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Carta a mi nieto Las cartas de Myriam Publicado el 11.01.2005 14:01 Por Myriam Obadía |
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- Mi niño precioso:
- No sabes la tristeza que inunda el corazón de tu abuelita...
- Después de haber esperado por ti tanto tiempo... Desear con ansias tu llegada... Te presentaste al fin... una mañana soleada de verano, a pintar mis canas de alegría, a desbordar mi amor y mi ternura. Comencé a recordar canciones que creí olvidadas, ésas, que te arrullan, cuando duermes acurrucadito entre mis brazos protectores.
- Dada tu tardanza, percibía que Dios que es tan misericordioso, tendría razones suficientes para no enviarte a este mundo todavía, pero le pedía... le rogaba... y finalmente mi Señor hizo el milagro, después de tantos años en la espera. Hoy... siento tanto miedo por ti... por tu presente, tu porvenir... y también por el de todos los niñitos que como a ti la cigüeña trajo a Venezuela. ¡Te quiero tanto mi pequeño...!
- Pero sufro... y mi corazón llora al pensar que te arrebaten tu niñez, que personas ajenas a tu consanguinidad intenten someterte a doctrinas extrañas, causantes de dolores y pesares. Que te despojen de tus ilusiones, que cercenen tu libertad de acción y de pensar; que te anestesien con mentiras, con falacias sembradoras de odios y rencores.


- Pero sobre todo mi bebé precioso, me aterra verte uniformado como “pionero” con corbatica roja; que te lleven a un micrófono a repetir frases adulantes, que te enseñen “mi” historia patria deformada y convertida en fábula. Que te utilicen mi niñito bueno, te manipulen mi bebé querido; que te transporten como borreguito a las plazas públicas a gritar consignas. Que pisoteen tu dignidad, que te conviertan en soplón de tus amigos.
- ¿Y sabes por qué tu abuela siente esos temores...? Déjame contarte mi pequeño, una historia muy triste:
Existe un Ogro malo, infame y ladrón, que un día descendió de la montaña para robarse una isla. Vestido de verde oliva, con fusil al hombro y una barba larga... y negra… bajó a mentir y a engañar a la gente que vivía contenta y en paz. - Esa isla era muy bella y su ambiente alegre y divertido. Había miles de oportunidades de trabajo para todo el mundo, la economía estaba en su mejor momento. ¿Sabes...? Ahora de ella sólo quedan escombros en el alma, y en el cuerpo de sus habitantes, y... también de sus ciudades. Ese otrora bello pedazo del Caribe, es un pantano triste, horrible, desgarrado en la miseria, extenuado... Hay muchos brujos y brujas comunistas, esos que engañan a la gente con patrañas.
Los niños no tienen juguetes, se alimentan mal, el Niño Jesús no llega en Navidad, porque el ogro desalmado no cree en su papá Dios. Allí, todo el mundo es pobre, muy pobre, excepto los que mandan en el partido comunista, que sí son ricos muy ricos y comen muy bien.
Los abuelitos, los papás y los pequeños siempre están tristes, viven con mucho miedo porque el barbudo malvado que se llama Fidel, mata en un paredón a los que no piensan como él; ha matado a muchísima gente, las cárceles están repletas de personas que protestan por ser libres. Todos los niñitos son obligados a cantarle, a recitarle versos, que se aprenden y repiten de memoria como el lorito verde que te regaló tu primito Carlos Luis.
Ese bellaco manda en su isla y en tu país también... La amada tierra que te pertenece por derechos de suelo y de sangre, le ha sido entregada a ese hombre perverso, por un militar indigno, astuto, ambicioso, sediento de poder y mando; que juega con la patria, pretendiendo avasallar a Venezuela con doctrinas ajadas y mohosas.

- Ese militar golpista que le robó la paz a Venezuela, engaña y miente más que Pinocho, el del cuento que te gusta tanto. ¿Sabes hijito? Ahora somos las provincia 25 de esa isla que se llama Cuba, porque el militar Pinocho nos regaló al hombre malo de la isla. ¿Comprendes ahora mi pesadumbre?
- ¡Pero nadie...! ¡Nadie! mi bebé querido, podrá arrebatarte a ti y a nuestros niños su suelo, su libertad y todos sus derechos. En nuestras venezolanas venas corre sangre brava, de todos aquellos patriotas que sacrificaron vidas y haciendas para que fuéramos libres, sin yugos ni ataduras. No podemos ahora permitir que nuestras vidas y destinos sean dirigidas por un extranjero, cruel y sanguinario.
- ¡No, mil veces no...! Las abuelas sabremos llevar bien los pantalones, con el cinturón bien apretado, pelearemos como las buenas hembras cuando ven en peligro a sus cachorros. Nuestros nietos crecerán con la dignidad como bandera, como crecimos todos en la Patria libre. Crecerán con la frente en alto, orgullosos de su gentilicio, en una tierra que nunca antes se doblegó, ni se doblegará ante el extranjero.
- ¿Sabes...? Ese usurpador de islas y conciencias, años atrás nos invadió por las playas de Machurucuto. Con el mismo ímpetu el invasor fue rechazado con la dignidad y el patriotismo auténtico, de un demócrata de la tan vapuleada Cuarta República. Como insigne patriota y no de pacotilla, se opuso a la insolencia extranjera de hollar la Patria de Bolívar. Con igual gallardía, otro mandatario de la pasada y criticada República, hizo correr a la fragata Colombiana Caldas, cuando intentaba violar nuestro espacio territorial.
- Esos hombres, mi pequeño, se habrán equivocado en muchas cosas, pero actuaron como verdaderos mandatarios, jamás se deleitaron en la amistad de un facineroso y fracasado reyezuelo. Entendieron y aplicaron el concepto puro del amor patriótico, sin cometer el desatino de entregar esta bendita tierra, codiciada por el rufián isleño. Pero esa historia te la contaré otro día.


- Las abuelas no permitiremos se repita la desoladora historia del cubano; la del hombre malo de la isla. Porque Venezuela, hijito mió, hay que llevarla en el alma, en el corazón, en la piel y en las entrañas. Ella es y será siempre acreedora de todas nuestras luchas y desvelos.
- No temas mi pequeño, ten confianza, porque tu... y todos absolutamente todos los niños de este país, tienen el derecho inalienable a vivir en libertad, en democracia y con la dignidad en la cuál vivieron sus padres y abuelos. ¡Serás un hombre libre! ¡Te lo prometo!
- Te bendice una abuela triste y afligida... ¡Pero con muchas esperanzas.....!
- Myriam Obadía
- mubuho7@...
- No sabes la tristeza que inunda el corazón de tu abuelita...
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