| El Nacional - Sábado 15 de Abril de 2006 |
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Opinión
Caliche municipal y espeso
Después del concierto de los Rolling Stones ante 8.000 occidentales en China y con unas entradas tan excesivamente caras que sólo estaban al alcance de los occidentales millonarios que multiplican sus haberes en el país subdesarrollado con más mano de obra esclava, no hay que hacerse ilusiones con el socialismo del siglo XXI.
La cabra tira para el monte.
No se trata de justicia social. Los abuelitos del rock no incendiaron las praderas chinas, como tampoco prendieron fuego a los pastizales de Brasil o Chile, por nombrar dos naciones que comparten la categorización de socialista en la coalición gobernante y tuvieron su experiencia con los Stones. Tampoco los banqueros de esas latitudes requieren que el Estado cuide sus oídos del lenguaje procaz de irredentos y bien pagados rebeldes, les basta que se les garantice que las letras de cambio de sus portafolios tengan los ceros y guarismos indicados. La gramática de unos y otros son los números.
Aquí Cadivi “nos salva” de las excentricidades de los británicos.
Habiendo sido expulsados del circuito de las grandes estrellas de la música desde el Viernes Negro, los venezolanos se han acostumbrado a bandas de rock de principiantes y a rockeros decadentes, con contadas excepciones. Más recientemente, a los pinchadiscos o looperos, que sin restarles talento, son eso:
pinchadiscos, aunque quieran atronarnos con nombres cibernéticos precedidos con las siglas DJ, pero escritas erróneamente “Dj”.
El asunto va en consonancia con la anémica oferta que existe en cuanto a libros, pocos y excesivamente caros, y con otros aspectos que tienen que ver con la cultura — que callamos en defensa propia, y para evitar que le pongan el sello único del perro y la rana—, pero que completan la ecuación que ha acompañado la ejecutoria emerreveca desde el mismo momento en que los acólitos de los comandantes se posesionaron del gobierno: el aleteo de una mariposa en Guarenas tiene graves repercusiones en la Panamericana.
Quizás sean los habitantes del municipio Baruta los que han sufrido más las consecuencias de este manoseado principio de la Teoría del Caos. Bastó que una turba de irracionales intentara drenar sus odios y frustraciones en un salvaje ataque a la sede diplomática de Cuba, en Chuao, para que todos los habitantes de la jurisdicción arrastren una maldición.
Baruta, que tiene las condiciones para ser el mejor sitio para vivir, austera y humildemente, ha devenido en poco menos que en un infierno, aunque muy distinto al cimentado por Freddy Bernal en Libertador.
La solidaridad automática y el afán de llevarle la contraria a la revolución bolivariana alentaron a los electores de Baruta a reincidir en el mandato municipal de Henrique Capriles Radonski, que salvo su injusto carcelazo en la Disip, poco tiene que mostrar como obra de gobierno o como gerente. Ha resultado un tremendo fiasco como amparo contra la farandulería y el oportunismo de Simón Pestana, que sin duda lo habría hecho peor. Su obra se limita al ornamento de la autopista de Prados del Este, y a quejarse.
Mientras preparaba el fin de Chuao como zona residencial y pacífica, aumentó a troche y moche los tributos municipales. No importa cuánto gaste en publicidad, exhibe cifras escandalosamente rojas en materia de seguridad, así como en los renglones recreaciones y educativos:
el municipio no cuenta con un liceo público, pero le sobran bingos.
Quienes se escandalizan con las letras de los Stones y las contorsiones de Mick Jagger, deben sentirse heridos de muerte al atravesar el túnel de La Trinidad, entregado a una marca de whisky por el alcalde Capriles a cambio de una mano de pintura y cuatro bombillitos que no terminan de poner.
Ahora, cuando no hay un callejón sano y transitable en todo el municipio, anuncia el asfaltado de un par de calles. Dirá que peor es nada. Su excusa ha sido la falta de fondos, pero desperdicia dinero y horas-hombre en que sus funcionarios coloquen casa por casa unas cagatinas que someten al escarnio público a los morosos, que no saben ante quién quejarse por el aumento desproporcionado y excesivo ¿excluyente? del derecho de frente y de las patentes de industria y comercio.
Aferrado a su condición de perseguido de la revolución bolivariana, Capriles Radonski ha sobrevivido como alcalde. En circunstancias políticas normales, sus electores ya lo habrían obligado a renunciar o le habrían revocado el mandato. El chavismo lo ha atornillado. Una extravagante ecuación privilegia las reacciones antigubernamentales por encima del interés ciudadano.
Como se vota en contra y no por el mejor, basta ser víctima de la ojeriza oficial, que siempre embiste con saña y crueldad, para que se desdeñen las probidades que deben acompañar a un mandatario municipal.
Tres meses en los calabozos de la Disip no hacen a nadie mejor gobernante; si así fuera, conocida la experiencia de Yare, tendríamos el mejor presidente de América Latina.
Ahí están las obras de ambos.
Vendo velo.
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Do, 16 de Abr, 2006 3:51 pm
Orlando Bueno Rosales <orlandobuenorosales@...>
orlandino1945
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