Eucaristía.

Así fue como surgieron las mulitas elaboradas con hojas de plátano secas con pequeños guacales de dulces de coco o de frutas, de diversos tamaños.
Ponerse una mulita en la solapa o comprar una mulita para adornar la casa, significa que, al igual que la mula de Ignacio, nos arrodillamos ante la Eucaristía, reconociendo en ella la presencia de Dios.

Esta fiesta se celebra cada año el jueves después de la Santísima Trinidad. Se lleva a cabo en la Catedral y los niños se visten de inditos para agradecer la infinita ternura de Jesús. Se venden mulitas con gran colorido.

Si deseas compartir con nosotros alguna tradición de Corpus Christi de tu país escríbenos

Diversas maneras de celebrar esta fiesta

Participar en la procesión con el Santísimo

La procesión con el Santísimo consiste en hacer un homenaje agradecido, público y multitudinario de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Se acostumbra sacar en procesión al Santísimo Sacramento por las calles y las plazas o dentro de la parroquia o Iglesia, para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la Eucaristía.
Esta costumbre ayuda a que los valores fundamentales de la fe católica se acentúen con la presencia real y personal de Cristo en la Eucaristía.

La Hora Santa

Es una manera práctica y muy bella de adorar a Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II la celebra, al igual que la mayoría de las Parroquias de todo el mundo, los jueves al anochecer, para demostrar a Cristo Eucaristía amor y agradecimiento y reparar las actitudes de indiferencia y las faltas de respeto que recibe de uno mismo y de los demás hombres.

Consiste en realizar una pequeña reflexión evangélica, en presencia de Jesús Sacramentado y, al final, se rezan unas letanías especiales para demostrarle a Jesús nuestro amor.

Se puede celebrar de manera formal con el Santísimo Sacramento solemnemente expuesto en la custodia, con incienso y con cantos, o de manera informal con la Hostia dentro del Sagrario. Cualquiera de las dos maneras agrada a Jesús.
Se inicia con la exposición del Santísimo Sacramento o, en su defecto, con una oración inicial a Jesucristo estando todos arrodillados frente al Sagrario.

A continuación, se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.
Luego, se reflexiona adorando a Jesús, Rey del Universo, en la Eucaristía.

Se termina con las invocaciones y las letanías correspondientes y, en el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del Santísimo solemnemente expuesto, el sacerdote da la bendición con el Santísimo; en caso contrario, se finaliza la Hora Santa con una plegaria conocida de agradecimiento.

Recordar en familia lo que es la Eucaristía


  1. ¿Qué es la Eucaristía?
    La Eucaristía es uno de los siete Sacramentos. Nos recuerda el momento en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Éste es el alimento del alma. Así como nuestro cuerpo necesita comer para vivir, nuestra alma necesita comulgar para estar sana. Cristo dijo: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día."

  2. ¿En qué nos ayuda la Eucaristía?

    Todos queremos ser buenos, ser santos y nos damos cuenta de que el camino de la santidad no es fácil, que no bastan nuestras fuerzas humanas para lograrlo. Necesitamos fuerza divina, de Jesús. Esto sólo será posible con la Eucaristía. Al comulgar, nos podemos sentir otros, ya que Cristo va a vivir en nosotros. Podremos decir, con San Pablo: "Vivo yo, pero ya no soy yo, sino Cristo quien vive en mí."

  3. ¿En qué parte de la Misa se realiza la Eucaristía?

    Después de rezar el Credo, se llevan a cabo: el ofertorio, la consagración y la comunión.
    Ofertorio: Es el momento en que el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino que serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Nosotros podemos ofrecer, con mucho amor, toda nuestra vida a Dios en esta parte de la Misa.
    Consagración: Es el momento de la Misa en que Dios, a través del sacerdote, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En este momento nos arrodillamos como señal de amor y adoración a Jesús, Dios hecho hombre, que se hace presente en la Eucaristía.
    Comunión: Es recibir a Cristo Eucaristía en nuestra alma, lo que produce ciertos efectos en nosotros:

    1. nos une a Cristo y a su Iglesia,
    2. une a los cristianos entre sí,
    3. alimenta nuestra alma,
    4. aumenta en nosotros la vida de gracia y la amistad con Dios,
    5. perdona los pecados veniales,
    6. nos fortalece para resistir la tentación y no cometer pecado mortal.


  4. ¿Qué condiciones pone la Iglesia para poder comulgar?

    La Iglesia nos pide dos condiciones para recibir la comunión:

    1. Estar en gracia, con nuestra alma limpia todo pecado mortal.
    2. Cumplir el ayuno eucarístico: no comer nada una hora antes de comulgar.


  5. ¿Cada cuánto puedo recibir la Comunión Sacramental?

    La Iglesia recomienda recibir la Comunión siempre que vayamos a Misa. Es obligación recibir la Comunión, al menos, una vez al año en el tiempo de Pascua, que son los 50 días comprendidos entre el Domingo de Resurrección y el Domingo de Pentecostés.

  6. ¿Qué hacer después de comulgar?

    Se recomienda aprovechar la oportunidad para platicarle a Dios, nuestro Señor, todo lo que queramos: lo que nos alegra, lo que nos preocupa; darle gracias por todo lo bueno que nos ha dado; decirle lo mucho que lo amamos y que queremos cumplir con su voluntad; pedirle que nos ayude a nosotros y a todos los hombres; ofrecerle cada acto que hagamos en nuestra vida.

  7. ¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar?

    Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. Esto es recibir a Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración:

    "Creo, Jesús mío, que estás realmente presente
    en el Santísimo Sacramento del altar.
    Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma,
    pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente,
    ven al menos espiritualmente a mi corazón.
    Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti.
    Amén"







#844 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 16 de Jun, 2003 7:06 pm
Asunto: Milagros que nunca llegan
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Milagros que nunca llegan

Autor: Álvaro Correa

Nuestra existencia es dolorosa y el deseo de recibir un milagro es más acuciante que el de realizarlo. Por lo demás la conciencia propia, que nos interpela sin tapujos, no permite al común de los mortales creernos capaces de realizar algún milagro. Es difícil vernos en el papel de un taumaturgo.

Quién más, quién menos ha rezado que el Señor le conceda un milagro en beneficio propio o de una persona querida. A diario nos topamos con situaciones que nos hacen elevar los ojos al cielo y pedir que el poder omnipotente de Dios cambie el curso de los acontecimientos, cancele una enfermedad, proteja de un peligro o doblegue la voluntad de un pobre hombre hacia el bien. Quizás en el fondo de nuestras oraciones corre, de una manera más o menos habitual, el torrente suplicante de un milagro.

Y parece que los milagros nunca llegan. Hay quien llega a perder el gusto por la oración porque nunca se realizan sus deseos. Da la impresión que el tiempo de los milagros se quedó estancado en siglos pasados. Parece que escasean los santos que en otros tiempos reunían en torno a sí multitudes de personas encantadas por sus prodigios.

¿Qué ha pasado? ¿Qué epidemia ha diezmado el fruto precioso de los milagros? Quizás, con la mano sobre el pecho, tendríamos que reconocer que la falta de fe de nuestra sociedad ha sido un terrible abismo por donde han caído los milagros que no vemos. En tiempo de Jesús hubo quien le pidiera una señal del cielo y no se la concedió, porque le faltaba fe. Pues, ¿para qué sirve un milagro a un hombre descreído? Se dice que quienes se saciaron de la multiplicación de los panes eran los mismos que gritaban que Cristo fuera crucificado.

Quien posee la fe, al menos como un grano de mostaza, tiene esa lente maravillosa que le permite contemplar y gozar lo que otros no perciben. Esta fe le hace sentir la mano de Dios que nunca abandona. Y mientras unos piden el milagro de una curación y se lamentan de que no se produzca, el hombre creyente agradece la misericordia de Dios que lo sostiene en el sufrimiento y da un sentido de eternidad a su dolor.

El hombre de fe vive en cada momento el milagro gozoso de un nuevo día, de una familia por la que luchar, de un mendrugo de pan que llevar a la boca, de un trabajo, del sentido para sus horas amargas, del consuelo de saberse amado no obstante las decepciones de la vida. El hombre de fe sabe que cada minuto de su existencia es un milagro del amor y que todo sucede según el designio amoroso de Dios. Todo es un milagro para él: su salud o enfermedad, la amistad o el desprecio, un día luminoso de primavera o una tarde gris de invierno. Sabe que los milagros que piden los hombres sin fe son los que no pueden ver por la ceguera de su alma. Y reza por ellos para que lleguen a experimentar la amistad de un Dios que sabe solo amar y perdonar.

La verdad es que vivimos de puro milagro. Todo lo que nos rodea es un regalo del Señor, un prodigio de su bondad. Uno se queda sorprendido de la capacidad del hombre para sufrir, ¿no es un milagro? Uno no sabe cómo somos capaces de amar hasta dar la vida, ¿no es un milagro? Uno, acostumbrado a escuchar que el mundo está patas arriba, ve cada mañana el despuntar del sol, escucha los gritos felices de los niños, experimenta el cansancio esperanzador del padre de familia, recibe el amor de los seres queridos, ¿no es un milagro?

Las lágrimas de una persona arrepentida, los esfuerzos de un niño por corregirse, el sudor de un obrero, las ilusiones de un adolescente, el oído atento y el tacto fino de un ciego, la entereza de una viuda, una madre a la cabecera del esposo moribundo... estos son los milagros que el Señor concede, pues su amor ha venido a compartir nuestra existencia tal y como es.

Los milagros que nunca llegan son los que siempre están presentes. Basta verlos con los ojos de la fe. ¡Son maravillosos! 


Comentarios al P. Álvaro Correa, autor de este artículo





#843 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 16 de Jun, 2003 7:03 pm
Asunto: La voz del Papa
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La voz del Papa

- Ecología y moral: «La irresponsabilidad ecológica es, en el fondo, un problema moral basado en un error antropológico, que se produce cuando el ser humano se olvida de que su capacidad para transformar el mundo debe siempre respetar el plan divino. [...] Las soluciones a este problema deben ir acompañadas necesariamente de actos de solidaridad que transciendan las divisiones políticas o los intereses industriales de miras estrechas».
(Mensaje del Papa a Bartolomé I, 11 de junio de 2003)

- Presencia de María: «María sigue estando presente hoy en la comunidad eclesial: una presencia humilde y discreta, pero alentadora en la oración y en la vida según el Espíritu; una presencia contemplativa, capaz de recordar a los pastores y fieles la primacía de la vida interior, de la escucha y de la asimilación de la Palabra de Dios, condición indispensable para un anuncio evangélico convencido y eficaz».
(Audiencia general, 11 de junio de 2003)

- Necesidad de Cristo en Europa: «Es necesario que Europa redescubra y testimonie su identidad cristiana para promover los valores sobre los que se fundan la paz entre los pueblos, la justicia social y la solidaridad internacional. [...] Si Europa quiere ser un conjunto armonioso de seres humanos y pueblos que viven con respeto profundo y benevolencia mutua, Cristo debe animar este continente».
(Mensaje enviado a la Mitteleuropäischer Katholikentag 2003, 11 de junio de 2003)

- Los viajes del Papa: «He sentido el deber de imitar al apóstol Pedro, que recorría todos los lugares para confirmar y consolidar la vitalidad de la Iglesia en la fidelidad a la Palabra y en el servicio de la verdad; para decir a todos que Dios les ama, que la Iglesia les ama, que el Papa les ama; y para recibir de ellos el aliento y el ejemplo de su bondad y de su fe».
(Encuentro con los colaboradores de los viajes papales, 12 de junio de 2003)


Interesante

- La causa de beatificación de Juan Pablo I ya ha comenzado.


Sugerencias para la acción

Participar en la procesión del Corpus Christi, o en las diversas actividades parroquiales con motivo de esta fiesta.



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Acceso a los mensajes y discursos del Papa:

- Vaticano
- L`Osservatore Romano
- Agencia de Noticias Zenit





#842 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Lun, 16 de Jun, 2003 12:16 am
Asunto: ¿Tener o no tener hijos?
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¿Tener o no tener hijos?

Autor: P. Felipe Santos

“Vivíamos nuestro matrimonio un tanto anodino. Nos faltaban los hijos. Y no tanto como una prolongación de nuestro nombre, sino como algo esencial entre nosotros dos”.

Circulan hoy teorías de que los hijos son un estorbo que te impiden vivir como soltero o unido a una/o sin la problemática que acarrean los niños. Alguna de esta gente prefiere coches o electrodomésticos antes que tener hijos. O al menos así lo dice la experiencia. Si acaso, uno. El sueldo no llega para más...

¿Dónde expandir y derramar todo el cauce de amor que hay en el corazón? ¿ En los cacharros?¿ En el bienestar a solas?...¿ No sabes que estás hecho para amar y dejarte amar? Vuestros cuerpos no solamente están hechos para el placer sexual, sino para vivir y dar vida. A lo largo de estas páginas intento que te veas reflejado en alguno de sus puntos de vista. Cada una de ellas es eco de muchas confidencias de padres y de jóvenes, confirmadas muchas veces por testimonios de personas que viven a pleno pulmón la realidad enormemente grande del amor.

Tu cuerpo, compañero inseparable de ruta, es una obra maestra de la creación. Ámalo como merece. Mira despacio la vida de un niño. Es un misterio que nos fascina. Siéntete loco/a de contento por la belleza sin par de tu cuerpo.¡ Qué pena que su energía sexual la emplees sin medida y sin que llegues a ser el dueño de su realidad. Conoces a gente que, por no saberse dominar, han contraído el SIDA. Tagore tiene unas palabras muy dignas que deberías tenerlas en cuenta: “De la sobreabundancia del amor nace la castidad”. Por tanto, amigo/a, quien ama poco sabe que le va a costar mucho mantener a raya su sexualidad. Hay que tener amor a los SIDOSOS pero también es verdad que si hubieran amado más, posiblemente, no hubieran contraído la terrible enfermedad.¿ Por qué no intentaron interiorizar el sexo dentro de la atmósfera vivificante del amor?

¿Tener hijos? ¿ Para qué?

Uno de los interrogantes que asoman como cuchillos de muerte por la mente de muchas parejas, es el pensamiento de tener o no tener hijos. Es una novedad de nuestros días. Antes no se pensaban mucho las cuestiones económicas. Hoy aparecen éstas como fundamentos y cimientos esenciales de la casa o del hogar.

Es mejor no tenerlos porque complican la vida. Y, por supuesto, tenerlos tarde. Esto es un error porque, cuanto más tarde se tengan, se tiene también menos paciencia para educarlos y dedicarles, a gusto, el tiempo que merecen.

Quienes anhelan vivir unos años como una continuada luna de miel, cuando quieren llenar su vacío con un niño o niña, adoptan un extranjero necesitado. Lo mejor es que este niño adoptado es encontrase en la familia algún otro de su edad para llenar su vacío y el trauma con que viene al hogar. También existen parejas que , en lugar de aceptar un hijo más en casa, abortan para quitarse de en medio una boca menos. ¡Dura y espantosa realidad!

Cada día, la sociedad “ civilizada” te enseña medios y métodos para tener o no tener hijos. Hay confusión en muchas mentes y turbación en muchos corazones. Y se preguntan: Ya no se sabe qué es el hombre, el amor, la vida y el cuerpo. Se habla de preservativos como paliativos.¿ Por qué no se habla mejor- aunque esto sea ir a contracorriente- de preservar el amor y la vida?

Durante todo el proceso de tu carrera antes de casarte y ahora de casado, debes saber que tu asignatura pendiente es siempre el amor vivido en toda su profundidad. Y si se aborta, se está haciendo simplemente algo horroroso: defender la muerte contra vida.

Si quieres restituir la vida a tu cuerpo, tienes que amar. Amor sin verdad es puro flirteo. Verdad sin amor es vaciedad. La verdad es el magnesio del amor y el amor el calcio de la vida.

Tener hijos es la misión más importante- después de amaros en profundidad- que le podéis dar a vuestro matrimonio. Aunque la comparación no valga mucho, sin embargo, te la digo: ¿Plantas una cepa de viña para que no te dé fruto? ¿ Compras un coche para ir andando a todas partes? Si te has casado por amor y no por simple ejercicio de tu sexualidad, como consecuencia tendrás hijos, el mejor fruto e indicativo de que amas.

Para qué. Habrás oído esta afirmación cuando paseas tranquilo por la alameda o cuando estás de tertulia con tus amigos: Hoy se dice que sin matrimonio la humanidad se destruye. El sexo es para divertirse. Pero también habrás escuchado lo contrario: Hoy el matrimonio es para vivir el amor y servir a la vida. Este heroísmo es la verdadera respuesta al simple y falso erotismo o pornografía.

El para qué supone en ti el don inapreciable del amor elevado a la sublimidad de transmitir vida a otros seres. Si no amas, la vida te importa un pimiento. Lo que buscabas como remedio de tu sexualidad, se va apagando poco a poco y terminas frustrado y desilusionado. ¿Sabes por qué? Porque no has ido al matrimonio por amor gratuito, desinteresado. Al contrario, has ido con tu egoísmo a cuestas.

Puntos para el diálogo

1. ¿Conoces a matrimonios que se amen de verdad y que no tengan hijos?
2. ¿Puede ser un estorbo el hijo si hay amor?
3. ¿Vas a contracorriente de la opinión pública en este tema?
4. ¿Vives la castidad incluso en tu matrimonio?
5. ¿Te resignas a adoptar un niño porque te ha dado miedo hacerlo de tus entrañas de amor?

Ser Padres

1. La carrera para el matrimonio
2. ¿Tener o no tener hijos?
3. Padres responsables
4. El hijo, médico de los padres
5. Los cuatro pilares de un hogar I
6. Los cuatro pilares de un hogar II
7. Los cuatro pilares de un hogar III
8. Escala de valores en una familia
9. Los binomios de muchos jóvenes

Comentarios al autor




#841 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Sáb, 14 de Jun, 2003 11:19 am
Asunto: Destinados a la Trinidad
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Día 15 SOLEMNIDAD: LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

        Evangelio: Mt 28, 16-20 Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo:
        —Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Destinados a la Trinidad

 

        Ser bautizados supone haber sido destinados, por voluntad de Dios y en virtud de su libre decisión y poder, a su misma vida trinitaria. Los que hemos sido bautizados tenemos un porvenir sobrenatural, recibido gratuitamente, que no tenemos capacidad para comprender del todo ni para explicar, a causa de su inmensa grandeza, pues supera nuestra inteligencia y nuestra capacidad de expresión, pero es, sin embargo, el único capaz de satisfacer plenamente no sólo todos nuestros anhelos personales, sino cualquier expectativa humana posible.

        Las últimas palabras de Jesús a los apóstoles, instantes antes de ascender a los cielos, se refieren al bautismo. Son palabras que vienen a resumir toda su enseñanza; serían la esencia de la doctrina que vino a traer al mundo y la razón por la que tomó carne humana. Son, por otra parte, un mandato expreso a los que había escogido junto a Sí para esa misión y preparado durante su vida pública. Es como si Jesús quisiera dejar clara la verdadera y única razón por la que difundir el Evangelio, y el por qué de la vida a la que conducen los mandamientos, que alcanzan su perfección última con sus enseñanzas.

        En los pocos versículos de san Mateo que hoy contemplamos, podemos observar algunos detalles en las palabras del Señor que iluminan más aún la enseñanza central. Dice el evangelista que, algunos de los discípulos le adoraron, mientras otros dudaron. Nos viene a decir que la actitud que espera el Señor de sus apóstoles –en nuestros días como entonces– es de fe, es decir, de confianza en El y de reconocimiento expreso de su divinidad: quienes difundamos el Evangelio hemos de hacerlo adorando, por reverencia a su petición y por amor.

        Jesús impulsa a sus apóstoles a evangelizar a todos los pueblos. Toda la humanidad es, por tanto, destinataria del bautismo que nos constituye en hijos de Dios por Jesucristo. De todo hombre –de toda mujer– espera amor nuestro creador y Padre, con tal de que haya recibido el bautismo y, con este sacramento, la conveniente instrucción en el Evangelio. Grande es, por consiguiente, la responsabilidad de cuantos ya nos sabemos hijos de Dios. Tenemos, como dice un salmo, el mundo por heredad. Hemos de ver a nuestros semejantes, por lejanos que puedan estar física o moralmente, como candidatos al Reino de los Cielos, que corre de nuestra cuenta animar, hasta que ellos mismos se sientan encendidos en deseos de difundir junto a nosotros el Reino de Dios. ¿Cómo?: como tratamos de atraer noblemente a nuestros conocidos y amigos a nuestra casa, a nuestro negocio, a nuestra diversión; como intentamos captar, incluso a quienes todavía no conocemos, para que apoyen las iniciativas sociales, económicas, políticas... que nos interesan.

        Es ser y sentirse apóstoles, mujeres y hombres capacitados por su bautismo –y más por su confirmación– para extender, con el poder de Cristo, el reino de Dios en nuestro mundo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, id pues... Así dice Jesús a sus apóstoles, para que se sientan con confianza ante la tarea que les encomienda. Con confianza porque será eficaz su esfuerzo, acrecentado con el poder de Cristo, por insuperables que parezcan los obstáculos o la resistencia a la gracia divina. Esa confianza es, a la vez, seguridad en que, con ese mismo poder de Cristo, que ante todo vivifica al apóstol, será eficaz y capaz de agradar a Dios a pesar de su debilidad.

        Mas contemplemos hoy, aparte de la urgente responsabilidad apostólica, por ser el mismo Dios quien nos encomienda la tarea, el contenido de la vida a que nos llama: de comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Ya sabemos que no tenemos capacidad para reconocer adecuadamente el don de Dios; que no podemos, por tanto, valorar sus designios de amor sobre hombre como sería preciso en justicia. Nos esmeraremos, sin embargo, de todo corazón, por agradecer, corresponder y difundir está Buena Nueva: que todo hombre tiene un lugar en el corazón de la Trinidad; que, según la expresión san Josemaría: la Trinidad se ha enamorado del hombre y, siendo erigidos en hijos de Dios, nos encomienda la más honrosa y noble de las tareas: ser difusores de su Amor entre los hombres.

        Más de una vez podremos notar desazón o simple cansancio por el trabajo apostólico. Es el esfuerzo que fatiga al bogar contracorriente de una sociedad aburguesada, al hacer rectos –hacia Dios– los caminos retorcidos del egoísmo humano. Es notar incomprensión y hasta agresiva rebeldía, cuando se trata sólo se pretende agradar gratuitamente y favorecer. Recordemos, entonces, a Nuestro Señor cansado, fatigado por el caminar de una ciudad a otra, con sed, como cerca de Sicar pidiendo de beber a la mujer samaritana o, tan agotado de todo el día, que se duerme en la barca, a pesar de la tempestad, y deben despertarle atemorizados los discípulos. Recordemos, en fin, a Nuestro Señor cargando con la Cruz camino del Gólgota, con tanto más amor por la humanidad cuanto mayor es el sufrimiento y la incomprensión que soporta.

        No nos han de faltar las fuerzas ni la alegría en el servicio de Dios: sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dijo Jesús a sus apóstoles y nos repite ahora a cada uno. Como tampoco echaremos de menos el consuelo de Nuestra Madre, María, que ha de ser además eficaz cómplice en las aventuras que emprendamos para que otros descubran la vida divina. No hemos de tener miedo por sentirnos solos, casi los únicos en la empresa sobrenatural de difundir el evangelio. Ya sabemos, como advirtió el Señor, que son pocos los que pasan por la puerta angosta, que conduce al Reino de los Cielos y muchos, en cambio, los que van a sus anchas por la puerta espaciosa que conduce a la perdición.

        El cristiano, hoy como ayer, si es consecuente con su fe, se siente como el fermento entre la masa: con una enorme capacidad de transformación de su entorno, aunque cuantitativamente pueda pasar inadvertido. Su eficacia, como queda dicho, se debe a la vida de Dios que habita en él, de la que vive; la misma que se siente llamado a difundir. Así actuaron los que formaban la primera comunidad cristiana, en un mundo pagano y hostil a la fe. Y antes, la madre de Dios –Nuestra Madre–: hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo.


#840 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Jue, 12 de Jun, 2003 6:34 pm
Asunto: Necesidad de ser aceptado
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Necesidad de ser aceptado

Alfonso Aguiló, www.interrogantes.net

Situación verdaderamente dolorosa

        El miedo a no ser aceptado es uno de los principales factores que retraen a un chico a la hora de aproximarse a un grupo de compañeros de clase que están enfrascados en un juego. Se trata de una inquietud que produce en él un cierto grado de ansiedad, que habitualmente potencia su falta de habilidades sociales y aumenta el riesgo de que actúe con torpeza cuando se acerque al grupo —si finalmente se atreve— e intente incorporarse a él aparentando una total naturalidad.

        Es ése un momento crítico, en el que esa falta de soltura y de habilidad social se hace patente con toda su crudeza. Como apunta Daniel Goleman, resulta tan ilustrativo como doloroso ver a un niño dar vueltas en torno a un grupo de compañeros que están jugando y que no le permiten participar. Además, los niños pequeños suelen ser cruelmente sinceros en los juicios que llevan implícitos tales rechazos.

Resulta decisivo observar

        La ansiedad que siente el niño rechazado, o que teme ser rechazado, no es muy distinta de la que experimenta el adolescente que se encuentra aislado en medio de una conversación de un grupo de amigos, y no sabe bien cómo o cuándo intervenir. O la del que está en una fiesta, o en una discoteca, y quizá sufre una profunda soledad, pese a estar rodeado de quienes parecen ser sus amigos íntimos. O la que siente un adulto en una comida o una reunión en la que no logra situarse y entablar una conversación fluida con nadie.

        Si observamos cómo actúa un niño que sabe manejarse bien, veremos que quizá el recién llegado comienza observando durante un tiempo qué es lo que ocurre, antes de poner en marcha una estrategia de aproximación. Su éxito depende de su capacidad para comprender el marco de referencia del grupo y saber qué cosas serán aceptadas y cuáles estarían fuera de lugar.

Es peligroso precipitarse

        Un error muy habitual es pretender tomar protagonismo demasiado pronto. Eso es lo que sucede a los niños más torpes, que enseguida dan sus opiniones o muestran su desacuerdo, cuando aún no han sido suficientemente aceptados por el grupo, y entonces son rechazados o ignorados.

        Los niños más hábiles observan antes al grupo, para comprender bien lo que está ocurriendo, y luego hacen algo para facilitar su aceptación, esperando a confirmar esa aceptación por el grupo antes de tomar la iniciativa de dar sus opiniones o proponer un plan. Antes de expresar sus ideas o sus preferencias, procura que los demás expresen las suyas: así, al tener en cuenta los deseos de los demás, les resulta más fácil no perder la conexión con ellos.

Se resienten otros ámbitos

        En cambio, el niño que fracasa en sus relaciones sociales —en el aula o en otros ámbitos— sufre de una manera que a muchos adultos les resulta difícil comprender (o recordar). Pero la cuestión clave no es eso, sino el riesgo de que esa frustración reduzca seriamente sus posibilidades futuras en cuanto a las relaciones humanas y condicione negativamente el desarrollo de su estilo sentimental. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que todo esto repercute con facilidad también en su rendimiento académico. Por eso, lo que la familia y la escuela puedan hacer para fomentar el talento social de los niños resultará de indudable trascendencia de cara a su futuro.

 


#839 De: rplacalatayud
Fecha: Mié, 11 de Jun, 2003 9:21 pm
Asunto: Objeción de conciencia para evitar la financiación pública del aborto
rplacalatayud
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MADRID, 11 junio 2003 (ZENIT.org-VERITAS).- «Impuesto por la Vida» es
una Plataforma de ciudadanos de reciente creación que amparados por
el derecho a la objeción de conciencia recogida en la Constitución
Española, plantean una especial forma de ejercerlo, para evitar que
el Estado subvencione a partir de la contribución de los
contribuyentes, los abortos quirúrgicos.

Pablo Sánchez, de «impuestoporlavida.org» ha respondido a la Agencia
Veritas algunas preguntas.

--¿Cuál es el objetivo de la Plataforma «Impuesto por la vida»?

--Pablo Sánchez: Ofrecer un instrumento fácil y sencillo para ejercer
el derecho ciudadano a la objeción de conciencia fiscal al aborto. No
se trata de dejar de pagar impuestos, sino de desviar la parte
proporcional a los gastos abortistas estatales hacia aquellas ONGs
que trabajan en defensa de los más débiles.

La objeción fiscal se realiza desviando una cuota porcentual del
impuesto de la renta sobre las personas físicas (IRPF), equivalente
al gasto público destinado a abortos. Esta cantidad se destinará a
Ongs provida dedicadas al apoyo de las madres gestantes.

--¿Quiénes están detrás del proyecto «impuestoporlavida.org»?

--Pablo Sánchez: Hay un grupo de profesores universitarios
preocupados por la lacra del aborto (y un excelente y altruista
diseñador de páginas web).

La iniciativa como tal no pertenece a ninguna institución, aunque nos
está apoyando especialmente la plataforma ciudadana
http://www.hazteoir.org. De hecho, mañana tenemos la rueda de prensa
en la sede de hazteoir.

--¿Cuánto tiempo lleva funcionando «impuestoporlavida.org»?

--Pablo Sánchez: La criatura acaba de nacer --la página apenas tiene
una semana de vida--, aunque llevamos más de un año preparándola,
aproximadamente desde febrero de 2002.

--¿Cuál ha sido la respuesta ciudadana desde que apareció la página?

--Pablo Sánchez: A muchas personas les parece escandaloso estar
financiando con su dinero un crimen tan horrendo como el aborto sin
poder hacer nada al respecto.

Mucha gente ni siquiera había caído en la cuenta de que el Estado les
está haciendo cómplice material del aborto. Por ese motivo creo que
hemos tenido una respuesta ciudadana muy favorable. Recibimos muchos
mensajes diarios felicitando la iniciativa y agradeciendo su
existencia. Las visitas a la página --más de 3600 en una semana--
demuestran un gran éxito dado el poco tiempo que llevamos existiendo.

Por otro lado, algunos medios electrónicos se han hecho eco de la
iniciativa, como el ya citado hazteoir, la revista electrónica Arbil
y el periódico digital Hispanidad.com Otros portales nos han pedido
acceso a nuestros documentos y han solicitado introducir enlaces
desde sus páginas (por ejemplo, Catholic.net).

--¿Hay iniciativas similares en otros países?

--Pablo Sánchez: Efectivamente, la iniciativa existe ya en Francia
alentada por una asociación pro-vida llamada (AOCPA-Choisir la vie).
Según afirma Rafael Navarro Valls, la iniciativa también existe en
EEUU. España no podía ser menos en la lucha a favor de la vida.

--¿Qué perspectivas tienen para el futuro?

--Pablo Sánchez: Seguir creciendo y madurando. Por ello, seguiremos
desarrollando y perfeccionando la iniciativa en años sucesivos, con
los interesantes consejos que recibimos en la página y los que
esperamos recibir.

Además, tenemos abierta una línea de investigación permanente sobre
la financiación de abortos por parte del Estado. Parece ser que es un
tema muy delicado, por lo que las instituciones públicas de Sanidad
apenas nos han querido dar información, y lo poco que nos han dicho
ha sido a regañadientes.

También estamos preparando una fundamentación teórica y una
explicación práctica de la iniciativa para el próximo Congreso
Mundial Provida.

#838 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Mié, 11 de Jun, 2003 4:51 pm
Asunto: NOVEDADES FLUVIUM-46
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NOVEDADES FLUVIUM
  "SELECCIÓN" de la semana.

Atiendo a 9 hijos y sólo pido justicia: fácilmente se intuye lo que se quiere decir y muy sucintamente.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/muj75.htm

MADRES EJEMPLARES. Santa Mónica Madre de San Agustín: la constancia en la oración manifiesta su singular amor de madre.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura404.htm

Católicos: fe e inteligencia: el notorio resurgir del catolicismo francés en los últimos años parece consecuencia de haber apostado francamente por la formación intelectual.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/igl141.htm

«Las células madre adultas están demostrando ya utilidad en clínica humana»: un tratamiento que no plantea problemas éticos y que además es el único que está dando actualmente resultados desde el punto de vista clínico, como se explica en esta entrevista.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/vid34.htm

Alfonso López Quintás: «Responsabilidad es responder a los grandes valores»: entrevista al filósofo que acaba de publicar «La cultura y el sentido de la vida».
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/eti151.htm

"Mi hijo nació con síndrome de Down": y por qué su madre lo considera una bendición.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/eti155.htm

"Sed transparencia viva del Señor": homilía en la ordenación sacerdotal en Roma de 26 diáconos del Opus Dei.
http://www.fluvium.org/textos/documentacion/OpD71.htm

Testimonio vocacional de Sor María de Nazaret, O.P.: una joven dominica cuenta su itinerario hasta el apartamiento del mundo.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura401.htm

La lección de Juan XXIII, cuarenta años después de su muerte: intervención que pronunció Juan Pablo II dedicada a recordar al beato Papa Juan XXIII, en el cuadragésimo aniversario de su fallecimiento. Ciudad del Vaticano, 4 junio 2003.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura406.htm

Día 8 Domingo de Pentecostés: meditación.
http://www.fluvium.org/textos/pedicacion/030608.htm

(para recibir antes estas meditaciones hacer clic en EL DOMINGO y enviar)

Saludos,
Luis de Moya
http://www.luisdemoya.org/
http://www.fluvium.org/
http://www.muertedigna.org/

 


#837 De: "trini.arbocaj.terra.es" <trini.arbocaj@...>
Fecha: Mar, 10 de Jun, 2003 7:15 pm
Asunto: Ampliación del curso de formación para padres: respeto y tolerancia
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CURSOS
 Victòria Cardona i Romeu. Educadora Familiar 05/06/2003

Educar en el respeto y la tolerancia es un complemento de la educación de la libertad. Vivir estos valores es amar la dignidad de la persona i respetar su intimidad. También, porque no podríamos entender la libertad si no la contempláramos como una apertura hacia los otros. Hoy se habla mucho de estos temas, pero pocas veces se viven bien. No hay mas que ver cuando se reúnen unas cuantas persones...¡que pocas escuchan!..., mas bien cada uno dice lo suyo sin dejar intervenir a nadie y se constata que todos y todas hablan a la vez. Un ejemplo: la palabra respeto se utiliza a menudo en los debates de la televisión, pero solo sirve para seguir dominando a los demás. Parece que el más fuerte es quién grita mas.

No hace mucho, me encontré en una escuela a una maestra preocupada por un niño inmigrante que era menospreciado en el aula y una madre, con toda sinceridad, comentó que a ella tampoco le gustaba ese niño. Con su actitud negativa hacía que su hijo no se acercara al niño. Ya quedaba todo explicado, si bien su sinceridad dio pie a otras aportaciones que podían hacer que cambiara de opinión. Debemos procurar, ante nuestros pequeños y nuestros adolescentes, no hacer nunca ningún comentario negativo de nadie y saber acoger a los que son de diferente cultura o raza.

Destacaremos a continuación defectos que pueden entorpecer el respecte y la tolerancia:

  1. El amor propio: El primer enemigo lo tenemos dentro de nosotros mismos: es el amor propio, que siempre es un mal consejero. Nos hace creer que siempre tenemos la razón y nos cuesta aceptar que los demás no piensen lo que pensamos nosotros. En educación esto es un problema, ya que hay que admitir en los demás una manera de pensar y de obrar diferente de la nuestra. Hay muchas materias opinables y no debemos ser rígidos al defender nuestras ideas, ya que una actitud abierta hacia las de nuestros jóvenes será la llave para una bona tolerancia.

  2. Confundir la tolerancia con el relativismo: Esta actitud, que se traduce en frases como: "la mayoría piensa", "se dice", "todo es bueno", "los tiempos han cambiado", "todos lo hacen", etc., es bastante grave. Es de Santo Tomás la frase: "Donde no hay distinción hay confusión", Por esto, en la familia, hijos e hijas deben de encontrar pautas y orientaciones sobre la verdad, la formación de la conciencia y la rectitud en las intenciones.

  3. La falta de confianza: Muchos conflictos de convivencia surgen por la falta de diálogo, base de la comunicación. Sin diálogo, no tendríamos capacidad para comprender, ni elementos de juicio, ni saber que piensan nuestros hijos e hijas acerca de temas importantes como la vida, la sexualidad o el ambiente que se pueden encontrar en la escuela y en la calle. Si no se explican, por miedo a nuestra rigidez, no podremos dar nuestra opinión sobre lo que es mas conveniente, ya que no sabremos que solución sugerir.

  4. Actitud negativa: Tenemos que ser positivos para actuar con serenidad y ocuparnos con tranquilidad de temas que preocupan a los hijos, especialmente en la adolescencia. Después de una conversación se pueden entender muchos conceptos equivocados y siempre se pueden encontrar puntos en los que se está de acuerdo para conseguir el acercamiento con el hijo o hija. La verdad lucirá mejor siempre que sea defendida con amabilidad, constancia y sin violencia.

Queremos que nuestros hijos e hijas sean comprensivos y personas sociables. El termómetro de su tolerancia y respeto será la comprensión que tengan con el punto de vista de los familiares, amigos y conocidos. Que nunca hagan agravios a nadie. Todo el mundo tiene la posibilidad de cambiar si es bien tratado. Por esto, se dice lo que no esta bien, pero con gran amor hacia la persona que ha actuado mal. Si los padres y madres tienen respeto por la intimidad de sus hijos y tolerancia, sin dramatizar, sin enfrentarse, conseguirán de ellos y de ellas que reconozcan sus dificultades personales y que pidan el consejo oportuno. El Santo Padre Juan Pablo II, nos lo recomienda con esta frase: "Las ideas se proponen, no se imponen". Es para reflexionar.


Próximo capítulo: "Televisión y familia"



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#836 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Mar, 10 de Jun, 2003 8:01 am
Asunto: Desprendimiento y celo por las almas
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Día 11 Memoria Obligatoria: San Bernabé, apóstol

        Evangelio: Mt 10, 7-13 Id y predicad: «El Reino de los Cielos está cerca». Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, expulsad los demonios. Gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente. No llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento.
        »En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella que sea digno; y quedaos allí hasta que os vayáis. Al entrar en una casa dadle vuestro saludo. Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.

Desprendimiento y celo por las almas

 

        San Bernabé, compañero de correrías apostólicas de San Pablo, durante buena parte de sus ides y venidas, estableciendo, adoctrinando y confirmando en la fe las primeras comunidades de cristianos, se había destacado pronto como un discípulo generoso y de celo ardiente. Se narra en el libro de los Hechos que José, a quien los apóstoles dieron el sobrenombre de Bernabé –que significa «Hijo de la consolación»–, levita y chipriota de nacimiento, tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles. Desde los primeros días, pues, de andadura de la Iglesia Bernabé se manifestó como un cristiano comprometido, que no sólo asentía a la enseñanza de Jesús trasmitida por los Apóstoles, sino que, en coherencia con su fe y con la nueva vida en Dios que había descubierto –el Evangelio de Jesucristo– pone todo lo propio al servicio de ese ideal.

        Aquel campo vendido y entregado, para aliviar la vida de los más necesitados, fue sólo el comienzo de su entrega por el Reino de Dios. Enseguida se pone de manifiesto en el nuevo discípulo que estaba del todo disponible, no sólo en sus cosas, sino con toda su vida para la propagación del Evangelio. Goza así de la total confianza de los Apóstoles. Lo demuestra el hecho de que, habiendo sabido de la conversión de Pablo, antes incluso que los que habían sido los Apóstoles de Jesús, él se encarga personalmente de introducirlo en la actividad apostólica en comunión con la Iglesia. De hecho, en la primera comunidad de Jerusalén no se fiaban de quien pretendía ser apóstol después de haber perseguido atrozmente a los discípulos, hasta hacernos encarcelar. Todos le temían, porque no creía que fuera discípulo. Sin embargo, Bernabé se lo llevó con él, lo condujo a los apóstoles y les contó cómo en el camino había visto al Señor, y que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado abiertamente en el nombre de Jesús. Entonces entraba y salía con ellos en Jerusalén, hablando claramente en el nombre del Señor.

        El resto de la vida de Bernabé, cargada de una intensísima actividad y de mucho fruto, según nos cuenta san Lucas con detalle en el Los Hechos de los Apóstoles, será una permanente aventura, con toda la garantía de Dios que bendecía cada uno de sus pasos, y con todo el abandono humano posible; pues no hubo en este hombre ningún objetivo personal. Como los demás que han comprometido del todo y de modo exclusivo su vida en el Evangelio, la ilusión única de Bernabé era ver a Dios más glorificado por la gente mediante el reconocimiento de Jesucristo como Salvador. La confianza en Dios y el olvido de sí son, de hecho, los soportes que mantienen la vida del apóstol. Podrían parecer, en una primera observación, insuficientes y con todas las garantías de inestabilidad. Pero la vida cristiana y, por consiguiente, la vida entregada por la salvación de las almas, no puede ser sino sobrenatural; tanto en su origen como en su fin; en los medios y en los objetivos.

        Recordada el Santo Padre, Juan Pablo II, con ocasión de la canonización de San Josemaría Escrivá un punto de Camino: Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en "tercer lugar", acción. Así van los medios del apóstol de Jesucristo. Y, por si no quedara claro –y por desconcertante que parezca–, insiste: Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel..., La historia de este santo, en compañía de San Pablo, está cargada de incidentes así, que podemos conocer con cierto detalle leyendo la crónica de San Lucas ya citada.

        Nos quedamos ante todo con su ejemplo de disponibilidad. Y le pedimos a Dios sepamos redescubrir, como san Bernabé, esa perla de gran valor, que nos lleve a empeñar cualquier otra riqueza por conseguirla. Le pedimos, asimismo, constancia en la adversidad, pues, no nos faltará la Cruz aunque vivamos por un ideal excelso. Es más, será señal segura de que seguimos a Cristo: tome su cruz y sígame, dijo al que quisiera ser su discípulo. Sin medios humanos, con dolor y con toda la fuerza que sólo Dios puede conceder y nunca abandona se construye el Reino de Dios en la tierra. Como lo hizo este apóstol y como debemos hacerlo cada uno.

        Contamos, además, con el auxilio de nuestra Madre del Cielo, Reina de los Apóstoles. En san Juan nos la concede su Hijo desde la Cruz, para que no nos abandone nunca.


#835 De: Raúl Moreno <raulmormx@...>
Fecha: Do, 8 de Jun, 2003 7:27 pm
Asunto: LENGUAS DE FUEGO EN LA IGLESIA.
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.                 &#8220;LENGUAS DE FUEGO EN LA IGLESIA&#8221;

    El Espíritu Santo, que en forma de lenguas de fuego se posó en
cada uno de los apóstoles, nos revela las maravillas de Dios en los
corazones rectos y sinceros. Después de recibirlo ellos rompieron su
silencio, hicieron a un lado su miedo, vergüenza y pusilanimidad y
salieron de su aislamiento. Impulsados por el Espíritu Santo y
sostenidos con los siete dones (sabiduría, entendimiento, consejo,
fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) se convirtieron en
heraldos del Evangelio. De sus labios salían flamígeras palabras que
encendían los corazones, los hacían arder de amor y despertaban
admiración en las multitudes.

    Testigos de este talante necesitan nuestro mundo y nuestra misma
Iglesia. Sé que al señalar las carencias y deficiencias en la
práctica de nuestra fe y respectiva vocación (matrimonial, sacerdotal
y religiosa) corro el riesgo de convertirme en un &#8220;buitre que busca
lo que está podrido y feo para exhibirlo, cuando debería ser como el
colibrí que busca lo dulce y bello y lo hace suyo&#8221;. Pero detectar y
exprimir el &#8220;pus&#8221; en la práctica cristiana, nos permite mantene=
r
saludable nuestro espíritu, vivir con entusiasmo nuestro compromiso
con Dios y aportar lo mejor de nosotros en el proceso de cambio que
se está gestando en nuestra sociedad. ¿Qué nos falta a los
cristianos?


                     El Don de la Sabiduría

La capacidad de saborear las realidades divinas. Hoy la gente ha
caído en la indiferencia religiosa, en el alejamiento o en la rutina
en sus actos piadosos y se aburre en las celebraciones sacramentales.
Los ministros han perdido sensibilidad y entusiasmo en su acción
pastoral. A un 80% del presbiterio no le interesa el Plan Diocesano
de Pastoral. Sólo se cumple lo esencial para quedar bien con las
autoridades eclesiásticas. Si no estamos convencidos de este trabajo
¿cómo entusiasmaremos al pueblo de Dios en esta obra del Espíritu
Santo?


                      El Don del Entendimiento

Abre nuestra inteligencia a la meditación, comprensión y comunicación
de la Sagrada Escritura, a la tradición apostólica (enseñanzas de los
primeros cristianos llamados Padres de la Iglesia) y al Magisterio de
la Iglesia (enseñanzas del Papa y los Obispos). Las interpretaciones
fundamentalistas, erróneas, subjetivas y flagrantes manipulaciones de
la Palabra de Dios revelan la ausencia de este don en los creyentes.
Hay un imperceptible incremento de apóstatas de la fe católica (los
que dejan de creer en Cristo y en la Iglesia), de herejes (los que
rechazan algunas verdades de fe) y cismáticos (los que son
indiferentes a las enseñanzas del Papa en asuntos de moral y sanas
costumbres).

                        El Don del Consejo

      Está ausente hoy día. Por una parte, pocos quieren oír a los
demás, orientar, aconsejar y conducir hacia una vida más digna, plena
y cristiana. Y, por otra parte, pocos solicitan un consejo, una
opinión, una orientación en sus momentos difíciles. De aquí el
aumento de personas suicidas, frustradas y deprimidas en la sociedad.
El don de consejo consiste en tener en nuestros labios palabras de
aliento, estímulo, consuelo y respeto hacia los demás.


                         El Don de la Fortaleza

      Es el cimiento vital del que es testigo del Resucitado: &#8220;Pero
llevamos este tesoro en recipiente de barro para que aparezca que una
fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros&#8221; (2 Cor. 4, 7).=

Su ausencia da paso a la debilidad, laxitud moral, tentaciones,
caídas en actos pecaminosos, pérdida del sentido del pecado,
permisividad, angustia y ansiedad.


                          El Don de la Ciencia

    Nos da la capacidad de discernir entre el bien y el mal, de
distinguir que lo único absoluto es Dios, lo demás es relativo y nos
permite admirar la bondad intrínseca de toda la obra creadora de
Dios. Nos libera de toda servidumbre. Quien no posee este don de
ciencia es atrapado fácilmente por afectos enfermizos, adicciones de
cualquier tipo o cae de rodillas ante los oídos de moda: tener,
placer y poder. Y esto les puede suceder incluso a los clérigos en
cualquiera de sus estratos jerárquicos. Basta observar su conducta.


                           El Don de la Piedad

  Nos hace cumplir el mandato de Jesús: &#8220;Amarás al Señor, tu Dios, con=

todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y a tu prójimo
como a ti mismo&#8221; (Mt. 22, 37-39). Este don es la piedra de toque de
la humildad que Jesús les exige a sus discípulos. Carece de él quien
es soberbio, presuntuoso y engreído. No pocos ministros de Dios
desconocen este don del Espíritu Santo. Entre éstos están los que
viven en la opulencia, los que exigen los primeros lugares en los
eventos públicos, sociales y religiosos, los que prescinden de la
oración o no creen en la redención de los que han cometido una falta
y dudan de su conversión.


                     El Don del Amor de Dios

    Evita que el corazón se enfríe o quede tibio de amor a Dios. Este
don conserva nuestro corazón ardiendo en llamas de amor y fidelidad a
Dios. La persona que no lo tiene prescinde de El y absolutista la
riqueza, el poder, el Estado, la razón, etc. Llega a poner por encima
de las leyes divinas y de la dignidad humana sus leyes,
constituciones o estatutos meramente humanos. No en balde nos ha
dicho el Papa que la pérdida del sentido de Dios lleva a la
degradación de la persona humana.

    La fiesta de Pentecostés que hoy celebramos nos convoca a ser
artífices de nuestra Iglesia arquidiocesana, a estar unidos en una
misma fe en Jesucristo resucitado y a celebrar juntos con un corazón
gozoso los Sacramentos, en particular la Eucaristía. El Espíritu
Santo que en forma de lenguas de fuego se posa sobre nuestra cabeza
viene a consumir nuestros rencores, resentimientos, odios,
divisiones, rencillas, caos, desórdenes. Y a cada uno de los que
queremos ser testigos de Jesucristo y cumplir su mandato de
evangelizar a cada cultura, pueblo, raza y nación ¡viene a darnos lo
que nos hace falta! ¡Sus siete dones que harán salir de nuestros
labios palabras de fuego!

#834 De: "fluvium" <redaccion@...>
Fecha: Sáb, 7 de Jun, 2003 5:05 pm
Asunto: La victoria segura
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Día 8 DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 

        Evangelio: Jn 20, 19-23 Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:
        —La paz esté con vosotros.
Y dicho esto les mostró las manos y el costado.
Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. Les repitió:
        La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo.
Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
        Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.

        

La victoria segura

 

        La la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles no se narra en los evangelios sino en otro libro del nuevo testamento, “Los Hechos de los Apóstoles”, escrito por uno de los evangelistas, por san Lucas. Aquel día se cumplió, como Jesús había prometido, el descenso del Paráclito, la segunda de la Santísima Trinidad, sobre los que estaban reunidos en aquel lugar. Yo rogaré al Padre –les había dicho– y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce.

        Como nos sucedería a cualquiera, si estuviéramos a punto de quedarnos sin quien más queremos en la vida, los apóstoles estaban tristes al oírle a Jesús decir que se marchaba. El ambiente de la última cena era especialmente íntimo; diríamos que Jesús se desahoga con los suyos, les manifiesta abiertamente –aunque sin poder evitar el misterio para las inteligencias de ellos, todavía demasiado humanas, poco sobrenaturales– lo que lleva en su corazón en esas últimas horas antes de la pasión. A la vez, sale al paso de la inquietud de los apóstoles, de lo que en esos momentos les preocupa. Se acerca hora triunfo y, aunque no será como ellos se imaginan, va a cumplirse –y a la perfección– la tarea redentora que le llevó a encarnarse.

        Una vez consumada la misión del Hijo en favor del hombre, la presencia de Dios junto a nosotros –siempre necesaria para que podamos ser santos– tendrá lugar con la Tercera Persona, el Santificador: Os conviene que me vaya, les dijo, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré. El mismo Dios, en su Tercera Persona, es prometido por Jesucristo antes de su Pasión y de su Ascensión. Y de tal modo sería su venida y su presencia en el mundo que, por duro y misterioso que les pareciera a los apóstoles, era muy conveniente para el hombre esa otra presencia divina en nosotros. Con admirable sencillez, les expone Jesús el plan divino para la santificación de humanidad: Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. La presencia permanente de Dios Espíritu Santo en el cristiano se manifiesta en un testimonio continuo en él de Jesucristo; de modo que, por la acción del Paráclito, los hijos de Dios tenemos en la mente y en el corazón la vida y las enseñanzas de Jesús. Su doctrina es así una referencia constante para la propia conducta y un ideal de vida para la sociedad: el cristiano, consecuente con su condición, intenta de modo natural, a instancias del Espíritu, implantar con su vida por doquier el ideal del Evangelio.

        Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho. Deseemos vivamente, por tanto, ese recuerdo de los sentimientos y afanes de Cristo en nuestro corazón. Se vive así, como El quiere –como se sentía san Pablo–, una vida verdaderamente sobrenatural, porque ya no es únicamente terrena, pues, sin abandonar este mundo, por la acción del Espíritu Santo, vivimos también la vida de Dios, somos otros Cristos. Y de tal manera es esto necesario, que, si prescindiéramos de este nuevo modo de existencia en Jesucristo, seríamos como personas, algo truncado, seres sin terminar, sin lograr la plenitud que propiamente nos corresponde: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.

        La Santa Misa, con la Comunión Eucarística, constituye la esencia y la raíz de la vida cristiana. De tal modo, que es en unión con el sacrificio de Cristo en la Cruz, que se renueva de modo incruento cotidianamente en nuestros altares, como tienen relevancia sobrenatural cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones. A esto nos lleva el Espíritu Santo. Esa vida que Jesús quiere para los suyos y que quiere presente en la sociedad, para que sea vivificada desde dentro, es la que de Él brota para los hombres: de su Cruz y su Resurrección. Es la misma que anticipadamente dío a sus discípulos como comida y bebida “la noche en que iba a ser entregado”. El Paráclito, en efecto, impulsándonos suavemente a vivir como Cristo, nos ha enseñado y nos invita a organizar nuestra existencia en torno a la Santa Misa. Así se vive la vida de Cristo y llega a ser una realidad la ofrenda de nosotros a Dios Padre en favor de los hombres.

        María, al pie de la Cruz, sigue encarnando el hágase en mí según tu palabra, que pronunció al saberse destina para Madre de Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, le había anunciado Gabriel, y toda su existencia terrena fue un empeño por vivir según el deseo divino. ¡Ojalá que nosotros, dóciles al Paráclito, queramos imitarla.

 


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