El
lunes pasado, Evo Morales aseguró que en el referendo del próximo
domingo "no se está votando por cambio de personas en diversos cargos,
sino por un modelo económico que se ha aplicar en los próximos 40 ó 50
años".
Para los que vivimos en Venezuela, estas palabras las hemos escuchando antes, pero en boca de Hugo Chávez.
Cada
vez que en nuestro país hay una elección, Chávez dice que no se está
votando por lo que dice la papeleta, sino por una cosmovisión, de corte
comunista.
Irónicamente, Chávez no se
atreve a someter el modelo castro-comunista a votación, porque sabe que
más del 90 por ciento de los venezolanos lo rechazan, sino que
extrapola arbitrariamente cualquier elección, para ajustarla a ese
modelo.
Si la votación favorece a
Chávez –lo cual ocurre a menudo, porque recurre al fraude–, entonces
aprovecha la inercia para imponer medidas que van mucho más allá del
asunto sometido a votación. Lo que importa no es la voluntad popular,
sino el acto electoral, para luego justificar sus imposiciones. En
otras palabras, se materializa un golpe de Estado.
Basado
en esta experiencia, me atrevo a recomendarle a los bolivianos que se
preparen, porque, de perder el referendo, Evo Morales no reconocerá los
resultados; y de ganarlo, a partir del próximo lunes comenzará una
arremetida feroz contra la democracia.
El
primer paso será –por supuesto– poner en plena vigencia aquella
constitución ilegítima, que fue aprobada entre gallos y medianoche, sin
presencia de la oposición, pero con presencia de fusiles.
Hay
una sola manera de impedir que el pichón de dictador se salga con la
suya, y es protestando pacíficamente en la calle, para hacer valer la
voluntad popular. Sin embargo, es de esperar que el gobierno desate la
violencia; como de hecho ya está ocurriendo al momento de escribir
estas líneas.
La comunidad internacional debe abrir los ojos, porque Evo Morales prepara un golpe de Estado. |