Me parece que este es un tema en el que básicamente hay algunas cuestiones a tener en cuenta:
- Ninguna situación ni experiencia es igual a otra por tanto no son generalizables, es como cuando Rodolfo Livingston habla de la vivienda tipo en su libro "El Método" y llega a la conclusión de que de 18 viviendas tipo, una sola lo es.
- La cantidad y la calidad de empresas públicas en cada uno de los países, ya privatizadas o aún no privatizadas es bien diferente en cada uno de los países,
- No es lo mismo privatizar en el 1er. mundo que en el tercero, ni tampoco una empresa de Aviación que una de energía o agua potable. Es imprescindible crear un marco legal muy sólido a los efectos de lograr que las privatizaciones sean de utilidad para el bien común, y no solo para los empresarios, creo que por ahora los países latinoamericanos estamos muy lejos.
- La ineficiencia de las empresas públicas surge del pésimo manejo que de ella hacen los gobiernos (colocación en puestos de dirección y gerenciamiento a individuos que no lograron el respaldo popular para estar en los parlamentos sin tener en cuenta la idoneidad técnica para el cargo, clientelismos, amiguismos, nepotismos, desviaciones de fondo, creación de cargos para los "amigos", UTILIZACIÓN DE LAS TARIFAS CON FINES EXCLUSIVAMENTE FISCALISTAS que llevan las tarifas a las nubes, etc.)
- Inexistencia, por lo menos en Latinoamérica de capitales nacionales capaces de comprar las empresas públicas, lleva a que la telefonía por ejem. termine en manos de empresas propiedad de otros estados, muchas veces en regímenes monopólicos, o por lo menos oligopólicos (los precios de las tarifas de telefonía básica en Argentina son los mismos para Telefónica que para Telecom), y encima los argentinos tienen que aguantar las prepotencias del gobierno español para que suba las tarifas de acuerdo con los intereses de las empresas.
- La experiencia en esta parte del mundo nos hace ver todos los días dirigiendo a las empresas privatizadas a ex-gobernantes, o sus familiares, o amigos muy directos, o a quienes financiaron las campañas electorales de los gobernantes de turno. Lo que nos lleva, por lo menos a desconfiar de los procesos utilizados.
- En Uruguay, desconozco el resto de los países, que se da muy reiteradamente el caso en la concesión a un privado de obra pública que es necesario ir con la tarjeta de recomendación del gobernante que adjudico la obra para conseguir un puesto de peón.
- La "gran eficiencia" de la empresa privada llevó a que en el departamento de Maldonado (Uruguay, único país en todo el continente que no se vio afectado por la epidemia de cólera de comienzos de los 90 por tener un servicio de agua potable de excelente calidad), una empresa española suministraba agua contaminada a sus clientes, mientras que la Estatal OSE le vende agua de excelente calidad (reitero) en todo el resto del país aun precio sensiblemente menor (los Cargos Fijos tienen una relación de 6 a 1).
- A la vista está, aquí cruzando el Río Uruguay, el gran despilfarro que han hecho los gobiernos argentinos (especialmente el del Dr. Menen) con los capitales que ingresaron por la vía de la venta de los activos estatales, para ver que no es solo un problema de los latinoamericanos, ver en "El Malestar en la Globalización" la descripción que hace Joseph Stiglitt del proceso ruso, de quien recomiendo leer no solo este capitulo, sino a todo el libro.
- Por último en el tema de la vivienda no veo factible, ni probable que alguien más que los Estados puedan llevar adelante las políticas de vivienda de interés social y saneamiento a nivel masivo en las diferentes poblaciones, fundamentalmente en lo que hace a los sectores más postergados. Creo si que se pueden buscar mecanismos mixtos de coparticipación con los vecinos, empresarios, organizaciones no gubernamentales, pero siempre con el Estado (no el Gobierno) a la cabeza, ya que no son cuestiones rentables desde el punto de vista de la empresa privada.
Saludos
Rogelio Texeira
Salto.- Uruguay.