Sobreviviendo
sobre vivienda
José Miguel Esquembre Menor, presidente de Arquitectos Sin Fronteras España
Mucho se habla sobre vivienda pero se avanza poco. La demanda es
fuerte, quizás acuciada por la escasez, pero la oferta es débil, en especial
para los que menos tienen. El tema está constantemente en la calle, y desde
Arquitectos Sin Fronteras queremos aportar nuestro punto de vista con algunas
propuestas, en un momento en las próximas elecciones municipales obligan a
requerir a las distintas formaciones a que las promesas de campaña no sean un
brindis al sol, sino que se materialicen en acciones beneficiosas para la
ciudadanía.
Reconocemos que el
tema es complejo y la solución no es fácil, sobre todo si pensamos en el vicio
social de la especulación, deseo individual al que se ha apuntado la
Administración en general a la vista de las inauguraciones electoralistas que
promete. Nuestra legislación ha definido la responsabilidad en las soluciones
repartiendo su cuota de más a menos, delegando en el último escalón, lo local y
lo autonómico, la fase más complicada: la gestión. En cambio la Unión Europea
apenas trata el tema y el Estado se preocupa fundamentalmente de la legislación
y financiación.
Desde
ASF somos conscientes de que es difícil cambiar las pautas sociales de la noche
a la mañana, pero el momento actual debe ser una buena ocasión para avanzar. En
primer lugar es capital un impulso del Desarrollo Sostenible. Todo el mundo
está de acuerdo en que es la vía de nuestro futuro, pero pensamos que se explica
poco lo que realmente quiere decir. La imagen dominante se centra en la
protección de los recursos naturales, ahorro energético y tratamiento de
residuos, pero se habla poco de su aspecto social. El Desarrollo Sostenible se
articula sobre tres apoyos: economía, acción social y protección del
medioambiente. Se analizan la economía y el medioambiente, pero los aspectos
sociales se siguen considerando cuestiones caritativas no incluidas en la
sostenibilidad. Es necesario que estos conceptos cambien hasta situar los tres
apoyos en el mismo plano.
En segundo lugar
queremos llamar la atención sobre
la venta de viviendas VPO usadas. El mercado de segunda mano es muy
abundante y no se ve en él ningún anuncio de viviendas de dicho tipo cuando es
seguro que se venden. Esto quiere decir que no se cotizan al precio oficial,
sino que, es lógico pensar, se transfieren muy por encima del obligado. Sabemos
que la Administración establece normas y cautelas, pero resultan parcas ante la
presión y tentación que suponen la escandalosa diferencia económica entre la
vivienda libre y la protegida. Pensamos que una VPO debe serlo durante toda su
vida y, en la práctica, esto sólo puede lograrse con una intervención
administrativa mucho más directa que garantice que el precio de venta es el que
exige la ley. En otros ámbitos se está interviniendo más directamente, como es
el caso de intermediación de alquileres. No hay razón objetiva para que no se
actúe en el caso de las ventas.
Por otro lado, consideramos que las administraciones públicas no
deberían en ningún caso financiarse con la recalificaciones de suelo, y que
resulta imprescindible vigilar que las posibles recalificaciones y revisiones
del planeamiento se hagan de acuerdo a un crecimiento racional y sostenible.
Estos criterios urbanísticos deben impedir además la creación de guetos,
evitando trasladar a las economías más débiles a las zonas más alejadas de la
ciudad, con criterios claramente separatistas en lugar de integradores.
No puede ser, además, que las administraciones públicas y en gran
manera las corporaciones locales, no empleen los aprovechamientos urbanísticos
en intentar regular los precios de repercusión de suelo para las viviendas de
Protección Oficial, al ser ellos mismos, los ayuntamientos, los que subastan el
suelo al mejor postor por encima del valor de repercusión de suelo
habitualmente admitido
Estamos viendo como
el precio de la vivienda depende cada vez más del precio del suelo. Su
repercusión supera ya el coste de la ejecución material de los edificios, lo
que resulta a todas luces inadmisible. El coste del suelo no deja de ser un
pago por adquirir el derecho a vivir en un determinado lugar. La cuestión se
hace más sangrante cuando se comprueba que hay ciudades completamente vetadas
para mucha gente, ciudades de las que presumimos por su calidad, pero que se
van haciendo económicamente inhabitables. Cuanto mejor es el lugar, peor. El
esfuerzo colectivo que supone hacer ciudad, deriva en unas plusvalías para unos
pocos mientras que la mayoría queda perjudicada. Esta tremenda paradoja desvela
un lamentable descuido o un desinterés mayúsculo de la Administración por la
redistribución de los beneficios, y da la impresión de que las cosas se han ido
decidiendo de una manera improvisada y parcheada, más propia de una tertulia de
café que de un análisis global del problema.
Entrando en cuestiones económicas, queremos recordar las consecuencias
sociales de que una masa tan ingente de dinero esté comprometida en la vivienda
a corto, medio y largo plazo. Una persona hipotecada a tantos años se encuentra
sumamente limitada en múltiples aspectos y especialmente deberá controlar sus
discrepancias con su entorno diario si no quiere poner en riesgo su situación
económica y con ello la seguridad familiar. Esta incómoda postura para muchos
reporta a cambio seguridad a otros grupos sociales que buscan solvencia para su
jubilación. Así las cosas, una generación está manteniendo a otra mediante la
vivienda. De esto se habla poco y se analiza menos.
Por último queremos señalar que la
legislación sobre vivienda se preocupa exclusivamente del que tiene algo, poco
o mucho, y por tanto puede responder económicamente a los créditos en lo que
inevitablemente se va a implicar. Para quien no tiene recursos, la vivienda
pasa a ser un problema de asistencia social desatendido. Es necesario que haya
por ley una reserva de viviendas para los más desfavorecidos, dispersa e
integrada en la construcción general. Hay ya demasiadas experiencias negativas
sobre viviendas colectivas que han derivado en guetos irresolubles. Su gestión
será responsabilidad posterior de áreas sociales pero previamente las leyes de
vivienda deben contemplar este problema y facilitar los medios para su
solución. Se trata de un asunto complejo, pero asumible con voluntad política y
coordinación, por lo que demandamos a las administraciones mayor interés del
que hasta ahora han mostrado.