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http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/legado/Antonio/Vega/elpepirdv/2009\
0727elpepirdv_12/Tes , por ELISA SILIÓ , 27/07/2009
REPORTAJE: gente
El legado de Antonio Vega
Con los beneficios de uno de sus discos se ha construido una escuela en
Nicaragua
Vota Resultado 107 votos En sus últimas apariciones antes de morir el pasado
mayo, Antonio Vega (Madrid, 1957-2009) lucía en su cuello un colmillo que pendía
de un cordón. No era un accesorio más. Era un amuleto regalo de los niños
indígenas de Río San Juan, al sur de Nicaragua. El molar pertenecía a un jaguar
que había tenido atemorizada a toda la comunidad. Con el talismán, los pequeños
querían agradecer al cantante la pequeña escuela construida en medio de la selva
gracias a su ayuda. A Antonio Vega, media vida desahuciado por sus dependencias,
se le asoció siempre con la melancolía y los mundos más sórdidos, pero mantenía
en el anonimato este perfil solidario que ahora sale a la luz.
Murió su amor, Marga, y en la grabación del álbum centró sus fuerzas
Un sueño compartido es un disco que sólo se vende en Fnac desde 2008 y por
Internet. En él, Antonio Vega canta y toca la guitarra con el grupo Un mar al
sur. Gracias a este trabajo se pudo levantar una escuela de madera y pintada de
azul como la bandera de Nicaragua. En ella Vega se gastó los 9.000 euros
recaudados con la venta de 1.400 copias del disco. El autor de La chica de ayer
nunca viajó a Nicaragua, ni quiso conocer detalles del plan económico de la ONG
valenciana Escoles de Nicaragua con la que colaboró. En febrero de 2004 murió
Marga, el amor de su vida, y en la grabación de Un sueño compartido centró las
pocas fuerzas que tenía. Pero la historia se remonta unos años en el tiempo.
En 2001, Rafael Martí, hoy catedrático de estadística en la Universidad de
Valencia (UV) y su mujer, Mila Rico, comenzaron una campaña para trasladar al
país centroamericano material escolar recogido en institutos y facultades de
Valencia. Su proyecto creció al recibir fondos de su universidad y,
entusiasmados, se animaron a construir una escuelita. Y más tarde levantaron
otra, bautizada como Margarita del Río, en recuerdo a Marga, la compañera del ex
miembro de Nacha Pop, que acababa de fallecer.
La pareja y Vega habían trabado una amistad. Al músico le interesaban mucho las
matemáticas y encontró en Martí el interlocutor ideal. A ratos leía un sesudo
libro escrito por el estadístico y le freía a cuestiones. Quería saber. "Me
sorprendía con sus preguntas, muy razonadas", cuenta ahora emocionado Martí.
Por esa época el docente y su mujer habían recuperado en la selva nicaragüense
el gusto por cantar y la guitarra. Componían y se atrevieron a enseñarle los
temas a Vega. Comenzó entonces un proceso de pulido. "Mila y yo aparecemos como
autores de las letras porque fueron muy generosos, pero participamos todos",
prosigue Martí. Ese "todos" incluye a dos históricos miembros de la banda de
Vega: el bajista Luismi Bandrón y el guitarrista Alberto Zapata. En un estudio
de Mallorca se le sacó brillo y se plantearon venderlo para construir su tercera
escuelita. El disco se vendió en exclusiva a Fnac. Hoy Un sueño compartido
cuesta diez euros. Siete van para el proyecto.
De peones actuaron en la escuela Antonio Vega los progenitores de los alumnos,
muchos desnutridos y objeto de abusos físicos y sexuales. A cambio, Escoles daba
de comer a las familias. "Al principio los padres no lo veían claro, porque no
entendían la importancia de estudiar. Pero al final, tras hacer la escuela con
sus manos, la ven como propia", se enorgullece Martí. De su cuello pende otro
colmillo de jaguar, como el que hasta el día de su muerte lució Antonio Vega.